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EVANGELIO DEL DÍA: Jn 13, 16-20: El que recibe a mi enviado me recibe a mí.


EVANGELIO DEL DÍA:
Jn 13,16-20: El que recibe a mi enviado me recibe a mí.

Cuando Jesús acabó de lavar los pies a sus discípulos, les dijo:
– «Os aseguro, el criado no es más que su amo, ni el enviado es más que el que lo envía. Puesto que sabéis esto, dichosos vosotros si lo ponéis en práctica. No lo digo por todos vosotros; yo sé bien a quiénes he elegido, pero tiene que cumplirse la Escritura: “El que compartía mi pan me ha traicionado.” Os lo digo ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis que yo soy.
Os lo aseguro: El que recibe a mi enviado me recibe a mí; el que a mí me recibe, recibe al que me ha enviado.»

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy el Señor acaba de darnos la mayor muestra de humildad y de servicio al lavar los pies a sus discípulos. Resuena fuertemente las palabras de Jesús: “El criado no es más que su amo”. El discípulo esta llamado a seguir a su Maestro, hemos sido llamados a imitar a Jesús, que siendo Dios no retiene para sí ese título y se hace uno de nosotros; que siendo el Señor se hace siervo; que siendo maestro, se hace discípulo del Padre. Si entendemos esto y lo ponemos en práctica, seremos dichosos. Seguir el ejemplo del Señor no es repetir ritos, sino configurarnos con sus mismos sentimientos, es cuestión de amor y servicio, entrega y renuncia, obediencia y abajamiento. Dios es amor como nos recuerda S. Juan; y la medida del amor es amar sin medida, observó S. Bernardo. Con el gesto del lavatorio nos habla de servicio y entrega de sí mismo hasta dar la vida, haciéndose el hombre para los demás. El Señor más de una vez ha invitado a los suyos: “Aprended de Mí que soy manso y humilde”. Mansedumbre y humildad. Nos invita a amar como Él nos ha amado. El pasaje de hoy nos resalta tres actitudes a tener en cuenta: primera, que somos servidores de Cristo, y no amos. Segundo, que esa realidad no solo hemos de conocerla sino practicarla, es decir que pase por nuestra vida y la transforme. Y tercera, que hemos de intentar buscar la presencia de Dios en cada momento, acoger al otro como sería acogido por el Señor y aprovechar la ocasión para recibir en el otro al mismísimo Señor que nos da la oportunidad de servirlo en el otro.

Que tengas un buen día.

Jesús Aguilar Mondéjar, sacerdote

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EVANGELIO DEL DÍA: Jn 12, 44-50: Yo he venido al mundo como luz.

EVANGELIO DEL DÍA:
Jn 12,44-50: Yo he venido al mundo como luz.

En aquel tiempo, Jesús dijo, gritando:
– «El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me ha enviado. Y el que me ve a mí ve al que me ha enviado. Yo he venido al mundo como luz, y así, el que cree en mí no quedará en tinieblas.
Al que oiga mis palabras y no las cumpla yo no lo juzgo, porque no he venido para juzgar al mundo, sino para salvar al mundo. El que me rechaza y no acepta mis palabras tiene quien lo juzgue: la palabra que yo he pronunciado, ésa lo juzgará en el último día. Porque yo no he hablado por cuenta mía; el Padre que me envió es quien me ha ordenado lo que he de decir y cómo he de hablar. Y sé que su mandato es vida eterna. Por tanto, lo que yo hablo lo hablo como me ha encargado el Padre.»

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy el Señor nos presenta su misión en el mundo: “Yo he venido como luz al mundo”… “No he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo”. También nos advierte que algunos no lo acogen. Comenta S. Agustín esta pasaje en el tratado 54,4 sobre el Evangelio de S. Juan:

“No les dijo. “Vosotros sois la luz, habéis venido al mundo para que quien crea en vosotros no permanezca en tinieblas”. Yo os aseguro que no leeréis esto en ningún lugar. Candelas son todos los Santos. Pero la Luz aquella que les da luz no puede separarse de sí misma, porque es inconmutable. Creemos, pues, a las candelas encendidas, como son los profetas y los apóstoles, pero de tal modo les damos fe, que no creemos en la misma candela iluminada, sino que por medio de ella creemos en aquella Luz que las ilumina, para que seamos también iluminados, no por ellas, sino con ellas, por aquella Luz de quien ellas reciben la suya.

Y al decir que vino “para que todo aquel que crea en Mí no permanezca en tinieblas”, claramente manifiesta que a todos encontró envueltos en las tinieblas; pero para que no permanezca en las tinieblas en que fueron hallados debe creer en la Luz que vino al mundo, porque por Ella fue hecho el mundo”.

Descubrir el tesoro que nos aporta el Señor, es un primer paso, para que nos dejemos iluminar por Él, para acogerlo, para darnos cuenta lo mucho que nos da, para agarrarnos a Él y no permitir perder su Luz. Cuando nos dejamos iluminar por el Señor, por su Palabra, nuestra vida se va transformando, va recibiendo sus dones, nos vamos inundando de su amor y nos lleva a amar a nuestros hermanos (que son todos, los que piensan como yo y los que no). La llamada a la misión es por todos, para que todos puedan conocerlo, lo amen y se salven. Y nuestra actitud, debe asemejarse a la del Maestro, que no ha venido a condenar sino a salvar, con lo cual , nada humano nos debe ser ajeno y no es cuestión de transmitir mis ideas sino las del que nos envía, hemos de buscar al que no lo conoce y mostrarle el rostro misericordioso de Dios que lo ama, aunque no lo sepa y crea que por sus muchos pecados no lo puede amar.

Que el Señor nos permita ser fieles a Él y a su mensaje, que nos ayude a ser instrumentos suyos, que nos conceda un celo grande por anunciarlo a los demás, y a todos los que nos ponga en nuestro camino. Que tengas un buen día.

Jesús Aguilar Mondéjar, sacerdote

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EVANGELIO DEL DÍA: Jn 10, 22-30: Os lo he dicho, y no creéis.

EVANGELIO DEL DÍA:
Jn 10,22-30: Os lo he dicho, y no creéis.

Se celebraba en Jerusalén la fiesta de la Dedicación del templo. Era invierno, y Jesús se paseaba en el templo por el pórtico de Salomón. Los judíos, rodeándolo, le preguntaban:
– «¿Hasta cuando nos vas a tener en suspenso? Si tú eres el Mesías, dínoslo francamente.»
Jesús les respondió:
– «Os lo he dicho, y no creéis; las obras que yo hago en nombre de mi Padre, ésas dan testimonio de mi. Pero vosotros no creéis, porque no sois ovejas mías. Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre, que me las ha dado, supera a todos, y nadie puede arrebatarlas de la mano de mi Padre. Yo y el Padre somos uno.»

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy nos encontramos al Señor diciendo a los judios sus dificultades para creer. Haciéndole ver que incluso con el testimonio de las obras se resisten a creer. Continuamos con el Evangelio del “Buen Pastor”, hoy el acento lo pone en las ovejas. Nosotros somos invitados a ser “sus ovejas”. La característica que nos resalta de las ovejas es que conocen perfectamente cuál es la voz del pastor. Y le siguen dóciles y sin oponer resistencia. El auténtico cristiano es el que “escucha la voz del Pastor”, es decir del Señor, tiene familiaridad con su Palabra, y oyendo esta voz desea hacerla vida. ¿Qué nos esta pasando a los que nos llamamos cristianos?: ¿o que no escuchamos su palabra? ¿o que escuchándola no buscamos la manera de hacerla vida?

Termina el Evangelio manifestándonos que Jesús y el Padre son uno. Quien nos ve a nosotros deberíamos mostrarle el rostro del Dios vivo. Y no son sólo nuestras palabras, sino también nuestras obras y nuestra vida, las que deben mostrar que en verdad Dios permanece en nosotros y nosotros en Dios. La Iglesia está llamada a convertirse en un signo creíble del Señor, Buen Pastor, que da la vida por sus ovejas; que se preocupa de que todos aquellos que el Padre puso en sus manos para que no se pierda ni uno solo.

Que tengas un buen día

Jesús Aguilar Mondéjar, sacerdote

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EVANGELIO DEL DÍA: Jn 10, 1-10: Yo soy la puerta de las ovejas.

EVANGELIO DEL DÍA:
Jn 10,1-10: Yo soy la puerta de las ovejas.

En aquel tiempo, dijo Jesús:
-«Os aseguro que el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ése es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A éste le abre el guarda, y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas, camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz; a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños.»
Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús:
-«Os aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mi son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon. Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos. El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estrago; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante.»

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy continuamos con la parábola del buen pastor pero nos centramos en una de las imágenes: la puerta, el Señor se autodefine como la puerta de las ovejas. Él es la puerta que conduce a la vida. Jesús es la puerta que nos abre el paso para el encuentro con Dios y con los hermanos. Acudiremos al comentario del Papa Francisco para que nos ayude en la meditación:

«La imagen de la puerta se repite varias veces en el Evangelio y se refiere a la de la casa, del hogar doméstico, donde encontramos seguridad, amor, calor. Jesús nos dice que existe una puerta que nos hace entrar en la familia de Dios, en el calor de la casa de Dios, de la comunión con Él. Esta puerta es Jesús mismo. Él es la puerta. Él es el paso hacia la salvación. Él conduce al Padre. Y la puerta, que es Jesús, nunca está cerrada, esta puerta nunca está cerrada, está abierta siempre y a todos, sin distinción, sin exclusiones, sin privilegios. Porque, sabéis, Jesús no excluye a nadie. Tal vez alguno de vosotros podrá decirme: “Pero, Padre, seguramente yo estoy excluido, porque soy un gran pecador: he hecho cosas malas, he hecho muchas de estas cosas en la vida”. ¡No, no estás excluido! Precisamente por esto eres el preferido, porque Jesús prefiere al pecador, siempre, para perdonarle, para amarle. Jesús te está esperando para abrazarte, para perdonarte. No tengas miedo: Él te espera. Anímate, ten valor para entrar por su puerta. Todos están invitados a cruzar esta puerta, a atravesar la puerta de la fe, a entrar en su vida, y a hacerle entrar en nuestra vida, para que Él la transforme, la renueve, le done alegría plena y duradera» (S.S. Francisco, 25 de agosto de 2013).

Con las palabras del lema de la jornada de la juventud del año 1986, celebrado en Roma, aquel domingo de Ramos, con la invitación del Papa S. Juan Pablo II: “¡Abrid las puertas al Redentor. No temáis!”. Con esta misma invitación te deseo que tengas un buen día.

Jesús Aguilar Mondéjar, sacerdote

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EVANGELIO DEL DÍA: Jn 10, 27-30: Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna.

EVANGELIO DEL DÍA:
Jn 10,27-30: Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna.

En aquel tiempo, dijo Jesús:
-Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre y nadie las arrebatará de mi mano.
Mi Padre, que me las ha dado, supera a todos y nadie puede arrebatarlas de la mano de mi Padre.
Yo y el Padre somos uno.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy se nos presenta al Señor como el Buen Pastor. Sin embargo, en el pasaje que se nos propone, resalta la relación con el Buen Pastor: “Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen y yo les doy la vida eterna”. Seguir al Buen Pastor es mantener con Él una relación, escuchar sus palabras, dejarnos guiar por Él. Como rezamos con el Salmo 23: “El Señor es mi Pastor, nada me falta”. Esa confianza plena, abandono en Él.

En la Segunda lectura del libro del Apocalipsis: “El Cordero será su pastor”. Es el pastor porque se hizo cordero, el cordero de Dios que quita el pecado del mundo y por cuya sangre hemos sido purificados y reconciliados con el Padre. Los que son de Cristo escuchan la voz del Señor y es Él el que los conduce, el que los reúne, el que les da la vida eterna. El Señor no utiliza la fuerza, la coacción, la respuesta nace desde la libertad. No se puede obligar a nadie a creer. Como nos decía el Papa S. Juan Pablo II en Cuatro Vientos, en su ultima visita a España: “la fe no se impone, se propone”. La fe es una opción libre, basada en el conocimiento y en el amor a Cristo.

El Señor nos promete la vida eterna y nos dice que el que le sigue no perecerá para siempre. Los que reciben ese amor, los que se dejan abrazar por ese amor, superan con el Señor todas las dificultades de la vida y resucitan con él. Participan de su resurrección y la muerte no es para ellos ya otra cosa que el paso a la verdadera vida, al Padre.

Unido al domingo del Buen Pastor la iglesia celebra la jornada de oración por las vocaciones, pidamos al Señor por nuestros pastores -Papa, Obispo, sacerdotes- , por los seminaristas, su perseverancia y por las nuevas vocaciones que no nos falten. Que el Señor nos bendiga con pastores santos. Feliz día del Señor, feliz domingo. Que tengas un buen día.

Jesús Aguilar Mondéjar, sacerdote

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EVANGELIO DEL DÍA: Jn 6, 60-69: ¿A quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna.

EVANGELIO DEL DÍA:
Jn 6,60-69: ¿A quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna.

En aquel tiempo, muchos discípulos de Jesús, al oírlo, dijeron:
– «Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?»
Adivinando Jesús que sus discípulos lo criticaban, les dijo:
– «¿Esto os hace vacilar?, ¿y si vierais al Hijo del hombre subir a donde estaba antes? El espíritu es quien da vida; la carne no sirve de nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida. Y con todo, algunos de vosotros no creen.»
Pues Jesús sabía desde el principio quiénes no creían y quién lo iba a entregar. Y dijo:
– «Por eso os he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede.»
Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él. Entonces Jesús les dijo a los Doce:
– «¿También vosotros queréis marcharos?»
Simon Pedro le contestó:
– «Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo consagrado por Dios.»

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy nos encontramos con la fidelidad y testimonio de Pedro:” ¿A quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna.” Que vital es el descubrir el gran tesoro que nos aporta la fe, su palabra, el Señor. Algunos discípulos abandonan al Señor el lenguaje le parece duro, tienen miedo, no parece fácil, no les agrada el camino de la cruz, sin embargo, cuando aparece el camino fácil, el de la mayoría, el apóstol Pedro, proclama su fe en Él, el Mesías, el Hijo de Dios. Comenta San Agustín:

«¿Nos alejas de Ti? Danos otros igual que Tú. ¿A quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Mirad cómo comprendió esto Pedro con la ayuda de Dios y confortación del Espíritu Santo. ¿De dónde le viene esta inteligencia sino de su fe? Tú tienes palabras de vida eterna. Porque Tú das la vida eterna en el servicio de tu cuerpo y de tu sangre y nosotros hemos creído y entendido. No entendimos y creímos, sino creímos y entendimos. Creímos, pues, para llegar a comprender; porque si quisiéramos entender primero y creer después, no nos hubiera sido posible entender sin creer. ¿Qué es lo que hemos creído y qué lo que hemos entendido? Que Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, es decir, que Tú eres la misma vida eterna y que no comunicas en el servicio de carne y sangre sino lo que Tú eres» (Tratado 27,9 sobre el Evangelio de San Juan).

También hoy se nos invita a poner la mirada en nuestra Madre, la Santísima Virgen María que nos muestra el camino de dicha, que se construye desde la fidelidad al plan de Dios, querer siempre lo que Dios quiere, haciendo de nuestra vida un SI a la voluntad de Dios, HÁGASE, que se cumpla en mí lo que te agrada. Que tengas un buen día.

Jesús Aguilar Mondéjar, sacerdote

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EVANGELIO DEL DÍA: Jn 6, 52-59: Si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.

EVANGELIO DEL DÍA:
Jn 6,52-59: Si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.

En aquel tiempo, disputaban los judíos entre sí:
– «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?»
Entonces Jesús les dijo:
– «Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.
Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.
El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mi y yo en él.
El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí.
Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre.»
Esto lo dijo Jesús en la sinagoga, cuando enseñaba en Cafarnaún.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy continuamos con el discurso del pan de vida, algunos contemporáneos de Ntro. Señor se escandalizaron con estas palabras y aprovecho el Señor para preguntar a sus discípulos, ¿también vosotros queréis dejarlo?.

“El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mi y yo en él.” La importancia de participar en la eucaristía, S. Agustín decía que al participar de este alimento, es el único que no transformamos nosotros, más bien él nos transforma a nosotros, configurándonos con Cristo. Es decir, al participar de este alimento el Señor habita en mi y me va transformando en Él. Esto nos manifiesta la grandeza de vivir la eucaristía. Por eso no es entendible un cristiano que no necesite alimentarse del Señor. Imposible un cristiano sin eucaristía. En cambio, ¡peligro! de quedarse sólo en el mundo de las ideas, posible ideologización de la fe. Pidámosle al Señor que nos haga descubrir este gran regalo: “el que come este pan vivirá para siempre”. Señor que tengamos hambre de ti y siempre deseemos este alimento que nos das. Que tengas un buen día.

Jesús Aguilar Mondéjar, sacerdote

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EVANGELIO DEL DÍA: Jn 6,44-51: Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo.

EVANGELIO DEL DÍA:
Jn 6,44-51: Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo.

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:
– «Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me ha enviado.
Y yo lo resucitaré el último día.
Está escrito en los profetas: “Serán todos discípulos de Dios.”
Todo el que escucha lo que dice el Padre y aprende viene a mí.
No es que nadie haya visto al Padre, a no ser el que procede de Dios: ése ha visto al Padre.
Os lo aseguro: el que cree tiene vida eterna.
Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron: éste es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera.
Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre.
Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.»

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

Comienza el Evangelio de hoy tomando conciencia del regalo de la fe. “Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre…” La fe es un “don” y como algo que se nos entrega tenemos que agradecer y cuidar. Darnos cuenta de este regalo es valorarlo. En otro momento el Señor les abría el corazón a los discípulos y les decía: ” os he elegido”, es el Señor quien lleva la iniciativa, quien me invita, quien cuenta conmigo. Una oportunidad para sacar un ratico y en oración, diálogo con quien tanto nos ama, agradecerle la herencia, el regalo, el don de la fe. Valorar lo mucho que nos aporta el creer, “el que cree tiene vida eterna”, como ilumina y transforma nuestra vida.

“Yo soy el pan de la vida.” Otro punto para nuestra reflexión. La Eucaristía, nos da la vida. “el que coma de este pan vivirá para siempre.” Estas palabras del Señor nos presentan algunas de las grandezas que nos aporta el sacramento. Solicítale al Señor que te conceda tener hambre de Él, que desees ser saciado, que no permita que faltes a la cita del encuentro con su Palabra y con su Cuerpo. Que descubramos su Presencia Real en el Sacramento. Que tengas un buen día.

Jesús Aguilar Mondéjar, sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Jn 6, 35-40: He bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado.

EVANGELIO DEL DÍA:
Jn 6,35-40: He bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado.

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:
– «Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí nunca pasará sed; pero, como os he dicho, me habéis visto y no creéis.
Todo lo que me da el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré afuera, porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado.
Ésta es la voluntad del que me ha enviado: que no pierda nada de lo que me dio, sino que lo resucite en el último día.
Ésta es la voluntad de mi Padre:’que todo el que ve al Hijo y cree en él tenga vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.»

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy continuamos con el capitulo del Pan que nos da la vida. Podemos destacar tres puntos para nuestra reflexión: Primera: quien cree en Cristo, pan de vida, queda saciado. Segunda: Cristo ha venido al mundo para acoger a todos los corazones abiertos a la verdad; y al hablar, enseñar, ofrecer signos, quiere que nadie se pierda. Tercera: la voluntad del Padre es clara; que todos nos salvemos por Cristo.

Os propongo para nuestra meditación el pasaje en el que San Agustín comenta este Evangelio:

“ “No he venido a hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió”. Ésta es la mejor recomendación de la humildad. La soberbia hace su voluntad, la humildad hace la voluntad de Dios. Por eso, “al que se llega a Mí no lo arrojaré fuera”. ¿Por qué? “No he venido a hacer mi voluntad sino la voluntad del que me envió”. Yo he venido humilde, yo he venido a enseñar la humildad, yo soy el maestro de la humildad. El que se llega a Mí se incorpora a Mí; el que se llega a Mí será humilde, porque no hace su voluntad, sino la de Dios.” (–hasta aquí las palabras del padre de la iglesia-)

El Señor quiere que sus discípulos lleguen a descubrir en su persona esta capacidad de entrega. Y por eso les habla de lo que significa hacerse alimento, romperse, partirse, darse. Es aprender a entregarse por los demás. Y no haciendo lo que yo quiero sino lo que quiere Él. Entrar en el camino de la búsqueda de la voluntad divina y aprendiendo del Señor que es “manso y humilde”. Muy unido al participar de Él, el hacerse pequeño para que sea el Señor el que señoree nuestras vidas. Ponerlo a Él en el centro. Que tengas un buen día.

Jesús Aguilar Mondéjar, sacerdote

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EVANGELIO DEL DÍA: Jn 6, 30-35: Yo soy el pan de la vida.

EVANGELIO DEL DÍA:
Jn 6,30-35: Yo soy el pan de la vida.

En aquel tiempo, dijo la gente a Jesús:
– «¿Y qué signo vemos que haces tú, para que creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: “Les dio a comer pan del cielo.”»
Jesús les replicó:
– «Os aseguro que no fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo.»
Entonces le dijeron:
– «Señor, danos siempre de este pan.»
Jesús les contestó:
– «Yo soy el pan de la vida. El que viene a mi no pasará hambre, y el que cree en mí nunca pasará sed.»

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy, se nos presenta la revelación del Señor como el pan de vida. El alimento que nos da la vida en plenitud, el alimento que sacia todo el hambre que anhela el corazón del hombre. El alimento donde se nos da el mismo Señor. Sólo en Jesucristo podemos saciar el hambre de dicha, de felicidad, de plenitud, solo con Él podremos calmar nuestra sed. S. Agustín expresa lo que fue motivo de su experiencia: “Señor, nos hiciste para ti y nuestro corazón esta inquieto y sin sosiego, mientras no descanse en Ti”.

Otro punto para nuestra profundización es nuestra relación con Jesús en la Eucaristía. Manifestemos al Señor, con detalles externos, que creemos en su presencia en las especies del pan y del vino. Que nuestras genuflexiones, posturas y comportamientos den muestras del gran amor que le tenemos. Pidamos al Espíritu Santo que nos incremente la fe. No debemos olvidar que el Señor quiso quedarse con nosotros en la Eucaristía, como presencia de amor y para ser nuestro alimento. Que tengas un buen día.

Jesús Aguilar Mondéjar, sacerdote