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EVANGELIO DEL DÍA: Jn 8, 21-30: Yo hago siempre lo que le agrada. (referido al Padre).

EVANGELIO DEL DÍA:
Jn 8,21-30: Yo hago siempre lo que le agrada.(referido al Padre).

En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos:
– «Yo me voy y me buscaréis, y moriréis por vuestro pecado. Donde yo voy no podéis venir vosotros.»
Y los judíos comentaban:
– «¿Será que va a suicidarse, y por eso dice: “Donde yo voy no podéis venir vosotros”?»
Y él continuaba:
– «Vosotros sois de aquí abajo, yo soy de allá arriba: vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo. Con razón os he dicho que moriréis por vuestros pecados: pues, si no creéis que yo soy, moriréis por vuestros pecados.»
Ellos le decían:
-«¿Quién eres tú?»
Jesús les contestó:
– «Ante todo, eso mismo que os estoy diciendo. Podría decir y condenar muchas cosas en vosotros; pero el que me envió es veraz, y yo comunico al mundo lo que he aprendido de él.»
Ellos no comprendieron que les hablaba del Padre. Y entonces dijo Jesús:
– «Cuando levantéis al Hijo del hombre, sabréis que yo soy, y que no hago nada por mi cuenta, sino que hablo como el Padre me ha enseñado. El que me envió está conmigo, no me ha dejado solo; porque yo hago siempre lo que le agrada.»
Cuando les exponía esto, muchos creyeron en él.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy nos debería hacer pensar la acusación realizada por Ntro. Señor: “Vosotros sois de este mundo”. El Papa Francisco en la Exhortación y aprovechando cualquier ocasión, no para de advertirnos que no nos mundanicemos, ojo con el espíritu de este mundo. Hemos de ir contracorriente, el Evangelio de hoy nos advierte de mantenernos alerta para no caer en pecado, buscar siempre lo que le agrada al Padre, querer hacer su voluntad.

“Cuando levantéis al Hijo del hombre”. Llamada a contemplar al crucificado, desde la sede de la Cruz podremos entender de lo que es capaz el amor, como decía S. Pablo: “me amó y se entrego por mí”. Esta experiencia marca y transforma una vida. Lo que cuenta es estar imbuidos del amor de Cristo, dejarse conducir por el Espíritu Santo, e injertar la propia vida en el árbol de la vida, que es la Cruz del Señor. No es posible un Evangelio sin Cruz, mantengamos todas las alertas levantadas cuando huyamos de todo sacrificio, o contagiado del ambiente que se lleva, ambiente pagano y mundano nos veamos impedidos de entender el valor redentor del sufrimiento.

Que nuestra mirada a la Cruz, mirada sosegada y contemplativa, sea una pregunta al Crucificado: “¿Quién eres tú?” . Él nos contestará que es “el Camino, la Verdad y la Vida”, porque sólo Él tiene palabras de vida eterna. Y así, si no creemos que Él es, moriremos por nuestros pecados. Viviremos, sin embargo, y viviremos ya en esta tierra vida de cielo si aprendemos de Él la gozosa certidumbre de que el Padre está con nosotros, no nos deja solos. Así imitaremos al Hijo en hacer siempre lo que al Padre le agrada. Que tengas un buen día.

Jesús Aguilar Mondéjar, sacerdote

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EVANGELIO DEL DÍA: Jn 8,12-20: Yo soy la luz del mundo.

EVANGELIO DEL DÍA:
Jn 8,12-20: Yo soy la luz del mundo.

En aquel tiempo, Jesús volvió a hablar a los fariseos:
-Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no camina en tinieblas. sino que tendrá la luz de la vida.
Le dijeron los fariseos:
-Tú das testimonio de ti mismo, tu testimonio no es válido.
Jesús les contestó:
-Aunque yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio es válido, porque sé de dónde he venido y adónde voy; en cambio, vosotros no sabéis de dónde vengo ni adónde voy. Vosotros juzgáis según la carne; yo no juzgo a nadie; y, si juzgo yo, mi juicio es legítimo, porque no estoy yo solo, sino que estoy con el que me ha enviado, el Padre; y en vuestra ley está escrito que el testimonio de dos es válido. Yo doy testimonio de mí mismo, y además da testimonio de mí el que me envió, el Padre.
Ellos le preguntaban:
-¿Dónde está tu Padre?
Jesús contestó:
-Ni me conocéis a mí ni a mi Padre; si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre.
Jesús tuvo esta conversación junto al arca de las ofrendas, cuando enseñaba en el templo. Y nadie le echó mano, porque todavía no había llegado su hora.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

El Evangelio de hoy coincidiría con el proclamado ayer, pero nos deja la opción (o bien, para evitar repetirlo) del Evangelio de San Juan que nos habla de la disputa sobre la identidad de Jesucristo. El Señor se presenta a los judíos como la luz del mundo. Él es quien puede dar sentido a los anhelos y esperanzas del ser humano, el que puede calmar todas las sed que se nos presentan a los hombres, el que responde a tantos interrogantes y necesidades de dicha y felicidad que todo corazón humano esconde. En efecto, la Palabra de Dios es la única luz que necesita el hombre. Pero las palabras del Señor ofenden a sus interlocutores y estos se escandalizan. Sin embargo, Él no puede negar quién es. Y nosotros, ¿llegamos a negar nuestra identidad de cristianos cuando se asoma a nuestra vida la dificultad? Al leer el pasaje evangélico surge espontánea la consideración de cuán duro es testimoniar con autenticidad a Cristo. El mundo no quiere oír hablar de un Dios que llama a tomar la cruz, a servir y a dar la vida por los demás. Necesitamos ser animosos para difundir la verdadera luz de Cristo, aunque encontremos oposición. El papa Francisco no para de alentarnos a ir contracorriente, a recordarnos que el reto es grande, que de entrada surgen dificultades pero son una oportunidad que se nos brindan para crecer en la entrega, en el sacrificio y en la donación. Estamos llamados a ser testigos, y con todo nuestro ser, testigos desde nuestro predicar pero no menos testigos en nuestras acciones, que al ver a los cristianos desprendamos ese buen olor de Cristo, que quien nos vea a nosotros pueda alabar y glorificar a Ntro. Señor, “que viendo vuestras buenas obras alaben a Dios”.

Que tengas un buen día.

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EVANGELIO DEL DÍA: Jn 8, 1-11: Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más.

EVANGELIO DEL DÍA:
Jn 8,1-11: Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más.

En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos. Al amanecer se presentó de nuevo en el templo y todo el pueblo acudía a él, y, sentándose, les enseñaba.
Los letrados y los fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio, y, colocándola en medio, le dijeron:
-Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras: tú, ¿qué dices ?.
Le preguntaban esto para comprometerlo y poder acusarlo.
Pero Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo.
Como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo:
-El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra.
E inclinándose otra vez, siguió escribiendo.
Ellos, al oirlo, se fueron escabullendo uno a uno, empezando por los más viejos, hasta el último.
Y quedó solo Jesús, y la mujer en medio, de pie.
Jesús se incorporó y le preguntó:
-Mujer, ¿dónde están tus acusadores?, ¿ninguno te ha condenado?
Ella contestó:
-Ninguno, Señor.
Jesús dijo:
-Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

Termina el pasaje evangélico con las palabras de Jesús: “tampoco yo te condeno”, nos muestra cómo el Señor no ha venido a condenar sino a salvar, nos indica el camino a seguir a los cristianos, no condenar, no juzgar, eliminar de nuestro actuar todo lo que pueda herir al otro, trabajarnos para acercarnos a él, aunque nuestras ideas y comportamientos sean distintos, también él, es amado por Dios, aunque no lo sepa y tenemos que dejarnos amar por el Señor para que con su mismo amor poder acercarnos al otro y ser instrumento que les pueda ofrecer o hacer descubrir cómo son mirados por Dios.

Para las pistas de meditación de este quinto domingo de Cuaresma recurro al Papa Emérito, Benedicto XVI, y lo hago con la homilía dada el 25 de marzo de 2007, de aquí ire resaltando algunos subrayados suyos:

“(…) El pasaje evangélico narra el episodio de la mujer adúltera en dos escenas sugestivas: en la primera, asistimos a una disputa entre Jesús, los escribas y fariseos acerca de una mujer sorprendida en flagrante adulterio y, según la prescripción contenida en el libro del Levítico, condenada a la lapidación.

En la segunda escena se desarrolla un breve y conmovedor diálogo entre Jesús y la pecadora. Los despiadados acusadores de la mujer, citando la ley de Moisés, provocan a Jesús —lo llaman “maestro”—, preguntándole si está bien lapidarla. Conocen su misericordia y su amor a los pecadores, y sienten curiosidad por ver cómo resolverá este caso que, según la ley mosaica, no dejaba lugar a dudas.

Pero Jesús se pone inmediatamente de parte de la mujer; en primer lugar, escribiendo en la tierra palabras misteriosas, que el evangelista no revela, pero queda impresionado por ellas; y después, pronunciando la frase que se ha hecho famosa: “Aquel de vosotros que esté sin pecado, que le arroje la primera piedra” y comience la lapidación.

San Agustín, comentando el evangelio de san Juan, observa que “el Señor, en su respuesta, respeta la Ley y no renuncia a su mansedumbre”. Y añade que con sus palabras obliga a los acusadores a entrar en su interior y, mirándose a sí mismos, a descubrir que también ellos son pecadores. Por lo cual, “golpeados por estas palabras como por una flecha gruesa como una viga, se fueron uno tras otro”.

Así pues, uno tras otro, los acusadores que habían querido provocar a Jesús se van, “comenzando por los más viejos”. Cuando todos se marcharon, el divino Maestro se quedó solo con la mujer. El comentario de san Agustín es conciso y eficaz: “relicti sunt duo: misera et misericordia”, “quedaron sólo ellos dos: la miserable y la misericordia”.

Queridos hermanos y hermanas, detengámonos a contemplar esta escena, donde se encuentran frente a frente la miseria del hombre y la misericordia divina, una mujer acusada de un gran pecado y Aquel que, aun sin tener pecado, cargó con nuestros pecados, con los pecados del mundo entero. Él, que se había puesto a escribir en la tierra, alza ahora los ojos y encuentra los de la mujer. No pide explicaciones. No es irónico cuando le pregunta: “Mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te ha condenado?”. Y su respuesta es conmovedora: “Tampoco yo te condeno. Vete, y en adelante no peques más”. San Agustín, en su comentario, observa: “El Señor condena el pecado, no al pecador. En efecto, si hubiera tolerado el pecado, habría dicho: “Tampoco yo te condeno; vete y vive como quieras… Por grandes que sean tus pecados, yo te libraré de todo castigo y de todo sufrimiento”. Pero no dijo eso” . Dice: “Vete y no peques más”(…)Le concede el perdón, para que “en adelante” no peque más (…) Aquí se pone de relieve que sólo el perdón divino y su amor recibido con corazón abierto y sincero nos dan la fuerza para resistir al mal y “no pecar más”, para dejarnos conquistar por el amor de Dios, que se convierte en nuestra fuerza. De este modo, la actitud de Jesús se transforma en un modelo a seguir por toda comunidad, llamada a hacer del amor y del perdón el corazón palpitante de su vida.

Queridos hermanos y hermanas, en el camino cuaresmal que estamos recorriendo y que se acerca rápidamente a su fin, nos debe acompañar la certeza de que Dios no nos abandona jamás y que su amor es manantial de alegría y de paz; es la fuerza que nos impulsa poderosamente por el camino de la santidad y, si es necesario, también hasta el martirio.”

-Hasta aquí las palabras del Papa-.

Es domingo, día del Señor, día consagrado a Dios, día eucarístico , día donde la comunidad cristiana somos convocado a celebrar la victoria de la resurrección y nos alimentamos de su palabra y de su cuerpo, recuerda que se anticipa la campaña del Seminario a hoy , ten presente en tus oraciones a los jóvenes que se están formando para el sacerdocio y se encuentran en el proceso de discernimiento de si son llamados por el Señor, para consagrarse a Él, entregarles sus vidas, como respuesta a su gran amor, Él nos amó primero. Que tengas un buen día.

Jesús Aguilar Mondéjar, sacerdote

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EVANGELIO DEL DÍA: Jn 7, 40-53: El pueblo se pregunta quién es Jesús.

EVANGELIO DEL DÍA:
Jn 7,40-53: El pueblo se pregunta quién es Jesús.

En aquel tiempo, algunos de entre la gente, que habían oído los discursos de Jesús, decían:
– «Éste es de verdad el profeta.»
Otros decían:
– «Éste es el Mesías.»
Pero otros decían:
– «¿Es que de Galilea va a venir el Mesías? ¿No dice la Escritura que el Mesías vendrá del linaje de David, y de Belén, el pueblo de David?»
Y así surgió entre la gente una discordia por su causa.
Algunos querían prenderlo, pero nadie le puso la mano encima.
Los guardias del templo acudieron a los sumos sacerdotes y fariseos, y éstos les dijeron:
– «¿Por qué no lo habéis traído?»
Los guardias respondieron:
– «Jamás ha hablado nadie como ese hombre.»
Los fariseos les replicaron:
– «¿También vosotros os habéis dejado embaucar? ¿Hay algún jefe o fariseo que haya creído en él? Esa gente que no entiende de la Ley son unos malditos.»
Nicodemo, el que había ido en otro tiempo a visitarlo y que era fariseo, les dijo:
_«¿Acaso nuestra ley permite juzgar a nadie sin escucharlo primero y averiguar lo que ha hecho?»
Ellos le replicaron:
– «¿También tú eres galileo? Estudia y verás que de Galilea no salen profetas.»
Y se volvieron cada uno a su casa.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

El Evangelio nos dice que los hombres se admiraban de las palabras de Jesús, pero pocos le conocían realmente. Es que a Jesucristo sólo se le alcanza con el “salto” de la fe. La fe es la puerta que nos hace entrar en la amistad con Cristo. Creer en Jesús es maravilloso. La vida cambia cuando se le tiene como Salvador y Amigo. Esta fe en Él, no es un pensamiento, una idea, o una opinión que nos hacemos de Jesucristo. La fe es amistad con Él. La fe, si es verdadera, se hace vida. Nicodemo, a pesar de la oposición que encontró en los demás y del ambiente en su contra, no dejó tambalear su fe. De la dificultad, su fe salió más templada, más robusta, porque no se nutrió de palabras o de ideas humanas, sino del encuentro con Jesús mismo.

El Papa Benedicto desde su primera Encíclica ya nos resaltaba la importancia del encuentro personal con el Dios vivo: “¡Cuántos, también en nuestro tiempo, buscan a Dios, buscan a Jesús y a su Iglesia, buscan la misericordia divina, y esperan un ‘signo’ que toque su mente y su corazón! (…) Jesús muerto y resucitado es el signo absolutamente suficiente. En Él podemos comprender la verdad de la vida y obtener la salvación. (…) Por tanto, la fe cristiana no es ideología, sino encuentro personal con Cristo crucificado y resucitado. De esta experiencia, (…) surge un nuevo modo de pensar y de actuar: como testimonian los santos, nace una existencia marcada por el amor» (Benedicto XVI, 26 de marzo de 2006).
Que este sábado día especial consagrado a la Santísima Virgen, día para contemplar a nuestra Madre y mostrarle un poco de nuestro agradecimiento. Feliz Sabatina y que tengas un buen día

Jesús Aguilar Mondéjar, sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Jn 7, 1-2.10.25-30: ¿No es éste el que intentan matar? Pues mirad cómo habla abiertamente.

EVANGELIO DEL DÍA:
Jn 7,1-2.10.25-30: ¿No es éste el que intentan matar? Pues mirad cómo habla abiertamente.

En aquel tiempo, recorría Jesús la Galilea, pues no quería andar por Judea porque los judíos trataban de matarlo. Se acercaba la fiesta judía de las tiendas. Después que sus parientes se marcharon a la fiesta, entonces subió él también, no abiertamente, sino a escondidas. Entonces algunos que eran de Jerusalén dijeron:
– «¿No es éste el que intentan matar? Pues mirad cómo habla abiertamente, y no le dicen nada. ¿Será que los jefes se han convencido de que éste es el Mesías? Pero éste sabemos de dónde viene, mientras que el Mesías, cuando llegue, nadie sabrá de dónde viene.»
Entonces Jesús, mientras enseñaba en el templo, gritó:
– «A mí me conocéis, y conocéis de dónde vengo. Sin embargo, yo no vengo por mi cuenta, sino enviado por el que es veraz; a ése vosotros no lo conocéis; yo lo conozco, porque procedo de él, y él me ha enviado.»
Entonces intentaban agarrarlo; pero nadie le pudo echar mano, porque todavía no había llegado su hora.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy nos encontramos que los paisanos de Ntro. Señor lo habían visto actuar, habían escuchado sus enseñanzas y palabras, pero aun así, no lo conocían, porque cerraban su corazón a Él. No lo conocían por haber caído en el peligro –nadie estamos libres- de quedarse en los meros saberes, doctrinas, ideas pero no habían dado el paso de descendimiento del mundo de las ideas al del corazón, faltaba trato de relación, intimidad, encuentro no solo con lo que se dice sino también con quien lo dice. Puede darse el caso de personas intelectuales de un gran conocimiento que saben mucho de Jesús, y muchas personas sencillas que no apenas han tenido oportunidad de ir a la escuela, sus conocimientos son muy limitados, pero que rezan, tratan, celebran su fe en el Dios vivo. Aprendamos a conocerle, no como una persona del pasado, nos recordaba el papa Benedicto XVI en su primera encíclica que “no comienza uno a ser cristiano sabiendo muchas cosas sobre Jesús, sino teniendo un encuentro personal con el Dios vivo”. El Señor quiere reinar en nuestro corazón, quiere ser el interés y el amor más importante, el primer valor en absoluto en nuestra jerarquía de valores. En otras palabras, quiere que vivamos centrados en Él. ¡Que el Señor sea el centro de nuestra vida y compartamos esta amistad de Él con muchos otros!
Que tengas un buen día.

Jesús Aguilar Mondéjar, sacerdote

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EVANGELIO DEL DÍA: Jn 5, 31-47: No queréis venir a mí para tener vida. No recibo gloria de los hombres.

EVANGELIO DEL DÍA:
Jn 5,31-47: No queréis venir a mí para tener vida. No recibo gloria de los hombres.

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos:
– «Si yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio no es válido. Hay otro que da testimonio de mí, y sé que es válido el testimonio que da de mí. Vosotros enviasteis mensajeros a Juan, y él ha dado testimonio de la verdad. No es que yo dependa del testimonio de un hombre; si digo esto es para que vosotros os salvéis. Juan era la lámpara que ardía y brillaba, y vosotros quisisteis gozar un instante de su luz. Pero el testimonio que yo tengo es mayor que el de Juan las obras que el Padre me ha concedido realizar; esas obras que hago dan testimonio de mí: que el Padre me ha enviado. Y el Padre que me envió, él mismo ha dado testimonio de mí. Nunca habéis escuchado su voz, ni visto su semblante, y su palabra no habita en vosotros, porque al que él envió no le creéis. Estudiáis las Escrituras pensando encontrar en ellas vida eterna; pues ellas están dando testimonio de mí, ¡y no queréis venir a mí para tener vida! No recibo gloria de los hombres; además, os conozco y sé que el amor de Dios no está en vosotros. Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibisteis; si otro viene en nombre propio, a ése si lo recibiréis. ¿Cómo podréis creer vosotros, que aceptáis gloria unos de otros y no buscáis la gloria que viene del único Dios? No penséis que yo os voy a acusar ante el Padre, hay uno que os acusa: Moisés, en quien tenéis vuestra esperanza. Si creyerais a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él. Pero, si no dais fe a sus escritos, ¿cómo daréis fe a mis palabras?»

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy se nos pone delante la increencia, la no acogida y el rechazo experimentado por el Señor.

Primeramente no hicieron caso al testimonio de Juan. Nosotros hemos recibido el legado de los apóstoles, ¿hacemos caso de lo que nos han transmitido? ¿Tenemos una inquietud por conocer, saber y formarnos ? Un pilar importante en la vida del creyente es su formación, estamos llamados a dar razón de nuestra fe, no de nuestras opiniones, tampoco de nuestras ideas, ellas no salvan, sin embargo, si toda palabra que es de Dios.

Tampoco prestaron atención al testimonio de las propias obras de Jesús. “Yo estaré con vosotros todos los días”, ¿buscó su presencia? ¿Desarrollo la sensibilidad para descubrir sus huellas, sus caricias, sus ocultamientos, tengo necesidad de celebrar el regalo del don recibido, llevo una vida sacramental anhelando vivir en gracia?

Y les recrimina que no buscan la gloria que viene del único Dios, sino la propia gloria. ¿Cuántas veces nos engañamos?, creemos buscar alabar a Dios y en el fondo de nuestro corazón se encuentra que nos alaben a nosotros, los santos, modelos para nosotros han ido trabajándose lo que expresaba, S. Juan Bautista: “conviene que Él crezca y que yo disminuya”. Todo un camino de anonadamiento, un camino de humildad, un proceso de negación de uno mismo. Haced nuestra la máxima de S. Ignacio: “A mayor gloria de Dios”. Es entrar en la dinámica que todas nuestras acciones, desvelos, trabajos tienen que estar encauzadas poniendo al Señor en el centro, queriendo que lo conozcan, lo acojan y lo amen.

Qué tengas un buen día.

Jesús Aguilar Mondéjar, sacerdote

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EVANGELIO DEL DÍA: Jn 5, 17-30: Quien escucha mi palabra y cree al que me envió posee la vida eterna.

EVANGELIO DEL DÍA:
Jn 5,17-30: Quien escucha mi palabra y cree al que me envió posee la vida eterna.

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos:
– «Mi Padre sigue actuando, y yo también actúo.»
Por eso los judíos tenían más ganas de matarlo: porque no sólo abolía el sábado, sino también llamaba a Dios Padre suyo, haciéndose igual a Dios. Jesús tomó la palabra y les dijo:
– «Os lo aseguro: El Hijo no puede hacer por su cuenta nada que no vea hacer al Padre. Lo que hace éste, eso mismo hace también el Hijo, pues el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que él hace, y le mostrará obras mayores que ésta, para vuestro asombro. Lo mismo que el Padre resucita a los muertos y les da vida, así también el Hijo da vida a los que quiere. Porque el Padre no juzga a nadie, sino que ha confiado al Hijo el juicio de todos, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo no honra al Padre que lo envió. Os lo aseguro: Quien escucha mi palabra y cree al que me envió posee la vida eterna y no se le llamará a juicio, porque ha pasado ya de la muerte a la vida. Os aseguro que llega la hora, y ya está aquí, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que hayan oído vivirán. Porque, igual que el Padre dispone de la vida, así ha dado también al Hijo el disponer de la vida. Y le ha dado potestad de juzgar, porque es el Hijo del hombre. No os sorprenda, porque viene la hora en que los que están en el sepulcro oirán su voz: los que hayan hecho el bien saldrán a una resurrección de vida; los que hayan hecho el mal, a una resurrección de juicio. Yo no puedo hacer nada por mí mismo; según le oigo, juzgo, y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.»

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

El Evangelio de hoy es continuación del de ayer, nos habla de la respuesta que el Señor dio a algunos que veían mal que Él hubiese curado a un paralítico en sábado. Los judíos persiguen a Jesús porque no respeta el sábado. El Señor nos da la clave de su actuar: no obra por su cuenta, sino según los deseos de su Padre. El Señor aprovecha estas criticas para manifestar su condición de Hijo de Dios y, por tanto, Señor del sábado. Y también se escandalizan: “Por eso los judíos tenían más ganas de matarlo, porque no solo violaba el sábado, sino también llamaba a Dios Padre suyo, haciéndose igual a Dios”. El Señor afirma que su naturaleza y la del Padre son iguales, aun siendo personas distintas. Manifiesta de esta manera su divinidad.

También en el pasaje de hoy, el Señor nos ofrece la vida, vida en plenitud. Y nos plantea el cómo podemos alcanzarla: “el que escucha mi Palabra y cree en el que me ha enviado, tiene vida eterna”. Importancia capital escuchar al hijo amado. Acoger su palabra, que ella sea la que guie nuestro obrar. Si así lo hacemos, iremos viendo sus beneficios en nosotros mismos, su acción en nuestro obrar, su poder transformador, su fuerza eficaz,

Que tengas un buen día.

Jesús Aguilar Mondéjar, sacerdote

2016-03-09 07.30.11

EVANGELIO DEL DÍA: Jn 5, 1-3.5-16: Mira, has quedado sano; no peques más.

EVANGELIO DEL DÍA:
Jn 5,1-3.5-16: Mira, has quedado sano; no peques más.

En aquel tiempo, se celebraba una fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Hay en Jerusalén, junto a la puerta de las ovejas, una piscina que llaman en hebreo Betesda. Ésta tiene cinco soportales, y allí estaban echados muchos enfermos, ciegos, cojos, paralíticos. Estaba también allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo. Jesús, al verlo echado, y sabiendo que ya llevaba mucho tiempo, le dice:
– «¿Quieres quedar sano?»
El enfermo le contestó:
– «Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se remueve el agua; para cuando llego yo, otro se me ha adelantado.»
Jesús le dice:
– «Levántate, toma tu camilla y echa a andar.»
Y al momento el hombre quedó sano, tomó su camilla y echó a andar. Aquel día era sábado, y los judíos dijeron al hombre que había quedado sano:
– «Hoy es sábado, y no se puede llevar la camilla.»
Él les contestó:
– «El que me ha curado es quien me ha dicho: Toma tu camilla y echa a andar.»
Ellos le preguntaron:
– «¿Quién es el que te ha dicho que tomes la camilla y eches a andar?»
Pero el que había quedado sano no sabía quién era, porque Jesús, aprovechando el barullo de aquel sitio, se había alejado. Más tarde lo encuentra Jesús en el templo y le dice:
– «Mira, has quedado sano; no peques más, no sea que te ocurra algo peor.»
Se marchó aquel hombre y dijo a los judíos que era Jesús quien lo había sanado. Por esto los judíos acosaban a Jesús, porque hacía tales cosas en sábado.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

Hoy en el Evangelio nos habla de la escena de la piscina de Betsaida. Podemos ver al Señor cercano a los que más sufren, se acerca al enfermo y le pregunta:”¿Quieres quedar sano?”. El protagonista del milagro llevaba treinta y ocho años de invalidez. Cómo recibiría el interrogante después de tanto tiempo unido a la enfermedad, cuando Ntro. Señor le dijera: ¿Quieres curarte?. Me imagino que no tendría ninguna duda en reclamarle que se apiadara de él, que escuchara sus suplicas, que le ayudara.

Siempre que el Señor va a actuar pide la colaboración, en los milagros lo vemos con mucha frecuencia, “se realice según tu fe”. También hoy, el Señor nos pregunta a cada uno de nosotros ¿quieres quedar sano? Hay que poner los ojos en Jesús. Es necesario que Él —su gracia— nos sumerja en las aguas de la oración, de la confesión, de la apertura de espíritu. Tú y yo podemos ser paralíticos, cuando dejamos que el pecado nos toque, ya que el pecado siempre nos paraliza y nos incapacita para amar. Por eso la invitación realizada de luchar contra el pecado, “has quedado sano, no peques más”. Tu vida puede cambiar si te dejas amar por el Señor, lo acoges y le dejas hacer en tí, si buscas su voluntad y pones todo de tu parte para complacerle, para agradarle. Que tengas un buen día.

Jesús Aguilar Mondéjar, sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Jn 4, 43-54: Había un funcionario real que tenía un hijo enfermo.

EVANGELIO DEL DÍA:
Jn 4,43-54: Había un funcionario real que tenía un hijo enfermo.

En aquel tiempo, salió Jesús de Samaria para Galilea. Jesús mismo había hecho esta afirmación: «Un profeta no es estimado en su propia patria.» Cuando llegó a Galilea, los galileos lo recibieron bien, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues también ellos habían ido a la fiesta. Fue Jesús otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había un funcionario real que tenía un hijo enfermo en Cafarnaún. Oyendo que Jesús había llegado de Judea a Galilea, fue a verle, y le pedía que bajase a curar a su hijo que estaba muriéndose. Jesús le dijo:
– «Como no veáis signos y prodigios, no creéis.»
El funcionario insiste:
– «Señor, baja antes de que se muera mi niño.»
Jesús le contesta:
– «Anda, tu hijo está curado.»
El hombre creyó en la palabra de Jesús y se puso en camino. Iba ya bajando, cuando sus criados vinieron a su encuentro diciéndole que su hijo estaba curado. Él les preguntó a qué hora había empezado la mejoría. Y le contestaron:
– «Hoy a la una lo dejó la fiebre.»
El padre cayó en la cuenta de que ésa era la hora cuando Jesús le había dicho: «Tu hijo está curado.» Y creyó él con toda su familia. Este segundo signo lo hizo Jesús al llegar de Judea a Galilea.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy se nos plantea el triunfo del Señor sobre la enfermedad. La suplica que le hace ese padre pidiéndole la curación de su hijo, arranca la curación de su hijo, aquí vemos el poder de la oración de intercesión, el presentar al Señor nuestras cosas, es bueno , pero nos ayuda a vencer el peligro del egoísmo cuando abrimos nuestro corazón a los sufrimientos del otro, haciendo participe al Señor de las necesidades de los que nos rodean, el Señor no se desentiende de aquellos que le hacen participes de sus necesidades. “Pedid y se os dará”. La fe es al mismo tiempo esperanza. La fe nos otorga una seguridad sobre la cual podemos apoyarnos. La gran esperanza de nuestra vida sólo puede ser Dios. Su amor es lo que nos da la posibilidad de perseverar día a día ante los retos que se nos presentan. La oración es el lugar ideal para crecer en la confianza. A mayor oración, mayor fe, quien acude a Dios es que espera en Él ; a mayor fe, mayor esperanza; y la esperanza nos ayuda a confiar y hace crecer el amor . El funcionario real gracias a la enfermedad de su hijo, buscó y se acercó al Señor, suplicándole su intervención, En efecto, el sufrimiento nos puede unir a los dolores de Ntro Señor, puede sacar lo mejor de nosotros mismos, hacer de nuestra vida una oblación, nos enseña a crecer en la esperanza. Lo que nos cura no es esquivar el dolor, sino la capacidad de aceptar la tribulación, de madurar en ella, y de encontrar en todo eso un sentido, mediante la unión con Cristo. El Evangelio también nos dice que el funcionario real creyó con todos los de su casa. La importancia de transmitir la fe, el gran papel de la familia, el comunicar las acciones de Dios, como nos recordaba el Salmo de este domingo: “gustad y ved qué bueno es el Señor” , que grande es poder ser instrumento en las manos del Señor donde acercar a otros muchos al encuentro con Él. Que tengas un buen día.

Jesús Aguilar Mondéjar, sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Lc 15, 1-3.11-32: Un hombre tenía dos hijos.

EVANGELIO DEL DÍA:
Lc 15,1-3.11-32: Un hombre tenía dos hijos.

En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos:
– «Ése acoge a los pecadores y come con ellos.»
Jesús les dijo esta parábola:
-«Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: “Padre, dame la parte que me toca de la fortuna.” El padre les repartió los bienes.
No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de saciarse de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer.
Recapacitando entonces, se dijo: “Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros.”
Se puso en camino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo. Su hijo le dijo: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo.” Pero el padre dijo a sus criados: “Sacad en seguida el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado.”
Y empezaron el banquete. Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba. Éste le contestó: “Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud.”
Él se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Y él replicó a su padre: “Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado.” El padre le dijo: “Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado.”»

PISTAS DE MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy, nos encontramos con la parábola –mayoritariamente conocida- como la del hijo pródigo, pero también la podríamos llamar del hermano soberbio envidioso o del Padre misericordioso. Nos encontramos con la actitud alocada del hijo menor, el orgullo envidioso del hermano mayor y el amor inmenso del Padre. La misericordia de Dios, es el mensaje central de la parábola. Se nos resalta en este domingo el perdón misericordioso del Padre.

Si ponemos nuestra mirada en el hijo menor, es la historia del hombre insatisfecho e independiente en búsqueda de libertad (malentendida) y del placer. Este joven se cansa de todo, la insatisfacción le lleva al vacío. Es la imagen del hombre pecador que se aleja de Dios y vuelve a Él.
Si la ponemos en el hijo mayor, no tiene entrañas de misericordia, fiel pero sin amor, es el hombre de la ley, de la exigencia, terriblemente perfecto, se siente justo, se siente mejor que su hermano, lo juzga, lo condena, etc.
Y si nos detenemos en el Padre, recibió al hijo con inmensa alegría, sin recriminarle la conducta, devolviéndole la dignidad que había perdido, tratándole como hijo. Viene a decirnos, así es Dios, tan comprensivo, tan rebosante de amor, que no se cansa de perdonar, como nos recuerda el Papa Francisco en este Año de la misericordia.

Es domingo, día del Señor, nos encontramos cercanos a la Pascua y en la Palabra de Dios de este domingo insistentemente se nos invita a reconciliarnos con el Señor. Que tengas un buen día.

Jesús Aguilar Mondéjar, sacerdote.