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EVANGELIO DEL DÍA: Lc 8,19-21: Los que escuchan la palabra de Dios y la ponen por obra.

EVANGELIO DEL DÍA:
Lc 8,19-21: Los que escuchan la palabra de Dios y la ponen por obra.

En aquel tiempo, vinieron a ver a Jesús su madre y sus hermanos, pero con el gentío no lograban llegar hasta él.
Entonces le avisaron:
-Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren verte.
El les contestó:
-Mi madre y mis hermanos son éstos: los que escuchan la Palabra de Dios y la ponen por obra.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy es toda una alabanza a la Madre de Ntro. Señor, es todo un elogio a la Santísima Virgen María, nadie como Ella acogió la Palabra de Dios, su “fiat”, su acogida, su escucha, su guardar en su corazón, es ejemplar y modélico. Ella, con todo su ser, se hizo la esclava del Señor y repitió su “fiat” en todos los momentos de su vida, incluso en los momentos de mayor prueba o dolor. Es desde la Cruz, en ese instante supremo, donde el Señor nos la dejó como Madre. A Ella hemos sido confiados. ¡Somos verdaderamente sus hijos! La Virgen María nos enseña que lo más grande que podemos hacer con nuestra vida es conformar nuestro pensamiento y nuestra voluntad a la del Padre. Conocer lo que Dios quiere y seguir su voluntad es la alegría de nuestra vida. Que la meta de nuestra existencia sea ponernos a la escucha de la voluntad de Dios y dejarnos conducir por Él. “Dichosos los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen”.

En la exhortación apostólica postsinodal: Verbum Domini, el Sínodo de los Obispos sobre la Palabra de Dios, concretamente en su tercera parte: la Palabra de Dios y el mundo; en el apartado de la misión de la Iglesia de anunciar al Palabra de Dios al mundo, el punto del testimonio cristiano (los números: 97-98) nos alienta a configurar nuestra vida con el mensaje que proclamamos, en definitiva, a poner en obra y ser testigos desde nuestra vida de la Palabra de Dios: “[…] Es indispensable que, con el testimonio, se dé credibilidad a esta Palabra, para que no aparezca como una bella filosofía o utopía, sino más bien como algo que se puede vivir y que hace vivir. […] Que el anuncio de la Palabra de Dios requiere el testimonio de la propia vida es algo que la conciencia cristiana ha tenido bien presente desde sus orígenes”. Pablo VI, en su Exhortación Apostólica Evangelii Nuntiandi, 20: “La Buena Nueva proclamada por el testimonio de vida deberá ser pues, tarde o temprano, proclamada por la palabra de vida. No hay evangelización verdadera, mientras no se anuncie el nombre, la doctrina, la vida, las promesas, el reino, el misterio de Jesús de Nazaret, Hijo de Dios”.

Necesitamos los cristianos de hoy contagiar la dicha inmensa de la fe, extender, propagar, redescubrir y hacer apetecible el atractivo del seguimiento de Cristo.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Lc 8,16-18: Nadie enciende una lámpara y la tapa.

EVANGELIO DEL DÍA:
Lc 8,16-18: Nadie enciende una lámpara y la tapa.

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:
-Nadie enciende una lámpara y la tapa con una vasija o lo mete debajo de la cama la pone en el candelero para que los que entran tengan luz.
Nada hay oculto que no llegue a descubrirse, nada secreto que no llegue a saberse o a hacerse público.
A ver si me escucháis bien: al que tiene se le dará, al que no tiene se le quitará hasta lo que cree tener.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

El Evangelio de hoy nos presenta a Cristo instruyendo a los discípulos, con la imagen de la lampara, les recuerda su misión y le evoca que Cristo es la luz que todo hombre necesita, nos recuerda a los cristianos la gran responsabilidad de comunicar ese tesoro y debemos iluminar con esa luz a los demás. Nos viene a nuestra memoria las palabras del Señor: “Vosotros sois la luz del mundo”. Sin Cristo, el mundo se vuelve difícil y poco habitable. Los cristianos debemos iluminar el ambiente en el que vivimos y trabajamos. “Alumbre vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo”. La luz es para iluminar y sería un absurdo ocultarla. El cristiano no puede conformarse con ser espectador de la realidad, está llamado a impregnarla con la fuerza de la fe, la esperanza y la caridad. “Muchos el Evangelio que leerán será nuestra vida”, debemos escribirla con las paginas del Evangelio. Cada cristiano «debe obrar de tal manera que quienes le traten perciban el buen olor de Cristo; debe actuar de modo que, a través de las acciones del discípulo, pueda descubrirse el rostro del Maestro». La fe en Cristo es nuestra propia luz personal. Llamados los seguidores, discípulos, cristianos a irradiar a Cristo en todo lo que realicen, todo para mayor gloria de Él.

También hoy nuestra mirada se dirige a Nuestra Madre la Santísima Virgen María, bajo la advocación, de la Merced, que significa: misericordia. La misericordia unida a la liberación del cautivo. María se une, de una manera íntima y visible, a la obra redentora de su Hijo: Ha cooperado con su SI al plan de Dios, y ha ofrecido su vida para que el Hijo de Dios pudiera encarnarse y entregarse para la reconciliación de la humanidad.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

Cruz 2

EVANGELIO DEL DÍA: Mc 9,30-37: Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos.

EVANGELIO DEL DÍA:
Mc 9,30-37: Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos.

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se marcharon de la montaña y atravesaron Galilea; no quería que nadie se enterase, porque iba instruyendo a sus discípulos. Les decía:
-«El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán; y, después de muerto, a los tres días resucitará.»
Pero no entendían aquello, y les daba miedo preguntarle. Llegaron a Cafarnaún, y, una vez en casa, les preguntó:
-«¿De qué discutíais por el camino?»
Ellos no contestaron, pues por el camino habían discutido quién era el más importante. Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo:
-«Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos.»
Y, acercando a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo:
-«El que acoge a un niño como éste en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí no me acoge a mí, sino al que me ha enviado.»

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy, el Señor anuncia a sus discípulos su pasión, muerte y resurrección. Les explica con paciencia la sabiduría de Dios, sabiduría que se materializa en el amor y se hace servicio hasta la entrega de sí: “Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos”.

El Papa Benedicto XVI en el Ángelus del 23 de septiembre de 2012 comenta este pasaje evangélico: “Nos recuerda que la lógica de Dios es siempre “otra” respecto a la nuestra, como reveló Dios mismo por boca del profeta Isaías: “Mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos”. Por esto seguir al Señor requiere siempre al hombre una profunda conversión -de todos nosotros-, un cambio en el modo de pensar y de vivir; requiere abrir el corazón a la escucha para dejarse iluminar y transformar interiormente. Un punto clave en el que Dios y el hombre se diferencia es el orgullo: en Dios no hay orgullo porque Él es toda la plenitud y tiende todo a amar y donar vida; en nosotros los hombres, en cambio, el orgullo está enraizado en lo íntimo y requiere constante vigilancia y purificación. Nosotros, que somos pequeños, aspiramos a parecer grandes, a ser los primeros; mientras que Dios, que es realmente grande, no teme abajarse y hacerse el último”.

En el Ángelus, del 20 de septiembre de 2015, el Papa Francisco explica este pasaje deteniéndose más en la reacción de los discípulos: “Hemos oído en el Evangelio cómo los discípulos tenían miedo de preguntar a Jesús cuando les habla de su pasión y su muerte. Les asustaba, no podían comprender, la idea de ver a Jesús sufriendo en la Cruz. También nosotros tenemos la tentación de huir de las cruces propias y de las cruces de los demás, de alejarnos del que sufre […] Junto a la Madre, en la Cruz, podemos comprender quién es verdaderamente “el más importante”, y que significa estar junto al Señor y participar de su gloria.

Aprendamos de María a tener el corazón despierto y atento a las necesidades de los demás. Como nos enseñó en las Bodas de Caná seamos solicito en los pequeños detalles de la vida, y no cejemos en la oración los unos por los otros, para que a nadie falte el vino del amor nuevo, de la alegría que Jesús nos trae”.

Es domingo, el día del Señor, día de la resurrección, día en el que celebramos la victoria sobre la muerte, día de fortalecer la esperanza ante las adversidades y los retos que se nos presentan, día para abrazar nuestras cruces y unirnos más a quien nos puede ayudar a llevarlas. Que tengas un buen día.

Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

Trigo 2

EVANGELIO DEL DÍA: Lc 8,4-15: Salió el sembrador a sembrar.

EVANGELIO DEL DÍA:
Lc 8,4-15: Salió el sembrador a sembrar.

En aquel tiempo, se le juntaba a Jesús mucha gente y, al pasar por los pueblos, otros se iban añadiendo.
Entonces les dijo esta parábola:
-Salió el sembrador a sembrar su semilla.
Al sembrarla, algo cayó al borde del camino, lo pisaron, y los pájaros se lo comieron.
Otro poco cayó en terreno pedregoso, y, al crecer, se secó por falta de humedad.
Otro poco cayó entre zarzas, y las zarzas, creciendo al mismo tiempo, lo ahogaron.
El resto cayó en tierra buena, y, al crecer, dio fruto al ciento por uno.
Dicho esto, exclamó:
-El que tenga oídos para oir, que oiga.
Entonces le preguntaron los discípulos:
-¿Qué significa esa parábola?
El les respondió:
-A vosotros se os ha concedido conocer los secretos del Reino de Dios; a los demás, sólo en parábolas, para que viendo no vean y oyendo no entiendan.
El sentido de la parábola es éste:
La semilla es la Palabra de Dios.
Los del borde del camino son los que escuchan, pero luego viene el diablo y se lleva la Palabra de sus corazones, para que no crean y se salven.
Los del terreno pedregoso son los que, al escucharla, reciben la Palabra con alegría, pero no tienen raíz; son los que por algún tiempo creen, pero en el momento de la prueba fallan.
Lo que cayó entre zarzas son los que escuchan, pero con los afanes y riquezas y placeres de la vida, se van ahogando y no maduran.
Lo de la tierra buena son los que con un corazón noble y generoso escuchan la Palabra, la guardan y dan fruto perseverando.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

El Evangelio de hoy nos presenta la parábola del sembrador. Tantas veces escuchada, meditada, proclamada, cuantos buenos recuerdos nos trae de las meditaciones de la mañana del Cursillo de Cristiandad. Sin embargo, tenemos la dicha de contar con la explicación realizada por el Papa Francisco, en el Ángelus, del 13 de julio de 2014: “(el sembrador)Sin guardarse nada arroja su semilla en todo tipo de terreno. Y la verdadera protagonista de esta parábola es precisamente la semilla, que produce mayor o menor fruto según el terreno donde cae. Los primeros tres terrenos son improductivos: a lo largo del camino los pájaros se comen la semilla; en el terreno predegoso los brotes se secan rápidamente porque no tienen raíz; en medio de las zarzas las espinas ahogan la semilla. El cuarto terreno es el terreno bueno, y sólo allí la semilla prende y da fruto.
En este caso, Jesús no se limitó a presentar la parábola, también la explicó a sus discípulos.[…] El modelo perfecto de esta tierra buena es la Virgen María.
Esta parábola habla hoy a cada uno de nosotros, como hablaba a quienes escuchaban a Jesús hace dos mil años. Nos recuerda que nosotros somos el terreno donde el Señor arroja incansablemente la semilla de su Palabra y de su amor. ¿Con que disposición la acogemos? Y podemos plantearnos la pregunta: ¿cómo es nuestro corazón? ¿A que terreno se parece: a un camino, a un pedregal, a una zarza? Depende de nosotros convertirnos en terreno bueno sin espinas ni piedras, pero trabajando y cultivando con cuidado, a fin de que pueda dar buenos frutos para nosotros y para nuestros hermanos.
Y nos hará bien no olvidar que también nosotros somos sembradores. Dios siembra semilla buena, y también aquí podemos plantearnos la pregunta: ¿que tipo de semilla sale de nuestro corazón y de nuestra boca? Nuestras palabras pueden hacer mucho bien y también mucho mal; pueden curar y pueden herir; pueden alentar y pueden deprimir”.

En palabras del Papa emérito, Benedicto XVI: “En el fondo, la verdadera “Parábola” de Dios es Jesús mismo, su Persona, que, en el signo de la humanidad, oculta y al mismo tiempo revela la divinidad. De esta manera Dios no nos obliga a creer en él, sino que nos atrae hacia sí con la verdad y la bondad de su Hijo encarnado: de hecho, el amor respeta siempre la libertad”. (Ángelus, 10 de julio de 2011).

En la escuela de María, le suplicamos que nos ayude a ser la tierra que su Hijo, Ntro. Señor quiere que seamos.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Mt 9,9-13: Sígueme. El se levantó y lo siguió.

EVANGELIO DEL DÍA:
Mt 9,9-13: Sígueme. El se levantó y lo siguió.

En aquel tiempo, vio Jesús a un hombre llamado Mateo sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo:
-Sígueme.
El se levantó y lo siguió.
Y estando en la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores, que habían acudido, se sentaron con Jesús y sus discípulos.
Los fariseos, al verlo, preguntaron a los discípulos:
-¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores?
Jesús lo oyó y dijo:
-No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Andad, aprended lo que significa «misericordia quiero y no sacrificios»: que no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

Celebramos hoy la fiesta del apóstol y evangelista San Mateo. Acudo a la homilía, del Papa Francisco, realizada en su viaje apostólico a Cuba, el 21 de septiembre de 2015: “Celebramos la historia de una conversión. Él mismo, en su evangelio, nos cuenta cómo fue el encuentro que marcó su vida, él nos introduce en un “juego de miradas” que es capaz de transformar la historia. Un día, como otro cualquiera, mientras estaba sentado en la mesa de recaudación de los impuestos, Jesús pasaba, lo vio, se acercó y le dijo: “Sígueme”. Y él, levantándose, lo siguió. Jesús lo miró. Qué fuerza de amor tuvo la mirada de Jesús para movilizar a Mateo como lo hizo; qué fuerza han de haber tenido esos ojos para levantarlo.[…] Jesús se detuvo, no pasó de largo precipitadamente, lo miró sin prisa, lo miró con paz. Lo miró con ojos de misericordia; lo miró como nadie lo había mirado antes. Y esa mirada abrió su corazón, lo hizo libre, lo sanó, le dio una esperanza, una nueva vida como a Zaqueo, a Bartimeo, a María Magdalena, a Pedro y también a cada uno de nosotros. Aunque no nos atrevemos a levantar los ojos al Señor, Él siempre nos mira primero […] Su amor nos precede, su mirada se adelanta a nuestra necesidad. Él sabe ver más allá de las apariencias, más allá del pecado, más allá del fracaso o de la indignidad. […] Él ve esa dignidad de hijo, que todos tenemos, tal vez ensuciada por el pecado.[…] Él ha venido precisamente a buscar a todos aquellos que se sienten indignos de Dios, indignos de los demás. Dejémonos mirar por Jesús […] dejemos que su mirada nos devuelva la alegría, la esperanza, el gozo de la vida. Después de mirarlo con misericordia, el Señor le dijo a Mateo: “Sígueme”. Y Mateo se levantó y lo siguió. Después de la mirada, la palabra. Tras el amor, la misión. Mateo ya no es el mismo; interiormente ha cambiado. El encuentro con Jesús, con su amor misericordioso, lo transformó.[…] Dejémonos mirar por el Señor en la oración, en la Eucaristía, en la Confesión, en nuestros hermanos, especialmente en aquellos que se sienten dejados, más solos. Y aprendamos a mirar como Él nos mira. Comportamos su ternura y su misericordia con los enfermos, los presos, los ancianos, las familias en dificultad. Una y otra vez somos llamados a aprender de Jesús que mira siempre lo más autentico que vive en cada persona, que es precisamente la imagen de su Padre”.

Otro acento que nos destaca el pasaje evangélico de hoy es su predilección por los necesitados, necesitados de toda índole, que ha venido a sanar a los enfermos, a todos los que tienen la necesidad de ser curados: “he venido a llamar a los pecadores”. Podemos contemplar como para Dios nadie se queda en la cuneta, no deja a nadie sin solución, y en la medida que nos acercamos a Él vamos descubriendo las graves heridas que el pecado nos esta provocando. Es verdad que todos andamos heridos por el mal, y todos tenemos necesidad de su ayuda, de su gracia, para poder enfrentarnos, luchar y combatir el mal en nosotros.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

San Lucas 7,36-50.8,1-3

EVANGELIO DEL DÍA: Lc 7,36-50: Sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor.

EVANGELIO DEL DÍA:
Lc 7,36-50: Sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor.

En aquel tiempo, un fariseo rogaba a Jesús que fuera a comer con él. Jesús, entrando en casa del fariseo se recostó a la mesa. Y una mujer de la ciudad, una pecadora, al enterarse de que estaba comiendo en casa del fariseo, vino con un frasco de perfume, y, colocándose detrás junto a sus pies, llorando, se puso a regarle los pies con sus lágrimas, se los enjugaba con sus cabellos, los cubría de besos y se los ungía con el perfume. Al ver esto, el fariseo que lo había invitado, se dijo:
-Si éste fuera profeta, sabría quién es esta mujer que lo está tocando y lo que es: una pecadora.
Jesús tomó la palabra y le dijo:
-Simón, tengo algo que decirte.
El respondió:
-Dímelo, maestro.
Jesús le dijo:
-Un prestamista tenía dos deudores: uno le debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, los perdonó a los dos. ¿Cuál de los dos lo amará más?
Simón contestó:
-Supongo que aquel a quien le perdonó más.
Jesús le dijo:
-Has juzgado rectamente.
Y, volviéndose a la mujer, dijo a Simón:
-¿Ves a esta mujer? Cuando yo entré en tu casa, no me pusiste agua para los pies; ella en cambio me ha lavado los pies con sus lágrimas y me los ha enjugado con su pelo. Tú no me besaste; ella en cambio desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. Tú no me ungiste la cabeza con ungüento; ella en cambio me ha ungido los pies con perfume. Por eso te digo, sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor: pero al que poco se le perdona, poco ama.
Y a ella le dijo:
-Tus pecados están perdonados.
Los demás convidados empezaron a decir entre sí:
-¿Quién es éste, que hasta perdona pecados?
Pero Jesús dijo a la mujer:
-Tu fe te ha salvado, vete en paz.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy nos presenta a la mujer pecadora y el fariseo. Representan dos actitudes ante Dios. Uno con una actitud autosuficiente, eso le impide alcanzar el reino de Dios e incluso recibir el favor de Dios, que ya cree poseer; y la otra por su postura humilde, su arrepentimiento, su amor, le consigue el perdón y el don de Dios. El amor y el perdón se implican mutuamente, como nos recuerda la Sagrada Escritura: “el amor cubre multitud de pecados” (1 Pe 4,8).

Nadie estamos libres de acercarnos más a la actitud del fariseo que a la de la mujer, cuando perdemos la conciencia de ser pecadores. Ante Dios todos somos deudores y todos hemos recibido el perdón desde la gratuidad. Como vemos en muchos pasajes de encuentro con nuestro Señor, en este caso con la mujer pecadora, es la fuerza del amor la que nos regenera. Aquí una vez más, la mirada del Señor, llena de ternura, rescató una vida perdida.

Para lograr este perdón que impulsa al amor, o este amor que perdona, es necesario comenzar por reconocernos pecadores, necesitados y no merecedores del mismo. No es nuestro esfuerzo personal el que nos consigue la gracia de Dios, esto seria una postura cercana al fariseísmo, sino mas bien aceptando el amor y el perdón gratuitos de Dios. Aceptando, acogiendo, gustando, saboreando hasta donde llega el amor por mí. Comprender un poco, aunque solo sea un poco, es clamar con el Salmo 115: ¿Cómo pagare al Señor tanto bien? Aquí nace la respuesta a su amor y todo tiene sentido, y siempre andamos faltos de poner más amor.

En la homilía del 16 de junio de 2013, el Papa Francisco, comenta el pasaje de hoy: “Jesús encuentra a una mujer pecadora durante una comida en casa de un fariseo, suscitando el escándalo de los presentes: Jesús deja que se acerque una pecadora, e incluso le perdona los pecados, diciendo: “sus muchos pecados han quedado perdonados, porque ha amado mucho, pero al que poco se le perdona, ama poco”. Jesús es la encarnación del Dios vivo, el que trae la vida, frente a tantas obras de muerte, frente al pecado, al egoísmo, al cerrarse en sí mismos. Jesús acoge, ama, levanta, anima, perdona y da nuevamente la fuerza para caminar, devuelve la vida. Vemos en todo el Evangelio cómo Jesús trae con gestos y palabras la vida de Dios que transforma. Es la experiencia de la mujer que unge los pies del Señor con perfume: se siente comprendida, amada, y responde con un gesto de amor, se deja tocar por la misericordia de Dios y obtiene el perdón, comienza una vida nueva. Dios, el Viviente, es misericordioso”.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Lc 7,31-35: ¿A quién se parecen los hombres de esta generación?

EVANGELIO DEL DÍA:
Lc 7,31-35: ¿A quién se parecen los hombres de esta generación?

En aquel tiempo, dijo el Señor:
-¿A quién se parecen los hombres de esta generación? ¿A quién los compararemos?
Se parecen a unos niños, sentados en la plaza, que gritan a otros: «Tocamos la flauta y no bailáis, cantamos lamentaciones y no lloráis.»
Vino Juan el Bautista, que ni comía ni bebía, y dijisteis que tenía un demonio; viene el Hijo del Hombre, que come y bebe, y decís: «Mirad qué comilón y qué borracho, amigo de recaudadores y pecadores».
Sin embargo, los discípulos de la Sabiduría le han dado la razón.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy, se nos presenta la comparación entre el proceder de Juan Bautista y el Señor, siendo ambos de estilos muy diferentes, distintos, diría que incluso opuestos, vemos como cuando uno no quiere abrirse a la gracia, busca cien mil excusas para justificarse y en definitiva no convertirse.

Juan el Bautista fue juzgado de modo erróneo por la gente. Pero él nunca se desanimó ante la dificultad o la oposición y no dejó de creer en el Señor. Su vida es fiel reflejo de innumerables virtudes. Nos enseña que lo más importante en nuestra existencia terrena es la fidelidad al Señor, aunque eso ponga en peligro nuestra misma fama entre las personas. Juan fue siempre coherente con el mensaje del Señor en pensamientos, palabras y obras. Juan Bautista nos da fuerzas para luchar contra toda forma de doblez en nuestra vida, comenzando por las cosas pequeñas. El Bautista señaló con su vida austera y radical cómo seguir al Señor.

Aprendamos en la virtud de la fortaleza, pues nos es necesaria para perseverar en la fe. Pidamos al Espíritu Santo que el Señor deje de ser un ideal y se convierta en una experiencia que transforme toda nuestra vida. El mundo necesita cristianos que sean testigos del Señor. Si seguimos al Señor con autenticidad es más fácil que arrastremos a muchos hacia Él.

El Papa Francisco comentando este pasaje evangélico nos resalta: “No os entiendo. Sois como esos niños: os hemos tocado la flauta y no habéis bailado, os hemos cantado lamentaciones, y no habéis llorado. ¿Qué queréis?. La respuesta sigue siendo: Queremos la salvación a nuestro modo. Por tanto, vuelve siempre esta cerrazón ante el modo de obrar de Dios. […] La palabra de la Cruz es siempre dura. Pero también es la única puerta de salvación […]El drama de la resistencia a la salvación lleva a no creer en la misericordia y en el perdón, sino en los sacrificios”. (Papa Francisco, 3 octubre de 2014, Misas matutinas en Santa Marta).

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

El hijo de la viuda

EVANGELIO DEL DÍA: Lc 7,11-17: ¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!

EVANGELIO DEL DÍA:
Lc 7,11-17: ¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!

En aquel tiempo, iba Jesús camino de una ciudad llamada Naín, e iban con él sus discípulos y mucho gentío.
Cuando estaba cerca de la ciudad, resultó que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda – y un gentío considerable de la ciudad la acompañaba.
Al verla el Señor, le dio lástima y le dijo:
-No llores.
Se acercó al ataúd, lo tocó (los que lo llevaban se pararon) y dijo:
-¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!
El muerto se incorporó y empezó a hablar, y Jesús se lo entregó a su madre.
Todos, sobrecogidos, daban gloria a Dios, diciendo:
-Un gran Profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo.
La noticia del hecho se divulgó por toda la comarca y por Judea entera.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy nos aparece la compasión del Señor, siente lástima, condolencia y ternura por la viuda que ha perdido a su hijo y por eso quiere realizar el prodigio de devolver a la vida al muchacho. La compasión lleva a intervenir al Señor. Nosotros también como el hijo de la viuda de Naím podemos escuchar la voz de Cristo que nos invita a levantarnos de nuestras postraciones, abatimientos y desánimos. Si el corazón se deja tocar por Cristo, entonces su gracia se convierte en una fuerza transformante, que sana y restablece lo que estaba enfermo.

En la catequesis de la Audiencia General del 10 de agosto de 2016, el Papa Francisco, profundiza en el pasaje evangélico: “Nos presenta un milagro de Jesús verdaderamente grandioso: la resurrección de un chico. Y, sin embargo, el corazón de esta narración no es el milagro, sino la ternura de Jesús hacia la mamá de este chico. La misericordia toma aquí el nombre de gran compasión hacia una mujer que había perdido el marido y que ahora acompaña al cementerio a su único hijo. Es este gran dolor de una mamá que conmueve a Jesús y le inspira el milagro de la resurrección. […] Cuando Jesús vio a esta madre llorar, ¡ella entró en su corazón! […] El Señor se acerca para encontrarse con cada uno de nosotros, para llevar y ofrecer su potente palabra de consolación: “no llores”[…] Como al chico muerto, repite a todos: “Joven a ti te digo, ¡levántate! A cada uno de nosotros dice: ¡levántate! Dios nos quiere de pie. Nos ha creado para estar de pie: por eso, la compasión de Jesús lleva a ese gesto de la sanación, a sanarnos, cuya palabra clave es: “¡levántate! ¡ponte en pie como te ha creado Dios!. De pie, “Pero, Padre, nosotros nos caemos muchas veces” – “¡Vamos, levántate!” Esta es la palabra de Jesús, siempre. La palabra potente de Jesús puede hacernos levantar y obrar en nosotros también el paso de la muerte a la vida. Su palabra nos hace revivir, regala esperanza, da sosiego a los corazones cansados, abre una visión del mundo y de la vida que va más allá del sufrimiento y de la muerte”.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

20121007

EVANGELIO DEL DÍA: Lc 7,1-10: Dilo de palabra, y mi criado quedará sano.

EVANGELIO DEL DÍA:
Lc 7,1-10: Dilo de palabra, y mi criado quedará sano.

En aquel tiempo, cuando terminó Jesús de hablar a la gente, entró en Cafarnaún.
Un centurión tenía enfermo, a punto de morir, a un criado a quien estimaba mucho. Al oir hablar de Jesús, le envió unos ancianos de los judíos, para rogarle que fuera a curar a su criado. Ellos, presentándose a Jesús, le rogaban encarecidamente:
-Merece que se lo concedas, porque tiene afecto a nuestro pueblo y nos ha construido la sinagoga.
Jesús se fue con ellos. No estaba lejos de la casa, cuando el centurión le envió unos amigos a decirle:
-Señor, no te molestes; no soy yo quién para que entres bajo mi techo; por eso tampoco me creí digno de venir personalmente. Dilo de palabra, y mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes, y le digo a uno: «ve», y va; al otro: «ven», y viene; y a mi criado: «haz esto», y lo hace.
Al oír esto, Jesús se admiró de él, y, volviéndose a la gente que lo seguía, dijo:
-Os digo que ni en Israel he encontrado tanta fe.
Y al volver a casa, los enviados encontraron al siervo sano.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy vemos el poder de la oración de intercesión y el tesoro de la fe, que alaba Ntro. Señor. Se resalta la humildad y la confianza. Presupuesto primero, la humildad: “no soy digno”, en cada eucaristía, antes de comulgar, repetimos estas palabras del centurión romano.

Acudo a la reflexión del Papa Francisco ante este pasaje evangélico: “Jesús se queda admirado. Le asombra la gran humildad del centurión, su mansedumbre […](centurión) ante el problema que le afligía habría podido agitarse y pretender ser atendido imponiendo su autoridad; habría podido convencer con insistencia, hasta forzar a Jesús a ir a su casa. En cambio se hace pequeño, discreto, manso, no alza la voz y no quiere molestar. Se comporta, quizás sin saberlo, según el estilo de Dios, que es “manso y humilde de corazón”.En efecto, Dios, que es amor, llega incluso a servirnos por amor: con nosotros es paciente, comprensivo, siempre solicito y bien dispuesto, sufre por nuestros errores y busca el modo para ayudarnos y hacernos mejores… imitar a Dios en el servicio a los demás […]

En el relato se dice que era muy querido por su dueño y que estaba enfermo, pero no se sabe cuál era su grave enfermedad. De alguna manera, podemos reconocernos también nosotros en ese siervo. Cada uno de nosotros es muy querido por Dios, amado y elegido por él, y está llamado a servir, pero tiene sobre todo necesidad de ser sanado interiormente. Para ser capaces del servicio, se necesita la salud del corazón: un corazón restaurado por Dios, que se sienta perdonado y no sea ni cerrado ni duro. Nos hará bien rezar con confianza cada día por esto, pedir que seamos sanados por Jesús, asemejarnos a él, que “no nos llama más siervos, sino amigos” (homilía del P. Francisco, 29 mayo de 2016).

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Mc 8,27-35: Y vosotros, ¿quién decís que soy?

EVANGELIO DEL DÍA:
Mc 8,27-35: Y vosotros, ¿quién decís que soy?

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se dirigieron a las aldeas de Cesarea de Felipe; por el camino, preguntó a sus discípulos:
– «¿Quién dice la gente que soy yo?»
Ellos le contestaron:
– «Unos, Juan Bautista; otros, Elías; y otros, uno de los profetas.»
Él les preguntó:
– «Y vosotros, ¿quién decís que soy?»
Pedro le contestó:
– «Tú eres el Mesías.»
Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie.
Y empezó a instruirlos:
– «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, tiene que ser condenado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar a los tres días.»
Se lo explicaba con toda claridad. Entonces, Pedro se lo lle­vó aparte y se puso a increparlo. Jesús se volvió y, de cara a los discípulos, increpó a Pedro:
– «¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!»
Después llamó a la gente y a sus discípulos, y les dijo:
– «El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mis­mo, que cargue con su cruz y me siga. Mirad, el que quiera sal­var su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio la salvará.»

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy podemos distinguir cuatro partes bien diferenciadas: La primera, sobre la relación con Jesús, nos encontramos con el examen realizado a sus discípulos: “Y vosotros, ¿quien decís que soy?; una segunda, donde se da el anuncio por parte de Cristo de su pasión, muerte y resurrección; una tercera, donde corrige a Pedro: “¡tú piensas como los hombres, no como Dios!”; y una cuarta, donde invita al seguimiento y las condiciones del mismo.
Si hoy tuviéramos que responder al Señor sobre ambas preguntas, ante la primera: “¿Quien dice la gente que soy yo?”, es posible que al darle la respuesta pensemos en aquellos con los que nos relacionamos, con los que convivimos, tendríamos que decirle al Señor, que muchos no te conocen, te ignoran porque no saben quien eres, viven como si no existieras, nuestro mundo quiere silenciar tu Palabra, nuestra cultura se crea al margen de tu presencia… es posible, que ante esta respuesta nos preguntara a los cristianos de hoy: ¿qué estáis haciendo?, ¿cómo es posible que logréis silenciar mi Palabra? ¿cómo estáis viviendo? ¿no sois capaces de contagiar todos los beneficios que reporta el tesoro de la fe? ¿qué os esta pasando?

Y ante el segundo interrogante del pasaje evangélico: Y para ti, ¿Quién soy? No es cuestión de dar una respuesta prefabricada, ni del catecismo, tendríamos que ponernos delante de Él y abrir nuestro corazón, ver cómo nos relacionamos, qué importancia tiene, si acogemos su Palabra, si nos dejamos interpelar por ella, si produce cambios y transformación en nuestra vida… El Papa Benedicto XVI en su primera encíclica ya nos recordaba que ser cristiano no es cuestión de saber mucho, de tener muchos conocimientos sobre Jesús, remarcaba ese encuentro personal con el Dios vivo que transforma nuestras vidas, “Jesús no vino a enseñarnos una filosofía, sino a mostrarnos una senda; más aún, la senda que conduce a la vida. Esta senda es el amor, que es la expresión de la verdadera fe. Si uno ama al prójimo con corazón puro y generoso, quiere decir que conoce verdaderamente a Dios. En cambio, si alguien dice que tiene fe, pero no ama a los hermanos, no es un verdadero creyente. Dios no habita en él. Lo afirma claramente Santiago en la segunda lectura de la misa de este domingo: “La fe, si no tiene obras, está realmente muerta” (St 2, 17). Al respecto me agrada citar un escrito de san Juan Crisóstomo, uno de los grandes Padres de la Iglesia que el calendario litúrgico nos invita hoy a recordar. Justamente comentando el pasaje citado de la carta de Santiago, escribe: “Uno puede incluso tener una recta fe en el Padre y en el Hijo, como en el Espíritu Santo, pero si carece de una vida recta, su fe no le servirá para la salvación. Así que cuando lees en el Evangelio: “Esta es la vida eterna: que te conozcan ti, el único Dios verdadero” (Jn 17, 3), no pienses que este versículo basta para salvarnos: se necesitan una vida y un comportamiento purísimos” (Benedicto XVI, Ángelus del 13 septiembre del 2009).

“Empezó a instruirlos: El Hijo del hombre tiene que padecer mucho…” En palabras del Papa Francisco comentando este pasaje, en el ángelus del 13 septiembre de 2015: “Seguir a Jesús significa tomar la propia Cruz – todos la tenemos- para acompañarlo en su camino, un camino incómodo que no es el del éxito, de la gloria pasajera, sino el que conduce a la verdadera libertad, que nos libera del egoísmo y del pecado. Se trata de realizar un neto rechazo de esa mentalidad mundana que pone el propio “yo” y los propios intereses en el centro de la existencia: ¡eso no es lo que Jesús quiere de nosotros! Por el contrario, Jesús nos invita a perder la propia vida por Él, por el Evangelio, para recibirla renovada, realizada, y auténtica. Podemos estar seguros, gracias a Jesús, que este camino lleva, al final, a la resurrección, a la vida plena y definitiva con Dios. Decidir seguirlo a Él, nuestro Maestro y Señor que se ha hecho Siervo de todos, exige caminar detrás de Él y escucharlo atentamente en su Palabra -acordaos de leer todos los días un pasaje del Evangelio- y en los Sacramentos”.

En la corrección realizada a S. Pedro: ¡Piensas como los hombres no como Dios!, también nos toca a nosotros, nos cuesta poner a Dios en el centro, muchas veces no se nota que somos cristianos, nuestros falsos respetos silencian la Palabra, nos acomodamos a convivir con el mal, nos cuesta ir “contracorriente”, nos dejamos vencer por los miedos y terminamos conviviendo con el espíritu mundano.

Y concluye el pasaje de hoy con la invitación al seguimiento. Pensando que nos puede ayudar para nuestra meditación, acudo a las palabras dirigidas a los jovenes, por el Papa, S. Juan Pablo II, dichas en Cuatro Vientos, en Madrid, el 3 de mayo de 2003: “Testimoniad con vuestra vida que las ideas no se imponen, sino que se proponen. ¡Nunca os dejéis alentar por el mal! Para ello necesitáis la ayuda de la oración y el consuelo que brota de una amistad íntima con Cristo. Sólo así, viviendo la experiencia del amor de Dios e irradiando la fraternidad evangélica, podréis ser los constructores de un mundo mejor, auténticos hombres y mujeres pacíficos y pacificadores. […]¡Id con confianza al encuentro de Jesús! Y, como los nuevos santos, ¡no tengáis miedo de hablar de Él! Pues Cristo es la respuesta verdadera a todas las preguntas sobre el hombre y su destino. […] Al volver la mirada atrás y recordar estos años de mi vida, os puedo asegurar que vale la pena dedicarse a la causa de Cristo y, por amor a Él, consagrarse al servicio del hombre. ¡Merece la pena dar la vida por el Evangelio y por los hermanos!”

Es domingo, el día del Señor. Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.