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EVANGELIO DEL DÍA: Lc 18, 9-14: El publicano bajó a su casa justificado, y el fariseo no.

EVANGELIO DEL DÍA:
Lc 18,9-14: El publicano bajó a su casa justificado, y el fariseo no.

En aquel tiempo, a algunos que, teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás, dijo Jesús esta parábola:
-«Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, un publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: “¡Oh Dios!, te doy gracias, porque no soy como los demás: ladrones, injustos, adúlteros; ni como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo.”
El publicano, en cambio, se quedó atrás y no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo; sólo se golpeaba el pecho, diciendo: “¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador.”
Os digo que éste bajó a su casa justificado, y aquél no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.»

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

Comienza el Evangelio de hoy dándonos las claves de la parábola: “los que se tenían por justos, los que se sentían seguros de sí mismos”. La parábola nos habla del fariseo que se presenta ante Dios con todos sus méritos, ¡qué difícil no caer en el fariseísmo!, en el fondo de nuestro corazón nos creemos con derechos ante Dios, pasamos factura de lo poco o mucho que hemos realizado, nos creemos buenos; en el fondo, este hombre no sentía necesidad de Dios y estaba tan orgulloso de sí mismo que despreciaba en su corazón a los que no eran como él. ¿ Tengo dificultad de aceptar a alguien? ¿Qué piensas de los que son contrarios a tus ideales?

Por otra parte, Jesús nos describe al publicano como un hombre que esperaba todo de Dios, como alguien que era consciente de sus pecados y miserias, pero que al mismo tiempo, vivía orientado hacia el cielo. Sólo el que se humilla es grande a los ojos de Dios. Todo lo demás, no cuenta. Si razonamos llegamos a la conclusión de: ¿Quién de nosotros no es un pecador? Pero que no nos lo recuerden, que no nos corrijan, ¿Pero que se han creído?, nos sale nuestra soberbia y que poco humildes que somos. ¿Quién de nosotros no ha lastimado o entristecido el corazón de Jesús? Que el Señor nos conceda ver nuestros pecados, para podérselos entregar y le concedamos la posibilidad de que nos sane.

Algo que sobresale en la parábola del fariseo y el publicano, es que la salvación no es fruto de los méritos de nuestras buenas obras, sino pura gracia y favor de Dios. Y otra llamada, ¡ojo! con nuestros juicios: con la facilidad de colocar etiquetas, “no soy como esta gente” … que nadie estamos libres, que mucho de fariseísmo nos acompaña, que al final nos lo terminamos creyendo y parece que esto no va conmigo, que soy muy bueno, el que se tiene que convertir es mi esposo, mi esposa, mi hijo, mi hija, mi jefe, mi superior, mi cuñado, mi compañero, mi amigo, mi suegra… en una palabra, todos los que tengo a mi alrededor, pero nunca me toca a mí.

Hoy sábado, volvemos la mirada a Nuestra Madre, la Santísima Virgen María, la que en el Magnificat nos resalta la humildad, “Dios ha mirado la humildad de su esclava”. Humildad que lleva a desear que se cumpla en Ella la Palabra de Dios, que se cumpla en mí, deseando lo que Dios quiere, como Dios quiere y cuando Dios quiere. Que tengas un buen día.

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EVANGELIO DEL DÍA: Mc 12, 28b-34: ¿Qué mandamiento es el primero de todos?.

EVANGELIO DEL DÍA:
Mc 12,28b-34: ¿Qué mandamiento es el primero de todos?.

En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó:
– «¿Qué mandamiento es el primero de todos?»
Respondió Jesús:
– «El primero es: “Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser.” El segundo es éste: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” No hay mandamiento mayor que éstos.»
El escriba replicó:
– «Muy bien, Maestro, tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios.»
Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo:
– «No estás lejos del reino de Dios.»
Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy, tenemos el encuentro con un docto en la ley -escriba-, y ante su interrogante, aprovecha Jesús para enseñarnos qué es lo más importante de toda la Sagrada Escritura: el amor. Ante esta palabra es lícito que nos dejemos cuestionar: Y para nosotros, ¿qué es lo más importante? ¿La salud, el deporte, el éxito profesional, los amigos, el pasarlo bien…? ¿Es el amor la tarea primordial en nuestra vida? El primer mandamiento de la ley es amar a Dios. Quien experimenta el amor de Dios no desea otra cosa que corresponderle. Los mandamientos que Dios nos da, no coartan nuestra libertad. Por el contrario, nos indican el camino de la felicidad. El amor es más importante que la misma práctica cultual, porque es lo que le da valor. En el Año de la Misericordia se nos invita a vivir ese amor que se estremece ante toda miseria, la sana y la cura inundándola de amor , acoger la ternura, bondad de Dios e irradiar ese amor a los demás. En este tiempo de gracia de la cuaresma, hemos de profundizar en nuestra conversión a Dios y al hermano, avanzando por el camino de la fe y del amor. Que tengas un buen día.

Jesús Aguilar Mondéjar, sacerdote

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EVANGELIO DEL DÍA: Lc 11, 14-23: El que no está conmigo está contra mí.

EVANGELIO DEL DÍA:
Lc 11,14-23: El que no está conmigo está contra mí.

En aquel tiempo, Jesús estaba echando un demonio que era mudo y, apenas salió el demonio, habló el mudo. La multitud se quedó admirada, pero algunos de ellos dijeron:
– «Si echa los demonios es por arte de Belcebú, el príncipe de los demonios.»
Otros, para ponerlo a prueba, le pedían un signo en el cielo. El, leyendo sus pensamientos, les dijo:
– «Todo reino en guerra civil va a la ruina y se derrumba casa tras casa. Si también Satanás está en guerra civil, ¿cómo mantendrá su reino? Vosotros decís que yo echo los demonios con el poder de Belcebú; y, si yo echo los demonios con el poder de Belcebú, vuestros hijos, ¿por arte de quién los echan? Por eso, ellos mismos serán vuestros jueces. Pero, si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado a vosotros.
Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros. Pero, si otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte el botín.
El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama.»

PISTAS DE MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy, el Señor nos advierte que el que no está con Él, está contra Él. Para Cristo no hay posturas intermedias, o somos de los suyos con totalidad o no estamos con Él. Nos sobra mucha comodidad, nos falta mayor implicación, no nos queremos complicar la vida, la pereza va ganándonos la partida, queremos compatibilizar nuestro seguimiento al Señor con un mínimo de entrega. El Señor nos llama a vivir con radicalidad nuestra fe en Él. Es necesario decidirse a ser santos. Nuestra falta de entrega, de celo apostólico, de seguimiento, nos hace caer en las garras de la comodidad, pereza, y pecados de omisión. Queremos reconciliar nuestro seguimiento con la poca motivación, ilusión y mediocridad. ¿Qué nos dirá el Señor? ¿En qué se nota que me amas?. No se trata de ser buenas personas, si al final nuestro comportamiento difiere muy poco del no creyente, algo esta fallando en nosotros, conocer al Señor implica mucho más que ser buenos, estamos llamados a imitarlo a Él, estamos llamados a parecernos a Dios, y de esto estamos muy lejos, nos falta mucho para amar como Él nos ama. Que tengas un buen día.

Jesús Aguilar Mondéjar, sacerdote

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EVANGELIO DEL DÍA: Mt 5, 17-19: No he venido a abolir, sino a dar plenitud.

EVANGELIO DEL DÍA:
Mt 5,17-19: No he venido a abolir, sino a dar plenitud.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
– «No creáis que he venido a abolir la Ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud.
Os aseguro que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la Ley.
El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos.
Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos.»

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy el Señor se nos presenta que ha venido para que alcancemos la plenitud. Para el Señor la plenitud siempre es el amor, que va muy unido en nuestra relación con Dios y nos catapulta hacia el prójimo. Mientras en el cumplimiento de la ley no se tenga este trasfondo, podemos caer en interpretaciones falsas o personalistas de la ley. Por eso lo criticaron a Jesús por su relación con el sábado. Y cuestionó que el hombre esta por encima de la ley. Algunos le acusaron por ese comportamiento, daba la sensación de importarle poco la ley recibida de Moises, quieren atacarle con eso, y Él aprovecha para llevarnos al espíritu que mueve esa ley. Sólo así no continuaremos caminando como esclavos de la Ley, sino como hijos que viven con un amor fiel a Dios y fiel al prójimo.

 Dios nos ha amado con un amor fiel. Sus promesas no se quedaron sin ser cumplidas. “Antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra”. Dios cumple su palabra, Dios es fiel, y el seguidor de Él esta también llamado a vivir , cumplir y enseñar esa misma ley. Importante la coherencia de vida, corroborar con nuestros actos y acciones lo que decimos con nuestros labios, es la mejor manera de hacer creíble para los demás nuestra fe. 
Como nos recuerda el apóstol Santiago, por mis obras te mostrare mi fe. Que tengas un buen día.

Jesús Aguilar Mondéjar, sacerdote

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EVANGELIO DEL DÍA: Mt 18, 21-35: ¿cuántas veces le tengo que perdonar?

EVANGELIO DEL DÍA:
Mt 18,21-35: ¿cuántas veces le tengo que perdonar?

En aquel tiempo, se adelantó Pedro y preguntó a Jesús:
– «Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces?»
Jesús le contesta:
– «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.
Y a propósito de esto, el reino de los cielos se parece a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus empleados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así.
El empleado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo:
“Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré todo, ”
El señor tuvo lástima de aquel empleado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero, al salir, el empleado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba, diciendo:
“Págame lo que me debes.”
El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba, diciendo:
“Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré”
Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía.
Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo:
“¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?”
Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda.
Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano.»

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

El Evangelio de hoy nos pone delante el perdón de Dios y la reconciliación con los hermanos. “¿Cuántas veces tengo que perdonarlo?” le preguntaban los discípulos. El Señor propone el perdón fraterno ilimitado. Quién experimenta la misericordia de Dios en su vida y se sabe reconciliado con Dios tiene que crecer en el camino del amor y del perdón. No solo porque el Señor lo ha realizado con uno mismo, que ya seria más que suficiente, sino porque Cristo mismo muere perdonando, es una consecuencia del perdón recibido. Solamente será capaz de perdonar a los demás el que haya experimentado cada día en su carne la alegría del perdón que lo rehabilita como persona y como hijo de Dios. Quien no se siente perdonado muy difícilmente puede amar, se ve como incapacitado, pero aquel a quien se le perdona mucho, ama mucho a su vez.

Hemos de transmitir a los demás la infinita misericordia de Dios. En esto se resume la fe cristiana: en el encuentro vivo con la bondad de Dios. Solamente quien se sabe perdonado por Dios, puede perdonar a los demás. Que el amor de Cristo nos dé la fuerza para responder con el perdón ante las ofensas, sean éstas grandes o pequeñas. No olvidemos que si decimos que tenemos fe, pero no perdonamos a los demás, entonces no somos verdaderos cristianos. El que sigue a Cristo debe de entrar en el camino de perdonar siempre, o por lo menos encontrar razones para que triunfe el amor sobre el mal y ponerse en camino. Que tengas un buen día.

Jesús Aguilar Mondéjar, sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Lc 4, 24-30: Ningún profeta es bien mirado en su tierra.

EVANGELIO DEL DÍA:
Lc 4,24-30: Ningún profeta es bien mirado en su tierra.

En aquel tiempo, dijo Jesús al pueblo en la sinagoga de Nazaret:
– «Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra. Os garantizo que en Israel había muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, más que a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado, más que Naamán, el sirio.»
Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarlo. Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy, vemos las dificultades por las que pasó Ntro. Señor. No fue acogido. Quisieron despeñarlo. No descubrieron en Él al Mesías que se encontraba en medio de ellos. Ntro. Señor invita a la fe, a la conversión, pero no condiciona nuestra voluntad. No nos suceda lo mismo que a sus contemporáneos, que el Señor pase por nuestras vidas y no nos percatemos, o que no estemos dispuestos a acoger su mensaje. Consideremos las incomprensiones de que fue objeto Jesús y cómo en medio de todas ellas, Él conservaba la alegría de poder salvar a la humanidad entera. ¿Vivimos así como Él, dispuestos a negarnos a nosotros mismos en lo que sea, con tal de predicar el Evangelio?

La Cuaresma nos invita a abrir, no solo nuestro corazón, sino toda nuestra vida al mensaje de los profetas… al mensaje de Cristo, a su Evangelio y a su amor. No desaprovechemos esta oportunidad. Que tengas un buen día.

Jesús Aguilar Mondéjar, sacerdote

higuera

EVANGELIO DEL DÍA: Lc 13, 1-9: Si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera.

EVANGELIO DEL DÍA:
Lc 13,1-9: Si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera.

En aquella ocasión, se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos, cuya sangre vertió Pilato con la de los sacrificios que ofrecían. Jesús les contestó:
–¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos, porque acabaron así? Os digo que no; y si no os convertís, todos pereceréis lo mismo. Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Os digo que no. Y si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera.
Y les dijo esta parábola:
Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró.
Dijo entonces al viñador:
–Ya ves: tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a ocupar terreno en balde?
Pero el viñador contestó:
–Señor, déjala todavía este año; yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto. Si no, el año que viene la cortarás.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

El Evangelio de hoy nos pone delante e insiste en la necesidad personal de la conversión. Los galileos que nos plantea el pasaje donde la muerte se hace presente termina siempre recordándonos que no eran peores que “vosotros”, contesta Jesús al interrogante de sus interlocutores, unos interlocutores imbuidos, al parecer, de una convicción arraigadísima en la naturaleza humana: “los malos son los otros” y, desde luego, una convicción grande entre muchos cristianos que, consciente o inconscientemente, se creen que no necesitan conversión, simplemente porque pertenecen al grupo elegido e inconscientemente se consideran del grupo de los buenos.

La respuesta del Señor es apremiante: “Si no os convertís…”. La llamada a la conversión es para todos, ante el examen de amor todos andamos faltos, el itinerario de crecimiento en configurarnos con el amor de Dios , en amar como somos amados por Él, lleva consigo toda una vida, siempre y continuamente tenemos que dejarnos podar, limar y purificar por el Señor, es un itinerario constante, siempre corremos el riesgo de caer bajos los efectos del mal, en la red del pecado. Una llamada a estar alerta y en combate constante contra el mal y sus efectos.

También hoy nos encontramos con la parábola de la higuera. La vida del cristiano es como la higuera. Dios espera que demos fruto abundante, como el dueño de la viña. Pero nuestra vida, como la higuera del evangelio es estéril, infructuosa. No obstante, Dios espera pacientemente, año tras año, a que demos fruto de conversión, de penitencia. El nos espera siempre. El sigue abriendo surcos, abonando y regando. Esta Cuaresma nos brinda una oportunidad excepcional para ofrecer a Dios -al Dios de la paciencia- una respuesta de conversión. La paciencia de Dios se nos resalta en la voz del viñador, la cuidare, la abonare, para ver si da fruto. Nos muestra un Dios que quiere la conversión del pecador y que se salve.

Es domingo, día del Señor. Que tengas un buen día.

Jesús Aguilar Mondéjar, sacerdote

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EVANGELIO DEL DÍA: Lc 15, 1-3.11-32: Parábola: Un hombre tenía dos hijos.

EVANGELIO DEL DÍA:
Lc 15,1-3.11-32: Parábola:
Un hombre tenía dos hijos.

En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos:
– «Ése acoge a los pecadores y come con ellos.»
Jesús les dijo esta parábola:
-«Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: “Padre, dame la parte que me toca de la fortuna.” El padre les repartió los bienes.
No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de saciarse de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer.
Recapacitando entonces, se dijo: “Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros.”
Se puso en camino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo. Su hijo le dijo: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo.” Pero el padre dijo a sus criados: “Sacad en seguida el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado.”
Y empezaron el banquete. Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba. Éste le contestó: “Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud.”
Él se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Y él replicó a su padre: “Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado.” El padre le dijo: “Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado.”»

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

La parábola del hijo pródigo o del padre misericordioso. Comienza resaltándonos que acoge a los pecadores y escandaliza y murmuraban los que se tenían por buenos. Aunque nos revela el corazón del Padre, pero también es bueno observar al hijo menor y contemplar su proceso, es cuando empieza a pasar necesidad cuando se da cuenta que en la casa del padre estaba muchísimo mejor, comienza el inicio de su cambio, “me pondré en camino”. El padre le desconcierta, se le echo al cuello, se puso a besarlo, lo vistió, le devolvió la dignidad de hijo, hizo fiesta . No puede ser más expresivo en su actitud de perdonarnos. Es la acogida gratuita y verdadera de su amor. Es su manifestación de que “El Padre Dios es Amor”. Esta esperando que reaccionemos como el hijo pródigo: Convertirnos, cambiar la oscuridad y el frío de la lejanía, por la luz y el calor del amor. Si queremos, el Padre nos espera, no para recriminarnos, sino para abrazarnos y colmarnos de besos. Es un abrazo de reencuentro y paz.
Nos encontramos en el tiempo favorable, tiempo de gracia, de volvernos a Dios, de dejarnos reconciliar con Él, el tiempo de Cuaresma, es una oportunidad privilegiada para vivir una experiencia gozosa de la paternidad de Dios, que “es compasivo y misericordioso”. Dios nos acoge siempre y desea que seamos acogedores con los demás. Dios nunca se pone contra nosotros, incluso cuando le traicionamos. Nos recuerda el Papa Francisco que Dios no se cansa de perdonarnos. Que tengas un buen día.

Jesús Aguilar Mondéjar, sacerdote

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EVANGELIO DEL DÍA: Mt 21, 33-43.45-46: El dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?

EVANGELIO DEL DÍA:
Mt 21,33-43.45-46: El dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:
-«Escuchad otra parábola: Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje. Llegado el tiempo de la vendimia, envió sus criados a los labradores, para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro, y a otro lo apedrearon. Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último les mandó a su hijo, diciéndose: “Tendrán respeto a mi hijo.” Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron: “Éste es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia.” Y, agarrándolo, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron. Y ahora, cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?»
Le contestaron:
-«Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores, que le entreguen los frutos a sus tiempos.»
Y Jesús les dice:
-«¿No habéis leído nunca en la Escritura: “La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente”? Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos.»
Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír sus parábolas, comprendieron que hablaba de ellos. Y, aunque buscaban echarle mano, temieron a la gente, que lo tenía por profeta.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy nos encontramos con la parábola de los viñadores homicidas, que por avaricia matan al hijo del dueño de la viña, en ese hijo la tradición se lo ha aplicado a Cristo. La misma parábola trata de señalar quién es quién, evidente es que la viña es Israel; el dueño, Dios; los arrendatarios, los jefes del pueblo judío; los criados, los profetas; el hijo muerto, Cristo Jesús; y la entrega de la viña a otros, la admisión de las naciones paganas en el reino de Dios.

La parábola de los viñadores homicidas es un compendio de la historia de la salvación humana por Dios. Se trata de una invitación del Señor a dar frutos según Dios, puesto que se nos ha confiado la viña, el Reino, para un servicio fiel y fecundo. Así como a los viñadores les fue enviado el hijo del dueño del viñedo, Dios Padre nos envía a cada uno a su Hijo. Y yo, ¿qué hago con Jesús? ¿Qué lugar le doy en mi vida? ¿He llegado alguna vez a echarlo de la viña de mi corazón? ¿Cómo estoy correspondiendo al amor de Dios? El Padre nos envía a su Hijo con gran amor, esperando que le respetemos, que acojamos sus enseñanzas, que obedezcamos su voz. También hoy sigue siendo objeto de rechazo, su cruz es despreciada y sus mandamientos olvidados. El mundo no comprende al cristiano porque no conoce a Dios. Hemos de estar alertas porque el modo de pensar y de vivir actual puede tocarnos y, de hecho, nos influye. Estamos en el mundo y corremos el riesgo de ser absorbidos por él. Ya nos advierte el Papa Francisco: “cuidado con mundanizarnos”. Que tengas un buen día.

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EVANGELIO DEL DÍA: Lc 16, 19-31: Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto.

EVANGELIO DEL DÍA:
Lc 16,19-31: Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto.
En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos:
-Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba espléndidamente cada día.
Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que tiraban de la mesa del rico, pero nadie se lo daba.
Y hasta los perros se le acercaban a lamerle las llagas.
Sucedió que se murió el mendigo y los ángeles lo llevaron al seno de Abrahán.
Se murió también el rico y lo enterraron. Y estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantando los ojos, vio de lejos a Abrahán y a Lázaro en su seno, y gritó:
-Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas.
Pero Abrahán le contestó:
-Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en vida y Lázaro a su vez males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces.
Y además entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que no puedan cruzar, aunque quieran, desde aquí hacia vosotros, ni puedan pasar de ahí hasta nosotros.
El rico insistió:
-Te ruego, entonces, padre, que mandes a Lázaro a casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que, con su testimonio, evites que vengan también ellos a este lugar de tormento.
Abrahán le dice:
-Tienen a Moisés y a los profetas: que los escuchen.
El rico contestó:
-No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a verlos, se arrepentirán.
Abrahán le dijo:
-Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

El Evangelio de hoy nos presenta la parábola del pobre Lázaro. Al escuchar esta parábola podemos echar “balones fuera”, -permitidme la expresión-, es decir, que no va conmigo, un peligro es pensar que como yo no soy rico, conmigo no va, este es para otros, pensar que va solamente dirigido a los que disfrutan de grandes posesiones. Sin embargo, la enseñanza de la parábola, en mayor o menor medida, tiene aplicación para todos. Primeramente es una invitación a acoger la Palabra de Dios, se nos recomienda escuchar a los profetas. “Que escuchen a los profetas”

Otro punto para la reflexión es que todos tenemos muy cerca de nosotros a un Lázaro que puede necesitar de nuestra ayuda: familias humildes que pasan apuros, gente sin trabajo, enfermos, ancianos abandonados, personas con algunas adiciones que los mantienen esclavos –alcohol, drogas, juego-, marginados que necesitan una mano amiga, una llamada siempre a compartir. Si les cerramos nuestro corazón, ¿Difícilmente podemos quedarnos tranquilos y mucho menos pensar que esa actitud agrada a Dios? Los cristianos no podemos quedarnos en ser espectadores en nuestro mundo, tenemos que llevar el amor de Dios y mucho menos podemos desentendernos ante las necesidades de los que nos pueden reclamar. Los cristianos tenemos la posibilidad de servir, amar al Señor en el necesitado, recordemos las palabras de Ntro. Señor: “a mi me lo hicisteis”. ¿Cuándo fue Señor? Cuando a uno de estos pequeños le hicisteis algo a mí me lo hicisteis. Recordar la parábola del Juicio final. Tuve hambre, sed, estuve enfermo… (he aquí las obras de misericordia, que en esta cuaresma, el Papa Francisco, nos invita a intensificar en nuestra vida y a poner en practica como itinerario de conversión hacia la Pascua). Tenemos la oportunidad de tocar, curar, amar al Señor en nuestros hermanos que nos necesitan. Dios sale a nuestro encuentro con el que nos necesita, procura estar muy atento para descubrir su presencia entre nosotros y poder servirle.

Que tengas un buen día.