Prueba-del-trigo-y-la-cebada

EVANGELIO DEL DÍA: Jn 12,24-26:Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo.

EVANGELIO DEL DÍA:
Jn 12,24-26:Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
-«Os aseguro que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo se guardará para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo premiará.»

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy, el Señor utiliza el ejemplo del grano de trigo y nos dice que para dar fruto es necesario pasar por la muerte. Se nos habla de la muerte como generadora de vida. Dar la propia vida es condición para la fecundidad, es la suprema medida del amor. La vida es fruto del amor y no brota si el amor no es pleno, si no llega al don total. Amar es darlo todo, entregarlo todo, sin escatimar nada; hasta desaparecer. El Señor hace realidad esta palabra porque va a entregarse por los demás. Y esto no es un fracaso, todo lo contrario, es la victoria del amor sobre el mal.

“El que se ama a sí mismo pierde su vida, pero el que ofrece su vida por los demás la salvará.” El temor a perder la vida nos hace caer en el egoísmo, nos encierra en la búsqueda de nuestros intereses, nos genera muchos miedos, es el gran obstáculo al compromiso por los demás. Sin embargo, el que ofrece su vida por los demás, ama de verdad, se olvida del propio interés y seguridad, lucha por la vida, la dignidad y la libertad, intenta hacer del día a día una entrega por amor.

En el Angelus del 18 de marzo de 2018, el Papa Francisco para explicar el misterio pascual, comenta el pasaje evangélico de hoy: “Jesús se sirve de una imagen y dice: “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto”. Quiere hacer entender en su caso extremo – es decir, la cruz, muerte y resurrección- es un acto de fecundidad – sus llagas nos han curado-, una fecundidad que dará fruto para muchos. Así se compara a sí mismo con el grano de trigo que pudriéndose en la tierra genera nueva vida… Y este dinamismo del grano de trigo, cumplido en Jesús, debe realizarse también en nosotros sus discípulos: estamos llamados a hacer nuestra esa ley pascual del perder la vida para recibirla nueva y eterna. ¿Y que significa perder la vida? Es decir, ¿qué significa ser el grano de trigo? Significa pensar menos en sí mismos, en los intereses personales y saber “ver” e ir al encuentro de las necesidades de nuestro prójimo, especialmente de los últimos. Cumplir con alegría obras de caridad hacia los que sufren en el cuerpo y en el espíritu es el modo más autentico de vivir el Evangelio, es el fundamento necesario para que nuestras comunidades crezcan en la fraternidad y en la acogida reciproca”.

Hoy, recordamos la vida de un santo, que murió mártir, entregando su vida por su fe. El Papa emérito, Benedicto XVI, nos comenta en la homilía dada en la visita pastoral a la basílica de san Lorenzo extramuros con ocasión del 1750° aniversario del martirio del santo diácono el 30 de noviembre de 2008:
“…San Lorenzo se distinguió por su “solicitud por los pobres, el generoso servicio que prestó a la Iglesia de Roma en el ámbito de la ayuda y de la caridad, y su fidelidad al Papa… San León Magno, en una hermosa homilía, comenta así el atroz martirio de este ilustre héroe‟: Las llamas no pudieron vencer la caridad de Cristo; y el fuego que lo quemaba por fuera era más débil del que ardía dentro de él‟… El mejor mensaje que recibimos de san Lorenzo es el de la santidad. Nos repite que la santidad, es decir, el salir al encuentro de Cristo que viene continuamente a visitarnos, no pasa de moda; más aún, con el paso del tiempo resplandece de modo luminoso y manifiesta la perenne tensión del hombre hacia Dios… Que san Lorenzo, testigo heroico de Cristo crucificado y resucitado, sea para cada uno ejemplo de dócil adhesión a la voluntad divina, a fin de que, como el apóstol san Pablo recordaba a los Corintios, también nosotros vivamos de modo que seamos “irreprensibles” en el día del Señor (cf. 1 Co 1, 7-9)”.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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