Juan 15, 9-17

EVANGELIO DEL DÍA: Jn 15,9-17: Permaneced en mi amor.

EVANGELIO DEL DÍA:
Jn 15,9-17: Permaneced en mi amor.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
-«Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.
Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud.
Éste es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando.
Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure. De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dé.
Esto os mando: que os améis unos a otros.»
PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:
En el Evangelio de este domingo el Señor nos hace una llamada fuerte al amor, comienza declarándonos su gran amor, “Como el Padre me ha amado, así os he amado yo”. Una fe vivida en el amor y un amor que busca la voluntad del amado, busca agradarle siempre, desde aquí se puede entender la obediencia como entrega máxima de amor, siendo fiel a la Palabra del Señor, esto hace que aquella comunión de vida con el Señor que se  presupone para que se cumplan las promesas que él hace a sus discípulos. Numerosos santos han subrayado en sus escritos este aspecto. “Ama y haz lo que quieras” (San  Agustín). “Jesús no tiene necesidad de nuestras obras, sino solamente de nuestro amor”  (Teresa de Lisieux).

Para las pistas de meditación de hoy, os propongo la homilía del Papa, San Juan Pablo II, del domingo 28 de mayo de 2000, donde comenta este pasaje: “ Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor” (Jn15, 9). Cristo, la víspera de su muerte, abre su corazón a los discípulos reunidos en el Cenáculo. Les deja su testamento espiritual. En el período pascual, la Iglesia vuelve sin cesar espiritualmente al Cenáculo, a fin de escuchar de nuevo con reverencia las palabras del Señor y obtener luz y  consuelo para avanzar por los caminos del mundo…

…Las palabras que nuestra Iglesia escucha hoy de los labios de su Señor son fuertes y claras:  “Permaneced en mi amor. (…) Este es mi mandamiento:  que os améis unos a otros como yo os he amado” (Jn 15, 9. 12). ¡Cómo no sentir particularmente “nuestras” estas palabras de Jesús!…

El amor es exigente. Cristo dice:  “Nadie tiene amor mayor que el que da la vida por sus amigos” (Jn15, 13). El amor llevará a Jesús a la cruz. Todo discípulo debe recordarlo. El amor viene del Cenáculo y vuelve a él. En efecto, después de la resurrección, precisamente en el Cenáculo los discípulos meditarán en las palabras pronunciadas por Jesús el Jueves santo y tomarán conciencia del contenido salvífico que encierran. En virtud del amor de Cristo, acogido y correspondido, ahora son sus amigos:  “Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor:  a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer” (Jn 15, 15).

Reunidos en el Cenáculo después de la resurrección y la ascensión del divino Maestro al cielo, los Apóstoles comprenderán  plenamente el sentido de sus palabras:  “Os  he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure” (Jn15, 16). Bajo la acción del Espíritu Santo, estas palabras los convertirán en la comunidad salvífica que es la Iglesia. Los Apóstoles comprenderán que han sido elegidos para una misión especial, es decir, testimoniar el amor:  “Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor”.

Esta consigna pasa hoy a nosotros:  en cuanto cristianos, estamos llamados a ser testigos del amor. Este es el “fruto” que estamos llamados a dar, y este fruto “permanece” en el tiempo y por toda la eternidad.

Que tengas un buen día. Feliz Domingo.

Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.
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