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EVANGELIO DEL DÍA: Jn 19,31-37: Mirarán al que atravesaron.

EVANGELIO DEL DÍA:
Jn 19,31-37: Mirarán al que atravesaron.

En aquel tiempo, los judíos, como era el día de la Prepara­ción, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día solemne, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran. Fueron los solda­dos, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que habían crucificado con él; pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua.
El que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero, y él sabe que dice verdad, para que también vosotros creáis. Esto ocurrió para que se cumpliera la Escritura: «No le quebra­rán un hueso»; y en otro lugar la Escritura dice: «Mirarán al que atravesaron.»

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

Celebramos hoy una solemnidad del Señor: el Sagrado Corazón de Jesús. Celebrar el Corazón Jesús es celebrar la redención. Es celebrar el amor y responder al amor amando. “El corazón habla al corazón” decía S. Juan Pablo II, en referencia a la devoción al Corazón de Jesús. Hoy, en el viernes de la octava del Corpus Christi, nos acercamos a lo más central de Jesús: su voluntad, su esencia, su poder, su pensamiento, su sensibilidad. ¡Cuántas cosas! ¡Pero cuántas, reflejan y simbolizan el Corazón de Jesús!

“En el lenguaje bíblico el “corazón” indica el centro de la persona, la sede de sus sentimientos y de sus intenciones. En el corazón del Redentor adoramos el amor de Dios a la humanidad, su voluntad de salvación universal, su infinita misericordia” –palabras del Papa emérito, Benedicto XVI, dichas en el ángelus del 5 de junio de 2005-, el corazón es la imagen más divina, la más certera y límpida, de lo que Jesús fue y pretendió: amor que se partía, amor que obedecía, amor que se humillaba, amor dado hasta la saciedad.

La festividad del Corazón de Jesús nos lleva inmediatamente al encuentro con Dios. El sístole y el diástole de Jesucristo fue el cumplir la voluntad de Dios y hacerla visible a los hombres. Y, por ello mismo, entrar en el Corazón de Jesús es adentrarse en el Misterio de la Trinidad; es ponerse en las manos de Dios; es saber que, Dios, habita y actúa en Cristo.
El Corazón de Jesús es el corazón de Dios que ama. El Corazón de Jesús es fuente y expresión de su infinito amor por cada hombre. Él nos busca a cada uno. El Corazón de Jesús es un camino que nos lleva al encuentro con el Padre. El Corazón de Jesús nos empuja a amar con locura a Aquel que tanto El amó: Dios.

Decir la jaculatoria: “Corazón de Jesús en Ti confío” es saber que, Jesús, nos lleva hacia el Padre. Es comprender que sus miradas, afectos, deseos, pasión y vida, estuvieron totalmente capitalizadas y orientadas desde Dios.
Decir “Corazón de Jesús en Ti confío” es aproximarse a una fuente de la que brota algo, tan esencial como escaso en nuestro mundo y en las personas: amor desbordante.

En la Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús. El viejo adagio “amor con amor se paga” cobra actualidad en este día. Contribuyamos con amor, el inmenso amor que el Corazón de Cristo nos entrega. Y, a la vez, le pidamos que nuestro latir sea el suyo, que nuestro vivir sea el suyo, que nuestro querer y voluntad sean las suyas.

Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús. ¿Es nuestro corazón de Jesús…..o de otros señores? . Recuerda las palabras del Papa Francisco en el ángelus del 9 junio 2013: “El corazón de Jesús es el símbolo por excelencia de la misericordia de Dios… el Señor nos mira siempre con misericordia; no lo olvidemos, nos espera con misericordia. No tengamos miedo de acercarnos a Él. Tiene un corazón misericordioso. Si le mostramos nuestras heridas interiores, nuestros pecados, Él siempre nos perdona. ¡Es todo misericordia!

A Santa Margarita María de Alacoque, el Señor le comunicó que quienes oraran con devoción al Sagrado Corazón, recibirían muchas gracias divinas. También en esta festividad esta unida a la santidad de los sacerdotes, os solicito una pequeña oración por los sacerdotes para que podamos llegar a ser auténticos testigos del amor de Cristo.
Muchísimas gracias y que tengas un buen día.

Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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