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EVANGELIO DEL DÍA: Jn 6, 35-40: He bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado.

EVANGELIO DEL DÍA:
Jn 6,35-40: He bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado.

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:
– «Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí nunca pasará sed; pero, como os he dicho, me habéis visto y no creéis.
Todo lo que me da el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré afuera, porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado.
Ésta es la voluntad del que me ha enviado: que no pierda nada de lo que me dio, sino que lo resucite en el último día.
Ésta es la voluntad de mi Padre:’que todo el que ve al Hijo y cree en él tenga vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.»

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy continuamos con el capitulo del Pan que nos da la vida. Podemos destacar tres puntos para nuestra reflexión: Primera: quien cree en Cristo, pan de vida, queda saciado. Segunda: Cristo ha venido al mundo para acoger a todos los corazones abiertos a la verdad; y al hablar, enseñar, ofrecer signos, quiere que nadie se pierda. Tercera: la voluntad del Padre es clara; que todos nos salvemos por Cristo.

Os propongo para nuestra meditación el pasaje en el que San Agustín comenta este Evangelio:

“ “No he venido a hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió”. Ésta es la mejor recomendación de la humildad. La soberbia hace su voluntad, la humildad hace la voluntad de Dios. Por eso, “al que se llega a Mí no lo arrojaré fuera”. ¿Por qué? “No he venido a hacer mi voluntad sino la voluntad del que me envió”. Yo he venido humilde, yo he venido a enseñar la humildad, yo soy el maestro de la humildad. El que se llega a Mí se incorpora a Mí; el que se llega a Mí será humilde, porque no hace su voluntad, sino la de Dios.” (–hasta aquí las palabras del padre de la iglesia-)

El Señor quiere que sus discípulos lleguen a descubrir en su persona esta capacidad de entrega. Y por eso les habla de lo que significa hacerse alimento, romperse, partirse, darse. Es aprender a entregarse por los demás. Y no haciendo lo que yo quiero sino lo que quiere Él. Entrar en el camino de la búsqueda de la voluntad divina y aprendiendo del Señor que es “manso y humilde”. Muy unido al participar de Él, el hacerse pequeño para que sea el Señor el que señoree nuestras vidas. Ponerlo a Él en el centro. Que tengas un buen día.

Jesús Aguilar Mondéjar, sacerdote

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