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EVANGELIO DEL DÍA: Lc 10,21-24: ¡Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis!

EVANGELIO DEL DÍA:
Lc 10,21-24: ¡Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis!

En aquel tiempo, lleno de la alegría del Espíritu Santo, exclamó Jesús:
– «Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y a los entendidos, y las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, porque así te ha parecido bien. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo, sino el Padre; ni quién es el Padre, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiere revelar.»
Y volviéndose a sus discípulos, les dijo aparte:
– «¡Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes desearon ver lo que veis vosotros, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron.»

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy, resuenan dos palabras clave: GRACIAS y PEQUEÑEZ. El mismo Señor comienza dando gracias. El mismo nos enseña con su ejemplo, y también nos pone como ejemplo aquel leproso que volvió a darle gracias después de su curación. El agradecimiento nace de una actitud de alabanza al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo que nos da pruebas constantes y cotidianas de su inmenso amor. Lo especifico de la gratitud es recompensar de algún modo al bienhechor por el beneficio gratuitamente recibido. Cuando uno descubre, lo grande que ha estado y está, el Señor con uno, le viene a la mente el Salmo: “¿cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?”, y lo único que quiere y desea, es corresponder a su amor.
También hoy nos destaca la sencillez. El sencillo aprende a hacerse pequeño, entra en la espiritualidad de hacerse niño. Teresita de Lisieux fue quien profundizó en la espiritualidad de la infancia espiritual, el Papa Francisco lo destaca en la audiencia general del 30 diciembre de 2015: “santa Teresita de Lisieux ha sabido vivir y dar testimonio de esa «infancia espiritual» que se asimila precisamente meditando, siguiendo la escuela de la Virgen María, la humildad de Dios que por nosotros se ha hecho pequeño. Esto es un gran misterio, ¡Dios es humilde! Nosotros, que somos orgullosos, llenos de vanidad, y nos creemos una gran cosa… ¡no somos nada! Él es grande, es humilde y se hace niño. ¡Esto es un verdadero misterio! Dios es humilde. ¡Esto es hermoso!”

Esforcémonos hoy por vivir con estas actitudes que nos enseña el Señor en la página evangélica.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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