20100822

EVANGELIO DEL DÍA: Lc 14,15-24: ¡Dichoso el que coma en el banquete del reino de Dios!

EVANGELIO DEL DÍA:
Lc 14,15-24: ¡Dichoso el que coma en el banquete del reino de Dios!

En aquel tiempo, uno de los comensales dijo a Jesús:
-«¡Dichoso el que coma en el banquete del reino de Dios!»
Jesús le contestó:
-«Un hombre daba un gran banquete y convidó a mucha gente; a la hora del banquete mandó un criado a avisar a los convidados: “Venid, que ya está preparado.” Pero ellos se excusaron uno tras otro. El primero le dijo: “He comprado un campo y tengo que ir a verlo. Dispénsame, por favor. ” Otro dijo: “He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas. Dispénsame, por favor.” Otro dijo: “Me acabo de casar y, naturalmente, no puedo ir.” El criado volvió a contárselo al amo. Entonces el dueño de casa, indignado, le dijo al criado: “Sal corriendo a las plazas y calles de la ciudad y tráete a los pobres, a los lisiados, a los ciegos y a los cojos.” El criado dijo: “Señor, se ha hecho lo que mandaste, y todavía queda sitio.” Entonces el amo le dijo: “Sal por los caminos y senderos e insísteles hasta que entren y se me llene la casa.” Y os digo que ninguno de aquellos convidados probará mi banquete.»

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy nos encontramos con la parábola del gran banquete, donde se nos quiere resaltar que las puertas del Reino se abren a todos, signo del amor gratuito de Dios, se describe como un festín. Entendible solo desde el amor, la gran bondad y la gratuidad.

Y otro de los temas que nos ofrece son: las excusas, las justificaciones… muchas veces somos nosotros mismos los que nos alejamos con nuestro actuar, nos autoengañamos, nos autoexcluimos… No valoramos la gratuidad de la salvación. En el fondo, le estamos dando la negativa a la amistad con Dios. Pensamos que no es importante, que no lo necesitamos, colocamos como prioritario otros intereses, nos ocupamos en otros menesteres u ocupaciones, nos falta tiempo. Sólo el que tiene necesidad de cuidado, de curación, necesidad de amor, tiene hueco para Dios en su vida. Recordemos las palabras de Ntro. Señor: “No he venido para los sanos sino para los enfermos…”. El Señor no pide nada a cambio, nos hace bien a nosotros acoger su invitación, dejarnos amar. En palabras del Papa Francisco: “cuando tú pierdes -no digo la capacidad de amar, porque esa se recupera- la capacidad de sentirte amado, no hay esperanza: has perdido todo”. (7 noviembre 2017, misas matutinas en Santa Marta).

En el ángelus del 12 de octubre de 2014, el Papa Francisco, nos comenta este pasaje evangélico: «En el Evangelio, Jesús nos habla de la respuesta que se da a la invitación de Dios —representado por un rey— a participar en un banquete de bodas. La invitación tiene tres características: la gratuidad, la generosidad, la universalidad. Son muchos los invitados, pero sucede algo sorprendente: ninguno de los escogidos acepta participar en la fiesta, dicen que tienen otras cosas que hacer;[…] Dios es bueno con nosotros, nos ofrece gratuitamente su amistad, nos ofrece gratuitamente su alegría, su salvación, pero muchas veces no acogemos sus dones, ponemos en primer lugar nuestras preocupaciones materiales, nuestros intereses; e incluso cuando el Señor nos llama, muchas veces parece que nos da fastidio. […] Ante el rechazo de los primeros invitados Él no se desalienta, no suspende la fiesta, sino que vuelve a proponer la invitación extendiéndola más allá de todo límite razonable y manda a sus siervos a las plazas y a los cruces de caminos a reunir a todos los que encuentren. Se trata de gente común, pobres, abandonados y desheredados, incluso buenos y malos —también los malos son invitados— sin distinción. Y la sala se llena de «excluidos». El Evangelio, rechazado por alguno, encuentra acogida inesperada en muchos otros corazones.
La bondad de Dios no tiene fronteras y no discrimina a nadie: por eso el banquete de los dones del Señor es universal, para todos. A todos se les da la posibilidad de responder a su invitación, a su llamada; nadie tiene el derecho de sentirse privilegiado o exigir una exclusiva. […] Todos estamos llamados a no reducir el Reino de Dios a las fronteras de la “iglesita” —nuestra “pequeña iglesita”— sino a dilatar la Iglesia a las dimensiones del Reino de Dios.»

Hoy celebramos la memoria de los que entregaron su vida por el Evangelio, los mártires de España en el siglo XX, murieron por el odio a la fe, solo por ser católicos, porque creían en Dios. Acudo a algunos párrafos de la homilía del Cardenal Amato dada en la beatificación de algunos mártires en Tarragona (13 octubre 2013):

“No odiaban a nadie, amaban a todos, hacían el bien a todos. […]no respondieron con la rebelión o con las armas, sino con la mansedumbre de los fuertes. […] la Iglesia no quiere olvidar a estos sus hijos valientes. La Iglesia los honra con culto público, para que su intercesión obtenga del Señor una lluvia beneficiosa de gracias espirituales y temporales en toda España. La Iglesia, casa del perdón, no busca culpables. Quiere glorificar a estos testigos heroicos del evangelio de la caridad, porque merecen admiración e imitación. […]La humanidad necesita paz, fraternidad, concordia. Nada puede justificar la guerra, el odio fratricida, la muerte del prójimo.

Con su caridad, los mártires se opusieron al furor del mal, […] venciendo al mal con el bien. Ellos son los profetas siempre actuales de la paz en la tierra. […] ¿Qué mensaje nos ofrecen los mártires antiguos y modernos? Nos dejan un doble mensaje. Ante todo nos invitan a perdonar. El Papa Francisco recientemente nos ha recordado que «el gozo de Dios es perdonar!… Aquí está todo el Evangelio, todo el Cristianismo! No es sentimiento, no es “buenismo”! Al contrario, la misericordia es la verdadera fuerza que puede salvar al hombre y al mundo del “cáncer” que es el pecado, el mal moral, el mal espiritual. Sólo el amor colma los vacíos, la vorágine negativa que el mal abre en el corazón y en la historia. Sólo el amor puede hacer esto, y este es el gozo de Dios!» Estamos llamados pues al gozo del perdón, a eliminar de la mente y del corazón la tristeza del rencor y del odio. Jesús decía «Sed misericordiosos, como es misericordioso vuestro Padre celestial». […]La celebración de hoy sea pues la fiesta de la reconciliación, del perdón dado y recibido, el triunfo del Señor de la paz.

De aquí surge un segundo mensaje: el de la conversión del corazón a la bondad y a la misericordia. Todos estamos invitados a convertirnos al bien, no sólo quien se declara cristiano sino también quien no lo es. […]Todos necesitamos la conversión. Todos estamos llamados a convertirnos a la paz, a la fraternidad, al respeto de la libertad del otro, a la serenidad en las relaciones humanas.[…] Perdón y conversión son los dones que los mártires nos hacen a todos. El perdón lleva la paz a los corazones, la conversión crea fraternidad con los demás.
Nuestros Mártires, mensajeros de la vida y no de la muerte, sean nuestros intercesores por una existencia de paz y fraternidad.”

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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