simeon

EVANGELIO DEL DÍA: Lc 2, 22-32: Mis ojos han visto a tu Salvador.

EVANGELIO DEL DÍA:
Lc 2,22-32: Mis ojos han visto a tu Salvador.

Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo primogénito varón será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones.»
Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo.
Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:
–«Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz.
Porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado ante todos los pueblos:
luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel.»

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

Para ayuda de nuestra meditación de hoy, comenzamos con las palabras del Papa Francisco tomadas del ángelus del 2 de febrero de 2014:

“Hoy celebramos la fiesta de la Presentación de Jesús en el templo. En esta fecha se celebra también la jornada de la vida consagrada, que recuerda la importancia que tienen para la Iglesia quienes acogieron la vocación a seguir a Jesús de cerca por el camino de los consejos evangélicos. El Evangelio de hoy relata que, cuarenta días después del nacimiento de Jesús, María y José llevaron al Niño al templo para ofrecerlo y consagrarlo a Dios, como lo prescribe la Ley judía. Este episodio evangélico constituye también una imagen de la entrega de la propia vida por parte de aquellos que, por un don de Dios, asumen los rasgos típicos de Jesús virgen, pobre y obediente.

Esta entrega de sí mismos a Dios se refiere a todo cristiano, porque todos estamos consagrados a Él mediante el Bautismo. Todos estamos llamados a ofrecernos al Padre con Jesús y como Jesús, haciendo de nuestra vida un don generoso, en la familia, en el trabajo, en el servicio a la Iglesia, en las obras de misericordia.”

En la fiesta que celebramos, María y José acuden con el niño Jesús al templo de Jerusalén para cumplir la doble prescripción de la ley mosaica: presentación del primogénito varón al Señor y purificación de la madre a los cuarenta días del parto. Los padres de Jesús obedecen la ley de Moisés, cumplen con sus tradiciones. En esta fiesta celebramos la consagración del niño Jesús. Es por esto que la Iglesia unida a esta fiesta desde el año 1997 el beato Juan Pablo II quiso unir la celebración de la “Jornada de la Vida Consagrada”. También nosotros, a ejemplo de Cristo, estamos llamados a consagrar lo mejor de nuestras vidas a Dios. Hemos de abrirle nuestra vida y ofrecerle lo mejor de nosotros mismos, buscar su voluntad y que lo que hagamos sea agradable, queriendo lo que él quiere, para dejarle entrar en todo nuestro ser. Sólo así nuestra vida cristiana se hará auténtica y se llenará de sentido; de esta forma el amor a Dios se convertirá en la raíz de todos nuestros actos y en el primer criterio para nuestras decisiones. Fijémonos en la Virgen, ella vino al templo con Jesús en los brazos para presentarlo al Padre.

Hoy es una buena ocasión para darle gracias al Señor por las vocaciones de especial consagración. Estas personas nos dan testimonio de que el gran tesoro de la vida es Dios. También podemos pedir al Señor que siga bendiciendo nuestras comunidades con nuevas vocaciones a los distintos carismas y agradecer a todos los religiosos y religiosas de vida contemplativa que muchas veces elevan sus oraciones por cada uno de nosotros, nos mantienen y sostienen con sus suplicas. Nos hacen ver que nosotros también debemos dejar nuestra rutina diaria en busca de la oración y del encuentro con Dios. Pidamos hoy por las vocaciones, roguemos para que haya más hombres y mujeres que sigan a Cristo con entrega generosa y total de sus vidas. Que tengas un buen día.

Jesús Aguilar Mondéjar, sacerdote.

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