2016-02-14 09.11.09

EVANGELIO DEL DÍA: Lc 4, 1-13: El Espíritu lo fue llevando por el desierto, mientras era tentado

EVANGELIO DEL DÍA:
Lc 4,1-13: El Espíritu lo fue llevando por el desierto, mientras era tentado.

En aquel tiempo, Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán, y durante cuarenta días, el Espíritu lo fue llevando por el desierto, mientras era tentado por el diablo.
Todo aquel tiempo estuvo sin comer, y al final sintió hambre.
Entonces el diablo le dijo:
-Si eres Hijo de Dios, dile a esta piedra que se convierta en pan.
Jesús le contestó:
-Está escrito: «No sólo de pan vive el hombre.»
Después, llevándole a lo alto, el diablo le mostró en un instante todos los reinos del mundo, y le dijo:
-Te daré el poder y la gloria de todo eso, porque a mí me lo han dado y yo lo doy a quien quiero. Si tú te arrodillas delante de mí, todo será tuyo.
Jesús le contestó:
-Está escrito: «Al Señor tu Dios adorarás y a él sólo darás culto.»
Entonces lo llevó a Jerusalén y lo puso en el alero del templo y le dijo:
-Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, porque está escrito: «Encargará a los ángeles que cuiden de ti», y también: «te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras.»
Jesús le contestó:
-Está mandado: «No tentarás al Señor tu Dios.»
Completadas las tentaciones, el demonio se marchó hasta otra ocasión.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy, se nos presenta las tentaciones al mismo Hijo de Dios, ni siquiera se vio Él libre de ellas. Nos presenta al Señor en combate con el mal. Dios permite la tentación. Dios permite el sufrimiento, y también lo comparte y lo sufre. Esta es una de las enseñanzas de Jesús en el desierto o en la cruz. Dios no se limita a ser espectador. Quiere pasar por la prueba como nosotros, con nosotros, para nosotros.

Dice la carta a los Hebreos (Hb 4, 15) “Tentado en todo exactamente como nosotros”. Porque Él pasó por la prueba, puede entendernos y ayudarnos mejor. Estará siempre cerca de los que son probados. Nos enseña a vencer, nos estimula en el combate y podemos llegar a su propia victoria. El mal ha sido vencido. Si Cristo venció, con Él, también podemos vencer nosotros. Y si alguna vez caemos en la tentación, Él que conoce la fuerza del mal también sabrá comprendernos, y en seguida nos tenderá su mano salvadora, igual que Pedro cuando se hundía.

Primera tentación: “Dile a esta piedra que se convierta en pan”. Se trata de utilizar sus poderes en provecho propio, sin embargo, nos demostrará que los utilizará a favor de los demás. No es un mesianismo de superhéroe. Cuantos se forjan la idea de un Dios para pedirle riquezas. Señor que me toque la lotería… satisfacer bienes materiales. Un examen, una colocación, … Un Dios tapagujeros, supermercado, que responda a mis necesidades.

Segunda tentación: “Te daré el poder y la gloria”. Un mesianismo político. El poder se convierte en tentación. Cuantas veces nuestro corazón anhela el éxito, el triunfar, que nos aplaudan, que nos alaben, que nos quieran…

Tercera tentación: “Tírate de aquí abajo”. Baja glorioso, deslumbra. ¡Ah, la tentación refinada del espíritu! ¡Cuánto orgullo espiritual se mete en muchos de nuestros deseos y actitudes religiosas! Quiero ser el mas santo y el más humilde, para ser el más exaltado. Que mi parroquia sea la mejor, la que te dé más gloria, que tenga mejor organización y mayor audiencia. Que mi misa sea la más bonita y concurrida…

El Señor nos indica las ayudas para vencer las tentaciones, la Palabra de Dios nos alimenta más que el alimento material. Y hay cosas que engrandecen más que los reinos, y es la voluntad de Dios. Y hay cosas que glorifican más que los milagros, y es el amor de Dios.

En la oración que el Señor nos dejó, le pedimos que no nos dejes caer en la tentación, que nos libres del mal. Líbranos del consumo esclavizante, del apego al dinero, de la idolatría del tener, del afán de acumular, de la pasión del dominar, de la corrupción del poder, de los caprichos del triunfar, del espejismo de la santidad. No nos dejes caer en la tentación de creernos mejores, de la borrachera del triunfo, ni de la tentación de apoyarnos más en los medios humanos. Líbranos de la tristeza, de la envidia, de la gula, de la ceguera de la soberbia.

Líbranos Señor de todo mal.

Es domingo, día del Señor, que tengas un buen día.

Jesús Aguilar Mondéjar, sacerdote.

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