2016-04-02 09.21.12

EVANGELIO DEL DÍA: Mc 16, 9-15: Les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón.

EVANGELIO DEL DÍA:
Mc 16,9-15: Les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón.

Jesús, resucitado al amanecer del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios. Ella fue a anunciárselo a sus compañeros, que estaban de duelo y llorando.
Ellos, al oírle decir que estaba vivo y que lo había visto, no la creyeron.
Después se apareció en figura de otro a dos de ellos que iban caminando a una finca.
También ellos fueron a anunciarlo a los demás, pero no los creyeron.
Por último, se apareció Jesús a los Once, cuando estaban a la mesa, y les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que lo habían visto resucitado. Y les dijo:
– «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación.»

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy nos resalta varias veces la dificultad de los apóstoles para creer, reiterativamente nos dice que después del testimonio de la Magdalena: “al oírle decir que estaba vivo y que lo había visto, no la creyeron”. Aunque varias veces el Señor a la misma vez que les anunciaba su pasión, siempre les decía que resucitaría, los apóstoles mas de una vez nos lo detallan los evangelistas, no llegaron a entender que era eso de la resurrección. Dudaban y se resistían a creer.

Vemos como otra vez es el mismo Señor el que sale al encuentro de los discípulos que ponen pegas para creer, que manifiestan su incredulidad. Para confirmarlos en la fe, con sus apariciones fortalece la fe de los apóstoles. La fe es un gran don del Espíritu Santo que debemos pedir, no es un mérito. La fe no es algo que se impone, sino que se propone – como le gustaba decir al Papa San Juan Pablo II, “La fe se propone, no se impone”- y se testimonia con la vida. Apreciamos como el Señor les pone delante sus resistencias, su incredulidad y su dureza de corazón, y los envía a proclamad el Evangelio a toda la creación. En el Evangelio termina con la gran misión de todo cristiano a ser testigos del Señor. Siendo conscientes que no es obra nuestra, más bien, somos sostenidos con la fuerza del Espíritu Santo. Este tesoro estamos llamados a hacerlo llegar a todos. Hoy, sábado, día especial de la Santísima Virgen, encomiéndate a ella para que te ayude y puedas testimoniar tu amor y tu fe a los que te rodean. Que tengas un buen día.

Jesús Aguilar Mondéjar, sacerdote

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