2016-02-03 08.10.19

EVANGELIO DEL DÍA: Mc 6,1-6: No desprecian a un profeta más que en su tierra

EVANGELIO DEL DÍA:
Mc 6,1-6: No desprecian a un profeta más que en su tierra.

En aquel tiempo, fue Jesús a su pueblo en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada:
-« ¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es ésa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí?»
Y esto les resultaba escandaloso. Jesús les decía:
-«No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa.»
No pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se extrañó de su falta de fe. Y recorría los pueblos de alrededor enseñando.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

El Evangelio de hoy nos habla precisamente de como Jesús no fue aceptado, ni creído, por los suyos, por sus paisanos. Pero se preguntaba con asombro: ¿de dónde saca todo eso que nos dice? ¿pero no es el hijo del carpintero? Y no le creyeron. Llega a decir el Evangelio que no pudo hacer milagros, por la falta de fe de aquellos oyentes. Dirá entonces Jesús una frase célebre, que ha pasado al decir popular: nadie es profeta en su tierra, ni en su casa, ni entre su gente.

Y nosotros, ¿sabemos descubrir a Dios vivo y cercano en nuestras vidas? ¿tenemos mirada de fe ante los acontecimientos? Sus paisanos se vieron incapacitados porque su familiaridad les impidió descubrir la presencia de Dios en Él. Reconocer a Jesucristo como el Mesías e Hijo de Dios es necesario algo que a sus paisanos le faltaba: la fe. No se dejan sorprender por Dios. Nosotros necesitamos dar el salto de confianza, dejar a Dios ser Dios, dejarnos que sea su amor el que nos mueva. No caer en el error de sus contemporáneos y acoger el misterio del Dios con nosotros.

También hoy celebramos a San Blas. Era conocido por su don de curación milagrosa. Nos ha llegado el hecho donde salvó la vida de un niño que se ahogaba al atragantarse con una espina de pescado la garganta. Este es el origen de la costumbre de bendecir las gargantas el día de su fiesta.

Cuando la persecución de Agrícola, gobernador de Cappadocia, contra los cristianos llegó a Sebaste, sus cazadores fueron a buscar animales para los juegos de la arena en el bosque de Argeus y encontraron muchos de ellos esperando fuera de la cueva de San Blas. Allí encontraron a San Blas en oración y lo arrestaron. Agrícola trató sin éxito de hacerle apostatar. En la prisión, San Blas sanó a algunos prisioneros. Finalmente fue echado a un lago. San Blas, parado en la superficie, invitaba a sus perseguidores a caminar sobre las aguas y así demostrar el poder de sus dioses. Pero se ahogaron. Cuando volvió a tierra fue torturado y decapitado. C. 316.

Que tengas un buen día.

Jesús Aguilar Mondéjar, sacerdote.

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