ClaraDeAsis-10Agosto1

EVANGELIO DEL DÍA: Mt 17,14-20: Si fuera vuestra fe como un grano de mostaza… Nada os sería imposible.

EVANGELIO DEL DÍA:
Mt 17,14-20: Si fuera vuestra fe como un grano de mostaza… Nada os sería imposible.

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un hombre, que le dijo de rodillas:
-Señor, ten compasión de mi hijo, que tiene epilepsia y le dan ataques: muchas veces se cae en el fuego o en el agua. Se lo he traído a tus discípulos, y no han sido capaces de curarlo.
Jesús contestó:
¡Gente sin fe y perversa! ¿Hasta cuándo os tendré que soportar? Traédmelo.
Jesús increpó al demonio, y salió; en aquel momento se curó el niño.
Los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron aparte:
-¿Y por qué no pudimos echarlo nosotros?
Les contestó:
-Por vuestra poca fe.
Os aseguro que, si fuera vuestra fe como un grano de mostaza, le diríais a aquella montaña que viniera aquí, y vendría.
Nada os sería imposible.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy aborda el Señor el tema de la fe, recrimina a sus oyentes la falta de fe. Somos nosotros mismos los que nos vemos perjudicados por resistirnos a confiar, a abandonarnos, a poner nuestra vida en sus manos. La escena evangélica nos presenta a un padre intercediendo por su hijo, se lo ha llevado a los discípulos y no han sido capaces de curarlo. El Señor pone la razón de su fracaso en su poca fe. Nada seria imposible para el que cree.

El Papa Francisco comenta este pasaje evangélico en el ángelus, del 6 de octubre de 2013: “Los apóstoles le dijeron al Señor: “Auméntanos la fe”. Me parece que todos nosotros podemos hacer nuestra esta invocación…nuestra fe es pequeña, nuestra fe es débil, frágil, pero te la ofrecemos así como es, para que Tú la hagas crecer…la semilla de la mostaza es pequeñísima, pero Jesús dice que basta tener una fe así, pequeña, pero autentica, sincera, para hacer cosas humanamente imposibles, impensables. ¡Y es verdad! Todos conocemos a personas sencillas, humildes, pero con una fe muy firme, que de verdad mueve montañas…”.

En la audiencia general del 18 de abril de 2018, el Papa Francisco en la catequesis sobre el bautismo, nos recuerda que: “Ser cristiano es un don que nace de lo alto. La fe no se puede comprar, pero si pedir y recibir como regalo. “Señor, regálame el don de la fe” es una hermosa oración. “Que yo tenga fe” es una hermosa oración. Pedirla como regalo, pero no se puede comprar, se pide”.

“La fe cristiana no es sólo la suma de preceptos y normas morales, sino que es ante todo una propuesta de amor que Dios, por medio de Jesús, ha hecho y sigue haciendo a la humanidad. Es una invitación a entrar en esta historia de amor.” (Angelus, 9 octubre 2017).

Hoy, también celebramos a Santa Clara, colocaré algunos subrayados de la audiencia del Papa Emérito Benedicto XVI del 15 de septiembre de 2010: “… Vivió en el siglo XIII, contemporánea de san Francisco. Su testimonio nos muestra cuánto debe la Iglesia a mujeres valientes y llenas de fe como ella, capaces de dar un impulso decisivo para la renovación de la Iglesia. ¿Quién era Clara de Asís? … Clara nació en 1193, en el seno de una familia aristocrática y rica. Renunció a la nobleza y a la riqueza para vivir humilde y pobre, adoptando la forma de vida que proponía Francisco de Asís. Aunque sus parientes, como sucedía entonces, estaban proyectando un matrimonio con algún personaje de relieve, Clara, a los 18 años, con un gesto audaz inspirado por el profundo deseo de seguir a Cristo y por la admiración por Francisco, dejó su casa paterna y, en compañía de una amiga suya, Bona de Guelfuccio, se unió en secreto a los Frailes Menores en la pequeña iglesia de la Porciúncula. Era la noche del domingo de Ramos de 1211. En la conmoción general, se realizó un gesto altamente simbólico: mientras sus compañeros empuñaban antorchas encendidas, Francisco le cortó su cabello y Clara se vistió con un burdo hábito penitencial. Desde ese momento se había convertido en virgen esposa de Cristo, humilde y pobre, y se consagraba totalmente a él. Como Clara y sus compañeras, innumerables mujeres a lo largo de la historia se han sentido atraídas por el amor a Cristo que, en la belleza de su divina Persona, llena su corazón. Y toda la Iglesia, mediante la mística vocación nupcial de las vírgenes consagradas, se muestra como lo que será para siempre: la Esposa hermosa y pura de Cristo.
… Después de pasar algunos meses en otras comunidades monásticas, resistiendo a las presiones de sus familiares, que inicialmente no aprobaron su elección, Clara se estableció con sus primeras compañeras en la iglesia de san Damián, donde los frailes menores habían arreglado un pequeño convento para ellas. En aquel monasterio vivió más de cuarenta años, hasta su muerte, acontecida en 1253.
… Agradeciendo a Dios que nos da a los santos que hablan a nuestro corazón y nos ofrecen un ejemplo de vida cristiana a imitar, quiero concluir con las mismas palabras de bendición que santa Clara compuso para sus hermanas y que todavía hoy custodian con gran devoción las Clarisas, que desempeñan un papel precioso en la Iglesia con su oración y con su obra. Son expresiones en las que se muestra toda la ternura de su maternidad espiritual: «Os bendigo en vida y después de mi muerte, como puedo y más de cuanto puedo, con todas las bendiciones con las que el Padre de las misericordias bendice y bendecirá en el cielo y en la tierra a su hijos e hijas, y con las que un padre y una madre espiritual bendicen y bendecirán a sus hijos e hijas espirituales. Amén».

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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