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EVANGELIO DEL DÍA: Mc 9,38-40: No se lo impidáis.

EVANGELIO DEL DÍA:
Mc 9,38-40: No se lo impidáis.

En aquel tiempo, dijo Juan a Jesús:
-Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre, y se lo hemos querido impedir, porque no es de los nuestros.
Jesús respondió:
-No se lo impidáis, porque uno que hace milagros en mi nombre no puede luego hablar mal de mí. El que no está contra nosotros está a favor nuestro.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy, el Señor ante lo contado por el discípulo Juan, le había contado que habían querido impedir una acción buena porque no viene con nosotros, en definitiva, el celo exclusivista, el “capillismo”, no es de los nuestros, no es de mi grupo, esa tendencia a pensar que solo nuestro grupo, nuestro movimiento, es el único que tiene la verdad, no admitir al que tiene otra manera de pensar, porque no es del grupo. El Señor les corrige y tiene una amplitud de miras mas grande, invita a sumar en la vida, “no se lo impidáis”, más de una vez, el Señor tiene que corregir a sus discípulos, recordar cuando el pasaje de la cizaña, los discípulos suplicaban permiso para quitar la cizaña, les enseña a practicar la paciencia, o cuando desean que lloviera fuego porque no habían acogido o no había sido bien recibido el mensaje. Siempre detiene esos prontos el Señor, corrige, es paciente, no separa, une, ve lo bueno, el otro siempre es bienvenido para trabajar en la construcción del reino, no se debe caer en el monopolio del bien, no somos los exclusivos del Espíritu Santo, es bueno aprender de los otros, reconocer los valores, enriquecernos con sus aportaciones y apreciaciones, es bueno aprender a vislumbrar los distintos carismas, a descubrir la semillas del verbo que nos rodean y saber aprender a trabajar conjuntamente en la búsqueda del bien, de la verdad, de lo que agrada a Dios.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Mc 9,30-37: El Hijo del hombre va a ser entregado.

EVANGELIO DEL DÍA:
Mc 9,30-37: El Hijo del hombre va a ser entregado.

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se marcharon de la montaña y atravesaron Galilea; no quería que nadie se enterase, porque iba instruyendo a sus discípulos. Les decía:
-«El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán; y, después de muerto, a los tres días resucitará.»
Pero no entendían aquello, y les daba miedo preguntarle. Llegaron a Cafarnaún, y, una vez en casa, les preguntó:
-«¿De qué discutíais por el camino?»
Ellos no contestaron, pues por el camino habían discutido quién era el más importante. Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo:
-«Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos.»
Y, acercando a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo:
-«El que acoge a un niño como éste en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí no me acoge a mí, sino al que me ha enviado.»

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy nos encontramos con un anuncio dado a los discípulos de su pasión y muerte. El Señor quiere ir preparandoles para que entiendan que el seguimiento es un camino arduo, difícil y apasionante. Lleva consigo sacrificio, entrega e incomprensión. Los esta previniendo contra las adversidades y luchas que se les presentaran, segurísimo, no hay atajos en el camino del reino, se tiene que contar con la cruz y la entrega, hacer de la vida una ofrenda, sin embargo, los discípulos parece que no se enteran, que siguen con sus preocupaciones, que tienen el mismo espíritu del mundo, lo único que les preocupa es quien es el más importante, alcanzar gloria, prestigio, fama. NO han entendido nada. Buscan los puestos de honor, de responsabilidad, de estima y consideración.

Ante este espíritu mundano contrarresta con la necesidad de humildad, parece que les dice, aprender de mí que soy manso y humilde. “Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos”. En todo servir y amar. Este lema ignaciano es el centro de la vida de quien acoge la invitación a seguir al Señor. Cuando uno acoge el amor de Dios, experimenta ese amor en si mismo, ese mismo amor le muestra la “SED” de Dios de ser amado, y amado en la acogida a los otros, que también son fruto del amor de Dios, siempre es catapultado al encuentro en el otro, amar es servir y el servicio acrecienta el amor, vivir el amor de Dios es donarse, hacer de la vida una entrega, un donarse sin reservar a amar a los que el Señor ponga en nuestro camino. El mundo tiene necesidad de que los cristianos demos testimonio de este mensaje: humildad, servicio por amor y amando.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Juan 19,25-34: Mujer, ahí tienes a tu hijo.

EVANGELIO DEL DÍA:
Juan 19,25-34: Mujer, ahí tienes a tu hijo.

Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Clopás, y María Magdalena.
Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo.»
Luego dice al discípulo: «Ahí tienes a tu madre.» Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa.
Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba cumplido, para que se cumpliera la Escritura, dice: «Tengo sed.»

Había allí una vasija llena de vinagre. Sujetaron a una rama de hisopo una esponja empapada en vinagre y se la acercaron a la boca.
Cuando tomó Jesús el vinagre, dijo: «Todo está cumplido.» E inclinando la cabeza entregó el espíritu.

Los judíos, como era el día de la Preparación, para que no quedasen los cuerpos en la cruz el sábado – porque aquel sábado era muy solemne – rogaron a Pilato que les quebraran las piernas y los retiraran.
Fueron, pues, los soldados y quebraron las piernas del primero y del otro crucificado con él.
Pero al llegar a Jesús, como lo vieron ya muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza y al instante salió sangre y agua.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

Celebramos hoy la memoria de la “Bienaventurada Virgen María Madre de la Iglesia”. El Papa Francisco, considerando la importancia del misterio de la maternidad espiritual de María, que desde la espera del Espíritu en Pentecostés no ha dejado jamás de cuidar maternalmente de la Iglesia, peregrina en el tiempo, ha establecido, con decreto del día 11 de febrero de 2018, que, el lunes después de Pentecostés, la memoria de María Madre de la Iglesia sea obligatoria para toda la Iglesia de Rito Romano.

Es evidente el nexo entre la vitalidad de la Iglesia de Pentecostés y la solicitud materna de María hacia ella. “Esperamos que esta celebración, extendida a toda la Iglesia, recuerde a todos los discípulos de Cristo que, si queremos crecer y llenarnos del amor de Dios, es necesario fundamentar nuestra vida en tres realidades: la Cruz, la Hostia y la Virgen –Crux, Hostia et Virgo. Estos son los tres misterios que Dios ha dado al mundo para ordenar, fecundar, santificar nuestra vida interior y para conducirnos hacia Jesucristo. Son tres misterios para contemplar en silencio”.

Jesús al pie de la cruz, nos da a María, como Madre, al entregársela al discípulo más joven, se la encomienda a todos sus discípulos y seguidores, para que la acojan, y acudan a la escuela de María, haciéndola Madre de la Iglesia.

Es mucho lo que los seguidores del Señor tenemos que aprender de Ntra. Madre, la bienaventurada Virgen María. Ella nos enseña a confiar, a hacer de nuestra vida un HAGASE, y buscar la voluntad de Dios. La grandeza de la obediencia, que siempre es lo que agrada a Dios, a buscar lo que Dios quiere, aborreciendo cualquier ápice de soberbia, grandeza o prepotencia. Dios se ha fijado en su pequeñez, el camino es el de la humildad, empequeñecimiento, austeridad, con prontitud para servir y con urgencia por el amor, en gratitud, proclamado lo grande que Dios ha estado y está en nuestra vida, a ser fuertes y permanecer de pie ante la adversidad y la cruz, que vendrá, no hay resurrección, ni gloria, que no pase por la purificación de la Cruz, el discípulo no es más que el Maestro. No hay otro atajo, es necesario abrazar la Cruz para encontrarnos con nuestro Redentor y dejar que sea Él quien nos ayude a llevarla. Con atención y sensibilidad a las necesidades de los que nos rodean y llevando a su Hijo las carencias, penurias y urgencias que apreciemos, solicitando su ayuda y ejerciendo la intercesión por los demás: “No les queda vino”, confiando plenamente en la intervención de Ntro. Señor, siempre escucha nuestras suplicas, no hace oídos sordos a nuestras necesidades. No nos deja huérfanos, cumple su promesa de estar siempre con nosotros hasta el final de los tiempos, viviendo en Él.

Con su “Haced lo que el os diga”, nos invita a tomarnos muy en serio nuestra obediencia a Dios, esperando y confiando, queriendo que se cumpla su plan en nuestras vidas, queriendo lo que Él quiere. Buscando y deseando su voluntad.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Jn 20,19-23: Recibid el Espíritu Santo.

EVANGELIO DEL DÍA:
Jn 20,19-23: Recibid el Espíritu Santo.

Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
– «Paz a vosotros.»
Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
– «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.»
Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:
– «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.»

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

Hoy celebramos la gran fiesta de Pentecostés. El protagonista es el Espíritu Santo, sigue resonando las palabras de Ntro. Señor conviene que yo me vaya para que recibáis el Espíritu Santo, es el Espíritu el protagonista en la nueva etapa de la historia de la salvación. Nuestro defensor, el Espíritu de la Verdad, nuestro abogado, nuestro consolador.

“Recibid el Espíritu Santo”. Hemos de aclamarlo, solicitarlo, pedirlo, quererlo, desearlo, sabiendo que lo penetra todo, el amor que nos purifica, que nos santifica, igual que el fuego también ilumina nuestra existencia y nuestra vida.  Espíritu como intimidad de Jesús, quién transformó radicalmente a los apóstoles al principio encerrados en el Cenáculo por miedo, los cambió en celosos heraldos del Evangelio.

El Espíritu supera todo tipo de rupturas, toda confusión de corazones que pueda enfrentar a unos con otros. El Espíritu nos introduce en el misterio del Dios vivo, es el que da el valor para reconocer los caminos del mundo llevando el Evangelio.

Los discípulos estaban con mucho miedo, con las puertas cerradas… nosotros cerramos continuamente nuestras puertas; continuamente buscamos seguridades y no queremos que nos molesten ni los demás ni Dios. La fuerza que abre y permite superar toda división es la fuerza del perdón, el perdón viene siempre de la Cruz; él transforma el mundo con el amor que se entrega.  ¡Ven, Espíritu Santo, e inflama los corazones de tus fieles! Para aprender a acoger al Espíritu Santo, nadie nos puede enseñar mejor que la Santísima Virgen María, que supo secundar como ninguna otra criatura las inspiraciones del Espíritu Santo. Los Apóstoles, antes del día de Pentecostés, perseveraban unánimes en la oración con algunas mujeres y con María la Madre de Jesús. Terminamos nuestra meditación con la oración de la secuencia que escucharemos hoy en la liturgia de la Palabra, en la santa Misa:

Secuencia del Espíritu Santo (Veni Creator):

Ven, Espíritu divino,
manda tu luz desde el cielo.

Padre amoroso del pobre;
don, en tus dones espléndido;
luz que penetra las almas;
fuente del mayor consuelo.

Ven, dulce huésped del alma,
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas
y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma,
divina luz, y enriquécenos.

Mira el vacío del hombre,
si tú le faltas por dentro;
mira el poder del pecado,
cuando no envías tu aliento.

Riega la tierra en sequía,
sana el corazón enfermo,
lava las manchas, infunde
calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito,
guía al que tuerce el sendero.

Reparte tus siete dones,
según la fe de tus siervos;
por tu bondad y tu gracia,
dale al esfuerzo su mérito;
salva al que busca salvarse
y danos tu gozo eterno.

Feliz domingo, feliz día del Señor. Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote

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EVANGELIO DEL DÍA: Jn 21,20-25: Señor, y éste ¿qué?

EVANGELIO DEL DÍA:
Jn 21,20-25: Señor, y éste ¿qué?

En aquel tiempo, Pedro, volviéndose, vio que los seguía el discípulo a quien Jesús tanto amaba, el mismo que en la cena se había apoyado en su pecho y le había preguntado: «Señor, ¿quién es el que te va a entregar?»
Al verlo, Pedro dice a Jesús:
– «Señor, y éste ¿qué?»
Jesús le contesta:
– «Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué? Tú sígueme.»
Entonces se empezó a correr entre los hermanos el rumor de que ese discípulo no moriría. Pero no le dijo Jesús que no moriría, sino: «Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué?»
Éste es el discípulo que da testimonio de todo esto y lo ha escrito; y nosotros sabemos que su testimonio es verdadero. Muchas otras cosas hizo Jesús. Si se escribieran una por una, pienso que los libros no cabrían ni en todo el mundo.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy, nos ha transmitido el testimonio del discípulo amado sobre el misterio y mensaje de la Palabra de Dios hecha carne. “Y sabemos que su testimonio es verdadero”.

Nosotros nos acercamos a la meditación de hoy de la mano del Papa Francisco en su comentario al pasaje evangélico:

“El amor de Jesús debe ser suficiente para Pedro. Él no debe ceder a la tentación de la curiosidad, de la envidia, como cuando, al ver a Juan cerca de allí, preguntó a Jesús: “Señor, y éste, ¿qué?”. Pero Jesús, frente a estas tentaciones, le respondió: “¿A ti qué? Tú, sígueme”. Esta experiencia de Pedro es un mensaje importante también para nosotros, queridos hermanos.
El Señor repite hoy, a mí, a ustedes y a todos los Pastores: “Sígueme”. No pierdas tiempo en preguntas o chismes inútiles; no te entretengas en lo secundario, sino mira a lo esencial y sígueme. Sígueme a pesar de las dificultades. Sígueme en la predicación del Evangelio. Sígueme en el testimonio de una vida que corresponda al don de la gracia del Bautismo. Sígueme en el hablar de mí a aquellos con los que vives, día tras día, en el esfuerzo del trabajo, del diálogo y de la amistad. Sígueme en el anuncio del Evangelio a todos, especialmente a los últimos, para que a nadie le falte la Palabra de vida, que libera de todo miedo y da confianza en la fidelidad de Dios. Tú, sígueme.» (Homilía del Papa Francisco, 29 de junio de 2014).

La liturgia de esta tarde nos introducen en la gran solemnidad de Pentecostés, clamemos con la oración de la secuencia dada en la liturgia: VEN, ESPÍRITU SANTO, don, en tus dones espléndido, fuente del mayor consuelo, mira el vacío del hombre, si tú le faltas. Ven a nuestras vidas y transfórmalas, sana el corazón enfermo, reparte tus siete dones… pongamos en nuestra oración a tantos jóvenes que en este tiempo pascual están recibiendo el sacramento de la confirmación, en nuestra parroquia serán 68 jóvenes, que igual que los apóstoles vivirán su Pentecostés, pedimos por ellos y que el gozo del espíritu colme sus vidas.

Al contemplar hoy, sábado, de una manera muy especial a nuestra Madre, vemos que ninguna criatura se dejó llevar y guiar por el Espíritu Santo como nuestra Madre Santa María: ninguna vivió la filiación divina como Ella. El Espíritu Santo, que ha habitado en María desde el misterio de su Concepción Inmaculada, en el día de Pentecostés vino a fijar en Ella su morada, de una manera nueva. Todas las promesas que Jesús había realizado acerca del Paráclito se cumplen plenamente en el alma de la Virgen: Él os recordará todas las cosas .Él os guiará a la verdad completa.

Santa María, Madre de la Iglesia, ruega por nosotros y ayúdanos a preparar la venida del Paráclito, del Defensor, del Abogado, del Consolador de nuestras almas.

Que tengas un buen día.

Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Jn 21,15-19: Apacienta mis corderos, apacienta mis ovejas.

EVANGELIO DEL DÍA:
Jn 21,15-19: Apacienta mis corderos, apacienta mis ovejas.

Habiéndose aparecido Jesús a sus discípulos, después de comer con ellos, dice a Simón Pedro:
– «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?»
Él le contestó:
– «Sí, Señor, tú, sabes que te quiero.»
Jesús le dice:
– «Apacienta mis corderos.»
Por segunda vez le pregunta:
– «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?»
Él le contesta:
– «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.»
Él le dice:
– «Pastorea mis ovejas.»
Por tercera vez le pregunta:
– «Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?»
Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez si lo quería y le contestó:
– «Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero.»
Jesús le dice:
– «Apacienta mis ovejas. Te lo aseguro: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas adonde querías; pero, cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras.»
Esto dijo aludiendo a la muerte con que iba a dar gloria a Dios. Dicho esto, añadió:
– «Sígueme.»

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy, nos encontramos con una pagina bellísima, donde el corazón de Pedro es sanado, necesitaba ser curado, había experimentado hasta donde podía llegar, de lo que podía ser capaz, el mismo lloró su pecado, si tres veces pudo ser vencido por el miedo y cobardemente decir que no lo conocía, ahora, el Señor, le concede la oportunidad de sanar esa negación confesando su amor por Él. Según el doctor de la iglesia, San Agustín, Nuestro Señor busca curar la herida de la negación en San Pedro y le da la oportunidad de confesar su amor tres veces. “Tu lo sabes todo, Tú sabes que te quiero”.

Tú, Señor, sabías que el amor de Pedro te pertenecía y sin embargo, querías que él te lo dijera personalmente. Tres veces le preguntas y tres veces le dices: “Apacienta mis ovejas” y me haces ver la confianza total que depositas en él. Antes de la misión, antes del envío, antes de pedirle que “apaciente tus ovejas”, siempre el mismo examen: ¿Me amas? Todo cristiano, todo discípulo, todo seguidor del Señor, en el inicio de la jornada, en el ofrecimiento del día, debería escuchar esta pregunta: ¿Me amas?. ¿que es lo que te mueve?

Si nuestra respuesta es un “SI, Señor”, o “mi fuerza y mi poder es el Señor”, el que va ocupando el centro de mi corazón es el Señor, lógicamente esta respuesta o esta confesión, este querer responder a su amor, ese vivir amando, ese aprovechar todas las ocasiones para ejercer el amor concretamente, iluminará nuestra jornada, se nos brindarán muchas oportunidades para responderle con hechos, que todo es por Él, que merece la pena hacer de la vida una ofrenda, una entrega, un servicio por amor, y ese amor se materializa en acciones concretas a lo largo de la jornada. Vivir sirviendo, vivir amando, vivir para los demás, vivir acogiendo, vivir escuchando, vivir ofreciendo una palabra de consuelo, de ánimo, vivir intensamente cada momento cargándolo de vida, esperanza y amor. A la luz de tu Evangelio, pienso que a todos, se nos demanda dar razón de nuestra fe y de nuestra esperanza. Esta pregunta nos pone delante lo esencial, como mas tarde afirmaría San Juan de la Cruz: “al atardecer de la vida seremos examinados de amor”. Es el examen mas crucial e importante que tenemos que aprobar.

Para poder llevar a feliz término la misión encomendada, amar, amar sin medida, “apacentar sus ovejas”, debo tener conciencia que son del Señor y necesito cuidarlas para Él, necesito amarle, crecer en ese amor, contar con Él, trabajar para Él, no son “mías”, “son suyas”; claramente lo dice: “mis ovejas”, he de ser instrumento para llevarlas a Él, que descubran al Señor, que puedan amarle, abandonarse, descansar y dejarse apacentar y salvar por “el buen pastor”.

En nuestra meditación de hoy, resuena fuertemente la pregunta: ¿Tú me amas? Convendría que todos y cada uno recibamos esa pregunta por parte del Señor, responder a ella es lo mas importante, todo por Él, sabiendo que si nos falta el amor, como nos recuerda San Pablo, lo que hagamos, por muy bueno que pueda parecer, no me sirve. Si me falta el amor no es grato a Dios, si me falta el amor no entra en la voluntad de Dios. ¿Me amas?

Ojalá podamos confesarle igual que S. Pedro a esta pregunta: «Sí, Señor, tú, sabes que te quiero.» quiero vivir acogiendo tu amor y siendo instrumento tuyo para amar con el amor que me amas, irradiando ese amor en todo y a todos.
Que tengas un buen día, el Señor nos regala un nuevo día para crecer en su amor, y sobre todo amando. Feliz día.

J.A.M.(Chechu)sacerdote

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EVANGELIO DEL DÍA: Jn 17,20-26: Que sean completamente uno.

EVANGELIO DEL DÍA:
Jn 17,20-26: Que sean completamente uno.

En aquel tiempo, levantando los ojos al cielo, Jesús dijo:
– Padre santo:
no sólo por ellos ruego,
sino también por los que crean en mí por la palabra de ellos,
para que todos sean uno,
como tú, Padre, en mí y yo en ti,
que ellos también lo sean en nosotros,
para que el mundo crea que tú me has enviado.
También les di a ellos la gloria que me diste,
para que sean uno,
como nosotros somos uno:
yo en ellos y tú en mí,
para que sean completamente uno,
de modo que el mundo sepa que tú me has enviado
y los has amado como me has amado a mí.
Padre, éste es mi deseo: que los que me confiaste estén conmigo,
donde yo estoy y contemplen mi gloria, la que me diste,
porque me amabas antes de la fundación del mundo.
Padre justo, si el mundo no te ha conocido, yo te he conocido,
y éstos han conocido que tú me enviaste. Les he dado a conocer
y les daré a conocer tu Nombre, para que el amor que me tenías
esté en ellos, como también yo estoy en ellos.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy, continua la súplica e invitación de Ntro. Señor:
“¡Que todos sean uno!” .

El Señor suplica a los suyos el testimonio de unidad y lo pone como consecuencia para que el mundo pueda creer, constituye el mejor argumento ante un mundo dividido y enfrentado, donde hay desunión y discordia, estas son las armas del maligno, generar división, separación, heridas en la comunidad, imposibilitar la fraternidad, así es difícil reconocer la presencia de Dios.

El Papa Francisco insiste mucho en “llevar mucho cuidado con los “chismes”, los dimes y diretes que siembran discordia, es muy triste encontrar comunidades cristianas en donde los unos y los otros se atacan, se muerden, hablan mal unos de otros, hay envidias y rivalidades. Con este testimonio, ¿cómo será posible que los que nos rodean puedan creer en el Dios del amor?”

Ya nos recordaba el Señor: condición necesaria “para que el mundo crea”. Si lo que reina es la división crecen los obstáculos para que se puedan encontrar con el Dios vivo. El seguidor de Cristo debe poner todo lo que se encuentre en sus posibilidades para ser constructor de paz, facilitar el encuentro, poner en practica: el no llevar cuentas del mal, vencer el mal a fuerza de poner más amor, perdonar, ser instrumento de reconciliación, acercar en vez de alejar y separar, cuidar la lengua para no herir, toda una lucha y un combate con uno mismo y ante el espíritu de nuestro mundo, evitar por todos los medios que no se imponga el orgullo, y para eso, se debe recorrer el camino de la humildad y la mansedumbre, ya nos lo decía Ntro. Señor y encontrareis vuestro descanso. “Aprended de Mí”.

“Padre, que sean uno como nosotros somos uno”, dijo el Señor. Esta es hoy nuestra oración al Espíritu Santo de llevarnos a la unidad. Ven Espíritu Santo y únenos en el amor, la comprensión y el perdón.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Jn 17,11b-19: Guárdalos en tu nombre, a los que me has dado.

EVANGELIO DEL DÍA:
Jn 17,11b-19: Guárdalos en tu nombre, a los que me has dado.

En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos al cielo, oró, diciendo:
– «Padre santo, guárdalos en tu nombre, a los que me has dado, para que sean uno, como nosotros. Cuando estaba con ellos, yo guardaba en tu nombre a los que me diste, y los custodiaba, y ninguno se perdió, sino el hijo de la perdición, para que se cumpliera la Escritura. Ahora voy a ti, y digo esto en el mundo para que ellos mismos tengan mi alegría cumplida. Yo les he dado tu palabra, y el mundo los ha odiado porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No ruego que los retires del mundo, sino que los guardes del mal. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Conságralos en la verdad; tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, así los envío yo también al mundo. Y por ellos me consagro yo, para que también se consagren ellos en la verdad.»

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy seguimos con la oración sacerdotal de Nuestro Señor, Él oró por sus discípulos y por todos los que creerían en Él. Pidió al Padre que todos fueran “uno”, es decir,  que viviéramos unidos por medio de la caridad. Que lleguemos a amar como ama Dios.

“Conságralos en la verdad”. Consagrados, llamados, elegidos, ungidos, enviados, en definitiva,  buscando nuestro bien, queriendo nuestra santificación. ¡Dios nos llama a ser santos! En la reciente exhortación apostólica, Gaudete et Exsultate, el Papa Francisco nos hace todo un llamado a la santidad, en palabras de León Bloy, en la vida “existe una sola tristeza, la de no ser santos” (Gaudete et exsultate, 34), El cristiano está llamado a ser luz, levadura en medio de la masa, hemos de ser fermento, mensajeros, testigos, porque nunca se puede separar la santidad de la misión.

Esta es la meta de nuestra vida cristiana: ser santos. No se trata de un ideal inalcanzable, de un sueño inconsistente, “todos estamos llamados a ser santos viviendo con amor y ofreciendo el propio testimonio en las ocupaciones de cada día, allí donde cada uno se encuentra”.(G.E.14). “Que cada instante sea expresión de amor entregado bajo la mirada del Señor. De este modo, todos los momentos serán escalones en nuestro camino de santificación” (G.E.,31). Cada día un reto que se nos ofrece para crecer en la respuesta al amor que Dios nos tiene.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Jn 17,1-11a: Padre, glorifica a tu Hijo.

EVANGELIO DEL DÍA:
Jn 17,1-11a: Padre, glorifica a tu Hijo.

En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos al cielo, dijo:
«Padre, ha llegado la hora, glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique y, por el poder que tú le has dado sobre toda carne, dé la vida eterna a los que le confiaste. Ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo. Yo te he glorificado sobre la tierra, he coronado la obra que me encomendaste. Y ahora, Padre, glorifícame cerca de ti, con la gloria que yo tenía cerca de ti, antes que el mundo existiese.
He manifestado tu nombre a los hombres que me diste de en medio del mundo. Tuyos eran, y tú me los diste, y ellos han guardado tu palabra. Ahora han conocido que todo lo que me diste procede de ti, porque yo les he comunicado las palabras que tú me diste, y ellos las han recibido, y han conocido verdaderamente que yo salí de ti, y han creído que tú me has enviado. Te ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por éstos que tú me diste, y son tuyos. Sí, todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y en ellos he sido glorificado. Ya no voy a estar en el mundo, pero ellos están en el mundo, mientras yo voy a ti.»

PISTAS PARALA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy, san Juan nos transmite una oración de Jesús dirigida a su Padre en un momento supremo de su vida, la que conocemos como la Oración Sacerdotal. En esta plegaria Jesús habla del cumplimiento de la voluntad de su Padre, de su esfuerzo por glorificarle sobre la tierra, de su fidelidad para llevar a cabo la obra que le fue encomendada. “Esta es la vida eterna que te conozcan. Lo esencial conocer a Dios, un mundo que se olvida de Dios, pierde la vida y cae en la cultura de la muerte”.(Benedicto XVI, 2 marzo 2006)

En segundo lugar, Jesús le habla al Padre de sus apóstoles e intercede por nosotros sus seguidores. Todos nosotros estamos en el pensamiento de Jesús en su oración al Padre.

Concluyamos nuestra meditación dando gracias a Dios por el amor tan grande que nos tiene. Enviando a Jesús al mundo, el Padre nos ha revelado su cercanía y su amor. “Él nos ha amado primero y sigue amándonos primero; por eso, nosotros podemos corresponder también con el amor” (Benedicto XVI, Deus caritas est, n.17).
Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Jn 15,9-17: No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido.

EVANGELIO DEL DÍA:
Jn 15,9-17: No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
-«Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.
Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud.
Éste es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando.
Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure. De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dé.
Esto os mando: que os améis unos a otros.»
PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:
En el Evangelio de hoy, -recientemente proclamado-, con motivo de la fiesta de la celebración del apóstol San Matías, nos lo volvemos a encontrar, el acento lo pondremos en la elección: “No sois vosotros los que me habéis elegido, soy Yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca “.
San Matías, apóstol, siguió al Señor Jesús desde el bautismo de Juan hasta el día en que Cristo subió a los cielos y, por esta razón, después de la Ascensión del Señor fue puesto por los apóstoles en el lugar que había ocupado Judas, el traidor, para que, formando parte del grupo de los Doce, fuese testigo de la Resurrección.
Para  la elección de San Matías podemos señalar que las condiciones exigibles, por así decir, son que tenga experiencia de Jesús y testigo de su resurrección, es decir, experiencia del Dios vivo. Se pone de relieve la necesidad de que el nuevo elegido sea testigo ocular de la predicación y de los hechos de Jesús a lo largo de su vida pública, y de modo especial de la Resurrección.
La llamada de Matías nos recuerda que la vocación recibida es un don siempre inmerecido. Dios nos destina a asemejarnos cada vez más a Cristo, No sois vosotros los que me habéis elegido -les recordará Jesús en la Ultima Cena, y hoy leemos en el Evangelio de la Misa-, sino Yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca. La llamada o invitación al seguimiento siempre nos desborda, no solo por la misión tan grande, sino al ver qué porque a mí y como conociendo el Señor mi pequeñez, muchísimo mejor que yo,  porque insiste y me ofrece la oportunidad de servirle. Es desconcertante y grandioso a la vez.
Nos encontramos con la iniciativa en la llamada por parte  del Señor y llama a los que Él quiere, misterio de amor. Vemos en el profeta: “Antes de formarte en el seno materno, ya te elegí y te consagre”. Dios ha pensado en ti y en mí, no eres fruto de una casualidad y quiere que seas instrumento suyo para los demás. Un día especial para agradecerle al Señor su llamada, su invitación, el que quiera seguir contando contigo. ¡Grande es el Señor! Hoy en nuestra diócesis veintisiete presbíteros celebran sus 60, 50 y 25 años de ministerio, de entrega al Señor, nos unimos en su acción de gracias y pedimos al Señor por su perseverancia, fidelidad y entrega en el amor y servicio a Dios, a la Iglesia y a los demás. Tenemos la suerte que en estas tierras del noroeste murciano sean dos los hermanos, uno en sus 50 años de ordenación, el cura Paco, D. Francisco García López que sirve en la parroquia del Salvador y en sus 25 años de ministerio, D. Juan Alfonso Breis, el párroco de la Purísima Concepción de Caravaca de la Cruz. ¡A Mayor Gloria de Dios!. Gracias por vuestra entrega.
Que tengáis buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.