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EVANGELIO DEL DÍA: Mc 12,28b-34: Amar a Dios y al prójimo vale más que todos los holocaustos y sacrificios.

EVANGELIO DEL DÍA:
Mc 12,28b-34: Amar a Dios y al prójimo vale más que todos los holocaustos y sacrificios.

En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó:
– «¿Qué mandamiento es el primero de todos?»
Respondió Jesús:
– «El primero es: “Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser.” El segundo es éste: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” No hay mandamiento mayor que éstos.»
El escriba replicó:
– «Muy bien, Maestro, tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios.»
Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo:
– «No estás lejos del reino de Dios.»
Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy como en la primera lectura de la liturgia eucarística mantienen una gran sintonía, y la clave: es el amor. En la primera lectura se nos presenta el Shema Israel, nos resalta el ponernos a la ESCUCHA y se nos invita a “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas”. En el Salmo como respuesta a este pasaje bíblico, el autor sagrado realiza toda una confesión: “Yo te amo, Señor”. Y continua dando razones de ese amor, “Tú eres mi fortaleza”. En el Evangelio, el Señor amplia el campo de ese amor: no es sólo Dios, sino también el prójimo. El escriba resume en el pasaje evangélico que “amar a Dios y al prójimo vale más que todos los holocaustos y sacrificios”. El amor es más importante que la misma practica cultual, es más, dicha practica nos debe llevar a crecer en el amor. Viendo la propuesta del mandamiento nuevo que nos hace hoy la Palabra de Dios, me viene a la mente, la pregunta realizada a Pedro: ¿Me amas?, también hoy nos lanza dicho interrogante a ti y a mí, es hora de responder: “¡Señor, Tú lo sabes todo, Tú sabes que te amo!”, añadiendo con humildad: ¡Ayúdame a amarte más, capacítame para acoger y vivir de tu amor, haz que pueda llevar tu amor a los que me rodean!

Recurro al comentario dado por el Papa emérito, Benedicto XVI, en el ángelus del 4 Noviembre de 2012: “El Evangelio de este domingo nos vuelve a proponer la enseñanza de Jesús sobre el mandamiento más grande: el mandamiento del amor, que es doble: amar a Dios y amar al prójimo. […] el mandamiento del amor lo puede poner en práctica plenamente quien vive en una relación profunda con Dios, precisamente como el niño se hace capaz de amar a partir de una buena relación con la madre y el padre. […] el amor no es un mandato es un don, una realidad que Dios nos hace conocer y experimentar, de forma que, como una semilla, pueda germinar también dentro de nosotros y desarrollarse en nuestra vida.

Si el amor de Dios ha echado raíces profundas en una persona, ésta es capaz de amar también a quien no lo merece, como precisamente hace Dios respecto a nosotros. El padre y la madre no aman a sus hijos sólo cuando lo merecen: les aman siempre, aunque naturalmente les señalan cuándo se equivocan. De Dios aprendemos a querer siempre y sólo el bien y jamás el mal. Aprendemos a mirar al otro no sólo con nuestros ojos, sino con la mirada de Dios, que es la mirada de Jesucristo. Una mirada que parte del corazón […] va más allá de las apariencias y logra percibir las esperanzas más profundas del otro: esperanzas de ser escuchado, de una atención gratuita; en una palabra: de amor. Pero se da también el recorrido inverso: que abriéndome al otro tal como es, saliéndole al encuentro, haciéndome disponible, me abro también a conocer a Dios, a sentir que Él existe y es bueno. Amor a Dios y amor al prójimo son inseparables y se encuentran en relación recíproca.”

Es Domingo, día del Señor, día para celebrar el inmenso regalo de la fe, día consagrado a nuestro Dios, día donde los hermanos nos encontramos en la celebración, en la alabanza y en la gloria a Dios. Feliz Domingo.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Lc 14,1.7-11: El que se humilla será enaltecido.

EVANGELIO DEL DÍA:
Lc 14,1.7-11: El que se humilla será enaltecido.

En aquel tiempo, entró Jesús un sábado en casa de uno de los principales fariseos para comer, y ellos le estaban espiando.
Notando que los convidados escogían los primeros puestos, les propuso este ejemplo:
-Cuando te conviden a una boda, no te sientes en el puesto principal, no sea que hayan convidado a otro de más categoría que tú; y vendrá el que os convidó a ti y al otro, y te dirá: Cédele el puesto a éste. Entonces, avergonzado, irás a ocupar el último puesto.
Al revés, cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto, para que, cuando venga el que te convidó, te diga: Amigo, sube más arriba. Entonces quedarás muy bien ante todos los comensales.
Porque todo el que se enaltece será humillado; y el que se humilla será enaltecido.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

El Evangelio de hoy evidencia lo apetecible que se da el deseo de los primeros puestos, el honor, la gloria, el ser alabado, ser considerado, estimado, importante…, valiéndose de dicha debilidad que se percibe en el corazón herido del hombre, les propone una parábola para concluir con el valor de la humillación y de la humildad.

El Papa Francisco en la homilía pronunciada en la Misa matutina de Santa Marta del 1 de octubre de 2013 resalta la humildad: «[…] nos hará bien pensar en este espíritu de humildad, de ternura, de bondad. Este espíritu manso propio del Señor que lo quiere de todos nosotros. ¿Dónde está la fuerza que nos lleva a este espíritu? Precisamente en el amor, en la caridad, en la conciencia de que nosotros estamos en las manos del Padre. Como leíamos al inicio de la misa: el Señor nos lleva, nos hace ir adelante, está con nosotros, nos guía […] Dios nos guía como un padre guía a su niño: con ternura.[…] La fuerza del Evangelio está precisamente ahí, porque el Evangelio llega justamente al punto más alto en la humillación de Jesús. Humildad que se convierte en humillación. Y la fuerza del Evangelio está precisamente en la humildad. Humildad del niño que se deja guiar por el amor y por la ternura del Padre […] La Iglesia, nos decía Benedicto XVI, crece por atracción, por testimonio. Y cuando la gente, los pueblos ven este testimonio de humildad, de mansedumbre, de apacibilidad, sienten la necesidad» de la que habla «el profeta Zacarías: “¡Queremos ir con vosotros!”. La gente siente esa necesidad ante el testimonio de la caridad. Es esta caridad pública sin prepotencia, no suficiente, humilde, que adora y sirve. Es sencilla la caridad: adorar a Dios y servir a los demás. Este testimonio hace crecer a la Iglesia ».

Y el 1 de febrero del 2016, el Papa Francisco, profundiza en la humillación: «No hay humildad y no hay santidad sin pasar a través del camino de la humillación […] la humildad puede llegar a un corazón solamente a través de la humillación: no hay humildad sin humillaciones […] Y si tú no eres capaz de soportar algunas humillaciones en tu vida, no eres humilde. Es así: yo diría así de matemático, así de simple […] el fin de la santidad que Dios regala a sus hijos, regala a la Iglesia, viene a través de la humillación de su Hijo que se deja insultar, que se deja llevar sobre la cruz, injustamente […] Y este hijo de Dios que se humilla es el camino de la santidad.»

Hoy es sábado, día especialmente consagrado a la Santísima Virgen, Ella la esclava del Señor, Ella modelo de humildad. Nos puede ayudar a recorrer este camino, nada fácil, y muy necesario.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Jn 14,1-6: Que no tiemble vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí.

EVANGELIO DEL DÍA:
Jn 14,1-6: Que no tiemble vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
– «Que no tiemble vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas estancias; si no fuera así, ¿os habría dicho que voy a prepararos sitio? Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, «estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino.»
Tomás le dice:
– «Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?»
Jesús le responde:
– «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí.»

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En este día en que recordamos a los fieles difuntos, la Iglesia nos invita a meditar en el misterio de la muerte, en ese momento en el que seremos despojados de todo lo terreno, y seremos colmados de todo el amor de Dios. Nuestra vocación: la vida eterna.
Que la tradicional visita de estos días a las tumbas de nuestros difuntos sea una ocasión para pensar sin temor en el misterio de la muerte y mantener la incesante vigilancia que nos prepara para afrontarlo con serenidad.

El Papa Francisco en el ángelus del 2 de noviembre de 2014 profundiza en la festividad que celebramos: “Entre ayer y hoy muchos visitan el cementerio, que, como dice esta misma palabra, es el «lugar del descanso» en espera del despertar final. Es hermoso pensar que será Jesús mismo quien nos despierte. Jesús mismo reveló que la muerte del cuerpo es como un sueño del cual Él nos despierta. Con esta fe nos detenemos —también espiritualmente— ante las tumbas de nuestros seres queridos, de cuantos nos quisieron y nos hicieron bien. Pero hoy estamos llamados a recordar a todos, incluso a aquellos a quien nadie recuerda. […] Encomendamos especialmente al Señor a cuantos nos dejaron durante este último año.

La tradición de la Iglesia siempre ha exhortado a rezar por los difuntos, en particular ofreciendo por ellos la celebración eucarística: es la mejor ayuda espiritual que podemos dar a sus almas, especialmente a las más abandonadas. […] El recuerdo de los difuntos, el cuidado de los sepulcros y los sufragios son testimonios de confiada esperanza, arraigada en la certeza de que la muerte no es la última palabra sobre la suerte humana, puesto que el hombre está destinado a una vida sin límites, cuya raíz y realización están en Dios. A Dios le dirigimos esta oración:

«Dios de infinita misericordia, encomendamos a tu inmensa bondad a cuantos dejaron este mundo por la eternidad, en la que tú esperas a toda la humanidad redimida por la sangre preciosa de Cristo, tu Hijo, muerto en rescate por nuestros pecados. No tengas en cuenta, Señor, las numerosas pobrezas, miserias y debilidades humanas cuando nos presentemos ante tu tribunal a fin de ser juzgados para la felicidad o para la condena. Dirige a nosotros tu mirada piadosa, que nace de la ternura de tu corazón, y ayúdanos a caminar por la senda de una completa purificación. Que no se pierda ninguno de tus hijos en el fuego eterno del infierno, en donde no puede haber arrepentimiento. Te encomendamos, Señor, las almas de nuestros seres queridos, de las personas que murieron sin el consuelo sacramental o no tuvieron ocasión de arrepentirse ni siquiera al final de su vida. Que nadie tema encontrarse contigo después de la peregrinación terrena, con la esperanza de ser acogido en los brazos de tu infinita misericordia. Que la hermana muerte corporal nos encuentre vigilantes en la oración y cargados con todo el bien que hicimos durante nuestra breve o larga existencia. Señor, que nada nos aleje de ti en esta tierra, sino que todo y todos nos sostengan en el ardiente deseo de descansar serena y eternamente en ti. Amén» (Padre Antonio Rungi, pasionista, Oración por los difuntos).

Con esta fe en el destino supremo del hombre, nos dirigimos ahora a la Virgen, que padeció al pie de la cruz el drama de la muerte de Cristo y después participó en la alegría de su resurrección. Que ella, Puerta del cielo, nos ayude a comprender cada vez más el valor de la oración de sufragio por los difuntos. Ellos están cerca de nosotros. Que nos sostenga en la peregrinación diaria en la tierra y nos ayude a no perder jamás de vista la meta última de la vida, que es el paraíso. Y nosotros, con esta esperanza que nunca defrauda, sigamos adelante.”

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Mt 5,1-12a: Bienaventurados…

EVANGELIO DEL DÍA:
Mt 5,1-12a: Bienaventurados…

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sen­tó, y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar, enseñándoles:

-«Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

Bienaventurados los sufridos, porque ellos heredarán la tierra.

Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.

Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los Hijos de Dios.

Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.

Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

Hoy celebramos la santidad de Dios que resplandece en los miembros de su pueblo, santidad encarnada en personas de carne y hueso. Hoy festejamos y pedimos ayuda, a esa multitud incontable que alcanzó el Cielo después de pasar por este mundo sembrando amor y alegría.

En la carta Apostólica con motivo del nuevo milenio, el Papa Juan Pablo II – ya declarado santo- en la Novo Millennio Ineunte, a partir del numero 30, nos hace la invitación a la santidad… “Esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación” (1 Tes 4,3). Es un compromiso que no afecta sólo a algunos cristianos: “Todos los cristianos, de cualquier clase o condición, están llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección del amor”.

Esta fiesta nos recuerda que todos los cristianos estamos llamados a la santidad. La santidad es la comunión con Dios. Nos propone a los santos como modelos e intercesores. Ellos creyeron en el Señor sin titubeos, permanecieron fieles a su voluntad y se dedicaron a amarle con todo su corazón. Eran gente normal pero buscaron amar a Dios de una forma fuera de lo normal, de forma extraordinaria. La clave de toda santidad esta en la caridad. El amor es la fuente de todas las gracias, si me falta el amor nada, no me vale, no me sirve. El amor nos ayuda a vivir el Evangelio, el amor nos impulsa a hacer el bien y a perdonar siempre. El amor es el que nos hace renunciar a nuestros egoísmos para servir imitando a Ntro. Señor. Hoy se nos invita a lo verdaderamente importante, el camino de dicha… Dichosos, Bienaventurados, Felices.

El Papa Francisco con la exhortación apostólica Gaudete et exultate, nos recuerda que “el Señor nos quiere santos y no espera que nos conformemos con una existencia mediocre”(1). “Todos estamos llamados a ser santos viviendo con amor y ofreciendo el propio testimonio en las ocupaciones de cada día, allí donde cada uno se encuentra” (14) Nos recuerda a los santos de la puerta de al lado, no solo los santos del calendario, sino “aquellos que viven cerca de nosotros y son un reflejo de la presencia de Dios” (7). Nos comenta los ingredientes para una vida feliz, las bienaventuranzas, el programa de santidad, “ser pobre en el corazón, esto es la santidad”(70) “mirar y actuar con misericordia, esto es santidad” (82) contar con ir contracorriente, “si no queremos sumergirnos en una oscura mediocridad o pretendamos una vida cómoda, porque “quien quiera salvar su vida la perderá” (90). Son bienaventurados los sencillos, los humildes que hacen lugar a Dios, que saben llorar por los demás y por los propios errores, permanecen mansos, luchan por la justicia, son misericordiosos con todos, custodian la pureza del corazón, obran siempre por la paz y permanecen en la alegría, no odian e, incluso cuando sufren, responden al mal con el bien. “En la vida “existe una sola tristeza, la de no ser santos” -decía León Bloy- (34). Buen día para rezar con la exhortación del Papa, leerla pausadamente, meditarla y aprender con el ejemplo de los santos donde se ve la victoria del amor sobre el egoísmo, donde contemplamos que seguir a Cristo lleva a la vida, a la vida eterna, y da sentido al presente, a cada instante que pasa, pues lo llena de amor, de esperanza.

Hoy celebramos la victoria sobre la muerte, celebramos la victoria de la resurrección, el gozo y el ejemplo de los que han puesto a Dios en el centro de sus vidas y se han entregado totalmente a Él.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Lc 13,22-30: Señor, ¿serán pocos los que se salven?

EVANGELIO DEL DÍA:
Lc 13,22-30: Señor, ¿serán pocos los que se salven?

En aquel tiempo, Jesús, de camino hacia Jerusalén, recorría ciudades y aldeas enseñando.
Uno le preguntó:
-Señor, ¿serán pocos los que se salven?
Jesús les dijo:
-Esforzaos en entrar por la puerta estrecha. Os digo que muchos intentarán entrar y no podrán. Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, os quedaréis fuera y llamaréis a la puerta diciendo: «Señor, ábrenos» y él os replicará: «No sé quiénes sois». Entonces comenzaréis a decir: «Hemos comido y bebido contigo y tú has enseñado en nuestras plazas». Pero él os replicará: «No sé quiénes sois. Alejaos de mí, malvados».
Entonces será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abrahán, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios y vosotros os veáis echados fuera. Y vendrán de Oriente y Occidente, del Norte y del Sur y se sentarán a la mesa en el Reino de Dios.
Mirad: hay últimos que serán primeros y primeros que serán últimos.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy, le plantean al Señor una pregunta: ¿serán muchos los que se salven? En vez de responder directamente a la pregunta planteada, el Señor nos exhorta a que nos esforcemos por nuestra salvación. El camino de la salvación es angosto y se debe cruzar por él por una puerta estrecha. Esto significa que debemos esforzarnos. Cada día se presenta como un tiempo propicio para reanudar el propósito firme para pasar por la puerta estrecha. Comencemos con la abnegación de nosotros mismos, de nuestros gustos, de las comodidades. Nosotros dediquémonos a amar a Dios y a los hermanos, y el Señor hará el resto, abriéndonos la puerta de la vida a su tiempo.

En el ángelus del 21 de agosto de 2016, el Papa Francisco, medita sobre el tema de la salvación: “El evangelista Lucas narra que a Jesús, viajando a Jerusalén, durante el recorrido se le acerca uno que le formula esta pregunta: «Señor, ¿son pocos los que se salvan?». Jesús no da una respuesta directa sino que traslada el debate a otro plano, con un lenguaje sugestivo, que al inicio tal vez los discípulos no comprenden: «Luchad por entrar por la puerta estrecha, porque, os digo, muchos pretenderán entrar y no podrán». Con la imagen de la puerta, Él quiere que sus interlocutores entiendan que no es cuestión de número —cuántos se salvarán—, no importa saber cuántos, sino que lo importante es que todos sepan cuál es el camino que conduce a la salvación.
Tal recorrido prevé que se atraviese una puerta. Pero,[…] ¿Quién es la puerta? Jesús mismo es la puerta. Lo dice Él en el Evangelio de Juan: «Yo soy la puerta». […] Pero, ¿por qué esta puerta es estrecha?[…] Es estrecha: para contener nuestro orgullo, que nos hincha. La puerta de la misericordia de Dios es estrecha pero ¡siempre abierta de par en par para todos! […] Jesús hoy nos ofrece, una vez más, una apremiante invitación a dirigirnos hacia Él, a pasar el umbral de la puerta de la vida plena, reconciliada y feliz. Él nos espera a cada uno de nosotros, cualquiera que sea el pecado que hayamos cometido, para abrazarnos, para ofrecernos su perdón. Solo Él puede transformar nuestro corazón, solo Él puede dar un sentido pleno a nuestra existencia, donándonos la verdadera alegría. Entrando por la puerta de Jesús, la puerta de la fe y del Evangelio, nosotros podremos salir de los comportamientos mundanos, de los malos hábitos, de los egoísmos y de la cerrazón. Cuando hay contacto con el amor y la misericordia de Dios, hay un auténtico cambio. Y nuestra vida es iluminada por la luz del Espíritu Santo: ¡una luz inextinguible!

Quisiera haceros una propuesta. Pensemos ahora, en silencio, por un momento, en las cosas que tenemos dentro de nosotros y que nos impiden atravesar la puerta: mi orgullo, mi soberbia, mis pecados. Y luego, pensemos en la otra puerta, aquella abierta de par en par por la misericordia de Dios que al otro lado nos espera para darnos su perdón.

El Señor nos ofrece tantas ocasiones para salvarnos y entrar a través de la puerta de la salvación. Esta puerta es una ocasión que no se debe desperdiciar: no debemos hacer discursos académicos sobre la salvación, como aquel que se había dirigido a Jesús, sino que debemos aprovechar las ocasiones de salvación.”

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Lc 13,18-21: ¿A qué se parece el reino de Dios?

EVANGELIO DEL DÍA:
Lc 13,18-21: ¿A qué se parece el reino de Dios?

En aquel tiempo, Jesús decía:
-¿A qué se parece el reino de Dios? ¿A qué lo compararé?
Se parece a un grano de mostaza que un hombre toma y siembra en su huerto; crece, se hace un arbusto y los pájaros anidan en sus ramas.
Y añadió:
-¿A qué compararé el Reino de Dios?
Se parece a la levadura que una mujer toma y mete en tres medidas de harina, hasta que todo fermenta.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

El Evangelio de hoy nos presenta dos breves parábolas sobre el reino de Dios, una, la del grano de mostaza, y otra, la levadura en la masa. Un mensaje de esperanza es lo que nos comunican ambas parábolas. El crecimiento del reino, el crecimiento del bien es tan lento que no lo percibimos la mayoría de las veces, pero eso no quiere decir que no se esté dando. La levadura es la imagen de la vida que puede vivificar lo que está muerto. Una vez añadida a la masa, la levadura se multiplica con gran rapidez, si tomamos un poco de esa masa fermentada, funciona a su vez como levadura para una masa nueva. La vieja masa actúa como nueva levadura. En Palabras del Papa Francisco: “Dios está haciendo todo nuevo, el Espíritu Santo nos transforma verdaderamente y quiere transformar, contando con nosotros, el mundo en que vivimos”.

El Papa Francisco, en el ángelus del 14 de junio de 2015, aborda la parábola del grano de mostaza: “El Evangelio de hoy está formado por dos parábolas muy breves: […] A través de estas imágenes tomadas del mundo rural, Jesús presenta la eficacia de la Palabra de Dios y las exigencias de su Reino, mostrando las razones de nuestra esperanza y de nuestro compromiso en la historia.[…] utiliza la imagen del grano de mostaza. Aun siendo la más pequeña de todas las semillas, está llena de vida y crece hasta hacerse «más alta que las demás hortalizas». Y así es el reino de Dios: una realidad humanamente pequeña y aparentemente irrelevante. Para entrar a formar parte de él es necesario […] no confiar en las propias capacidades, sino en el poder del amor de Dios; no actuar para ser importantes ante los ojos del mundo, sino preciosos ante los ojos de Dios, que tiene predilección por los sencillos y humildes. Cuando vivimos así, a través de nosotros irrumpe la fuerza de Cristo y transforma lo que es pequeño y modesto en una realidad que fermenta toda la masa del mundo y de la historia. De estas dos parábolas nos llega una enseñanza importante: el Reino de Dios […] es, sobre todo, iniciativa y don del Señor. […] La victoria del Señor es segura: su amor hará brotar y hará crecer cada semilla de bien presente en la tierra. […] La semilla del bien y de la paz germina y se desarrolla, porque el amor misericordioso de Dios hace que madure.”

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Lc 13,10-17: Toda la gente se alegraba de los milagros que hacía.

EVANGELIO DEL DÍA:
Lc 13,10-17: Toda la gente se alegraba de los milagros que hacía.

Un sábado, enseñaba Jesús en una sinagoga.
Había una mujer que desde hacía dieciocho años estaba enferma por causa de un espíritu, y andaba encorvada, sin poderse enderezar.
Al verla, Jesús la llamó y le dijo:
-Mujer, quedas libre de tu enfermedad.
Le impuso las manos, y enseguida se puso derecha.
Y glorificaba a Dios.
Pero el jefe de la sinagoga, indignado porque Jesús había curado en sábado, dijo a la gente:
-Seis días tenéis para trabajar: venid esos días a que os curen, y no los sábados.
Pero el Señor, dirigiéndose a él, dijo:
-Hipócritas: cualquiera de vosotros, ¿no desata del pesebre al buey o al burro, y lo lleva a abrevar, aunque sea sábado?
Y a ésta, que es hija de Abrahán, y que Satanás ha tenido atada dieciocho años, ¿no había que soltarla en sábado?
A estas palabras, sus enemigos quedaron abochornados, y toda la gente se alegraba de los milagros que hacía.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy Jesús es acusado por curar en sábado, es visto como transgresor de la ley. Para el Señor el sábado es un día importante, es un día sagrado no pretende vaciar de contenido, es importante el día consagrado a Dios, valora el descanso, sin embargo, el sábado no estaba reñido con la curación, para el Señor el sábado: es un día para hacer el bien, es una ocasión para salvar en lugar de destruir. Cada día que se nos regala es una oportunidad para amar, para servir, para hacer el bien. El texto evangelista nos enseña que la auténtica religiosidad va siempre unida a la caridad. El amor al prójimo es un mandamiento semejante al del amor a Dios. Él no sólo quiere nuestra alabanza, sino también el respeto a la dignidad de nuestro prójimo. Dios ama a cada persona humana por sí misma, es por eso que toda vida humana es sagrada. Jesús al ver a la mujer encorvada sintió compasión de ella y la curó. Se le acercó, le impuso las manos y la sanó. Fue acogida y curada. Esta mujer puede comunicar en primera persona y partiendo de su existencia, lo grande que Dios ha estado en ella, y cuando un hombre se siente verdaderamente amado, se siente inclinado a amar.

Comentando este pasaje el Papa Emerito, Benedicto XVI: «Pero esa curación suscita una encendida discusión, porque Jesús la realiza en sábado, violando, según los fariseos, el precepto festivo. […] Jesús revela que ha venido al mundo para realizar un juicio, para separar a los ciegos curables de aquellos que no se dejan curar, porque presumen de sanos. En efecto, en el hombre es fuerte la tentación de construirse un sistema de seguridad ideológico: incluso la religión puede convertirse en un elemento de este sistema, como el ateísmo o el laicismo, pero de este modo uno queda cegado por su propio egoísmo.
Queridos hermanos, dejémonos curar por Jesús, que puede y quiere darnos la luz de Dios. Confesemos nuestra ceguera, nuestra miopía y, sobre todo, lo que la Biblia llama el “gran pecado”: el orgullo. Que nos ayude en esto María santísima, la cual, al engendrar a Cristo en la carne, dio al mundo la verdadera luz» (Benedicto XVI, 2 de marzo de 2008).

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Mc 10,46-52: Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí.

EVANGELIO DEL DÍA:
Mc 10,46-52: Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí.

En aquel tiempo, al salir Jesús de Jericó con sus discípulos y bastante gente, el ciego Bartimeo, el hijo de Timeo, estaba sentado al borde del camino, pidiendo limosna. Al oír que era Jesús Nazareno, empezó a gritar:
– «Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí.»
Muchos lo regañaban para que se callara. Pero él gritaba más:
– «Hijo de David, ten compasión de mí.»
Jesús se detuvo y dijo:
– «Llamadlo.»
Llamaron al ciego, diciéndole:
– «Ánimo, levántate, que te llama.»
Soltó el manto, dio un salto y se acercó a Jesús. Jesús le dijo:
– «¿Qué quieres que haga por ti?»
El ciego le contestó:
– «Maestro, que pueda ver.»
Jesús le dijo:
– «Anda, tu fe te ha curado.»
Y al momento recobró la vista y lo seguía por el camino.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy nos resalta la compasión de Ntro. Señor. Se hace mendigo por nosotros. Sediento de nuestra fe y de nuestro amor. Vemos en el ciego, Bartimeo, que ante su necesidad, no veía, estaba ciego, acude a Dios. Cuantas veces, creyentes y los que no se denominan creyentes, cuando aparece el dolor, el sufrimiento, una necesidad, entonces, claman, suplican, hacen promesas, piden ayuda: “Ten compasión de mí”. Necesitan un Salvador, desean ser atendidos en su clamor, quieren que Dios les ayude, les escuche. Es verdad, que para Dios nada hay imposible, pero no es menos cierto que no sabemos pedir lo que nos conviene, somos muy cortos de miras, y seguimos pensando como bien, lo que el mundo tiene en alta estima, y creo que nadie pediría unirse a la Cruz de Nuestro Redentor, ignorando muchas veces, como si no supiéramos que nuestra tabla de salvación es la Cruz, igual que Ntro. Señor tendremos que ir haciendo nuestra la suplica de Getsemani: “Aparta de mi este cáliz, pero que no se haga mi voluntad sino la tuya”. Tener experiencia de salvación, es una gran dicha, como clamamos en el Salmo de la liturgia de hoy: “El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres”. Experimentar la acción salvifica de Dios en la propia vida es lo que va fortaleciendo nuestro seguimiento, nuestro ser discípulos. Igual que a Bartimeo, el Señor nos lanza el interrogante: “¿qué quieres que te haga?” Se nos ofrece, se nos brinda, desea ayudarnos. ¿Qué puedo hacer por ti?, desea que se lo digamos, que acudamos a Él, que se lo expresemos. ¿Qué es lo que verdaderamente necesito? ¿Qué es esencial en mi vida aquí y ahora? Ten confianza y hazle participe, descansa y aprende a abandonarte en el Señor. “Tu fe te ha curado”. Cuantas veces en el Evangelio el Señor antes de hacer el milagro dice: “Se haga según tu fe”. Es muy importante saber que Él cree en nosotros más de lo que nosotros creemos en nosotros mismos. El Señor admira la fe de Bartimeo, ha confiado en Él: “Tu fe te ha salvado”. Que gran regalo, que inmenso don, la fe, la confianza, el fiarnos de Dios, sabernos necesitados de salvación, dejar que Dios actué en nuestras vidas.

Para las pistas de reflexión de este domingo, os propongo algunos subrayados del ángelus del Papa Emérito, Benedicto XVI, dado el 29 de octubre de 2006:

“En el evangelio de este domingo leemos que, mientras el Señor pasa por las calles de Jericó, un ciego de nombre Bartimeo se dirige a él gritando con fuerte voz: “Hijo de David, ten compasión de mí”. Esta oración toca el corazón de Cristo, que se detiene, lo manda llamar y lo cura. El momento decisivo fue el encuentro personal, directo, entre el Señor y aquel hombre que sufría. Se encuentran uno frente al otro: Dios, con su deseo de curar, y el hombre, con su deseo de ser curado. Dos libertades, dos voluntades convergentes: “¿Qué quieres que te haga?”, le pregunta el Señor. “Que vea”, responde el ciego. “Vete, tu fe te ha curado”. Con estas palabras se realiza el milagro. Alegría de Dios, alegría del hombre.”

Es domingo, día del Señor, día en que se concluye el Sínodo de los obispos sobre los jóvenes. Sínodo significa caminar juntos, día para dar gracias a Dios por el trabajo intenso y pedirle que nos ayude a acoger los frutos con la ayuda de la gracia.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote

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EVANGELIO DEL DÍA: Lc 13,1-9: Déjala todavía…; yo cavaré alrededor y le echaré…, a ver si da fruto.

EVANGELIO DEL DÍA:
Lc 13,1-9: Déjala todavía…; yo cavaré alrededor y le echaré…, a ver si da fruto.

En aquella ocasión, se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos, cuya sangre vertió Pilato con la de los sacrificios que ofrecían. Jesús les contestó:
–¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos, porque acabaron así? Os digo que no; y si no os convertís, todos pereceréis lo mismo. Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Os digo que no. Y si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera.
Y les dijo esta parábola:
Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró.
Dijo entonces al viñador:
–Ya ves: tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a ocupar terreno en balde?
Pero el viñador contestó:
–Señor, déjala todavía este año; yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto. Si no, el año que viene la cortarás.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

El Evangelio de hoy, en primer lugar, nos previene de pensar que las desgracias nos vienen a consecuencia de nuestra vida pecadora. No nos hagamos con una idea de Dios vengativa, en el amor no hay lugar a la venganza, el proceder de Dios no es tan mísero como muchas veces nos ocurre a nosotros.

En la segunda parte, el Señor habla de la higuera que no da fruto y a la que se le da un nuevo plazo, esperando que ahora si entregue el fruto. Lo mismo hace Dios con nosotros. Se nos destaca en esta parábola la paciencia que tiene el Señor con nosotros. El Señor siempre nos concede una nueva oportunidad, la paciencia de Dios es porque quiere que todos los hombres se salven, no ha venido a condenar a nadie sino a salvarlo. Él espera frutos de santidad y buenas obras. A lo largo de nuestra vida nos da oportunidades y las gracias necesarias para corresponder a su amor.

El Papa Benedicto XVI, reflexiona sobre este pasaje en la homilia del 7 de marzo de 2010: “La invitación a la conversión de nuestra vida […]Jesús, como hemos escuchado, evoca dos episodios de sucesos: una represión brutal de la policía romana dentro del templo y la tragedia de dieciocho muertos al derrumbarse la torre de Siloé. La gente interpreta estos hechos como un castigo divino por los pecados de sus víctimas, y, considerándose justa, cree estar a salvo de esa clase de incidentes, pensando que no tiene nada que convertir en su vida. Pero Jesús denuncia esta actitud como una ilusión: “¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que todos los demás galileos, porque han padecido estas cosas? No, os lo aseguro; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo”. E invita a reflexionar sobre esos acontecimientos, para un compromiso mayor en el camino de conversión, porque es precisamente el hecho de cerrarse al Señor, de no recorrer el camino de la conversión de uno mismo, que lleva a la muerte, la del alma. […]Jesús nos llama a la conversión no con una severidad sin motivo, sino precisamente porque está preocupado por nuestro bien, por nuestra felicidad, por nuestra salvación. Por nuestra parte, debemos responder con un esfuerzo interior sincero, pidiéndole que nos haga entender en qué puntos en particular debemos convertirnos.
La conclusión del pasaje evangélico retoma la perspectiva de la misericordia, mostrando la necesidad y la urgencia de volver a Dios, de renovar la vida según Dios. […]Jesús presenta la parábola de una higuera plantada en una viña; esta higuera resulta estéril, no da frutos. El diálogo entre el dueño y el viñador, manifiesta, por una parte, la misericordia de Dios, que tiene paciencia y deja al hombre, a todos nosotros, un tiempo para la conversión; y, por otra, la necesidad de comenzar en seguida el cambio interior y exterior de la vida para no perder las ocasiones que la misericordia de Dios nos da para superar nuestra pereza espiritual y corresponder al amor de Dios con nuestro amor filial.”

Hoy es sábado, día de la Santísima Virgen María, pongamos nuestra mirada en nuestra Madre, que nos cuida y protege, y sigue presentando a su Hijo nuestras necesidades.

Que tengas un buen día.
J.A.M.(Chechu)sacerdote.

 

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EVANGELIO DEL DÍA: Lc 12,54-59: ¿cómo no sabéis interpretar el tiempo presente?

EVANGELIO DEL DÍA:
Lc 12,54-59: ¿cómo no sabéis interpretar el tiempo presente?

En aquel tiempo, decía Jesús a la gente:
–Cuando veis subir una nube por el poniente, decís enseguida: «Chaparrón tenemos», y así sucede. Cuando sopla el sur decís: «Va a hacer bochorno», y lo hace.
Hipócritas: si sabéis interpretar el aspecto de la tierra y del cielo, ¿cómo no sabéis interpretar el tiempo presente? ¿Cómo no sabéis juzgar vosotros mismos lo que se debe hacer?
Cuando te diriges al tribunal con el que te pone pleito, haz lo posible por llegar a un acuerdo con él, mientras vais de camino; no sea que te arrastre ante el juez y el juez te entregue al guardia, y el guardia te meta en la cárcel.
Te digo que no saldrás de allí hasta que no pagues el último céntimo.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy, nos encontramos con dos llamadas que nos hace el Señor, una que tiene que ver con el discernimiento, la lectura de los signos de los tiempos; y otra, sobre la reconciliación fraterna. El Señor nos invita a interpretar el tiempo presente. El tiempo se nos brinda como momento de gracia y oportunidad de salvación. En el concilio Vaticano II se desarrollo toda una teología de los signos de los tiempos como base para el dialogo de la iglesia con el mundo y del Evangelio con el hombre de hoy. Por eso todo cristiano estamos invitados a escrutar, discernir, a hacer una lectura creyente de los acontecimientos de nuestra vida, una lectura creyente de la historia de salvación que Dios lleva con cada uno de nosotros. Y esta lectura, exige de nuestra parte, interpretar desde y con la luz del Evangelio. Estar vigilantes a detectar los indicadores de la presencia y acción de Dios. Hay que saber mirar y ver con la luz de la fe, porque el reinado de Dios está ya presente y actuando entre nosotros. En todo lo que es bondad, amor, paz , bien. No anda lejos el espíritu de Dios. Porque todo ello es reflejo y semilla, presencia de Dios entre nosotros.

Y el segundo punto para nuestra meditación es la necesidad de la reconciliación fraterna. Es muy complicado querer acercarnos a Dios con heridas en el amor a los hermanos. Para poder presentarse ante los hombres los creyentes tienen que testimoniar a Cristo vivo en el amor, “mirad como se aman”, y en la unidad, “Que todos sean uno para que el mundo crea”. Nos jugamos mucho para poder cumplir nuestra misión como sacramento de unidad y de salvación. Importantísimo la unidad, la comunión…, todo, fruto del amor.

En la Misa de Santa Marta del 22 octubre de 2015, reflexiona sobre el pasaje evangélico de hoy, el Papa Francisco meditó sobre los “signos de los tiempos” y dijo: “para entender los signos de los tiempos, antes que nada es necesario el silencio: hacer silencio y observar. Y después reflexionar dentro de nosotros. […] Debemos abrirnos a la fuerza del Espíritu y entender bien qué sucede dentro y fuera de nosotros a través del discernimiento […] nuestro trabajo es mirar que sucede dentro de nosotros, discernir nuestros sentimientos, nuestros pensamientos y qué acontece fuera de nosotros, y discernir los signos de los tiempos. Con silencio, reflexión y con la oración”.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote