simeon

EVANGELIO DEL DÍA: Lc 2,22-35: Luz para alumbrar a las naciones

EVANGELIO DEL DÍA:
Lc 2,22-35: Luz para alumbrar a las naciones.

Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo primogénito varón será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones.»
Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo. Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:
«Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz.
Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.»
Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. Simeón los bendijo, diciendo a María su madre:
– «Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma.»

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy, nos encontramos con la purificación de María Santísima y la presentación del Niño al Templo. No era necesario que María fuese a purificarse, pues fue preservada del pecado, preparada por Dios para la misión encomendada de ser la Madre del Hijo de Dios. También podemos afirmar que no hacía falta presentar al Niño al Templo, parece como más propio que el Templo se presentase ante el mismo Dios hecho hombre. Hay aquí una llamada a aprender de la humildad de la familia de Nazaret. No querían los padres escapar a ningún precepto de la ley de Moisés. Simplemente amaban a Dios con toda el alma y querían darle gusto hasta en los mínimos detalles. No se sentían obligados, obedecían por puro amor.

Otro acento nos lo da la ofrenda realizada. La ley prescribía el sacrificio de un cordero para las familias con recursos económicos, o un par de tórtolas si eran pobres.
La familia de Nazaret presentaba un par de tórtolas o dos pichones, nos esta hablando que se encontraban dentro del grupo de los humildes.

La sencilla acción de los padres de Ntro. Señor tuvo una repercusión trascendental en la vida de Simeón y de Ana. De esta manera cumplió Dios lo que había prometido al justo y piadoso Simeón por una revelación particular del Espíritu Santo por la que “no vería la muerte antes de haber visto al Cristo del Señor”.

Otro punto, para nuestra meditación, es el bien que puede sacar el Señor cuando intentamos responder a la tradición heredada y las llenamos de espiritualidad, se nos escapa de nuestras previsiones, pero todo bien repercute en la extensión del Reino. Dios siempre saca bien, en la medida que somos fieles a la Palabra, fieles al Señor, fieles a nuestra conciencia podemos ser fuente de bendiciones para los demás. Aunque no sea esa nuestra intención, podemos cambiar la vida de otras personas, con el testimonio, con las buenas acciones de cada día, como le sucedió a Simeón cuando la Virgen y San José acudieron al Templo siendo fieles a la tradición de Moisés, fueron instrumento de Dios para el encuentro con Simeón y la profetisa Ana.

Quiero terminar con la invitación para nuestra oración con la suplica a Dios que nos ayude a aprender de Simeón a recibir a Ntro. Señor con el deseo y la misma intensidad de búsqueda , entregando a Jesucristo, nuestro corazón y entendimiento. Y también, solicitar a nuestra Madre, la Santísima Virgen María, poder llenarnos de su inmensa alegría y rogarle a Ella, que colabore con nosotros, en la tarea de llevar su Hijo a los demás.
Que tengas un buen día.

Jesús Aguilar Mondéjar, sacerdote

MATANZA DE LOS INOCENTES.-Poussin.-BARROCO

EVANGELIO DEL DÍA: Mt 2,13-18: Herodes se enfureció tanto que mandó matar a todos los niños de Belén y de todos sus alrededores que tuvieran menos de dos años

EVANGELIO DEL DÍA:
Mt 2,13-18: Herodes se enfureció tanto que mandó matar a todos los niños de Belén y de todos sus alrededores que tuvieran menos de dos años.

Después que los Magos se fueron, el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo:
«Levántate, toma al niño y a su madre, huye a Egipto y quédate allí hasta que yo te avise; porque Herodes va a buscar al niño para matarlo».
José se levantó de noche, tomó al niño y a su madre, y partió hacia Egipto, donde permaneció hasta la muerte de Herodes. Así se cumplió lo que había anunciado el Señor por el profeta: De Egipto llamé a mi hijo.
Entonces Herodes, viéndose burlado por los Magos, se enfureció tanto que mandó matar a todos los niños de Belén y de todos sus alrededores que tuvieran menos de dos años, conforme a la información que había recibido de los Magos. Así se cumplió lo anunciado por el profeta Jeremías:
Se ha escuchado en Ramá un clamor, un gran llanto y lamento: es Raquel que llora por sus hijos, y no quiere consolarse, porque ya no existen.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy nos encontramos con el pasaje del sacrificio de los niños de Belén ordenado por Herodes. Celebramos hoy la fiesta de los santos inocentes. Lo primero que nos suscita es lo difícil que es encajar esta fiesta en el espíritu de la Navidad que nos introduce en la ternura, la bondad y la misericordia de Dios. ¿Dónde poner el sufrimiento?, y mucho menos, cuando hablamos del sufrimiento de niños, cuando el que tiene que sufrir es inocente. El sufrimiento nos suscita siempre multitud de interrogantes, y muchas veces puede ser un motivo para dudar de Dios. ¿Porqué no evita Dios que es todopoderoso tanto dolor aparentemente inútil? ¿Si Él todo lo puede porque permite el sufrimiento del inocente? El dolor es un misterio y, sin embargo, el cristiano no esta hecho de otra carne y puede verse como el Señor en la noche de Getsemaní, clamando: “ aparta de mí este cáliz”. Esta situación me esta llevando al limite, supera mis fuerzas, no sé que querrá el Señor de mí. Sin embargo el verdadero creyente no duda de Dios, sino aprende a confiar en quien tanto lo ama, y como el Señor, también clama: “no se haga lo que yo quiero”, que se haga su voluntad, se sabe en las manos amorosas de Dios. Difícil entender el sufrimiento sin mirar a Cristo en la Cruz, el más grande de los inocentes, aprendió sufriendo a obedecer, el camino de la redención pasa por abrazar la Cruz. Desde entonces el dolor tiene un nuevo sentido, sólo comprensible, junto a Él. El Señor no modificó las leyes de la creación: quiso ser un hombre como nosotros. No se lo evitó a sí mismo. Él quiso pasar hambre, y compartió nuestras fatigas y penas. Su alma experimentó todas la amarguras: la indiferencia, la ingratitud, la traición, la calumnia, la infamante muerte de cruz, y cargó con los pecados de la humanidad.

El dolor –pequeño o grande-, aceptado y ofrecido al Señor, produce paz y serenidad; cuando no se acepta, el alma sufre muchísimo y cae en rebeldía, y se manifiesta en forma de tristeza y mal humor. Que distinto quien se abraza a su Cruz, termina encontrándose con Cristo, y la Cruz deja de ser una carga para ser la escalera para el cielo,-diría Santa Teresa- se transforma en camino de salvación, purifica nuestro ser, nuestra entrega, nuestro amor.

Hoy, en la festividad del día de los santos inocentes, como no traer a la mente a tantos niños inocentes e indefensos que hoy siguen sufriendo. Y a tantos inocentes que fruto del pecado tienen las heridas del dolor en sus vidas. Un recuerdo en nuestras súplicas al Señor para que cambie el corazón del ser humano y también, para ofrecer nuestro dolor, y la colaboración de nuestro tiempo, disponibilidad y servicio para ayudar a paliar el sufrimiento de los que nos rodean.

Que tengas un buen día.

Jesús Aguilar Mondéjar, sacerdote

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La Sagrada Familia proteja a todas las familias del mundo y abran la puerta a Dios (27 diciembre)

 

“Los rasgos típicos de la Sagrada Familia son: recogimiento y oración,

mutua comprensión y respeto, espíritu de sacrificio, trabajo y

solidaridad”

“Si no se abre la puerta de la familia a la presencia de Dios y a su amor,

la familia pierde la armonía, prevalecen los individualismos y se apaga la

alegría. Sin embargo, la familia que vive la alegría de la fe, la comunica

espontáneamente, es sal de la tierra y luz del mundo, es levadura para

toda la sociedad”.

Una llamada a la alegría del perdón…

“Que en este Año de la Misericordia toda familia cristiana sea un lugar

privilegiado en el que se experimente la alegría del perdón- El perdón es

la esencia del amor que sabe comprender el error y poner remedio. En el

seno de la familia es donde se nos educa al perdón, porque se tiene la

certeza de ser comprendidos y apoyados no obstante los errores que se

puedan cometer”.

2015-12-27 08.53.51

EVANGELIO DEL DÍA: Lc 2,41-52: El niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres

EVANGELIO DEL DÍA:
Lc 2,41-52: El niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres.

Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén por las fiestas de Pascua. Cuando Jesús cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre y, cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres. Éstos, creyendo que estaba en la caravana, hicieron una jornada y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén en su busca. A los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas; todos los que le oían quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba. Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre:
-«Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados.»
Él les contestó:
-« ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?»
Pero ellos no comprendieron lo que quería decir. Él bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad. Su madre conservaba todo esto en su corazón. Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En este primer domingo después de Navidad, mientras estamos aún inmersos en el clima gozoso de la fiesta, la Iglesia nos invita a contemplar a la Sagrada Familia de Nazaret. Nos vamos a introducir en este día de fiesta de la mano de los últimos Papas, comenzamos con unas palabras del Papa emérito, Benedicto XVI en el Ángelus del 30 de diciembre de 2007: “Siguiendo los evangelios de san Mateo y san Lucas, fijamos hoy nuestra mirada en Jesús, María y José, y adoramos el misterio de un Dios que quiso nacer de una mujer, la Virgen santísima, y entrar en este mundo por el camino común a todos los hombres. Al hacerlo así, santificó la realidad de la familia, colmándola de la gracia divina y revelando plenamente su vocación y misión.

A la familia dedicó gran atención el concilio Vaticano II. Los cónyuges —afirma— “son testigos, el uno para el otro y ambos para sus hijos, de la fe y del amor de Cristo” (Lumen gentium, 35). Así la familia cristiana participa de la vocación profética de la Iglesia: con su estilo de vida “proclama en voz alta tanto los valores del reino de Dios ya presentes como la esperanza en la vida eterna” (ib.).

Como repitió incansablemente mi venerado predecesor Juan Pablo II, el bien de la persona y de la sociedad está íntimamente vinculado a la “buena salud” de la familia (cf. Gaudium et spes, 47). Por eso, la Iglesia está comprometida en defender y promover “la dignidad natural y el eximio valor” —son palabras del Concilio— del matrimonio y de la familia (ib.).

… invito a las familias cristianas a experimentar la presencia amorosa del Señor en sus vidas. Asimismo, les aliento a que, inspirándose en el amor de Cristo por los hombres, den testimonio ante el mundo de la belleza del amor humano, del matrimonio y la familia.

…Me dirijo de modo especial a los niños, para que quieran y recen por sus padres y hermanos; a los jóvenes, para que estimulados por el amor de sus padres, sigan con generosidad su propia vocación matrimonial, sacerdotal o religiosa; a los ancianos y enfermos, para que encuentren la ayuda y comprensión necesarias. Y vosotros, queridos esposos, contad siempre con la gracia de Dios, para que vuestro amor sea cada vez más fecundo y fiel. En las manos de María, “que con su “sí” abrió la puerta de nuestro mundo a Dios” (Spe salvi, 49), pongo los frutos de esta celebración. Muchas gracias y ¡felices fiestas!”

Y concluimos con las palabras del Papa Francisco (29 diciembre 2013): “Hoy, nuestra mirada a la Sagrada Familia se deja atraer también por la sencillez de la vida que ella lleva en Nazaret. Es un ejemplo que hace mucho bien a nuestras familias, les ayuda a convertirse cada vez más en una comunidad de amor y de reconciliación, donde se experimenta la ternura, la ayuda mutua y el perdón recíproco. Recordemos las tres palabras clave para vivir en paz y alegría en la familia: permiso, gracias, perdón. Cuando en una familia no se es entrometido y se pide «permiso», cuando en una familia no se es egoísta y se aprende a decir «gracias», y cuando en una familia uno se da cuenta que hizo algo malo y sabe pedir «perdón», en esa familia hay paz y hay alegría”.

Recordaros que el Obispo en la Catedral celebrará el día de la Sagrada Familia a las doce. Feliz domingo, feliz día del Señor. Que tengas un buen día.

Jesús Aguilar Mondéjar, sacerdote

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EVANGELIO DEL DÍA: Mt 10,17-22: No seréis vosotros los que habléis, sino el Espíritu de vuestro Padre

EVANGELIO DEL DÍA:
Mt 10,17-22: No seréis vosotros los que habléis, sino el Espíritu de vuestro Padre.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles:
– «No os fiéis de la gente, porque os entregarán a los tribunales, os azotarán en las sinagogas y os harán comparecer ante gobernadores y reyes, por mi causa; así daréis testimonio ante ellos y ante los gentiles. Cuando os arresten, no os preocupéis de lo que vais a decir o de cómo lo diréis: en su momento se os sugerirá lo que tenéis que decir; no seréis vosotros los que habléis, el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros. Los hermanos entregarán a sus hermanos para que los maten, los padres a los hijos; se rebelarán los hijos contra sus padres, y los matarán. Todos os odiarán por mi nombre; el que persevere hasta el final se salvará.»

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

Celebramos hoy la fiesta de S. Esteban, el primero de los mártires. El relato del martirio de S. Esteban hace eco a la pasión y muerte de Cristo. Poco antes de morir apedreado por sus enemigos. Esteban repite casi literalmente su intercesión por aquellos que le están haciendo tanto daño. Él supo orar por sus perseguidores, por eso nos muestra el camino de llegar a amar a nuestros enemigos. “Señor, no les tengas en cuenta esta pecado”. Esta es la novedad del Evangelio hace al hombre capaz de orar y amar a quien los destruye.

En el Evangelio de hoy se nos advierte sobre la persecución. Y la razón es porque “como no sois del mundo, por eso os odia el mundo”. Cuando el mundo es enemigo de Dios es casi lo más normal que el discípulo de Cristo sufra también de esa mal aversión. Si no se diera tal enemistad habría que sospechar que algo esta fallando. También puede ser además de autenticidad, un aviso de fidelidad. “El que persevere hasta el final se salvara”. “Cuando os arresten, no os preocupéis de lo que vais a decir o de cómo lo diréis: en su momento se os sugerirá lo que tenéis que decir; no seréis vosotros los que habléis, el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros”. Efectivamente, hay muchas situaciones que se nos presentan y que nos agobian, que pueden quitarnos la tranquilidad interior: incomprensiones, injurias, malentendidos, difamaciones… pero Jesús es categórico: si somos fieles, el Espíritu Santo actuará y vendrá la paz. Mira al Portal, mira a Jesús, conviértete en testigo, y notarás que el Príncipe de la paz te devuelve la paz. La misma paz que en la Nochebuena proclamaba el ángel a los pastores, esa paz que surge al adentramos en la oración y contemplar a Dios en lo más humilde…, esa misma paz que el mundo nunca podrá dar hasta que reconozca a Cristo como su Señor y Rey… Aprenderás también a mirar con más simpatía a Esteban, porque aprenderás de él a ser mártir y ver la gloria de Dios donde otros ven amargura. Es sábado, día mariano, vívelo hoy en la escuela de María. Que tengas un buen día.

Jesús Aguilar Mondéjar, sacerdote

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Meditación sobre la Navidad

El Beato José Allamano, fundador de los Misioneros y Misioneras de la Consolata, nos ayuda a meditar sobre la Navidad
(Instituto Misiones Consolata, Los quiero así, Espiritualidad y pedagogía misionera, Argentina 2009, p. 101-102)

Nuestro Señor quiso anonadarse hasta hacerse Niño. El pesebre nos habla de la humildad y la sencillez del Señor. Si él se hizo pequeño, ¿por qué no deberíamos hacemos pequeños nosotros? San Bernardo afirma que Jesús se hizo tan pequeño cuanto amable. San Agustín dice que el Redentor quiso nacer como un Niño para ser amado. San Francisco de Asís iba por las calles exclamando: “¡Amemos al Niño de Belén! ¡Amemos al Niño de Belén!”. Y lo repetía a todos los que encontraba. ¿Quién no ama al Niño? En esta fiesta no se debe participar sólo con la razón, sino también con el corazón, Y quien no sienta este amor, que se lo pida a Jesús mismo por intercesión de la Santísima Virgen, que ardía de amor mientras esperaba a su hijo Jesús.

¡Qué importante es el misterio de Belén! Es maravilloso meditar sobre la Pasión, pero también lo es meditar sobre la Navidad. El santo Niño nos ha dado una importante lección al vencer las tres concupiscencias humanas: los placeres, las riquezas, los honores, para enseñarnos a vencerlas también nosotros. Él nos ha dado el ejemplo con sus sufrimientos, con la pobreza y la humildad. Naciendo tan pobre, el Señor ha querido alejamos de todas las comodidades de este mundo, Y así, canonizó la pobreza.

La Navidad no es una fiesta sólo para los niños, sino también para nosotros, que debemos hacernos pequeños para poder entrar en el Reino de los cielos. Ejercitémonos en aquellas virtudes propias del santo Niño: la sencillez y la humildad. ¿Y qué podemos decir de la humildad? Nuestro Señor se hizo muy pequeño: después se rebajó, se anuló hasta la muerte en la cruz. Cuando vayan al templo, mirando a Jesús en el sagrario y, luego, contemplando al Niño en el pesebre, díganle: “¡Quiero tener todas las virtudes!”.

Debemos amar al santo Niño por sí mismo. Él descendió del cielo y se encarnó precisamente por nosotros, por cada uno de nosotros y por nuestra salvación. Meditemos a fondo este “exceso” de amor de Jesús y, así, también nosotros lo amaremos. Pidámosle a Dios con insistencia este amor, repitiendo con san Agustín: “¡Señor, que yo te ame!”.

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Esperemos con María al Hijo de Dios que nació en Belén.

Estimados hermanos y hermanas cursillistas:

La Puerta de San José, de la Catedral de Murcia, es desde el pasado domingo día 13 de diciembre, la primera Puerta Santa que nuestro Obispo D. José Manuel ha abierto en la Diócesis de Cartagena para el Jubileo Extraordinario de la Misericordia

La participación en tan solemne celebración ha marcado en nosotros una huella imborrable: la cercanía, la ternura, la belleza y la bondad de la Misericordia de Dios. El ambiente litúrgico estaba cargado de arrepentimiento, humildad, esperanza y fiesta. Todo invitaba a abrir las puertas del corazón a la gracia del perdón que Dios nos ofrece en su Hijo, muerto y resucitado: «Dios será siempre para la humanidad como Aquel que está presente, cercano, providente, santo y misericordioso» (MV, 6).

Comenzamos el Jubileo Extraordinario de la Misericordia orando y escuchando la Palabra de Dios; poniéndonos en marcha bajo la guía de nuestro Pastor y en comunión con toda la Iglesia, para encontrarnos con Cristo «Paciente y Misericordioso», y, en estos días de Navidad, «Humilde y Pobre» en el Portal de Belén en los brazos de su Madre. ¡Vayamos a Él!

Ha llegado la hora de “salir” del estancamiento espiritual; de nuestros miedos y comodidades, para dejarnos interpelar por el amor del «Enmanuel», el «Dios-con-nosotros». Es el momento de abrirnos a la gracia de la Misericordia de Dios que ha bajado del Cielo “para poner su tienda entre nosotros”. Es la gran oportunidad que nos brinda la Iglesia, Esposa de Cristo y Madre nuestra, para que recibamos el abrazo «hecho de ternura y compasión, de indulgencia y de perdón» (MV, 6). Abrazo de Aquel que nos espera en el Sacramento de la Penitencia para destruir nuestro pecado, saciarnos de felicidad y colmarnos de la vida divina.

La peregrinación desde San Bartolomé hasta la Catedral, cantando la Letanía de los Santos, fue un tiempo profundo de súplica e intercesión y un testimonio vivo de la Comunión de los Santos: «Ved qué dulzura, qué delicia, convivir los hermanos unidos» (Sal 133). ¡Permanezcamos unidos!

La apertura del Jubileo nos lleva a sacerdotes, religiosos y religiosas, Movimientos Apostólicos y fieles laicos, a recorrer un Camino de comunión de vida y amor con la Santísima Trinidad y un Camino de Obras de Misericordia hechas visibles en el Niño Dios que ha nacido en Belén.

¡Celebremos la Navidad! ¡FELIZ NOCHEBUENA Y FELIZ NAVIDAD!
Vuestro Consiliario, Miguel Ángel Gil

2015-12-24 08.13.20

EVANGELIO DEL DÍA: Lc 1,67-79: Por la entrañable misericordia de Dios,nos visitará el sol que nace de lo alto

EVANGELIO DEL DÍA:
Lc 1,67-79: Por la entrañable misericordia de Dios,nos visitará el sol que nace de lo alto.

En aquel tiempo, Zacarías, padre de Juan, lleno del Espíritu Santo, profetizó diciendo:
«Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.
Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.
Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.
Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.
Por la entrañable misericordia de Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en la sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos por el camino de la paz.»

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy nos encontramos el Benedictus o canto de Zacarias, quien recuperado el habla, bendice a Dios por el cumplimiento de sus promesas. El Benedictus, al igual que el Magnificat, se repite cada día en la oración de la Iglesia, en la liturgia de las horas, en laudes y vísperas, respectivamente.

La primera parte del Benedictus es un himno de bendición y acción de gracias a Dios, y la segunda es una visión esperanzadora del futuro, gracias a la intervención del precursor, que abre paso al mesías ya inminente.

El Benedictus es un canto de optimismo y de alegre esperanza, gracias a la presencia del Dios redentor que ama al hombre.

Cuando estemos tentados de pesimismo, hemos de recordar que Dios ama al hombre.

Hoy concluye el Adviento, el tiempo de la espera. ¿Estamos preparados para la llegada del Señor?. El Señor que tiene todo en sus manos, baja realmente hasta cada uno para mostrarnos su amor. ¡Dios con nosotros! que nace y nos pide el establo de nuestro corazón. No espera hallar grandezas o perfección, sólo nos pide las pajas de nuestra voluntad para recibirlo. ¿Podemos desconfiar o dudar de Él? Pequeño, dependiente, necesitado, débil… sólo podemos amarle. Dejemos todas las distracciones y recibamos esa luz de Dios que viene a iluminar nuestra vida. Dejemos que su humildad nos cambie. Sintamos su gracia salvadora que se nos entrega personalmente. Adiós tristezas, adiós soledad, adiós amargura. Dios nos ama. Que tengas un buen día.

Jesús Aguilar Mondéjar, sacerdote

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EVANGELIO DEL DÍA: Lc 1,57-66: El Señor le había hecho una gran misericordia, y la felicitaban

EVANGELIO DEL DÍA:
Lc 1,57-66: El Señor le había hecho una gran misericordia, y la felicitaban.

A Isabel se le cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo. Se enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia, y la felicitaban. A los ocho días fueron a circuncidar al niño, y lo llamaban Zacarías, como a su padre. La madre intervino diciendo:
– «¡No! Se va a llamar Juan.»
Le replicaron:
-«Ninguno de tus parientes se llama así.»
Entonces preguntaban por señas al padre cómo quería que se llamase. Él pidió una tablilla y escribió:
«Juan es su nombre.»
Todos se quedaron extrañados. Inmediatamente se le soltó la boca y la lengua, y empezó a hablar bendiciendo a Dios. Los vecinos quedaron sobrecogidos, y corrió la noticia por toda la montaña de Judea. Y todos los que lo oían reflexionaban diciendo:
– «¿Qué va a ser este niño?»
Porque la mano del Señor estaba con él.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

El Evangelio de hoy nos presenta el nacimiento de Juan. El nacimiento del Precursor nos habla de la proximidad de la Navidad. ¡El Señor está cerca!; ¡preparémonos!. Hemos de hacer examen para ver cómo nos estamos preparando para recibir a Jesús el día de Navidad: Dios quiere nacer principalmente en nuestros corazones. La vida del Precursor nos enseña las virtudes que necesitamos para recibir con provecho a Jesús; fundamentalmente, la humildad de corazón. Él se reconoce instrumento de Dios para cumplir su vocación, su misión. Busquemos sólo la gloria de Dios. La virtud de la humildad nos dispondrá a prepararnos debidamente para las fiestas que se acercan.

Zacarías vuelve a hablar. El que no creía en la promesa de Dios, ahora la conoce ante su realización. El niño nace de una mujer estéril, es don de Dios y está llamado a llevar a cabo una misión en el pueblo de Dios: ser el profeta precursor del Mesías; ser el que allanará sus caminos, llamará a la conversión y nos presentará al Mesías.

La acción de Dios dentro de la historia humana se va desarrollando para incluir en ella la historia salvífica. ¿Estamos descubriendo el paso de Dios por nuestras vidas?

Que tengas un buen día.

Jesús Aguilar Mondéjar, sacerdote

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EVANGELIO DEL DÍA: Lc 1,46-56: El Magnificat

EVANGELIO DEL DÍA:
Lc 1,46-56: El Magnificat.

En aquel tiempo, María dijo:
«Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación.
Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
– como lo había prometido a nuestros padres –
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.»
María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy nos encontramos con la oración de la Santísima Virgen María, donde resuenan muchos ecos bíblicos, cantando la grandeza de Dios y su predilección por los pobres y los más humildes.

El canto de María recoge la fe del pueblo elegido, de sus aspiraciones, fiado en las promesas de Dios hechas a los patriarcas y su descendencia.

La Santísima Virgen María nos presenta todo un canto de liberación mesiánica, donde los pobres, los olvidados, los humildes, los hambrientos los protagonistas de la historia de Dios, donde son preferidos a los soberbios, a los poderosos y a los ricos de este mundo.

El Dios con entrañas de misericordia que nos presenta la Santísima Virgen María: “la misericordia del Señor llega a sus fieles de generación en generación”. El nuevo orden de Dios no se puede compaginar con ninguna situación de opresión e indignidad humana.

En este himno se transparenta la interioridad de María, canta las cosas grandes que Dios ha hecho. Dios es el Salvador y es fiel a sus promesas. Maria confiesa su misma experiencia de Dios: “ha hecho en mí cosas grandes”. Expresa los sentimientos más profundos de la oración: alabanza a Dios, gratitud, fe, confianza, humildad, reconocimiento de la misericordia divina. El Magnificat es la oración por excelencia de la Santísima Virgen Maria, el canto de los tiempos mesiánicos. Es el cantico que la iglesia como esposa de Cristo recita diariamente en la liturgia de vísperas y en otros muchos momentos de devoción tanto personal como comunitaria, la iglesia lo considera como “cantico de acción de gracias” por la plenitud de las gracias derramadas en la economía de la salvación.

Que tengas un buen día y junto con María demos gracias al Señor de tantas gracias recibidas diariamente.

Jesús Aguilar Mondéjar, sacerdote