2016-04-02 09.21.12

EVANGELIO DEL DÍA: Mc 16, 9-15: Les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón.

EVANGELIO DEL DÍA:
Mc 16,9-15: Les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón.

Jesús, resucitado al amanecer del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios. Ella fue a anunciárselo a sus compañeros, que estaban de duelo y llorando.
Ellos, al oírle decir que estaba vivo y que lo había visto, no la creyeron.
Después se apareció en figura de otro a dos de ellos que iban caminando a una finca.
También ellos fueron a anunciarlo a los demás, pero no los creyeron.
Por último, se apareció Jesús a los Once, cuando estaban a la mesa, y les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que lo habían visto resucitado. Y les dijo:
– «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación.»

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy nos resalta varias veces la dificultad de los apóstoles para creer, reiterativamente nos dice que después del testimonio de la Magdalena: “al oírle decir que estaba vivo y que lo había visto, no la creyeron”. Aunque varias veces el Señor a la misma vez que les anunciaba su pasión, siempre les decía que resucitaría, los apóstoles mas de una vez nos lo detallan los evangelistas, no llegaron a entender que era eso de la resurrección. Dudaban y se resistían a creer.

Vemos como otra vez es el mismo Señor el que sale al encuentro de los discípulos que ponen pegas para creer, que manifiestan su incredulidad. Para confirmarlos en la fe, con sus apariciones fortalece la fe de los apóstoles. La fe es un gran don del Espíritu Santo que debemos pedir, no es un mérito. La fe no es algo que se impone, sino que se propone – como le gustaba decir al Papa San Juan Pablo II, “La fe se propone, no se impone”- y se testimonia con la vida. Apreciamos como el Señor les pone delante sus resistencias, su incredulidad y su dureza de corazón, y los envía a proclamad el Evangelio a toda la creación. En el Evangelio termina con la gran misión de todo cristiano a ser testigos del Señor. Siendo conscientes que no es obra nuestra, más bien, somos sostenidos con la fuerza del Espíritu Santo. Este tesoro estamos llamados a hacerlo llegar a todos. Hoy, sábado, día especial de la Santísima Virgen, encomiéndate a ella para que te ayude y puedas testimoniar tu amor y tu fe a los que te rodean. Que tengas un buen día.

Jesús Aguilar Mondéjar, sacerdote

2016-04-01 18.02.51

EVANGELIO DEL DÍA: Jn 21, 1-14: Es el Señor.

EVANGELIO DEL DÍA:
Jn 21,1-14: Es el Señor.

En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera:
Estaban juntos Simón Pedro, Tomás apodado el Mellizo, Natanael el de Caná de Galilea, los Zebedeos y otros dos discípulos suyos.
Simón Pedro les dice:
-Me voy a pescar.
Ellos contestaban:
-Vamos también nosotros contigo.
Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada. Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús.
Jesús les dice:
-Muchachos, ¿tenéis pescado?
Ellos contestaron:
-No.
El les dice:
-Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis.
La echaron, y no tenían fuerzas para sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo que Jesús tanto quería le dice a Pedro:
-Es el Señor.
Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos cien metros, remolcando la red con los peces.
Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan. Jesús les dice:
-Traed de los peces que acabáis de coger.
Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red.
Jesús les dice:
-Vamos, almorzad.
Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor.
Jesús se acerca, toma el pan y se lo da; y lo mismo el pescado. Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos, después de resucitar de entre los muertos.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy vemos como los discípulos han pasado toda la noche sin pescar nada, se les apareció el Señor volviendo a invitarles a confiar en su palabra y que echaran las redes de nuevo, que se fiaran de Él. Toda la noche sin pescar nada, cuantas veces podemos experimentar el fracaso, ser probados con la inutilidad, aunque como nos transmitió el cardenal vietnamita, Van Thuan: “el Señor no quiere nuestras cosas, te quiere a ti”. Él lo experimento cuando por motivos de su fe fue encarcelado y en su vida se produjo un cambio de actividad, ahora entre rejas tenia todo el tiempo del mundo, paso de la actividad pastoral a la inactividad casi total, pero el Señor continuo sorprendiéndolo y le mostró que la eficacia o ineficacia no es mirada por el Señor como lo podemos ver nosotros. Así es nuestra vida. Sin Cristo somos como esos pescadores con las redes vacías. Sólo cuando obedecemos al Señor experimentamos lo que es vivir. Toda una noche bregando y nada, sin embargo por Ti, volveré a echar las redes, me fío de tus indicaciones, obedezco y el Señor cumple sus palabras.

Hemos podido ver como el Señor a orillas del lago Tiberíades se hace el encontradizo con los discípulos, y a nosotros, hoy, siempre nos aguardas en el Sagrario, continuamente podremos acercarnos y pasar un ratico junto a quien tanto nos ama. Que tengas un buen día.

Jesús Aguilar Mondéjar, sacerdote

2016-03-31 08.59.47

EVANGELIO DEL DÍA: Lc 24, 35-48: Vosotros sois testigos de esto.

EVANGELIO DEL DÍA:
Lc 24,35-48: Vosotros sois testigos de esto.

En aquel tiempo, contaban los discípulos lo que les había pasado por el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan.
Estaban hablando de estas cosas, cuando se presenta Jesús en medio de ellos y les dice:
– «Paz a vosotros.»
Llenos de miedo por la sorpresa, creían ver un fantasma. El les dijo:
– «¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro interior? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un fantasma no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo.»
Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Y como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo:
– «¿Tenéis ahí algo de comer?»
Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos. Y les dijo:
– «Esto es lo que os decía mientras estaba con vosotros: que todo lo escrito en la ley de Moisés y en los profetas y salmos acerca de mí tenía que cumplirse.»
Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras. Y añadió:
-«Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén.
Vosotros sois testigos de esto.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy tenemos el testimonio de los discípulos como lo reconocieron al partir el pan. La importancia de la Eucaristía para el discípulo, necesaria para el seguimiento del Señor, “sin Mí no podéis hacer nada” –nos dice el Señor- se nos entrega como alimento para que tengamos vida y vida en plenitud.

También nos aparece el Señor resucitado comunicando la paz, la paz que sana de verdad los corazones, sana todas las heridas, curando y reparando. Al encontrarse con los discípulos vuelve a interrogarlos: ¿Por qué surgen dudas en vuestro interior? Cuanta paciencia tuvo que tener con sus discípulos. Los pobres hombres, a pesar de estar con el Maestro, parece que no se enteraban demasiado. Y el Señor intentando hacerles comprender: ¿Tampoco vosotros sois capaces de entender? ¿Por qué estáis tan asustados y tenéis esas dudas en vuestro corazón?

También hoy el Señor tiene que ser paciente con nosotros ya que nos ocurre algo parecido. No acertamos a reconocer al Resucitado en la vida de cada día, nos cuesta ver y entender su voluntad, nos cuesta sentirle presente en los detalles de cada jornada. ¿Motivos? Seguro que encontramos muchos: la prisa con que vivimos, que nos hace difícil de ser conscientes de lo que ocurre a nuestro alrededor y en nosotros mismos; la flaqueza de nuestra fe; la cantidad de cosas que hacemos y lo poco que cuidamos la escucha de la Palabra y la oración; lo fragmentado que está nuestro corazón por la cantidad de piezas que componen el puzle de nuestra vida.
Al igual que los primeros discípulos, necesitamos que el Resucitado nos abra la mente para comprender las Escrituras. Y eso parece que pide el vivir siempre abierto al Espíritu, en actitud de dejarse sorprender cada día, dispuesto a aprender, a dejarse seducir cada día por Jesús. Termina el Evangelio de hoy invitándonos a ser testigos. A mostrarle a Él con nuestra forma de vivir. Que tengas un buen día.

Jesús Aguilar Mondéjar, sacerdote

2016-03-30 10.14.29

EVANGELIO DEL DÍA: Lc 24, 13-35: Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos.

EVANGELIO DEL DÍA:
Lc 24,13-35: Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos.

Dos discípulos de Jesús iban andando aquel mismo día, el primero de la semana, a una aldea llamada Emaús, distante unas dos leguas de Jerusalén; iban comentando todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos, pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo.
Él les dijo:
-«¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?»
Ellos se detuvieron preocupados. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le replicó:
-«¿Eres tú el único forastero de Jerusalén, que no sabes lo que ha pasado allí estos días?»
Él les preguntó:
-«¿Qué?
Ellos le contestaron:
-«Lo de Jesús de Nazaret, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; como lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él fuera el futuro liberador de Israel. Y ya ves: hace ya dos días que sucedió esto. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado: pues fueron muy de mañana al sepulcro, no encontraron su cuerpo, e incluso vinieron diciendo que habían visto una aparición de ángeles, que les habían dicho que estaba vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron.»
Entonces Jesús les dijo:
– «¡Qué necios y torpes sois para creer lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria?»
Y, comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas, les explicó lo que se refería a él en toda la Escritura.
Ya cerca de la aldea donde iban, el hizo ademán de seguir adelante; pero ellos le apremiaron, diciendo:
«Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída.»
Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció.
Ellos comentaron:
– «¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?»
Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo:
– «Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón.»
Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy nos encontramos con el encuentro del Señor con los discípulos que iban para Emaus. Emaus es el símbolo del fracaso, de la dispersión, de la desilusión. Estos dos discípulos que se van de Jerusalén son una imagen de todos aquellos que se habían ilusionado con el Señor y que ahora, por la dificultad de la Cruz, no ven otro camino que la huida, la retirada.

Llama mucho la atención como es el Señor el que se hace el “encontradizo”, salió al pasó, se puso a escucharles, les dejo que se vaciaran de todo el dolor retenido, que grande el Señor que no abandona a los que desertan y que busca mostrar su rostro a los que ya le daban la espalada.

El Señor se acerca y les explica las Escrituras. Hace camino con ellos, recorre a su lado la senda interior que lleva de la oscuridad a la luz y de la desolación a la esperanza. Cambia la tristeza en alegría.

Lo reconocieron al partir el pan. ¡Quédate conmigo, Señor; no me dejes! Te digo así como los de Emaús, en los momentos que experimento tu paz, tu amor, tu misericordia y tu consuelo. Nos podemos encontrar con Él en la Eucaristía, en la visita al Sagrario, en su Palabra, disfrazado en el otro, con aquel que seguro me encontrare hoy y será para mi una oportunidad para amar y servir. Que tengas un buen día.

Jesús Aguilar Mondéjar, sacerdote

2016-03-29 08.31.27

EVANGELIO DEL DÍA: Jn 20, 11-18: Ve a mis hermanos y diles…

EVANGELIO DEL DÍA:
Jn 20,11-18: Ve a mis hermanos y diles…

En aquel tiempo, fuera, junto al sepulcro, estaba María, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús.
Ellos le preguntan:
– «Mujer, ¿por qué lloras?»
Ella les contesta:
– «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto.»
Dicho esto, da media vuelta y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús.
Jesús le dice:
– «Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?»
Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta:
– «Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré.»
Jesús le dice:
– «¡María!»
Ella se vuelve y le dice:
– «¡Rabboni!», que significa: «¡Maestro!»
Jesús le dice:
– «Suéltame, que todavía no he subido al Padre. Anda, ve a mis hermanos y diles: “Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro.”»
María Magdalena fue y anunció a los discípulos:
– «He visto al Señor y ha dicho esto.»

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy nos aparece el encuentro del Resucitado con María Magdalena, al encontrar el sepulcro vacío, intenta darle una explicación, lógicamente la más sencilla, han robado el cuerpo del Señor, llama mucho la atención como el Señor es el que va fortaleciendo con sus encuentros la fe de los discípulos, pues aunque antes varias veces siempre que les hacia el anuncio de la pasión también les hablaba que resucitaría, pero parece ser que no lo entendieron, lo oyeron pero no sabia que quería decir, ellos fueron los que más dificultades pusieron para aceptar la resurrección de Ntro. Señor.

María Magdalena nos aparece con dificultades para reconocer a Jesús, creía que se trataba del jardinero. María Magdalena nos enseña que quien busca al Señor con sinceridad de corazón lo encuentra. María Magdalena le reconoce cuando Jesús pronuncia su nombre: “María”. Es la experiencia personal de la fe.

Fijémonos en los santos, siempre hay un momento, unas circunstancias, un encuentro que es quien marca su seguimiento, su vida cambió. Si Cristo no hubiera resucitado nuestra vida sería muy distinta, difícil mantener la esperanza ante la adversidad.

Jesús se le revela a María Magdalena y le entrega una misión, la envía como evangelizadora, como anunciadora de la gran noticia: “Esta vivo, resucitó, yo lo he visto”. Es necesario que cada uno de nosotros, como María Magdalena también mostremos lo grande que ha estado el Señor con nosotros. No podemos callar: ¡Cristo está vivo! Esto significa que la muerte y el pecado han sido vencidos, que el poder de Dios guía nuestra vida, y que si vivimos y morimos con Él reinaremos. ¡Aleluya! Ha triunfado el amor sobre la muerte. Que tengas un buen día.

Jesús Aguilar Mondéjar, sacerdote

mujeres-jesus-resucitado

EVANGELIO DEL DÍA: Mt 28, 8-15: No tengáis miedo.

EVANGELIO DEL DÍA:
Mt 28,8-15: No tengáis miedo.

En aquel tiempo, las mujeres se marcharon a toda prisa del sepulcro; impresionadas y llenas de alegría, corrieron a anunciarlo a los discípulos. De pronto, Jesús les salió al encuentro y les dijo:
– «Alegraos.»
Ellas se acercaron, se postraron ante él y le abrazaron los pies.
Jesús les dijo:
– «No tengáis miedo: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán.»
Mientras las mujeres iban de camino, algunos de la guardia fueron a la ciudad y comunicaron a los sumos sacerdotes todo lo ocurrido. Ellos, reunidos con los ancianos, llegaron a un acuerdo y dieron a los soldados una fuerte suma, encargándoles:
– «Decid que sus discípulos fueron de noche y robaron el cuerpo mientras vosotros dormíais. Y si esto llega a oídos del gobernador, nosotros nos lo ganaremos y os sacaremos de apuros.»
Ellos tomaron el dinero y obraron conforme a las instrucciones. Y esta historia se ha ido difundiendo entre los judíos hasta hoy.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy contemplamos a las mujeres en el encuentro con el Señor resucitado, después de haber visto el sepulcro vacío, y pensar que se lo habían llevado, que habían cogido su cuerpo, dando una razón lo más natural posible, se ven sorprendidas con el Señor resucitado, también hoy el Señor sigue saliendo al encuentro de la gente, también sigue sorprendiéndonos, muchas veces donde menos te lo esperas resulta que te sale al paso. El Señor continua saliéndonos en el camino, para decirnos: “No tengáis miedo”. Cristo está vivo. Ha vencido a la muerte, ha vencido el pecado, ha vencido el poder del mal. El amor triunfa, es más fuerte que la muerte. Su victoria nos da confianza, libertad y alegría.

La convicción de que Cristo está conmigo, de que me acompaña en todo momento con la ayuda de su gracia y desde la Eucaristía, esto debe ayudarme a vivir con gran esperanza. En el mensaje de Pascua del Papa Francisco en la bendición Urbi et Orbi: “…A todos dirijo una vez más las palabras del Señor resucitado: “Mirad, hago nuevas todas las cosas… al que tenga sed yo le daré de la fuente del agua de la vida gratuitamente” (Ap 21,5-6). Que este mensaje consolador de Jesús nos ayude a todos nosotros a reanudar con mayor vigor la construcción de caminos de reconciliación con Dios y con los hermanos. Lo necesitamos mucho.”

Por ello, los cristianos estamos llamados más que nunca a mostrar con nuestra vida, con nuestras palabras que Cristo verdaderamente ha resucitado, que vive en nosotros, que nuestra vida está unida a la de él. Que nuestra fe no se queda en unas ideas, ni en un conocimiento por verdadero que sea, sino que puedo encontrarme con Él en la oración, en los sacramentos… que me sigue saliendo al encuentro hoy . Nada detendrá este anuncio… Jesús está vivo y es Señor. Nuestra vida de fe es ya vivir con el Señor. El mal no tiene la última palabra sobre nuestra vida, sino que la fe en Cristo Salvador nos dice que el amor de Dios es el que vence. Que tengas un buen día. Feliz Pascua de Resurrección

Jesús Aguilar Mondéjar, sacerdote

resucito

EVANGELIO DEL DÍA: Jn 20, 1-9: El había de resucitar de entre los muertos.

EVANGELIO DEL DÍA:
Jn 20,1-9: El había de resucitar de entre los muertos.

El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quita del sepulcro. Echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo a quien tanto quería Jesús, y les dijo: -”Se han llevado del sepulcro al señor y no sabemos dónde lo han puesto.” Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las venda en el suelo; pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo y el sudario con el que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy nos encontramos a María Magdalena acudiendo al sepulcro al amanecer, ayer, en la Vigilia Pascual, el Papa Francisco, comentó el Evangelio del sepulcro vacío, ponía la mirada en Pedro y nos resaltó que:

“Buscó a Jesús, no a sí mismo… este fue el comienzo de la “resurrección” de Pedro, la resurrección de su corazón. Sin ceder a la tristeza o a la oscuridad, se abrió a la voz de la esperanza: dejó que la luz de Dios entrara en su corazón sin apagarla.

También las mujeres, que habían salido muy temprano por la mañana para realizar una obra de misericordia, para llevar los aromas a la tumba, tuvieron la misma experiencia…

Al igual que Pedro y las mujeres, tampoco nosotros encontraremos la vida si permanecemos tristes y sin esperanza y encerrados en nosotros mismos. Abramos en cambio al Señor nuestros sepulcros sellados, cada uno de nosotros los conoce, para que Jesús entre y lo llene de vida; llevémosle las piedras del rencor y las losas del pasado, las rocas pesadas de las debilidades y de las caídas. Él desea venir y tomarnos de la mano, para sacarnos de la angustia. Pero la primera piedra que debemos remover esta noche es ésta: la falta de esperanza que nos encierra en nosotros mismos. Que el Señor nos libre de esta terrible trampa de ser cristianos sin esperanza, que viven como si el Señor no hubiera resucitado y nuestros problemas fueran el centro de la vida.”

Dios esta vivo, Jesucristo ha vencido a la muerte. Esta noticia desborda de gozo el corazón del hombre. Éste es hoy el grito de victoria que nos une a todos. Y si Jesús ha resucitado, y por tanto está vivo, ¿quién podrá jamás separarnos de Él? ¿Quién podrá privarnos de su amor que ha vencido al odio y ha derrotado la muerte?.

La prueba más fuerte de que Cristo ha resucitado ¡es que está vivo! Vivo, no porque nosotros le mantengamos con vida hablando de Él, sino porque Él nos tiene en vida a nosotros, nos comunica el sentido de su presencia, nos hace esperar. Tiempo especial para “buscar su rostro”, tiempo especial para descubrirlo a nuestro lado. Tiempo especial para dejarnos sorprender por Él. Tiempo especial para detectar su presencia, no solo en su Palabra, no solo en los sacramentos, no solo en los vestigios y huellas de la creación, no solo en el campo de las ideas,… sino palparlo, tocarlo, servirlo en nuestro prójimo, en este Año de la misericordia resuena mas fuerte las palabras de Ntro. Señor: “lo que a uno de estos hacéis, a Mí me lo hacéis”. Gloria al Señor y Feliz Domingo de Resurrección. Que tengas un buen día.

Jesús Aguilar Mondéjar, sacerdote.

sabado-santo

SÁBADO SANTO

SÁBADO SANTO:
PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

Sábado Santo, primera dificultad que se me presenta es que no encuentro el Evangelio del día, no tenemos celebraciones litúrgicas, no se permiten. Dios guarda silencio. No es fácil vivir un día como hoy, sin embargo para mucha gente es casi lo normal el no escuchar a Dios en su día a día. Hoy, la Iglesia no se separa del sepulcro del Señor, meditando su Pasión y su Muerte.

Hoy, el cristiano que reza con la liturgia de las horas escucha la Homilía Antigua sobre el Sábado Santo que la Iglesia lee en el Oficio de Lectura: “Hoy hay un gran silencio en la tierra. Un gran silencio y soledad. Un gran silencio porque el Rey duerme. La tierra se ha estremecido y se ha quedado inmóvil porque Dios se ha dormido en la carne y ha resucitado a los que dormían desde hace siglos. Dios ha muerto en la carne y ha despertado a los del abismo”.

En el Sábado Santo hemos de compartir los cristianos muchas cosas: La soledad de su Madre, no solo la soledad, también su inmenso dolor, imagínate a una madre que acaba de pasar por la perdida de su hijo querido, es fácil hacernos una idea del inmenso dolor, sufrimiento, ella que lo acompañó hasta la cruz, que pudo experimentar el dolor del sufrimiento del inocente, el abandono de los suyos, como el miedo se hizo presa de sus discípulos, como aparentemente triunfó el mal; Los sentimientos, tristeza y esperanzas de los discípulos de Jesús, podemos verlo en los discípulos de Emaus, como iban sin esperanza, todo se había venido abajo; El dolor de los arrepentidos por la muerte del Señor, el mismo Pedro lloró amargamente después de su encuentro con el Señor y tener tan cercanas sus negaciones y cobardía; La angustia de cuantos viven sin la luz de la presencia de Dios en sus vidas. Resulta difícil ponerte en el lugar de quien busca y no logra tener fe. ¿Dónde fundamentar la esperanza? ¿Cómo encajar el dolor y sufrimiento del inocente? Son tantos los interrogantes que me resulta muy difícil asumir su pellejo ante un mundo sin Dios. En otra ocasión que el Señor estaba dormido y los discípulos sintieron miedo por la tempestad, el Señor le recriminó con la pregunta ¿Por qué habéis dudado?. Hoy es también un día para esperar en el Señor, Él siempre cumple su Palabra, sus promesas se realizan. Confía y ama. Que tengas un buen día

Jesús Aguilar Mondéjar, sacerdote

pasion-de-cristo-crucifixion

EVANGELIO DEL DÍA: Jn 18, 1-19,42: Pasión de nuestro Señor Jesucristo.

EVANGELIO DEL DÍA:
Jn 18,1-19,42: Pasión de nuestro Señor Jesucristo.

C.: En aquel tiempo, salió Jesús con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto, y entraron allí él y sus dis­cípulos. Judas, el traidor, conocía también el sitio, porque Jesús se reunía a menudo allí con sus discípulos. Judas entonces, tomando la patrulla y unos guardias de los sumos sacerdotes y de los fariseos, entró allá con faroles, antorchas y armas. Jesús, sabiendo todo lo que venía sobre él, se adelantó y les dijo:
+: -«¿A quién buscáis?»
C.: Le contestaron:
S.: -«A Jesús, el Nazareno.»
C.: Les dijo Jesús:
+: -«Yo soy.»
C.: Estaba también con ellos Judas, el traidor. Al decirles «Yo soy» retrocedieron y cayeron a tierra. Les preguntó otra vez:
+: -«¿A quién buscáis?»
C.: Ellos dijeron:
S.: -«A Jesús, el Nazareno.»
C.: Jesús contestó:
+: -«Os he dicho que soy yo. Si me buscáis a mí, dejad marchar ando a éstos.»
C.: Y así se cumplió lo que había dicho: «No he perdido a ninguno de los que me diste.»

Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó e hirió al criado del sumo sacerdote, cortándole la oreja derecha. Este criado se llamaba Malco. Dijo entonces Jesús a Pedro:
+: -«Mete la espada en la vaina. El cáliz que me ha dado mi Padre, ¿no lo voy a beber?»

C.: La patrulla, el tribuno y los guardias de los judíos prendieron a Jesús, lo ataron y lo llevaron primero a Anás, porque era suegro de Caifás, sumo sacerdote aquel año; era Caifás el que había dado a los judíos este consejo: «Conviene que muera un solo hombre por el pueblo.»
Simón Pedro y otro discípulo seguían a Jesús. Este discípulo era conocido del sumo sacerdote y entró con Jesús en el palacio del sumo sacerdote, mientras Pedro se quedó fuera a la puerta. Salió el otro discípulo, el conocido del sumo sacerdote, habló a la portera e hizo entrar a Pedro. La criada que hacía de portera dijo entonces a Pedro:
S.: -«¿No eres tú también de los discípulos de ese hombre?»
C.: Él dijo:
S.: -«No lo soy.»
C.: Los criados y los guardias habían encendido un brasero, por­ que hacía frío, y se calentaban. También Pedro estaba con ellos de pie, calentándose.
El sumo sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y de la doctrina.
Jesús le contestó:
+: -«Yo he hablado abiertamente al mundo; yo he enseñado con­tinuamente en la sinagoga y en el templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he dicho nada a escondidas. ¿Por qué me interrogas a mí? Interroga a los que me han oído, de qué les he hablado. Ellos saben lo que he dicho yo.»
C.: Apenas dijo esto, uno de los guardias que estaba allí le dio una bofetada a Jesús, diciendo:
S.: -«¿Así contestas al sumo sacerdote?»
C.: Jesús respondió:
+: -«Si he faltado al hablar, muestra en qué he faltado; pero si he hablado como se debe, ¿por qué me pegas?»
C.: Entonces Anás lo envió atado a Caifás, sumo sacerdote.

C.: Simón Pedro estaba en pie, calentándose, y le dijeron:
S.: -«¿No eres tú también de sus discípulos?»
C.: Él lo negó, diciendo:
S.: -«No lo soy.»
C.: Uno de los criados del sumo sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro le cortó la oreja, le dijo:
S.: -«¿No te he visto yo con él en el huerto?»
C.: Pedro volvió a negar, y enseguida cantó un gallo.

C.: Llevaron a Jesús de casa de Caifás al pretorio. Era el amanecer, y ellos no entraron en el pretorio para no incurrir en impureza y poder así comer la Pascua. Salió Pilato afuera, adonde estaban ellos, y dijo:
S.: -«¿Qué acusación presentáis contra este hombre?»
C.: Le contestaron:
S.: -«Si éste no fuera un malhechor, no te lo entregaríamos.»
C.: Pilato les dijo:
S.: -«Lleváoslo vosotros y juzgadlo según vuestra ley.»
C.: Los judíos le dijeron:
S.: -«No estamos autorizados para dar muerte a nadie.»
C.: Y así se cumplió lo que habla dicho Jesús, indicando de qué muerte iba a morir.

Entró otra vez Pilato en el pretorio, llamó a Jesús y le dijo:
S.: -«¿Eres tú el rey de los judíos?»
C.: Jesús le contestó:
+: -«¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?»
C.: Pilato replicó:
S.: -«¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?»
C.: Jesús le contestó:
+: -«Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí.»
C.: Pilato le dijo:
S.: -«Conque, ¿tú eres rey?»
C.: Jesús le contestó:
+: -«Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz.»
C.: Pilato le dijo:
S.: -«Y, ¿qué es la verdad?»
C.: Dicho esto, salió otra vez adonde estaban los judíos y les dijo:
S.: -«Yo no encuentro en él ninguna culpa. Es costumbre entre vosotros que por Pascua ponga a uno en libertad. ¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?»
C.: Volvieron a gritar:
S.: -«A ése no, a Barrabás.»
C.: El tal Barrabás era un bandido.

C.: Entonces Pilato tomó a Jesús y lo mandó azotar. Y los soldados trenzaron una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza y le echaron por encima un manto color púrpura; y, acercándose a él, le decían:
S.: -«¡Salve, rey de los judíos!»
C.: Y le daban bofetadas.
Pilato salió otra vez afuera y les dijo:
S.: -«Mirad, os lo saco afuera, para que sepáis que no encuentro en él ninguna culpa.»
C.: Y salió Jesús afuera, llevando la corona de espinas y el manto color púrpura. Pilato les dijo:
S.: -«Aquí lo tenéis.»
C.: Cuando lo vieron los sumos sacerdotes y los guardias, gritaron:
S.: -«¡Crucifícalo, crucifícalo!»
C.: Pilato les dijo:
S.: -«Lleváoslo vosotros y crucificadlo, porque yo no encuentro culpa en él.»
C.: Los judíos le contestaron:
S.: -«Nosotros tenemos una ley, y según esa ley tiene que morir, porque se ha declarado Hijo de Dios.»
C.: Cuando Pilato oyó estas palabras, se asustó aún más y, entran­do otra vez en el pretorio, dijo a Jesús:
S.: -«¿De dónde eres tú?»
C.: Pero Jesús no le dio respuesta.
Y Pilato le dijo:
S.: -«¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para soltarte y autoridad para crucificarte?»
C.: Jesús le contestó:
+: -«No tendrías ninguna autoridad sobre mí, si no te la hubieran dado de lo alto. Por eso el que me ha entregado a ti tiene un pecado mayor.»

C.: Desde este momento Pilato trataba de soltarlo, pero los judíos gritaban:
S.: -«Si sueltas a ése, no eres amigo del César. Todo el que se de­clara rey está contra el César.»
C.: Pilato entonces, al oír estas palabras, sacó afuera a Jesús y lo sentó en el tribunal, en el sitio que llaman «el Enlosado» (en hebreo Gábbata). Era el día de la Preparación de la Pascua, hacia el mediodía.
Y dijo Pilato a los judíos:
S.: -«Aquí tenéis a vuestro rey.»
C.: Ellos gritaron:
S.: -«¡Fuera, fuera; crucifícalo!»
C.: Pilato les dijo:
S.: -«¿A vuestro rey voy a crucificar?»
C.: Contestaron los sumos sacerdotes:
S.: -«No tenemos más rey que al César.»
C.: Entonces se lo entregó para que lo crucificaran.

C.: Tomaron a Jesús, y él, cargando con la cruz, salió al sitio llamado «de la Calavera» (que en hebreo se dice Gólgota), donde lo crucificaron; y con él a otros dos, uno a cada lado, y en medio, Jesús. Y Pilato escribió un letrero y lo puso encima de la cruz; en él estaba morir, escrito: «Jesús, el Nazareno, el rey de los judíos.»
Leyeron el letrero muchos judíos, porque estaba cerca el lugar donde crucificaron a Jesús, y estaba escrito en hebreo, latín y griego.
S.: -«No escribas “El rey de los judíos”, sino “Éste ha dicho: Soy el rey de los judíos”.»
C.: Pilato les contestó:
S.: -«Lo escrito, escrito está.»

C.: Los soldados, cuando crucificaron a Jesús, cogieron su ropa, haciendo cuatro partes, una para cada soldado, y apartaron la túnica. Era una túnica sin costura, tejida toda de una pieza de arriba abajo. Y se dijeron:
S.: -«No la rasguemos, sino echemos a suerte, a ver a quién le toca. »
C.: Así se cumplió la Escritura: «Se repartieron mis ropas y echa­ron a suerte mi túnica.»
C.: Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre:
+: -«Mujer, ahí tienes a tu hijo.»
C.: Luego, dijo al discípulo:
+: -«Ahí tienes a tu madre.»
C.: Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa.

C.: Después de esto, sabiendo Jesús que todo había llegado a su término, para que se cumpliera la Escritura dijo:
+: -«Tengo sed.»
C.: Había allí un jarro lleno de vinagre. Y, sujetando una esponja empapada en vinagre a una cana de hisopo, se la acercaron a la boca. Jesús, cuando tomó el vinagre, dijo:
+: -«Está cumplido.»
C.: E, inclinando la cabeza, entregó el espíritu.

C.: Los judíos entonces, como era el día de la Preparación, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día solemne, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran. Fueron los soldados, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que habían crucificado con él; pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua. El que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero, y él sabe que dice verdad, para que también vosotros creáis. Esto ocurrió para que se cumpliera la Escritura: «No le quebrarán un hueso»; y en otro lugar la Escritura dice: «Mirarán al que atravesaron.»

C.: Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo clandestino de Jesús por miedo a los judíos, pidió a Pilato que le dejara llevarse el cuerpo de Jesús. Y Pilato lo autorizó. Él fue entonces y se llevó el cuerpo. Llegó también Nicodemo, el que había ido a verlo de noche, y trajo unas cien libras de una mixtura de mirra y áloe.
Tomaron el cuerpo de Jesús y lo vendaron todo, con los aromas, según se acostumbra a enterrar entre los judíos. Había un huerto en el sitio donde lo crucificaron, y en el huerto un sepulcro nuevo donde nadie había sido enterrado todavía. Y como para los judíos era el día de la Preparación, y el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy nos presenta para nuestra contemplación la Pasión de Ntro. Señor según el evangelista S. Juan. Hoy acompañamos al Señor en su dolorosa pasión. Viernes Santo, día de ayuno, día penitencial por eso se nos pide vivir hoy en oración y permanecer cerca de Cristo, que sufrió para reparar nuestra infidelidad. En el Viernes Santo se nos invita a poner en el centro de nuestra fe la Cruz, ella es la sede del mayor amor, la liturgia nos llevará a la adoración de la Cruz, donde estuvo clavada la salvación del mundo. La Cruz es el trono y la mayor cátedra del amor. Por amor dio su carne y su sangre por nosotros. Cristo crucificado es la prueba más grande de que Dios nos ama. Jesús nos ama “hasta el extremo”. En Él, Dios nos ofrece, de manera misteriosa y gratuita, su amor. En Él, cada uno es amado, con un amor personal, apasionado, fiel… sin límites. La muerte de Cristo en la cruz da a nuestra vida un nuevo horizonte y una orientación decisiva. Creer en Cristo es poner en el centro el amor, es responder al don del amor de Dios. La muerte de Cristo en la cruz nos invita a vivir la vida como una entrega para los demás.

En la Pasión según San Juan aparecerá la Madre de Jesús con las otras mujeres y el discípulo amado “estaban junto a la cruz”. Estaban allí, como siervos ante su Señor. La Madre de Jesús está presente en la hora que finalmente “ha llegado”. Por esto, aquél que permanece fiel al Señor en su suerte es el discípulo amado. Y aquí el Señor nos lo entrega todo, también a su madre. Otro gran regalo desde la Cruz. Que tengas un buen día.

Jesús Aguilar Mondéjar, sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Jn 13, 1-15: Los amó hasta el extremo.

EVANGELIO DEL DÍA:
Jn 13,1-15: Los amó hasta el extremo.

Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los su­yos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.
Estaban cenando, ya el diablo le había metido en la cabeza a Judas Iscariote, el de Simón, que lo entregara, y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido.
Llegó a Simón Pedro, y éste le dijo:
-«Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?»
Jesús le replicó:
-«Lo que yo hago tú no lo entiendes ahora, pero lo comprende­rás más tarde.»
Pedro le dijo:
-«No me lavarás los pies jamás.»
Jesús le contestó:
-«Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo.»
Simón Pedro le dijo:
«Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza.»
Jesús le dijo:
-«Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, por­que todo él está limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos. »
Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: «No todos es­táis limpios.»
Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo:
-«¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me lla­máis “el Maestro” y “el Señor”, y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros; os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis.»

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy nos encontramos con el lavatorio de los pies. En el inicio, el evangelista, nos resalta que “los amó hasta el extremo”. Nos pone delante de lo que da sentido a todo lo que esta por venir. Su amor lo lleva a vivir su entrega total, sin reserva, amor que da la vida, amor que se hace perdón, amor que salva. San Pablo tiene plena convicción y llega a confesar: “me amó y se entregó por mí”.

El Evangelista Juan en vez de ponernos la institución de la eucaristía nos coloca el gesto realizado por el Señor en esa última cena. Gesto que nos expresa el darse. El Señor no tiene inconveniente en rebajarse para lavarnos los pies y hacernos hermanos suyos. Lavar los pies se consideraba un servicio de esclavos. Es bueno que sepamos esto, para que podamos llegar a comprender el grado de humildad de Ntro. Señor Jesucristo. De ahí que nos resulte más entendible la reacción de resistencia mostrada por Pedro a que Jesús le lave los pies. Lo extraño y lo admirable es que Jesús, siendo el Señor y plenamente consciente de su dignidad, haga este servicio. La respuesta de Jesús indica que su gesto esconde un gran misterio. En él revela todo el sentido de su vida. Jesús vino al mundo a servir y no a ser servido. “Os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis”. En definitiva nos invita a aprender de Él. Su gran humildad y la importancia de servir al otro. A la luz de la resurrección comprenderán los discípulos que el servicio de Jesús consiste no sólo en lavarles los pies, sino en lavar con su sangre los pecados del mundo.

En la Eucaristía que celebraremos esta tarde, somos nosotros los que hemos sido sentados a la mesa del altar en este cenáculo para actualizar la última cena del Señor. Debemos poner especial interés en que no quede sólo en unos ritos externos y en la repetición de ciertas fórmulas litúrgicas. Lo que sucederá en nosotros esta tarde es que Jesús se ha reunido con nosotros y nos habla con sus palabras, con sus gestos lo mismo que al grupo de discípulos en el cenáculo de Jerusalén. A nosotros nos explica hoy su palabra, para nosotros parte su pan, ante nosotros da el ejemplo de servicio; y a nosotros nos dice: Amaos los unos a los otros como yo os he amado. Que la celebración en nuestra parroquia o comunidad donde vivimos la fe, nos ayude, pues, a adentrarnos en los misterios que celebramos estos tres días y nos estimule a seguir el ejemplo de amor de Jesús, el ejemplo de su actitud de servicio hacia todos y la entrega voluntaria y generosa de su persona y de su vida. Que tengas un buen día.

Jesús Aguilar Mondéjar, sacerdote