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EVANGELIO DEL DÍA: Jn 20,19-31: Paz a vosotros.

EVANGELIO DEL DÍA:
Jn 20,19-31: Paz a vosotros.

Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en una casa con las puertas cerradas, por miedo a los judíos.
Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
-Paz a vosotros.
Y diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
-Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.
Y dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:
-Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados les quedan perdonados; a quienes se los retengáis les quedan retenidos.
Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían:
-Hemos visto al Señor.
Pero él les contestó:
-Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.
A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo:
-Paz a vosotros.
Luego dijo a Tomás:
-Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.
Contestó Tomás:
-¡Señor mío y Dios mío!
Jesús le dijo:
-¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.
Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su Nombre.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

Para la meditación del Pasaje evangélico voy a acudir a textos de los últimos Papas. El Papa Francisco en la homilia del 27 de abril de 2014: “En el centro de este domingo, con el que se termina la octava de pascua, y que San Juan Pablo II quiso dedicar a la Divina Misericordia, están las llagas gloriosas de Cristo Resucitado… las llagas de Jesús son un escándalo para la fe, pero son también la comprobación de la fe. Por eso, en el cuerpo de Cristo resucitado las llagas no desaparecen, permanecen, porque aquellas llagas son el signo permanente del amor de Dios por nosotros, y son indispensables para creer en Dios. No para creer que Dios existe, sino para creer que Dios es amor, misericordia, fidelidad. San Pedro, citando a Isaias, escribe a los cristianos: “Sus heridas nos han curado”.”

El Papa San Juan Pablo II, el 7 de abril de 2002, también comentaba este pasaje evangélico:

“¡Paz a vosotros!. Así se dirige Jesús a los Apóstoles en el pasaje evangélico de este domingo con el que concluye la octava de Pascua. Es un saludo que encuentra en nuestro corazón, en estas horas, un eco particularmente profundo… La Paz es don de Dios… La liturgia de hoy nos invita a encontrar en la Misericordia divina el manantial de la auténtica paz que nos ofrece Cristo Resucitado. Las llagas del Señor resucitado y glorioso constituyen el signo permanente del amor misericordioso de Dios a la humanidad. De ellas se irradia una luz espiritual, que ilumina las conciencias e infunde en los corazones consuelo y esperanza.

Jesús, ¡en ti confío!, repetimos en esta hora complicada y difícil, sabiendo que necesitamos esa Misericordia divina que hace medio siglo el Señor manifestó con tanta generosidad a santa Faustina Kowalska.

Alli donde son más arduas las pruebas y las dificultades, más insistente ha de ser la invocación al Señor resucitado y más ferviente la imploración del don de su Espíritu, manantial de amor y de paz.”

Que tengas un feliz domingo, feliz día del Señor. Feliz Pascua de Resurrección. Feliz Domingo de la Misericordia Divina. Que tengas un buen día.

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EVANGELIO DEL DÍA: Jn 21, 1-14: Aquella noche no cogieron nada.

EVANGELIO DEL DÍA:
Jn 21,1-14: Aquella noche no cogieron nada.

En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera:
Estaban juntos Simón Pedro, Tomás apodado el Mellizo, Natanael el de Caná de Galilea, los Zebedeos y otros dos discípulos suyos.
Simón Pedro les dice:
-Me voy a pescar.
Ellos contestaban:
-Vamos también nosotros contigo.
Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada. Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús.
Jesús les dice:
-Muchachos, ¿tenéis pescado?
Ellos contestaron:
-No.
El les dice:
-Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis.
La echaron, y no tenían fuerzas para sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo que Jesús tanto quería le dice a Pedro:
-Es el Señor.
Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos cien metros, remolcando la red con los peces.
Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan. Jesús les dice:
-Traed de los peces que acabáis de coger.
Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red.
Jesús les dice:
-Vamos, almorzad.
Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor.
Jesús se acerca, toma el pan y se lo da; y lo mismo el pescado. Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos, después de resucitar de entre los muertos.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy vemos como los discípulos han pasado toda la noche sin pescar nada, se les apareció el Señor volviendo a invitarles a confiar en su palabra y que echaran las redes de nuevo, que se fiaran de Él. Así es nuestra vida. Sin Cristo somos como esos pescadores con las redes vacías. Sólo cuando obedecemos al Señor experimentamos lo que es vivir. Toda una noche bregando y nada, sin embargo por Ti, volveré a echar las redes, me fío de tus indicaciones, obedezco y el Señor cumple sus palabras. No hay nada más hermoso que ser amigos de Jesús. Este es el Señor que anunciamos: un Dios que se hizo hombre y que, por tanto, conoce en carne propia todo lo humano, un Dios que ha sufrido por nosotros, que está vivo y es cercano a cada uno.

Otro aspecto importante que nos enseña este pasaje nos llega a través de la imagen de la red. San Juan apunta que, a pesar de haber capturado tantos pescados, no se rompió la red. En la Iglesia, los cristianos formamos parte de la misma red por nuestro bautismo, somos una familia. Dejemos que la red del Evangelio envuelva nuestra vida por medio de la caridad.

Hemos podido ver como el Señor a orillas del lago Tiberíades se hace el encontradizo con los discípulos, y a nosotros, hoy, siempre nos aguardas en el Sagrario, continuamente podremos acercarnos y pasar un ratico junto a quien tanto nos ama.
Que tengas un buen día.

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EVANGELIO DEL DÍA: Lc 24, 35-48: Vosotros sois testigos de esto.

EVANGELIO DEL DÍA:
Lc 24,35-48: Vosotros sois testigos de esto.

En aquel tiempo, contaban los discípulos lo que les había pasado por el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan.
Estaban hablando de estas cosas, cuando se presenta Jesús en medio de ellos y les dice:
– «Paz a vosotros.»
Llenos de miedo por la sorpresa, creían ver un fantasma. El les dijo:
– «¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro interior? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un fantasma no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo.»
Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Y como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo:
– «¿Tenéis ahí algo de comer?»
Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos. Y les dijo:
– «Esto es lo que os decía mientras estaba con vosotros: que todo lo escrito en la ley de Moisés y en los profetas y salmos acerca de mí tenía que cumplirse.»
Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras. Y añadió:
-«Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén.
Vosotros sois testigos de esto.»

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio tenemos el testimonio de los discípulos como lo reconocieron al partir el pan. La importancia de la Eucaristía para el discípulo, necesaria para el seguimiento del Señor, “sin Mí no podéis hacer nada” –nos dice el Señor- se nos entrega como alimento para que tengamos vida y vida en plenitud.

También nos aparece el Señor resucitado comunicando la paz, la paz que sana de verdad los corazones, sana todas las heridas, curando y reparando. Al encontrarse con los discípulos vuelve a interrogarlos: ¿Por qué surgen dudas en vuestro interior? Cuanta paciencia tuvo que tener con sus discípulos. Los pobres hombres, a pesar de estar con el Maestro, parece que no se enteraban demasiado. Y el Señor intentando hacerles comprender: ¿Tampoco vosotros sois capaces de entender? ¿Por qué estáis tan asustados y tenéis esas dudas en vuestro corazón?

También hoy el Señor tiene que ser paciente con nosotros ya que nos ocurre algo parecido. No acertamos a reconocer al Resucitado en la vida de cada día, nos cuesta ver y entender su voluntad, nos cuesta sentirle presente en los detalles de cada jornada. ¿Motivos? Seguro que encontramos muchos: la prisa con que vivimos, que nos hace difícil el ser conscientes de lo que ocurre a nuestro alrededor y en nosotros mismos; la flaqueza de nuestra fe; la cantidad de cosas que hacemos y lo poco que cuidamos la escucha de la Palabra y la oración; lo fragmentado que está nuestro corazón por la cantidad de piezas que componen el puzle de nuestra vida.

Al igual que los primeros discípulos, necesitamos que el Resucitado nos abra la mente para comprender las Escrituras. Y eso parece que pide el vivir siempre abierto al Espíritu, en actitud de dejarse sorprender cada día, dispuesto a aprender, a dejarse seducir cada día por Jesús. Termina el Evangelio de hoy invitándonos a ser testigos. A mostrarle a Él con nuestra forma de vivir.

Que tengas un buen día.

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EVANGELIO DEL DÍA: Lc 24, 13-35: Lo reconocieron al partir el pan.

EVANGELIO DEL DÍA:
Lc 24,13-35: Lo reconocieron al partir el pan.

Dos discípulos de Jesús iban andando aquel mismo día, el primero de la semana, a una aldea llamada Emaús, distante unas dos leguas de Jerusalén; iban comentando todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos, pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo.
Él les dijo:
-«¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?»
Ellos se detuvieron preocupados. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le replicó:
-«¿Eres tú el único forastero de Jerusalén, que no sabes lo que ha pasado allí estos días?»
Él les preguntó:
-«¿Qué?
Ellos le contestaron:
-«Lo de Jesús de Nazaret, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; como lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él fuera el futuro liberador de Israel. Y ya ves: hace ya dos días que sucedió esto. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado: pues fueron muy de mañana al sepulcro, no encontraron su cuerpo, e incluso vinieron diciendo que habían visto una aparición de ángeles, que les habían dicho que estaba vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron.»
Entonces Jesús les dijo:
– «¡Qué necios y torpes sois para creer lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria?»
Y, comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas, les explicó lo que se refería a él en toda la Escritura.
Ya cerca de la aldea donde iban, el hizo ademán de seguir adelante; pero ellos le apremiaron, diciendo:
«Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída.»
Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció.
Ellos comentaron:
– «¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?»
Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo:
– «Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón.»
Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

Nos encontramos hoy con el Evangelio de los discípulos de Emaus. Emaus es el símbolo del fracaso, de la dispersión, de la desilusión. Estos dos discípulos que se van de Jerusalén son una imagen de todos aquellos que se habían ilusionado con el Señor y que ahora, por la dificultad de la Cruz, no ven otro camino que la huida, la retirada.

Llama mucho la atención como es el Señor el que se hace el “encontradizo”, salió al pasó, se puso a escucharles, les dejo que se vaciaran de todo el dolor retenido, que grande el Señor que no abandona a los que abandonan y que busca mostrar su rostro a los que ya le daban la espalda.

El Señor se acerca y les explica las Escrituras. Hace camino con ellos, recorre a su lado la senda interior que lleva de la oscuridad a la luz y de la desolación a la esperanza. Cambia la tristeza en alegría.

Lo reconocieron al partir el pan. ¡Quédate conmigo, Señor; no me dejes! Te digo así como los de Emaús, en los momentos que experimento tu paz, tu amor, tu misericordia y tu consuelo. Nos podemos encontrar con Él en la Eucaristia, en la visita al Sagrario, en su Palabra, disfrazado en el otro, con aquel que seguro me encontrare hoy y será para mi una oportunidad para amar y servir. Que tengas un buen día.

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EVANGELIO DEL DÍA: Jn 20,11-18: He visto al Señor.

EVANGELIO DEL DÍA:
Jn 20,11-18: He visto al Señor.

En aquel tiempo, fuera, junto al sepulcro, estaba María, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús.
Ellos le preguntan:
– «Mujer, ¿por qué lloras?»
Ella les contesta:
– «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto.»
Dicho esto, da media vuelta y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús.
Jesús le dice:
– «Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?»
Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta:
– «Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré.»
Jesús le dice:
– «¡María!»
Ella se vuelve y le dice:
– «¡Rabboni!», que significa: «¡Maestro!»
Jesús le dice:
– «Suéltame, que todavía no he subido al Padre. Anda, ve a mis hermanos y diles: “Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro.”»
María Magdalena fue y anunció a los discípulos:
– «He visto al Señor y ha dicho esto.»

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

María Magdalena, al encontrar el sepulcro vacío, piensa en lo más lógico, han robado el cuerpo del Señor, llama mucho la atención como el Señor tiene que ir fortaleciendo la fe de los discípulos, ellos fueron los que más dificultades pusieron para aceptar la resurrección de Ntro. Señor.

María Magdalena no reconoció enseguida a Jesús, creía que se trataba del jardinero. María Magdalena nos enseña que quien busca al Señor con sinceridad de corazón lo encuentra. María Magdalena le reconoce cuando Jesús pronuncia su nombre: “María”. Es la experiencia personal de la fe. Ella experimento en su vida que Cristo cambia la existencia de quien lo acoge y nos hace ver que sólo quien se reviste de Cristo en su corazón, palabras y obras, puede decir realmente que se ha encontrado con el Señor. El que vive con Cristo es una criatura nueva.

Fijémonos en los santos, una vez que se decidieron a seguir a Cristo, su vida cambió. Si Cristo no hubiera resucitado nuestra vida sería muy distinta, difícil mantener la esperanza ante la adversidad.

Jesús se le revela a María Magdalena y le entrega una misión, la envía como evangelizadora, como anunciadora de la gran noticia: “Esta vivo, resucitó yo lo he visto”. Es pues necesario que cada uno de nosotros, como María Magdalena también mostremos lo grande que ha estado el Señor con nosotros. No podemos callar: ¡Cristo está vivo! Esto significa que la muerte y el pecado han sido vencidos, que el poder de Dios guía nuestra vida, y que si vivimos y morimos con Él reinaremos. ¡Aleluya! Ha triunfado el amor sobre la muerte. Que tengas un buen día.

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EVANGELIO DEL DÍA: Mt 28, 8-15: Comunicad a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán.

EVANGELIO DEL DÍA:
Mt 28,8-15: Comunicad a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán.

En aquel tiempo, las mujeres se marcharon a toda prisa del sepulcro; impresionadas y llenas de alegría, corrieron a anunciarlo a los discípulos. De pronto, Jesús les salió al encuentro y les dijo:
– «Alegraos.»
Ellas se acercaron, se postraron ante él y le abrazaron los pies.
Jesús les dijo:
– «No tengáis miedo: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán.»
Mientras las mujeres iban de camino, algunos de la guardia fueron a la ciudad y comunicaron a los sumos sacerdotes todo lo ocurrido. Ellos, reunidos con los ancianos, llegaron a un acuerdo y dieron a los soldados una fuerte suma, encargándoles:
– «Decid que sus discípulos fueron de noche y robaron el cuerpo mientras vosotros dormíais. Y si esto llega a oídos del gobernador, nosotros nos lo ganaremos y os sacaremos de apuros.»
Ellos tomaron el dinero y obraron conforme a las instrucciones. Y esta historia se ha ido difundiendo entre los judíos hasta hoy.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

El Evangelio de hoy nos invita a la alegría, a vencer nuestros miedos, las mujeres tras el encuentro con el Resucitado se les dio la misión de comunicar a los demás dicha experiencia, llevando la Buena Noticia. El Señor continua saliéndonos al encuentro, para decirnos: “No tengáis miedo”. Su presencia y compañía nos libera de todos nuestros miedos. Cristo está vivo. Ha vencido a la muerte, ha vencido el pecado, ha vencido el poder del mal. El amor triunfa, es más fuerte que la muerte. Su victoria nos da confianza, libertad y alegría.

La convicción de que Cristo está conmigo, de que me acompaña en todo momento debe ayudarme a vivir con gran esperanza.

Por ello, los cristianos estamos llamados más que nunca a mostrar con nuestra vida, con nuestras palabras que Cristo verdaderamente ha resucitado, que vive en nosotros, que nuestra vida está unida a la de él. Que nuestra fe no se queda en unas ideas, ni en un conocimiento por verdadero que sea, sino que puedo encontrarme con Él en la oración, en los sacramentos… que me sigue saliendo al encuentro hoy . Nada detendrá este anuncio… Jesús está vivo y es Señor. Nuestra vida de fe es ya vivir con el Señor. El Señor está vivo y con él, están vivas todas nuestras esperanzas y anhelos. El mal no tiene la última palabra sobre nuestra vida, sino que la fe en Cristo Salvador nos dice que el amor de Dios es el que vence.

Que tengas un buen día. Feliz Pascua de Resurrección.

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Sábado Santo. Dios guarda silencio

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

Sábado Santo, primera dificultad que se me presenta es que no encuentro el Evangelio del día, no tenemos celebraciones litúrgicas, no se permiten. Dios guarda silencio. No es fácil vivir un día como hoy, sin embargo para mucha gente es casi lo normal el no escuchar a Dios en su día a día. Hoy, la Iglesia no se separa del sepulcro del Señor, meditando su Pasión y su Muerte.

Hoy, el cristiano que reza con la liturgia de las horas escucha la Homilía Antigua sobre el Sábado Santo que la Iglesia lee en el Oficio de Lectura: “Hoy hay un gran silencio en la tierra. Un gran silencio y soledad. Un gran silencio porque el Rey duerme. La tierra se ha estremecido y se ha quedado inmóvil porque Dios se ha dormido en la carne y ha resucitado a los que dormían desde hace siglos. Dios ha muerto en la carne y ha despertado a los del abismo”.

En el Sábado Santo hemos de compartir los cristianos muchas cosas: La soledad de su Madre, no solo la soledad, también su inmenso dolor, imagínate a una madre que acaba de pasar por la perdida de su hijo querido, es fácil hacernos una idea del inmenso dolor, sufrimiento, ella que lo acompañó hasta la cruz, que pudo experimentar el dolor del sufrimiento del inocente, el abandono de los suyos, como el miedo se hizo presa de sus discípulos, como aparentemente triunfó el mal; Los sentimientos, tristeza y esperanzas de los discípulos de Jesús, podemos verlo en los discípulos de Emaus, como iban sin esperanza, todo se había venido abajo, ; El dolor de los arrepentidos por la muerte del Señor, el mismo Pedro lloró amargamente después de su encuentro con el Señor y tener tan cercanas sus negaciones y cobardía; La angustia de cuantos viven sin la luz de la presencia de Dios en sus vidas. Resulta difícil ponerte en el lugar de quien busca y no logra tener fe. ¿Dónde fundamentar la esperanza? ¿Cómo encajar el dolor y sufrimiento del inocente? Son tantos los interrogantes que me resulta muy difícil asumir su pellejo ante un mundo sin Dios. En otra ocasión que el Señor estaba dormido y los discípulos sintieron miedo por la tempestad, el Señor le recriminó con la pregunta ¿Por qué habéis dudado?. Hoy es también un día para esperar en el Señor, Él siempre cumple su Palabra, sus promesas se realizan. Confía y ama.
Que tengas un buen día.

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VIERNES SANTO. PASION Y MUERTE DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

El Viernes Santo, la Iglesia conmemora la Pasión del Señor y la liturgia revive los acontecimientos que van desde su condena hasta la crucifixión. A fin de apreciar de una manera más intensa los dolores de nuestro Redentor, la Iglesia nos recomienda vivir hoy en penitencia, ayuno, oración y permanecer cerca de Cristo, que sufrió para reparar nuestra infidelidad. Hoy nos acercamos al misterio de nuestra salvación, a través de la pasión según el evangelista San Juan. Su amor llegó a su máxima manifestación en la cruz. Por amor dio su carne y su sangre por nosotros. Cristo crucificado es la prueba más grande de que Dios nos ama. Jesús nos ama “hasta el fin”. En Él, Dios nos ofrece, de manera misteriosa y gratuita, su amor. En Él, cada uno es amado, con un amor personal, apasionado, fiel… sin límites. La muerte de Cristo en la cruz da a nuestra vida un nuevo horizonte y una orientación decisiva. Creer en Cristo es poner en el centro el amor, es responder al don del amor de Dios. La muerte de Cristo en la cruz nos invita a vivir la vida como una entrega para los demás.
Sólo el Evangelio de San Juan se para en el detalle y nos especifica que la Madre de Jesús con las otras mujeres y el discípulo amado “estaban junto a la cruz”. Estaban allí, como siervos ante su Señor. La Madre de Jesús está presente en la hora que finalmente “ha llegado”. Por esto, aquél que permanece fiel al Señor en su suerte es el discípulo amado. Y aquí el Señor nos lo entrega todo, también a su madre.

Que tengas un buen día.

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EVANGELIO DEL DÍA: Jn 13, 1-15: Los amó hasta el extremo.

EVANGELIO DEL DÍA:
Jn 13,1-15: Los amó hasta el extremo.

Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.
Estaban cenando, ya el diablo le había metido en la cabeza a Judas Iscariote, el de Simón, que lo entregara, y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido.
Llegó a Simón Pedro, y éste le dijo:
-«Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?»
Jesús le replicó:
-«Lo que yo hago tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde.»
Pedro le dijo:
-«No me lavarás los pies jamás.»
Jesús le contestó:
-«Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo.»
Simón Pedro le dijo:
«Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza.»
Jesús le dijo:
-«Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos. »
Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: «No todos estáis limpios.»
Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo:
-«¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis “el Maestro” y “el Señor”, y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros; os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis.»

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

Con la celebración de esta tarde nos introducimos en el Triduo Pascual, son días que podríamos considerar como un único día. En la Misa de esta tarde la iglesia hace memoria de la última Cena. En el Cenáculo el Señor quiso anticipar el sacrificio de su vida en el sacramento del pan y del vino convertidos en su Cuerpo y en su Sangre. Cristo se nos entregó a todos como alimento de salvación, como medicina de inmortalidad.

Uno de los gestos es el lavatorio de los pies. Jesús vino al mundo a servir y no a ser servido. A la luz de la resurrección comprenderán los discípulos que el servicio de Jesús consiste no sólo en lavarles los pies, sino en lavar con su sangre los pecados del mundo. Al lavarles los pies el Señor proclamó de manera concreta el primado del amor, un amor que se hace servicio hasta la entrega de sí mismo, anticipando también así el sacrificio supremo de su vida que se consumará al día siguiente en el Calvario.

Fijémonos en el Señor, al acercarse el momento de su Pasión, rodeado por los discípulos nos da su mandamiento nuevo. El mejor testimonio de fe que podemos dar los cristianos al mundo es el de la caridad, el de un amor que llega a “crucificarse” por los otros, como Jesús. Este amor no es fruto del mero esfuerzo humano, es un don de Dios que debemos pedir.

Que la celebración en nuestra parroquia o comunidad donde vivimos la fe, nos ayude, pues, a adentrarnos en los misterios que celebramos estos tres días, comenzamos la celebración, pero no recibiremos la bendición, tendremos que esperar hasta la Vigilia Pascual para recibirla, se nos invitara a la adoración, donde podremos escuchar las palabras dichas a sus discípulos en esta noche de angustia: “quedaos aquí y velad conmigo”, todo un detalle poder acompañar al Señor, fortalecer nuestro encuentro e intimidad con Él, “velad y orad”, cuanto necesitamos que Él nos ayude y fortalezca para vivir como seguidores suyos.

Que tengas un buen día.

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EVANGELIO DEL DÍA: Mt 26, 14-25: El Hijo del hombre se va, como está escrito; pero, ¡ay del que va a entregarlo!

EVANGELIO DEL DÍA:
Mt 26,14-25: El Hijo del hombre se va, como está escrito; pero, ¡ay del que va a entregarlo!

En aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a los sumos sacerdotes y les propuso:
– «¿Qué estáis dispuestos a darme, si os lo entrego?»
Ellos se ajustaron con él en treinta monedas. Y desde entonces andaba buscando ocasión propicia para entregarlo.
El primer día de los Ázimos se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron:
– «¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?»
Él contestó:
– «Id a la ciudad, a casa de Fulano, y decidle: “El Maestro dice: Mi momento está cerca; deseo celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos.”»
Los discípulos cumplieron las instrucciones de Jesús y prepararon la Pascua.
Al atardecer se puso a la mesa con los Doce. Mientras comían dijo:
– «Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar.»
Ellos, consternados, se pusieron a preguntarle uno tras otro:
– «¿Soy yo acaso, Señor?»
Él respondió:
– «El que ha mojado en la misma fuente que yo, ése me va a entregar. El Hijo del hombre se va, como está escrito de él; pero, ¡ay del que va a entregar al Hijo del hombre!; más le valdría no haber nacido.»
Entonces preguntó judas, el que lo iba a entregar:
– «¿Soy yo acaso, Maestro?»
Él respondió:
– «Tú lo has dicho.»

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy, en la medida que nos acercamos a la pasión de Ntro. Señor, nos encontramos con una amistad traicionada y en el contexto de la cena pascual con sus discípulos. El hecho de la traición de Judas es impresionante, es dentro del circulo más cercano al Señor. Su caso debe hacernos reflexionar ya que en el fondo de todo corazón humano, capaz de lo más noble: el amor y la amistad; y también de lo más vil: el odio y la traición. Todo ello fruto de la libertad del hombre, que Dios respeta incondicionalmente.

En este miércoles santo tenemos la posibilidad de poner delante nuestras culpas, ver nuestra fragilidad, que nadie estamos libres de caer en la traición, en poder engañar al que más queremos, que podemos defraudar nuestra fe por otros intereses no siempre tan nobles, que yo también puedo ser un engañoso desertor. Conscientes de que somos pecadores, pero confiando en la misericordia divina, dejémonos reconciliar por Cristo para gustar más intensamente la alegría que Él nos comunica, su amor, su perdón, es mas fuerte que nuestros pecados, sabemos que el mal no tiene la ultima palabra, porque quien vence es Cristo crucificado y resucitado, y su triunfo se manifiesta con la fuerza del amor misericordioso, acoge ese amor y vive de él.

Que tengas un buen día.