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EVANGELIO DEL DÍA: Jn 18,33b-37: Tú lo dices: soy rey.

EVANGELIO DEL DÍA:
Jn 18,33b-37: Tú lo dices: soy rey.

En aquel tiempo, dijo Pilato a Jesús:
– «¿Eres tú el rey de los judíos?»
Jesús le contestó:
– «¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?»
Pilato replicó:
– «¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?»
Jesús le contestó:
– «Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí.»
Pilato le dijo:
– «Conque, ¿tú eres rey?»
Jesús le contestó:
– «Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo; para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz.»

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

Nos encontramos en el último domingo del año litúrgico y celebramos la solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo. Pero el titulo de “Rey” referido al Señor, presenta muchos matices. En el Evangelio de hoy nos propone el interrogatorio de Pilato al Señor, cuando se lo entregan acusándolo que ha usurpado el título de “rey de los judíos”. A las preguntas que le hacen nos deja claro que es rey , pero no de este mundo. La Cruz es el signo de su realeza, ofreciéndose el Señor a sí mismo se convierte en el Rey del universo. Realeza muy distinta a como la entiende el mundo, nada de ostentación, ni de poder, más bien, entrega, humildad, servicio. Ha venido a liberar al hombre de la esclavitud del pecado y a reconciliarlo con Dios.

Comentando el pasaje del Evangelio de hoy, el Papa Emérito, Benedicto XVI:
“¿En qué consiste el “poder” de Jesucristo Rey? No es el poder de los reyes y de los grandes de este mundo; es el poder divino de dar la vida eterna, de librar del mal, de vencer el dominio de la muerte. Es el poder del Amor, que sabe sacar el bien del mal, ablandar un corazón endurecido, llevar la paz al conflicto más violento, encender la esperanza en la oscuridad más densa. Este Reino de la gracia nunca se impone y siempre respeta nuestra libertad. Cristo vino “para dar testimonio de la verdad” —como declaró ante Pilato—: quien acoge su testimonio se pone bajo su “bandera”, según la imagen que gustaba a san Ignacio de Loyola. Por lo tanto, es necesario —esto sí— que cada conciencia elija: ¿a quién quiero seguir? ¿A Dios o al maligno? ¿La verdad o la mentira? Elegir a Cristo no garantiza el éxito según los criterios del mundo, pero asegura la paz y la alegría que sólo él puede dar. Lo demuestra, en todas las épocas, la experiencia de muchos hombres y mujeres que, en nombre de Cristo, en nombre de la verdad y de la justicia, han sabido oponerse a los halagos de los poderes terrenos con sus diversas máscaras, hasta sellar su fidelidad con el martirio.
Queridos hermanos y hermanas, cuando el ángel Gabriel llevó el anuncio a María, le predijo que su Hijo heredaría el trono de David y reinaría para siempre. Y la Virgen santísima creyó antes de darlo al mundo. Sin duda se preguntó qué nuevo tipo de realeza sería la de Jesús, y lo comprendió escuchando sus palabras y sobre todo participando íntimamente en el misterio de su muerte en la cruz y de su resurrección. Pidamos a María que nos ayude también a nosotros a seguir a Jesús, nuestro Rey, como hizo ella, y a dar testimonio de él con toda nuestra existencia.” (ángelus del 22 de noviembre de 2009).

Feliz día del Señor, feliz domingo. Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Lc 20,27-40: No es Dios de muertos, sino de vivos.

EVANGELIO DEL DÍA:
Lc 20,27-40: No es Dios de muertos, sino de vivos.

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos saduceos, que niegan la resurrección y le preguntaron:
-Maestro, Moisés nos dejó escrito: «Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer pero sin hijos, cásese con la viuda y dé descendencia a su hermano». Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos. Y el segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete murieron sin dejar hijos. Por último murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete han estado casados con ella.
Jesús les contestó:
-En esta vida hombres y mujeres se casan; pero los que sean juzgados dignos de la vida futura y de la resurrección de entre los muertos, no se casarán. Pues ya no pueden morir, son como ángeles; son hijos de Dios, porque participan en la resurrección. Y que resucitan los muertos, el mismo Moisés lo indica en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor: «Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob». No es Dios de muertos sino de vivos: porque para él todos están vivos.
Intervinieron unos letrados:
-Bien dicho, Maestro.
Y no se atrevían a hacerle más preguntas.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy, nos encontramos con los contemporáneos de Jesús que negaban la resurrección. Los saduceos le hacen una pregunta capciosa, querían ridiculizar la creencia en la resurrección. Sin embargo en la contestación que les da, les cuestiona que Dios esta vivo, les quiere hacer caer en la cuenta que Dios no es un Dios de muertos, sino de vivos. En nuestros días , con nuestra gente, es frecuente encontrarse con los que continúan cuestionando esta gran verdad, y para sorpresa de uno, algunos han sido bautizados y se consideran muy cristianos, aunque ponen la muletilla de no muy practicantes, , San Pablo les recordaría más de una vez, que vana es nuestra fe, si Cristo no ha resucitado, explicable el hedonismo, materialismo, consumismo y todos los –ismos que queramos poner, si arrancamos este articulo del credo, si vivimos sin la mirada en la vida eterna. Por nuestro bautismo, estamos unidos a la misma suerte que Ntro. Señor, el que me come tiene vida eterna. Es un mensaje de esperanza porque tenemos la certeza que la ultima palabra no la tiene la muerte, que el triunfo es del bien sobre el mal. Nuestra certeza no se basa en simples razonamientos humanos, sino en un dato histórico de fe. Cristo ha vencido la muerte. Y por medio de Él, tenemos vida y vida con mayúsculas, vida en plenitud.

En el ángelus del 10 de noviembre de 2013, el Papa Francisco, reflexiona sobre este pasaje evangélico: “nuestra peregrinación va de la muerte a la vida: la vida plena. Nosotros estamos en camino, en peregrinación hacia la vida plena, y esa vida plena es la que ilumina nuestro camino. Por lo tanto, la muerte está detrás, a la espalda, no delante de nosotros. Delante de nosotros está el Dios de los vivientes, el Dios de la alianza, el Dios que lleva mi nombre, nuestro nombre, como Él dijo: «Yo soy el Dios de Abrahán, Isaac, Jacob», también el Dios con mi nombre, con tu nombre, con tu nombre…, con nuestro nombre. ¡Dios de los vivientes! … Está la derrota definitiva del pecado y de la muerte, el inicio de un nuevo tiempo de alegría y luz sin fin. Pero ya en esta tierra, en la oración, en los Sacramentos, en la fraternidad, encontramos a Jesús y su amor, y así podemos pregustar algo de la vida resucitada. La experiencia que hacemos de su amor y de su fidelidad enciende como un fuego en nuestro corazón y aumenta nuestra fe en la resurrección. En efecto, si Dios es fiel y ama, no puede serlo a tiempo limitado: la fidelidad es eterna, no puede cambiar. El amor de Dios es eterno, no puede cambiar. No es a tiempo limitado: es para siempre. Es para seguir adelante. Él es fiel para siempre y Él nos espera, a cada uno de nosotros, acompaña a cada uno de nosotros con esta fidelidad eterna.”

Hoy es un día consagrado a la Santísima Virgen María. Aprendamos de Ella a seguir y amar a Ntro. Señor. Que tengas un buen día.

Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Lc 19,45-48: Habéis convertido la casa de Dios en una cueva de bandidos.

EVANGELIO DEL DÍA:
Lc 19,45-48: Habéis convertido la casa de Dios en una cueva de bandidos.

En aquel tiempo, entró Jesús en el templo y se puso a echar a los vendedores, diciéndoles:
-Escrito está: «Mi casa es casa de oración»; pero vosotros la habéis convertido en una «cueva de bandidos».
Todos los días enseñaba en el templo.
Los sumos sacerdotes, los letrados y los senadores del pueblo intentaban quitarlo de en medio; pero se dieron cuenta de que no podían hacer nada, porque el pueblo entero estaba pendiente de sus labios.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy nos encontramos con la purificación del templo, el Señor no viene para destruir, viene con el don de la curación, quiere sanar y para ello denuncia los abusos cometidos: “cueva de bandidos”; sanar no resulta cómodo, a veces, trae consigo incomprensión, “buscaban acabar con él”; con este gesto el Señor se nos revela y “no sólo para impedir un abuso, sino también para indicar el nuevo modo de actuar de Dios. Se forma el nuevo templo: Jesucristo mismo, en el que el amor de Dios se derrama sobre los hombres. Él, en su vida, es el templo nuevo y vivo. Él, que pasó por la cruz y resucitó, es el espacio vivo de espíritu y vida, en el que se realiza la adoración correcta”. (Benedicto XVI, homilía, 16 marzo 2008)

Os propongo para la meditación las palabras del Papa Francisco sobre este pasaje evangélico, dichas en el ángelus, del 8 de marzo de 2015: “El Evangelio de hoy nos presenta el episodio de la expulsión de los vendedores del templo. […] Aparece claramente como un gesto profético, […] este gesto de Jesús y su mensaje profético se comprenden plenamente a la luz de su Pascua. […] cada uno de nosotros puede preguntarse—, ¿se siente el Señor verdaderamente como en su casa en mi vida? ¿Le permitimos que haga «limpieza» en nuestro corazón y expulse a los ídolos, es decir, las actitudes de codicia, celos, mundanidad, envidia, odio, la costumbre de murmurar y «despellejar» a los demás? ¿Le permito que haga limpieza de todos los comportamientos contra Dios, contra el prójimo y contra nosotros mismos? Cada uno puede responder a sí mismo, en silencio, en su corazón. «¿Permito que Jesús haga un poco de limpieza en mi corazón?». «Oh padre, tengo miedo de que me reprenda». Pero Jesús no reprende jamás. Jesús hará limpieza con ternura, con misericordia, con amor. La misericordia es su modo de hacer limpieza. Dejemos —cada uno de nosotros—, dejemos que el Señor entre con su misericordia —no con el látigo, no, sino con su misericordia— para hacer limpieza en nuestros corazones. El látigo de Jesús para nosotros es su misericordia. Abrámosle la puerta, para que haga un poco de limpieza.”

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Lc 19,41-44: ¡Si comprendieras lo que conduce a la paz!

EVANGELIO DEL DÍA:
Lc 19,41-44: ¡Si comprendieras lo que conduce a la paz!

En aquel tiempo, al acercarse Jesús a Jerusalén y ver la ciudad, le dijo llorando:
-¡Si al menos tú comprendieras en este día lo que conduce a la paz!
Pero no: está escondido a tus ojos.
Llegará un día en que tus enemigos te rodearán de trincheras, te sitiarán, apretarán el cerco, te arrasarán con tus hijos dentro, y no dejarán piedra sobre piedra.
Porque no reconociste el momento de mi venida.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy contemplamos al Señor llorando, ama a su pueblo y sufre por él “¡Si al menos tú comprendieras en este día lo que conduce a la paz!”, la desilusión de Dios ante la frialdad de un pueblo endurecido que no reconoce su visita. El Señor llora porque entre las consecuencias de no acoger al Hijo de Dios se encuentra el que no conocerán la paz.Un Dios enamorado de ti y quiere que seas feliz. Y llora por la humanidad que no comprende, la paz que nos ofrece, la paz de su amor.

El Papa Francisco en la Misa de Santa Marta del 30 de marzo de 2017 aborda este pasaje evangélico: “nos hará bien pensar al Señor decepcionado: “Dime Señor, ¿tú estás decepcionado conmigo?”. En algo sí, seguro». Pero es oportuno «pensar en hacer esta pregunta». Con la certeza de que «él tiene un corazón tierno, un corazón de padre; recordamos cuándo Jesús ve Jerusalén y llora por ella: Jerusalén, Jerusalén, cuántas veces he querido recoger a tus hijos como la gallina reúne a sus polluelos bajo las alas; y vosotros no habéis querido”». Pero estas palabras, insistió el Papa, el Señor las «dice a mí, a ti, a ti, a ti, a ti, a todos nosotros». Es necesario preguntarse entonces: «¿Dios llora por mí? ¿Me he alejado del Señor?».[…] «pensemos hoy en esta decepción de Dios, que nos ha hecho por el amor», mientras «nosotros vamos a buscar amor, bienestar, diversión en otras partes y no en su amor: nos alejamos de este Dios que nos ha levantado».

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Lc1,46-47.48-49.50-51.52-53.54-55: El Poderoso ha hecho obras grandes por mi: su nombre es santo.

EVANGELIO DEL DÍA:
Lc1,46-47.48-49.50-51.52-53.54-55: El Poderoso ha hecho obras grandes por mi: su nombre es santo.

Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador.

Porque ha mirado la humillación de su esclava, desde ahora me felicitarán todas las generaciones. Porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo.

Y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón.

Derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia,
como lo había prometido a nuestros padres,
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

Celebramos hoy la Presentación de la Santísima Virgen al templo, fiesta dedicada a María donde se nos invita a hacer de nuestra vida una ofrenda al Señor y también una llamada a la responsabilidad de los padres en la transmisión de la fe a sus hijos.

En este día queremos honrar a Nuestra Madre María. Según S. Agustín en la Anunciación el ángel: “no la llama por su nombre terreno, María, sino por su nombre divino, tal como Dios la ve y la califica desde siempre:  “Llena de gracia (gratia plena)”, que si acudimos a la traducción del original griego sería:  “amada” por Dios.

Ella nada más recibir el mensaje del ángel se puso en camino, con prontitud, hacia la casa de su prima Santa Isabel para servirla. Quien ama se olvida de sí mismo y se pone al servicio del prójimo. Y en este encuentro es donde se da la oración del Magnificat, -pasaje evangélico de hoy-, y para su explicación acudimos al Papa emérito, Benedicto XVI, que en la Audiencia General del 15 de febrero de 2006 , dedicó esta catequesis al Cántico de la Santísima Virgen María, simplemente pondré algunos subrayados para nuestra meditación, pero siempre se puede acudir a su catequesis integra y disfrutar con ella:
“Es un canto que revela con acierto la espiritualidad de los anawim bíblicos, es decir, de los fieles que se reconocían “pobres” no sólo por su alejamiento de cualquier tipo de idolatría de la riqueza y del poder, sino también por la profunda humildad de su corazón, rechazando la tentación del orgullo, abierto a la irrupción de la gracia divina salvadora. En efecto, todo el Magníficat, […]está marcado por esta “humildad”.

El primer movimiento del cántico mariano […]Escuchamos precisamente la voz de la Virgen que habla así de su Salvador, que ha hecho obras grandes en su alma y en su cuerpo. En efecto, conviene notar que el cántico está compuesto en primera persona:  “Mi alma… Mi espíritu… Mi Salvador… Me felicitarán… Ha hecho obras grandes por mí…”. Así pues, el alma de la oración es la celebración de la gracia divina, que ha irrumpido en el corazón y en la existencia de María, convirtiéndola en la Madre del Señor. La estructura íntima de su canto orante es, por consiguiente, la alabanza, la acción de gracias, la alegría, fruto de la gratitud.[…]

El segundo movimiento poético y espiritual del Magníficat […]indican otras tantas acciones que el Señor realiza de modo permanente en la historia:  “Hace proezas…; dispersa a los soberbios…; derriba del trono a los poderosos…; enaltece a los humildes…; a los hambrientos los colma de bienes…; a los ricos los despide vacíos…; auxilia a Israel”.

[…] interpretando las palabras de la Virgen misma, nos invita a hacer que el Señor encuentre una morada en nuestra alma y en nuestra vida. No sólo debemos llevarlo en nuestro corazón; también debemos llevarlo al mundo, de forma que también nosotros podamos engendrar a Cristo para nuestros tiempos. Pidamos al Señor que nos ayude a alabarlo con el espíritu y el alma de María, y a llevar de nuevo a Cristo a nuestro mundo”.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote

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EVANGELIO DEL DÍA: Lc 19,1-10: El Hijo del Hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido.

EVANGELIO DEL DÍA:
Lc 19,1-10: El Hijo del Hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido.

En aquel tiempo, entró Jesús en Jericó y atravesaba la ciudad.
Un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de distinguir quién era Jesús, pero la gente se lo impedía, porque era bajo de estatura. Corrió más adelante y se subió a una higuera, para verlo, porque tenía que pasar por allí.
Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y dijo:
-Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa.
El bajó en seguida, y lo recibió muy contento.
Al ver ésto, todos murmuraban diciendo:
-Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador.
Pero Zaqueo se puso en pie, y dijo al Señor:
-Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más.
Jesús le contestó:
-Hoy ha sido la salvación de esta casa; también éste es hijo de Abrahán.
Porque el Hijo del Hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy nos presenta el encuentro de Jesús con Zaqueo, ante sus paisanos no es bien considerado debido al oficio que tenía, era recaudador de impuestos y trabajaba para el invasor, considerado pecador público, explotador de su pueblo. Comentando este mismo pasaje, el Papa Francisco, en el ángelus del 30 de octubre de 2016, dice que: “si Jesús hubiese dicho: «Baja, tú, explotador, traidor del pueblo. Ven a hablar conmigo para arreglar las cuentas». Seguramente el pueblo le hubiese aplaudido. En cambio, comenzaron a murmurar: «Jesús va a la casa de él, del pecador, del explotador». Pero Jesús, guiado por la misericordia, lo buscaba precisamente a él. Y cuando entra en la casa de Zaqueo dice: «Hoy ha sido la salvación de esta casa, pues también este es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido». La mirada de Jesús va más allá de los pecados y los prejuicios. […] mira a la persona con los ojos de Dios, que no se queda en el mal pasado, sino que vislumbra el bien futuro. Jesús no se resigna ante las cerrazones, sino que abre siempre, siempre abre nuevos espacios de vida; no se queda en las apariencias, sino que mira el corazón. Y aquí miró el corazón herido de este hombre: herido por el pecado de la codicia, de muchas cosas malas que había hecho este Zaqueo. Mira el corazón herido y va allí.

A veces nosotros buscamos corregir o convertir a un pecador riñendo, reprochando sus errores y su comportamiento injusto. La actitud de Jesús con Zaqueo nos indica otro camino: el de mostrar a quien se equivoca su valor, ese valor que Dios sigue viendo a pesar de todo, a pesar de todos sus errores. Esto puede provocar una sorpresa positiva, que causa ternura en el corazón e impulsa a la persona a sacar hacia fuera todo lo bueno que tiene en sí mismo. El gesto de dar confianza a las personas es lo que las hace crecer y cambiar. Así se comporta Dios con todos nosotros: no lo detiene nuestro pecado, sino que lo supera con el amor y nos hace sentir la nostalgia del bien. […] No existe una persona que no tenga algo bueno. Y esto es lo que mira Dios para sacarla del mal.

Que la Virgen María nos ayude a ver lo bueno que hay en las personas que encontramos cada día, a fin de que todos sean alentados en hacer emerger la imagen de Dios grabada en su corazón. Y así podemos alegrarnos por las sorpresas de la misericordia de Dios. Nuestro Dios, que es el Dios de las sorpresas.”

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Lc 18,35-43: ¿Qué quieres que haga por ti?

EVANGELIO DEL DÍA:
Lc 18,35-43: ¿Qué quieres que haga por ti?

En aquel tiempo, cuando se acercaba Jesús a Jericó, había un ciego sentado al borde del camino, pidiendo limosna.
Al oír que pasaba ente, preguntaba qué era aquello; y le explicaron:
-Pasa Jesús Nazareno.
Entonces gritó:
-¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!
Los que iban delante le regañaban para que se callara, pero él gritaba más fuerte:
-¡Hijo de David, ten compasión de mí!
Jesús se paró y mandó que se lo trajeran.
Cuando estuvo cerca, le preguntó:
-¿Qué quieres que haga por ti?
El dijo:
-Señor, que vea otra vez.
Jesús le contestó:
-Recobra la vista, tu fe te ha curado.
Enseguida recobró la vista y lo siguió glorificando a Dios.
Y todo el pueblo, al ver esto, alababa a Dios.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy se nos presenta el encuentro del Señor con el ciego de Jericó. Resaltar su insistencia, gritaba clamando compasión, no deja de insistir aunque encuentre adversidad y le manden callar, persevera e insiste, incluso grita más fuerte, “hay que orar siempre sin desfallecer” ,que hermoso contemplar al Señor preocuparse y ofrecerse por el ciego, “¿que quieres que haga por ti?, también el Señor nos lo dice a nosotros y esta esperando que se lo expongamos, que se lo digamos desde la confianza. En el personaje evangélico el encuentro con el Señor lo transforma, el gran poder de la fe, cuando se produce el encuentro con el Dios vivo deja huellas en nuestra vida y nos colma de esperanza, de gozo y de caridad, y surge la respuesta “¿como pagar al Señor tanto bien? “ en el ciego del evangelio pasa a ser un seguidor del Señor y a glorificar a Dios. Si se da el encuentro toca nuestra vida.

Para la meditación de hoy acudo al Papa Francisco ya que dedicó la catequesis de la Audiencia General del 15 de junio de 2016 al pasaje evangélico de hoy, al del ciego que grita pidiendo ayuda a Jesús: “Ese ciego estaba sentado junto al camino pidiendo limosna. […]La figura de este ciego representa a muchas personas que, también hoy, se ven marginadas a causa de una limitación física o de otro tipo. Está separado de la multitud, está allí sentado mientras la gente pasa ocupada en sus asuntos, absorta en sus preocupaciones y en muchas cosas… Y la calle, que puede ser un lugar de encuentro, para él en cambio es el lugar de la soledad. Es mucha la gente que pasa… Y él está solo. […] mientras que el ciego grita invocando a Jesús, la gente lo reprendía para hacerle callar, como si no tuviese derecho de hablar. No tienen compasión de él, es más, les molestan sus gritos. […]Todos, ¡también yo! Es por esto que la Palabra de Dios nos pone en guardia recordándonos que la indiferencia y la hostilidad convierten en ciegos y sordos, impiden ver a los hermanos y no permiten reconocer en ellos al Señor. Indiferencia y hostilidad. […]Notamos un detalle interesante. El evangelista dice que alguien de la multitud explicó al ciego el motivo de toda esa gente diciendo: «Pasa Jesús, el Nazareno». […] cuando pasa Jesús, siempre hay liberación, siempre hay salvación. Así, pues, al ciego, es como si le anunciasen su pascua. Sin dejarse atemorizar, el ciego grita más de una vez a Jesús reconociéndolo como el Hijo de David, el Mesías esperado que, según el profeta Isaías, abriría los ojos a los ciegos. A diferencia de la multitud, este ciego ve con los ojos de la fe. Gracias a ella su súplica tiene una poderosa eficacia. En efecto, al escucharlo, «Jesús se detuvo, y mandó que se lo trajeran». […]Hermanos y hermanas, el paso del Señor es un encuentro de misericordia que une a todos en torno a Él para permitirnos reconocer a quien tiene necesidad de ayuda y de consuelo. Incluso por nuestra vida pasa Jesús; y cuando pasa Jesús, y me doy cuenta de ello, es una invitación a acercarme a Él, a ser más bueno, a ser un mejor cristiano, a seguir a Jesús.

Jesús se dirige al ciego y le pregunta: «¿Qué quieres que te haga?». Estas palabras de Jesús son impresionantes: el Hijo de Dios ahora está ante el ciego como un humilde siervo. Él, Jesús, Dios, dice: «¿Qué quieres que te haga? ¿Cómo quieres que te sirva?». Dios se hace siervo del hombre pecador. Y el ciego ya no responde a Jesús llamándolo «Hijo de David», sino «Señor», el título que la Iglesia desde los inicios aplica a Jesús Resucitado. El ciego pide poder ver de nuevo y su deseo es atendido: «Recobra la vista, tu fe te ha salvado». Él mostró su fe invocando a Jesús y queriendo encontrarse con Él de todos los modos posibles, y esto le dio como don la salvación. Gracias a la fe ahora puede ver y, sobre todo, se siente amado por Jesús. Por ello el relato termina diciendo que el ciego «lo seguía glorificando a Dios»: se convierte en discípulo. De mendigo a discípulo, también este es nuestro camino: todos nosotros somos mendigos, todos. Siempre tenemos necesidad de salvación. Y todos nosotros, todos los días, debemos dar este paso: de mendigos a discípulos. Y así, el ciego se pone en camino siguiendo al Señor y entrando a formar parte de su comunidad. Aquel a quien querían hacer callar, ahora testimonia a gran voz su encuentro con Jesús de Nazaret, y «todo el pueblo, al verlo, alabó a Dios». Tiene lugar un segundo milagro: lo que sucedió al ciego hace que, al final, también la gente vea. La misma luz ilumina a todos congregándolos en la oración de alabanza. Así Jesús derrama su misericordia sobre todos aquellos con los que se encuentra: los llama, hace que se acerquen a Él, los reune, los cura y los ilumina, creando un pueblo nuevo que celebra las maravillas de su amor misericordioso. Dejémonos también nosotros llamar por Jesús, y dejémonos curar por Jesús, perdonar por Jesús, y sigámoslo alabando a Dios”.

Que tengas un buen día.
Jesus Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Mc 13,24-32: El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán.

EVANGELIO DEL DÍA:
Mc 13,24-32: El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
-«En aquellos días, después de esa gran angustia, el sol se hará tinieblas, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, los astros se tambalearán.
Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y majestad; enviará a los ángeles para reunir a sus elegidos de los cuatro vientos, de horizonte a horizonte.
Aprended de esta parábola de la higuera: Cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las yemas, deducís que el verano está cerca; pues cuando veáis vosotros suceder esto, sabed que él está cerca, a la puerta. Os aseguro que no pasará esta genera­ción antes que todo se cumpla. El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán, aunque el día y la hora nadie lo sabe, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, sólo el Padre.»

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy se nos presenta el discurso del final de los tiempos. Utiliza un lenguaje apocalíptico: “el sol se oscurecerá, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, los astros se tambalearán”. Pero el acento no esta puesto en estas catástrofes, lo importante esta en lo que sigue: “entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y gloria”. “El Hijo del hombre es Jesús mismo, es Él el verdadero acontecimiento que, en medio de los trastornos del mundo, permanece como el punto firme y estable”. (ángelus, P.Benedicto XVI, 18 Noviembre de 2012). Es toda una llamada a la conversión y nos invita a acoger a Dios en nuestra vida, dejándonos transformar por Él, viviendo la esperanza a la que nos llama, con el lenguaje apocalíptico que utiliza, viene a señalarnos que se podrá bambolearse todo, pero no todo se tambalea, el Señor permanece, el Señor esta cerca, cielo y tierra pasaran pero sus palabras no, el Señor es fiel, cumple sus promesas. Todo pasa -nos recuerda el Señor-, pero la Palabra de Dios no muta, y ante ella cada uno de nosotros es responsable del propio comportamiento. De acuerdo con esto seremos juzgados.

Nos acercamos a la catequesis dada sobre este pasaje evangélico por el Papa Francisco en el ángelus del 15 de noviembre de 2015: “El Evangelio de este penúltimo domingo del año litúrgico propone una parte del discurso de Jesús sobre los últimos eventos de la historia humana, orientada hacia la plena realización del Reino de Dios.[…] Contiene algunos elementos apocalípticos, como guerras, carestías, catástrofes cósmicas[…] Sin embargo, estos elementos no son la cosa esencial del mensaje. El núcleo central en torno al cual gira el discurso de Jesús es Él mismo, el misterio de su persona y de su muerte y resurrección, y su regreso al final de los tiempos.

Nuestra meta final es el encuentro con el Señor resucitado. Yo os quisiera preguntar: ¿cuántos de vosotros pensáis en esto? Habrá un día en que yo me encontraré cara a cara con el Señor. Y ésta es nuestra meta: este encuentro. […] El triunfo de Jesús al final de los tiempos, será el triunfo de la Cruz; la demostración de que el sacrificio de uno mismo por amor al prójimo y a imitación de Cristo, es el único poder victorioso y el único punto fijo en medio de la confusión y tragedias del mundo.
[…] También en nuestros días no faltan las calamidades naturales y morales, y tampoco la adversidad y las desgracias de todo tipo. Todo pasa —nos recuerda el Señor—; sólo Él, su Palabra permanece como luz que guía, anima nuestros pasos y nos perdona siempre, porque está al lado nuestro. Sólo es necesario mirarlo y nos cambia el corazón. Que la Virgen María nos ayude a confiar en Jesús, el sólido fundamento de nuestra vida, y a perseverar con alegría en su amor.”

Hoy por invitación del Papa Francisco celebramos la II Jornada Mundial de los pobres y tiene como lema las palabras del Salmo 34,7: “Este pobre gritó y el Señor lo escuchó”, nos exhorta a vivirla “como un momento privilegiado de nueva evangelización. Los pobres nos evangelizan, ayudándonos a descubrir cada día la belleza del Evangelio… Sintámonos todos, en este día, deudores con ellos…”

Que tengas un buen día. Feliz día del Señor. Feliz domingo.

Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Lc 18,1-8: Orar siempre sin desfallecer.

EVANGELIO DEL DÍA:
Lc 18,1-8: Orar siempre sin desfallecer.

En aquel tiempo, Jesús, para explicar a los discípulos cómo tenían que orar siempre sin desanimarse, les propuso esta parábola:
-Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres.
En la misma ciudad había una viuda que solía ir a decirle: «Hazme justicia frente a mi adversario»; por algún tiempo se negó, pero después se dijo: «Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esa viuda me está fastidiando, le haré justicia, no vaya a acabar pegándome en la cara».
Y el Señor respondió:
-Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios ¿no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche? ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy nos encontramos con una parábola que nos invita a orar siempre, habla de no desfallecer, el Señor sabe de nuestra falta de perseverancia, de fidelidad, y lo frecuente que se nos da el abandono de la oración, con que facilidad se ve perjudicada y abandonada, nos engañamos pensando que hay mucho que hacer, el mal del activismo, cuando caigo en él, me acuerdo de la experiencia del cardenal Van Thuan, estando en prisión, teniendo todo el tiempo del mundo, descubrió, -así nos lo narra-: “Que el Señor no quiere mis cosas, me quiere a mí”. De eso se trata, descubrir la importancia de la relación con el Dios vivo, desarrollar la intimidad en el encuentro de la oración, experimentar que con Él todo es más fácil, “sin Mí no podéis hacer nada”, aprender a descansar y contar con Él.

Para nuestra meditación, una vez más, acudo a la catequesis dada por el Papa Francisco en la Audiencia General del 25 de mayo de 2016 donde aborda este pasaje evangélico: “La parábola evangélica que acabamos de escuchar contiene una enseñanza importante: «Es preciso orar siempre sin desfallecer» . Por lo tanto, no se trata de rezar alguna vez, cuando tengo ganas. No, Jesús dice que hay que «rezar siempre, sin desfallecer». Y presenta el ejemplo de la viuda y del juez.
[…]De esta parábola Jesús saca una doble conclusión: si la viuda logra convencer al juez deshonesto con sus peticiones insistentes, cuánto más Dios, que es Padre bueno y justo, «hará justicia a sus elegidos, que están clamando a Él día y noche»; y además no «les hará esperar mucho tiempo», sino que actuará «con prontitud».
Por esto Jesús exhorta a rezar «sin desfallecer». Todos experimentamos momentos de cansancio y de desaliento, sobre todo cuando nuestra oración parece ineficaz. Pero Jesús nos asegura: a diferencia del juez deshonesto, Dios escucha con prontitud a sus hijos, si bien esto no significa que lo haga en los tiempos y en las formas que nosotros quisiéramos. La oración no es una varita mágica. Ella ayuda a conservar la fe en Dios, a encomendarnos a Él incluso cuando no comprendemos la voluntad. En esto, Jesús mismo —¡que oraba mucho!— es un ejemplo para nosotros. […] He aquí lo que hace la oración: transforma el deseo y lo modela según la voluntad de Dios, sea cual fuera, porque quien reza aspira ante todo a la unión con Dios, que es Amor misericordioso.

La parábola termina con una pregunta: «Pero, cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará la fe sobre la tierra?». Y con esta pregunta nos alerta a todos: no debemos renunciar a la oración incluso si no se obtiene respuesta. La oración conserva la fe, sin la oración la fe vacila. Pidamos al Señor una fe que se convierta en oración incesante, perseverante, como la da la viuda de la parábola, una fe que se nutre del deseo de su venida. Y en la oración experimentamos la compasión de Dios, que como un Padre viene al encuentro de sus hijos lleno de amor misericordioso.

Hoy sábado, se nos invita a acudir a la escuela de María, contemplar al Señor con la mirada de su Madre, aprender con Ella y de Ella. Que la Santísima Virgen María nos ayudé a orar como nos conviene, que acreciente nuestra fe y nos ayude a configurar nuestra vida con la voluntad del Padre.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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EVANGELIO DEL DÍA: Lc 17,26-37: El que pretenda guardarse su vida, la perderá; y el que la pierda, la recobrará.

EVANGELIO DEL DÍA:
Lc 17,26-37: El que pretenda guardarse su vida, la perderá; y el que la pierda, la recobrará.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
–Como sucedió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del Hombre: comían, bebían y se casaban, hasta el día que Noé entró en el arca entonces llegó el diluvio y acabó con todos.
Lo mismo sucedió en tiempos de Lot: comían, compraban, vendían, sembraban, construían; pero el día que Lot salió de Sodoma, llovió fuego y azufre del cielo y acabó con todos.
Así sucederá el día que se manifieste el Hijo del Hombre.
Aquel día, si uno está en la azotea y tiene sus cosas en casa que no baje por ellas si uno está en el campo, que no vuelva.
Acordaos de la mujer de Lot.
El que pretenda guardarse su vida, la perderá; y el que la pierda, la recobrará.
Os digo esto: aquella noche estarán dos en una cama: a uno se lo llevarán y al otro lo dejarán; estarán dos moliendo juntas: a una se la llevarán y a la otra la dejarán; estarán dos en el campo: a uno se lo llevarán y al otro lo dejarán.
Ellos le preguntaron:
–¿Dónde, Señor?
El contestó:
–Donde está el cadáver se reunirán los buitres.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

El Evangelio de hoy nos quiere llevar al momento en el que releeremos nuestra existencia: “el que pretenda guardar su vida la perderá”. Nos hace reflexionar sobre el final. Los Santos nos aconsejan vivir cada día como si fuera “el último”, nos ayuda a vivir cada momento con mayor intensidad, mayor entrega, mayor responsabilidad, hay un salmo donde el autor sagrado solicita a Dios que le enseñe a calcular el peso de sus años. Tener conciencia de cada momento como un regalo que esto no es definitivo, que estamos de paso, que somos peregrinos , peregrinos hacia la eternidad, hacia la vida en plenitud.

El Papa Francisco comentando este pasaje bíblico de hoy y su catequesis ahonda sobre el final: « Es bueno pensar en el fin de cada uno de nosotros, porque cada uno de nosotros morirá: la Iglesia, como madre, maestra, quiere que cada uno de nosotros piense en la propia muerte[…] En el Evangelio Jesús usa las expresiones «como sucedió en los días de Noé» y «como sucedió en los días de Lot». Para decir, explicó, que los hombres «en aquel tiempo comían, bebían, tomaban mujer, tomaban marido, hasta el día que Noé entró en el arca». Y, aún «como sucedió en los días de Lot: comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, construían […] vendrá un día en el que el Señor nos diga a cada uno de nosotros: “ven” […] la llamada para algunos será repentina, para otros será después de una enfermedad, en un accidente: no sabemos […] la llamada estará y será una sorpresa: no la última sorpresa de Dios, después de está habrá otra —la sorpresa de la eternidad— pero será la sorpresa de Dios para cada uno de nosotros […] es ir con el Señor, pensar que nuestra vida tendrá final y esto hace bien porque lo podemos pensar al inicio del trabajo: hoy tal vez será el último día, no sé, pero haré bien el trabajo. Y «haré» bien también en las relaciones en casa, con los míos, con la familia: ir bien, tal vez será el último, no lo sé […] Pensar en la muerte no es una fantasía fea, es una realidad, […] allí habrá un encuentro con el Señor: esto será lo hermoso de la muerte, habrá un encuentro con el Señor, será Él quien venga al encuentro, será Él quien diga “ven, ven, bendecido por mi Padre, ven conmigo”. No sirve de nada decir: Pero, Señor, espera que debo arreglar esto, esto. Porque «no se puede arreglar nada: aquel día quien se encuentre en la terraza y haya dejado sus cosas en casa que no baje: donde estés te tomarán, te tomarán, tu dejarás todo». Pero tendremos al Señor, esta es la belleza del encuentro […] Hoy hagamos esto – concluyó el Papa-, porque nos hará bien a todos pararnos un poco y pensar en el día en el que el Señor venga a encontrarme, venga a tomarme para ir con Él» (misa celebrada el viernes 17 de noviembre, por la mañana, en Santa Marta).

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.