cathopic_1484348761216292

EVANGELIO DEL DÍA Jn 10,22-30: Y no creéis… Mis ovejas escuchan mi voz.

EVANGELIO DEL DÍA
Jn 10,22-30: Y no creéis… Mis ovejas escuchan mi voz.

Se celebraba entonces en Jerusalén la fiesta de la Dedicación del templo. Era invierno, y Jesús se paseaba en el templo por el pórtico de Salomón. Los judíos, rodeándolo, le preguntaban: «¿Hasta cuándo nos vas a tener en suspenso? Si tú eres el Mesías, dínoslo francamente». Jesús les respondió: «Os lo he dicho, y no creéis; las obras que yo hago en nombre de mi Padre, esas dan testimonio de mí. Pero vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas. Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano. Lo que mi Padre me ha dado es más que todas las cosas, y nadie puede arrebatar nada de la mano de mi Padre. Yo y el Padre somos uno».

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy el Señor se nos presenta en el templo, durante una gran fiesta para los judíos, y seguimos con el Evangelio del “Buen Pastor”, hoy el acento lo pone en las ovejas. Las ovejas conocen perfectamente cuál es la voz del pastor. El auténtico cristiano es el que “escucha la voz del Pastor”, es decir del Señor, y oyendo esta voz desea hacerla vida. La fe no se puede relegar al campo de las ideas, si la fe es verdadera impregna toda la persona e incide en sus actos, pensamientos, obras, por eso, no basta decir “Señor, Señor”, es necesario que Él, transforme y configure nuestro ser, el cristiano irradia a Cristo, el cristiano muestra en su comportamiento la presencia de Dios en su vida, el cristiano se mueve queriendo realizar la voluntad de Dios en su día a día, en cada momento de su existencia, no es cristiano por horas, o por una serie de ritos que realice; la Palabra de Dios, la escucha, la acoge, la desea y quiere hacerla vida.

Concluye el pasaje evangélico con que la relación con el Padre es grande: “yo y el Padre somos uno”. El Señor va manifestando progresivamente el misterio de su divinidad, el “yo soy”. Una realidad que supera nuestra razón, el Señor nos va revelando el misterio de Dios: él, el Hijo, nos ha dado a conocer al Padre, y nos ha donado el Espíritu Santo, el Amor del Padre y del Hijo. Dios no es soledad, sino comunión perfecta. En palabras del Papa Benedicto XVI en el ángelus del 11 de junio de 2006: “Quien se encuentra con Cristo y entra en una relación de amistad con él, acoge en su alma la misma comunión trinitaria, según la promesa de Jesús a los discípulos: “Si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él, y haremos morada en él””.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *