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EVANGELIO DEL DÍA Jn 13,31-35: Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado.

EVANGELIO DEL DÍA
Jn 13,31-35: Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado.

Cuando salió Judas del cenáculo, dijo Jesús:
«Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará. Hijitos, me queda poco de estar con vosotros.
Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también unos a otros. En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os amáis unos a otros».

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

El Evangelio de hoy se encuentra en el marco de la última cena, allí el Señor presenta su testamento espiritual. El Señor solicita a sus discípulos a amar como Él ha amado. Vivir su mismo amor, vivir de su mismo amor. Lo que verdaderamente importa es amar, pero amar como nos ha amado Cristo, amar perdonando, amar dando vida, amar hasta la entrega total, amar hasta dar la vida por amor. Buen día para meditar el himno a la caridad de S. Pablo, donde nos deja muy claro que por grandes cosas que pudiéramos llegar a realizar si nos falta el amor no sirve, no nos vale, no agrada a Dios, aunque fuesen acciones muy laudables, muy reconocidas e incluso admiradas, “dar todos los bienes a los necesitados”, “una fe como para trasladar montañas”, “dejarme quemar”… “la caridad es paciente, es amable; no es envidiosa, no obra con soberbia, no se jacta, no es ambiciosa, no busca lo suyo, no se irrita, no toma en cuenta el mal, no se alegra por la injusticia, se complace en la verdad; todo lo aguanta, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta”.

Nos ayudaremos en nuestra meditación de la catequesis dada por el Papa Francisco, en el ángelus del 19 de mayo de 2019: “El Evangelio de hoy nos conduce al Cenáculo para hacernos escuchar algunas palabras que Jesús dirigió a sus discípulos en el “discurso de despedida” antes de su Pasión. Después de haber lavado los pies a los Doce, Él les dijo: «Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros. Que, como yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros». ¿Pero en qué sentido Jesús llama “nuevo” a este mandamiento? […] El antiguo mandamiento del amor se ha convertido en nuevo porque ha sido completado con este añadido: «como yo os he amado a vosotros», «amaos los unos a los otros como yo os he amado». La novedad está completamente en el amor de Jesucristo, ese con el que Él ha dado la vida por nosotros. Se trata del amor de Dios, universal, sin condiciones y sin límites, que encuentra el ápice sobre la cruz. […] Jesús nos ha amado primero, nos ha amado a pesar de nuestras fragilidades, nuestros límites y nuestras debilidades humanas. Ha sido Él quien ha hecho que nos hiciéramos dignos de su amor que no conoce límites y no termina nunca. Dándonos el mandamiento nuevo, Él nos pide que nos amemos entre nosotros no solo y no tanto con nuestro amor, sino con el suyo, que el Espíritu Santo infunde en nuestros corazones si lo invocamos con fe.

De esta manera —y solo así— nosotros podemos amarnos entre nosotros no solo como nos amamos a nosotros mismos, sino como Él nos ha amado, es decir inmensamente más. Dios de hecho nos ama mucho más de cuanto nosotros nos amamos a nosotros mismos. Y así podemos difundir por todos lados la semilla del amor que renueva las relaciones entre las personas y abre horizontes de esperanza. Jesús siempre abre horizontes de esperanza, su amor abre horizontes de esperanza. Este amor nos hace convertirnos en hombres nuevos, hermanos y hermanas en el Señor, y hace de nosotros el nuevo Pueblo de Dios, es decir la Iglesia, en la cual todos son llamados a amar a Cristo y en Él a amarse unos a otros.

El amor que se ha manifestado en la cruz de Cristo y que Él nos llama a vivir es la única fuerza que transforma nuestro corazón de piedra en corazón de carne; la única fuerza capaz de transformar nuestro corazón es el amor de Jesús, si nosotros también amamos con este amor. Y este amor nos hace capaces de amar a los enemigos y perdonar a quien nos ha ofendido.”

Es domingo, día del Señor, alimentémonos de la eucaristía para que podamos vivir firmes en la fe que hemos recibido, la que esta dando sentido a nuestra vida, que nos da fuerza para amar; a no perder nunca la luz de la esperanza en Cristo resucitado, que es capaz de transformar la realidad y hacer nuevas todas las cosas; a vivir de modo sencillo y concreto el amor de Dios cada día y con los que el Señor va poniendo en nuestro peregrinar.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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