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EVANGELIO DEL DÍA Jn 14,1-6: No se turbe vuestro corazón, creed en Dios.

EVANGELIO DEL DÍA
Jn 14,1-6: No se turbe vuestro corazón, creed en Dios.

No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no, os lo habría dicho, porque me voy a prepararos un lugar. Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino». Tomás le dice: «Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?». Jesús le responde: «Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy comienza con la invitación a no tener miedo, a confiar, a vivir con esperanza, a no dejar lugar al desaliento. “No se turbe vuestro corazón. Creed en Dios y creed también en Mí” nos dice el Señor. “Creed en Mí”. Confiad en Mí. Llamada a la fe, confianza, al abandono en Él, seguro que nos iría muchísimo mejor si diéramos el salto a vivir en su amor, en su presencia, en el descanso de quien sabemos que nos acompaña y que no se desentiende de nuestros desvelos.

En el discípulo Tomás, el mismo que puso resistencia a creer que había vencido a la muerte y estaba vivo, el que exigió poder tocarle para creer, “si no lo veo no lo creo”, algo tan propio de nuestra cultura, en el pasaje evangélico manifiesta su no saber : “¿cómo podemos saber el camino?” Igual que a Tomás nosotros experimentamos muchas veces nuestras carencias, y también le planteamos al Señor nuestras dificultades, nuestras dudas, nuestros afanes y … aprovechando la pregunta del apóstol, el Señor se nos presenta como CAMINO, VERDAD Y VIDAD.

Contamos con la catequesis dada por el Papa San Juan Pablo II en la homilía del 2 de mayo de 1999: “En la página evangélica que acabamos de proclamar hemos escuchado estas palabras de Jesús a sus discípulos, que tenían necesidad de aliento. En efecto, la mención de su próxima partida los había desalentado. Temían ser abandonados y quedarse solos, pero el Señor los consuela con una promesa concreta: «Me voy a prepararos sitio» y después «volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros» .

En nombre de los Apóstoles replica a esta afirmación Tomás: «Señor, no sabemos a dónde vas. ¿Cómo podemos saber el camino?». La observación es oportuna y Jesús capta la petición que lleva implícita. La respuesta que da permanecerá a lo largo de los siglos como luz límpida para las generaciones futuras. «Yo soy el camino, la verdad, y la vida. Nadie va al Padre sino por mí».

El «sitio» que Jesús va a preparar está en «la casa del Padre»; el discípulo podrá estar allí eternamente con el Maestro y participar de su misma alegría. Sin embargo, para alcanzar esa meta sólo hay un camino: Cristo, al cual el discípulo ha de ir conformándose progresivamente. La santidad consiste precisamente en esto: ya no es el cristiano el que vive, sino que Cristo mismo vive en él. Horizonte atractivo, que va acompañado de una promesa igualmente consoladora: «El que cree en mí, también hará las obras que yo hago, e incluso mayores. Porque yo me voy al Padre».

[…] Quisiera concluir con las palabras del Evangelio proclamado en esta misa: «No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios». […] Que esta invitación penetre también en nuestro espíritu como fuente de paz, de serenidad y de alegría. ¿Por qué tener miedo, si Cristo es para nosotros el camino, la verdad y la vida? ¿Por qué no fiarse de Dios que es Padre, nuestro Padre?”

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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