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EVANGELIO DEL DÍA: Jn 1,43-51: Has de ver cosas mayores.

EVANGELIO DEL DÍA:
Jn 1,43-51: Has de ver cosas mayores.

En aquel tiempo, determinó Jesús salir para Galilea; encuentra a Felipe y le dice:
– «Sígueme.»
Felipe era de Betsaida, ciudad de Andrés y de Pedro. Felipe encuentra a Natanael y le dice:
– «Aquel de quien escribieron Moisés en la Ley y los profetas, lo hemos encontrado: Jesús, hijo de José, de Nazaret.»
Natanael le replicó:
– «¿De Nazaret puede salir algo bueno?»
Felipe le contestó:
– «Ven y verás.»
Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él:
– «Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño.»
Natanael le contesta:
– «¿De qué me conoces?»
Jesús le responde:
– «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.»
Natanael respondió:
– «Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel.»
Jesús le contestó:
– «¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores.»
Y le añadió:
– «Yo os aseguro: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.»

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

El Evangelio de hoy es comentado por el Papa Benedicto XVI, en la catequesis que realizó de los apóstoles, concretamente, en la Audiencia General del 4 de octubre de 2006: “ A este Natanael Felipe le comunicó que había encontrado a “ese del que escribió Moisés en la Ley, y también los profetas:  Jesús el hijo de José, el de Nazaret”. Como sabemos, Natanael le manifestó un prejuicio más bien fuerte:  “¿De Nazaret puede salir algo bueno?”. Esta especie de contestación es, en cierto modo, importante para nosotros. En efecto, nos permite ver que, según las expectativas judías, el Mesías no podía provenir de una aldea tan oscura como era precisamente Nazaret. Pero, al mismo tiempo, pone de relieve la libertad de Dios, que sorprende nuestras expectativas manifestándose precisamente allí donde no nos lo esperaríamos. Por otra parte, sabemos que en realidad Jesús no era exclusivamente “de Nazaret”, sino que había nacido en Belén y que, en último término, venía del cielo, del Padre que está en los cielos.

La historia de Natanael nos sugiere otra reflexión:  en nuestra relación con Jesús no debemos contentarnos sólo con palabras. Felipe, en su réplica, dirige a Natanael una invitación significativa:  “Ven y lo verás”.
Nuestro conocimiento de Jesús necesita sobre todo una experiencia viva […] nosotros mismos debemos implicarnos personalmente en una relación íntima y profunda con Jesús. […] Volviendo a la escena de vocación, el evangelista nos refiere que, cuando Jesús ve a Natanael acercarse, exclama:  “Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño”. Se trata de un elogio que recuerda el texto de un salmo:  “Dichoso el hombre… en cuyo espíritu no hay fraude”, pero que suscita la curiosidad de Natanael, que replica asombrado:  “¿De qué me conoces?”. La respuesta de Jesús no es inmediatamente comprensible. Le dice:  “Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi”. No sabemos qué había sucedido bajo esa higuera. Es evidente que se trata de un momento decisivo en la vida de Natanael.

Él se siente tocado en el corazón por estas palabras de Jesús, se siente comprendido y llega a la conclusión:  este hombre sabe todo sobre mí, sabe y conoce el camino de la vida, de este hombre puedo fiarme realmente. Y así responde con una confesión de fe límpida y hermosa, diciendo:  “Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel”. En ella se da un primer e importante paso en el itinerario de adhesión a Jesús.”

Gran misión se nos encomienda, acompañantes que lleven al encuentro con el Dios vivo. Con la promesa de: “Has de ver cosas mayores”, El amor del Amado (el gran regalo de la fe) como la fuerza más grande que nos hace ver la realidad y los acontecimientos con ojos nuevos, con nuevas ganas, con renovadas ilusiones, lo ilumina todo y sabe ver lo mejor de todo y de todos.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote

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