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EVANGELIO DEL DÍA Jn 15,1-8: El que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante.

EVANGELIO DEL DÍA
Jn 15,1-8: El que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante.

Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento que no da fruto en mí lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto. Vosotros ya estáis limpios por la palabra que os he hablado; permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden. Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y se realizará. Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy nos presenta la imagen de la vid y los sarmientos. Se nos invita a tomar conciencia que: “Sin mí no podéis hacer nada”. Nuestra unión con el Señor lo debe marcar todo. Sin su gracia nada podemos. Todo en nuestra vida, todo resulta fecundo si está sostenido, alimentado, vivificado e iluminado por la oración y la unión con Dios. “El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto”. Estas palabras de Jesús nos hacen percibir que la vida de oración ha de llegar a ser una actitud interior y permanente de nuestra alma. Nos invitan a orar sin interrupción, a estar siempre unidos en el corazón con el que tanto nos ama. Sólo podremos ser instrumentos de salvación para los demás, en la medida en que estemos unidos a Dios.

Y para que lo que realicemos permanezca es primordial permanecer en Él, unidos al Señor. Si no fuera así, podría advertirnos S. Juan de la Cruz, que “poco más que ruido”, mucho hacer, mucha actividad, mucho ocupar el tiempo, pero para qué.

El Papa Francisco, en el Regina Coeli, del 29 de abril de 2018, comenta este pasaje evangélico: “Jesús se presenta como la vid verdadera y nos invita a permanecer unidos a Él para llevar mucho fruto.[…] Esta relación es el secreto de la vida cristiana y el evangelista Juan la expresa con el verbo «permanecer», que en el pasaje de hoy se repite siete veces. «Permaneced en mí» dice el Señor; permanecer en el Señor.
Se trata de permanecer en el Señor para encontrar el valor de salir de nosotros mismos, de nuestras comodidades, de nuestros espacios restringidos y protegidos, para adentrarnos en el mar abierto de las necesidades de los demás y dar un respiro amplio a nuestro testimonio cristiano en el mundo. Este coraje de salir de sí mismos y de adentrarse en las necesidades de los demás, nace de la fe en el Señor Resucitado y de la certeza de que su Espíritu acompaña nuestra historia. […] Cuando somos íntimos con el Señor, como son íntimos y unidos entre sí la vid y los sarmientos, somos capaces de dar frutos de vida nueva, de misericordia, de justicia y de paz, que derivan de la Resurrección del Señor. Es lo que hicieron los santos, aquellos que vivieron en plenitud la vida cristiana y el testimonio de la caridad, porque eran verdaderos sarmientos de la vid del Señor. Pero para ser santos «no es necesario ser obispos, sacerdotes, religiosas o religiosos […] Todos estamos llamados a ser santos viviendo con amor y ofreciendo el propio testimonio en las ocupaciones de cada día, allí donde cada uno se encuentra. Todos nosotros estamos llamados a ser santos; debemos ser santos con esta riqueza que recibimos del Señor resucitado. Cada actividad —el trabajo, el descanso, la vida familiar y social, el ejercicio de las responsabilidades políticas, culturales y económicas— cada actividad, pequeña o grande, si se vive en unión con Jesús y con actitud de amor y de servicio, es una ocasión para vivir en plenitud el Bautismo y la santidad evangélica.”

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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