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EVANGELIO DEL DÍA Jn 20, 1-9: Hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar.

EVANGELIO DEL DÍA
Jn 20, 1-9: Hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar.

El primer día de la semana, María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto». Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; e, inclinándose, vio los lienzos tendidos; pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio los lienzos tendidos y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no con los lienzos, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

El Evangelio de hoy comienza con la noticia, tan humana, que da María Magdalena a Pedro: “Se han llevado del sepulcro al Señor”. Creen que la muerte ha triunfado, buscan un cadaver, han perdido la esperanza, la experiencia de la Cruz, no la terminan de asimilar, toma fuerza el desaliento, la tristeza. Sin embargo, se ponen en camino hacia el sepulcro, uno corre más que el otro, y esta experiencia les hace recordar que “Él había de resucitar de entre los muertos”.

Entrar, entrar en el misterio que Dios ha realizado marcado por su amor, dice el Papa Francisco en la homilia del 4 de abril de 2015: “No se puede vivir la Pascua sin entrar en el misterio. No es un hecho intelectual, no es sólo conocer, leer…es más, es mucho mas. “Entrar en el misterio” significa capacidad de asombro, de contemplación; capacidad de escuchar el silencio y sentir el susurro de ese hilo de silencio sonoro en el que Dios nos habla… Para entrar en el misterio se necesita humildad, la humildad de abajarse, de apearse del pedestal de nuestro yo, tan orgulloso, de nuestra presunción; la humildad para redimensionar la propia estima, reconociendo lo que realmente somos: criaturas con virtudes y defectos, pecadores necesitados de perdón.” Y comentando el pasaje de hoy en la homilia del 26 de marzo 2016: “Pedro buscó a Jesús, no a sí mismo. Prefirió la vía del encuentro y de la confianza y, tal como estaba, se levantó y corrió hacia el sepulcro, de dónde regresó “admirandose de lo sucedido”. Este fue el comienzo de la “resurrección” de Pedro, la resurrección de su corazón. Sin ceder a la tristeza o a la oscuridad, se abrió a la voz de la esperanza: dejó que la luz de Dios entrara en su corazón sin apagarla.”

Dios nos sorprende siempre. Acepta que el Señor resucitado entre en tu vida, acógelo, abrele tu corazón, confía, ¡Él es la vida! Vida en plenitud. Tiempo especial para dejarnos sorprender por Él. Tiempo especial para detectar su presencia, no solo en su Palabra, no solo en los sacramentos, no solo en los vestigios y huellas de la creación, no solo en el campo de las ideas,… sino palparlo, tocarlo, servirlo en nuestro prójimo, lo que a uno de estos hacéis, a Mí me lo hacéis. Gloria al Señor y Feliz Domingo de Resurrección.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar(Chechu), sacerdote.

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