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EVANGELIO DEL DÍA: Jn 3,22-30: Él tiene que crecer, y yo tengo que menguar.

EVANGELIO DEL DÍA:
Jn 3,22-30: Él tiene que crecer, y yo tengo que menguar.

En aquel tiempo, fue Jesús con sus discípulos a Judea, se quedó allí con ellos y bautizaba. También Juan estaba bautizando en Enón, cerca de Salín, porque había allí agua abundante; la gente acudía y se bautizaba. A Juan todavía no le habían metido en la cárcel. Se originó entonces una discusión entre un judío y los discípulos de Juan acerca de la purificación; ellos fueron a Juan y le dijeron:
– «Oye, rabí, el que estaba contigo en la otra orilla del Jordán, de quien tú has dado testimonio, ése está bautizando, y todo el mundo acude a él.»
Contestó Juan:
– «Nadie puede tomarse algo para sí, si no se lo dan desde el cielo. Vosotros mismos sois testigos de que yo dije: “Yo no soy el Mesías, sino que me han enviado delante de él.” El que lleva a la esposa es el esposo; en cambio, el amigo del esposo, que asiste y lo oye, se alegra con la voz del esposo; pues esta alegría mía está colmada. Él tiene que crecer, y yo tengo que menguar.»

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy termina con una máxima que dio sentido a la entrega y la vida de S. Juan: “Es preciso que Él crezca y yo disminuya”. Darle el primer lugar en nuestro corazón al Señor, continuar por el camino de la humildad, buscar la gloria de Dios. En palabras del Papa emérito, Benedicto XVI, en el ángelus del 25 de junio de 2006: “Es preciso que él crezca y que yo disminuya”: estas palabras del Bautista constituyen un programa para todo cristiano. Dejar que el “yo” de Cristo ocupe el lugar de nuestro “yo” fue de modo ejemplar el anhelo de los apóstoles san Pedro y san Pablo […] San Pablo escribió de sí mismo: “Ya no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí”.

El pasaje evangélico de hoy ha de entenderse desde la novedad que supone la presencia del reino de Dios en la persona, mensaje y milagros del Señor. S. Juan Bautista sale al paso de posibles envidias entre sus seguidores respecto de Jesús, y es definido como el esposo del nuevo pueblo de Dios. Nos ayudará el meditar y orar sobre la santidad de S. Juan Bautista, a quien el Señor envía a prepararle el camino y no piensa sino en disminuirse para engrandecer a su Señor. En este tiempo de Navidad nos adentramos en el misterio de la humildad de Dios, según reza el prefacio: “viene por primera vez en la humildad de la carne”. El Señor nos invita a aprender de Él que es manso y humilde, “Humildad de Jesús: en Belen, en Nazaret, en el Calvario…La Virgen María nos acompaña para que le recibamos con la humildad con la que ella recibió a su Hijo Jesús…Salve Raíz, salve puerta, de quien nació la Luz para iluminar un mundo sumergido en las tinieblas del orgullo; Jesucristo, Luz de Luz.” (Cfr. Misal Romano, Credo).

Es sábado, día especialmente mariano, donde se nos invita a introducirnos en la escuela de María, para crecer en el amor a su Hijo y en el seguimiento.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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