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EVANGELIO DEL DÍA: Jn 6,30-35: Yo soy el pan de la vida. El que viene a mi no pasará hambre, y el que cree en mí nunca pasará sed.

EVANGELIO DEL DÍA:
Jn 6,30-35: Yo soy el pan de la vida. El que viene a mi no pasará hambre, y el que cree en mí nunca pasará sed.

En aquel tiempo, dijo la gente a Jesús:
– «¿Y qué signo vemos que haces tú, para que creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: «Les dio a comer pan del cielo.»»
Jesús les replicó:
– «Os aseguro que no fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo.»
Entonces le dijeron:
– «Señor, danos siempre de este pan.»
Jesús les contestó:
– «Yo soy el pan de la vida. El que viene a mi no pasará hambre, y el que cree en mí nunca pasará sed.»

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy nos encontramos con una parte del discurso sobre el “pan de vida”. Se presenta el Señor como el Pan que da la Vida al mundo, y después de hablarles de las excelencias de alimentarse de él, los discípulos le pidieron: “Señor, danos siempre de ese pan”. Acudo para la profundización del pasaje a algunos subrayados recogidos del angelus del 18 de junio de 2017, del Papa Francisco: “En la Eucaristía Jesús se acerca a nosotros, para alimentar en nosotros la fe, la esperanza y la caridad; para consolarnos en las pruebas; para sostenernos en el compromiso por la justicia y la paz… alimentarnos con Jesús Eucaristía significa también abandonarnos con confianza a Él y dejarnos guiar por Él. Se trata de acoger a Jesús en lugar del propio “yo”. De esta forma, el amor gratuito recibido por Jesús en la comunión eucarística, con la obra del Espíritu Santo alimenta el amor por Dios y por los hermanos y las hermanas que encontramos en el camino de cada día. Alimentados con el Cuerpo de Cristo, nosotros nos hacemos cada vez más y concretamente el Cuerpo místico de Cristo. Nos lo recuerda el apóstol Pablo: “La copa de bendición que bendecimos ¿no es acaso comunión con la sangre de Cristo? Y el pan que partimos ¿no es comunión con el cuerpo de Cristo? Porque aun siendo muchos, un solo pan y un solo cuerpo somos, pues todos participamos de un solo pan”.

El Señor quiso quedarse con nosotros todos los días, siempre, no nos ha dejado solos, y se nos da como alimento, alimento que sacia toda la sed y el hambre que tiene el corazón del hombre, las ansias de dicha, de plenitud, de felicidad, solo el Señor puede colmar nuestras aspiraciones, quiso ser nuestro alimento y se encuentra en presencia de amor en ese trozo de pan. Que podamos confesar nuestra fe: “Yo creo, adoro, espero y te amo”.
Que tengas un buen día.

Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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