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EVANGELIO DEL DÍA: Lc 10,13-16: Quien a vosotros os escucha, a mí me escucha.

EVANGELIO DEL DÍA:
Lc 10,13-16: Quien a vosotros os escucha, a mí me escucha.

En aquel tiempo, dijo Jesús:
-¡Ay de ti Corozaín, ay de ti, Betsaida! Si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que en vosotras, hace tiempo que se habrían convertido, vestidos de sayal y sentados en la ceniza.
Por eso el juicio les será más llevadero a Tiro y a Sidón que a vosotras.
Y tú, Cafarnaún, ¿piensas escalar el cielo? Bajarás al abismo.
Quien a vosotros os escucha, a mí me escucha; quien a vosotros os rechaza, a mí me rechaza; y quien me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy vemos al Señor haciendo una llamada de atención porque se resisten a convertirse, ponen dificultades a escuchar, rechazan todo lo referente a la vida de la gracia, para ellos no tienen ningún valor, rechazar al enviado, sin embargo, tiene graves consecuencias para el que lo hace. Cerrar el corazón a la misericordia, es no dejar a Dios que pueda actuar en tu vida y quien sufre las consecuencias nefastas, es uno mismo, el que mas perjudicado queda es el que impide la acción de la gracia.

También nosotros somos testigos de multitud de milagros, experimentamos la acción de Dios en nosotros mismos y en los que nos rodean, vemos la dicha de los que confían y, se dejan hacer, como se toman en serio su Palabra y es como brújula para actuar, la que guía sus pasos, sus acciones, modela sus sentimientos, su comportamiento y como sus vidas se llenan de esperanza y de gozo, que se va haciendo contagioso. Es importante que acudamos al Señor con humildad y le pidamos ver todo lo que Dios nos va regalando y, solicitarle que nos ayude a no poner impedimentos a sus acciones, que sepamos acoger, escuchar y confiar.

Hoy también celebramos la memoria de San Francisco, que tuvo una juventud díscola y frívola, tuvo un encuentro con un leproso que le cambio la vida, y encontró a Cristo sobre todo en los pobres y necesitados, haciéndose pobre él mismo. En el pequeño templo de San Damián, medio abandonado y destruido, oyó ante una imagen románica de Cristo una voz que le hablaba en el silencio de su muda y amorosa contemplación: “Ve, Francisco, repara mi iglesia. Ya lo ves: está hecha una ruina”. El joven Francisco no vaciló: corrió a su casa paterna, tomó unos cuantos rollos de paño del almacén y fue a venderlos a Feligno; luego entregó el dinero así obtenido al sacerdote de San Damián para la restauración del templo. Esta acción desató la ira de su padre; si antes había censurado en su hijo cierta tendencia al lujo y a la pompa, Pietro di Bernardone vio ahora en aquel donativo una ciega prodigalidad en perjuicio del patrimonio que tantos sudores le costaba. Por ello llevó a su hijo ante el obispo de Asís a fin de que renunciara formalmente a cualquier herencia. La respuesta de Francisco fue despojarse de sus propias vestiduras y restituirlas a su progenitor, renunciando con ello, por amor a Dios, a cualquier bien terrenal. Instituyo los Hermanos Menores y viajando, predicó el amor de Dios a todos.

Que tengas un buen día. Paz y Bien.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), Sacerdote.

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