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EVANGELIO DEL DÍA: Lc 10,21-24: Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra.

EVANGELIO DEL DÍA:
Lc 10,21-24: Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra.

En aquel tiempo, lleno de la alegría del Espíritu Santo, exclamó Jesús:
– «Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y a los entendidos, y las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, porque así te ha parecido bien. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo, sino el Padre; ni quién es el Padre, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiere revelar.»
Y volviéndose a sus discípulos, les dijo aparte:
– «¡Dichosos los ojos que ven lo que vosotros veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes desearon ver lo que veis vosotros, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron.»

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio nos destaca la actitud de acción de gracias realizada por el Señor, con su manera de proceder nos esta invitando a nosotros a detenernos un momento y nos hará bien entrar en la actitud del agradecimiento para con Dios, para con mi prójimo y para con nosotros mismos: Gracias, Señor, por… y gracias de nuevo por… recoger cada día la multitud de pequeños detalles, acciones, situaciones por las que agradecérselas al Señor. La acción de Gracias de Jesús nace de contemplar la acción que esta haciendo el Padre en el corazón de los hombres. Cuando uno descubre, lo grande que ha estado y esta, el Señor con uno, le viene a la mente el Salmo: “¿cómo pagare al Señor todo el bien que me ha hecho?”, y lo único que quiere y desea, es corresponder a su amor.

También hoy nos destaca la sencillez. El Sencillo es el que lucha contra la soberbia, combate la autosuficiencia. El sencillo aprende a hacerse pequeño, entra en la espiritualidad de hacerse niño, se sabe que por sus propias fuerzas no puede nada, “sin Mí no podéis hacer nada”, – me has advertido y yo no me lo termino de creer- . En la vida cristiana hay siempre dos elementos: la gracia de Dios y mi correspondencia.

En la Audiencia General del 7 de diciembre de 2011, el Papa Benedicto XVI, profundiza en este pasaje evangélico : “«te doy gracias». […] Jesús se dirige a Dios llamándolo «Padre». Este término expresa la conciencia y la certeza de Jesús de ser «el Hijo», en íntima y constante comunión con él, y este es el punto central y la fuente de toda oración de Jesús. […] Al nombre «Padre» le sigue un segundo título, «Señor del cielo y de la tierra». Jesús, con esta expresión, recapitula la fe en la creación y hace resonar las primeras palabras de la Sagrada Escritura: «Al principio creó Dios el cielo y la tierra». […]

Pero, ¿qué significa «ser pequeños», sencillos? ¿Cuál es «la pequeñez» que abre al hombre a la intimidad filial con Dios y a aceptar su voluntad? ¿Cuál debe ser la actitud de fondo de nuestra oración? Miremos el «Sermón de la montaña», donde Jesús afirma: «Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios». Es la pureza del corazón la que permite reconocer el rostro de Dios en Jesucristo; es tener un corazón sencillo como el de los niños, sin la presunción de quien se cierra en sí mismo, pensando que no tiene necesidad de nadie, ni siquiera de Dios.”

También hoy celebramos la memoria de San Francisco Javier, un gran misionero español. –patrono de los misioneros-. Nació el 7 de abril de 1506 en el Castillo de Javier, Navarra. Fue el más pequeño de cuatro hermanos: Magdalena, Ana, Miguel y Juan, y fue su madre quién desde pequeño le enseño a rezar, acudiendo todos los días con él a la capilla del Castillo. Cursó estudios en París, donde conoció a quien sería después San Ignacio de Loyola, su vida le interrogo y le cuestiono la pregunta del Evangelio: ¿De que le vale a uno ganar todo si pierde su alma? Esta pregunta le cambio su forma de ser, lo que antes aspiraba a tener honores y fama pasa a otro orden. Fue ordenado sacerdote y parte hacia Lisboa. Propagó la fe cristiana como misionero por la India, Oceanía, Japón y China. 

 En su último viaje, salió de la India con intención de llegar a China, pero cayó enfermo y falleció el 3 de diciembre de 1552, en la isla de Sancian.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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