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EVANGELIO DEL DÍA: Lc 12,35-38: Bienaventurados aquellos criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela.

EVANGELIO DEL DÍA:
Lc 12,35-38: Bienaventurados aquellos criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela.

Tened ceñida vuestra cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los hombres que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame. Bienaventurados aquellos criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; en verdad os digo que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y, acercándose, les irá sirviendo. Y, si llega a la segunda vigilia o a la tercera y los encuentra así, bienaventurados ellos.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy nos encontramos con la parábola de los siervos que esperan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame. Nos exhorta a la vigilancia, se trata de la vigilancia del corazón, el amor mantiene el corazón alerta, lo mismo que el del enamorado que vive pensando en la persona que ama, que el de la madre que vela el sueño y la salud de su hijo enfermo. El amor llena de esperanza la vigilancia, abre el corazón al bien, tiene la seguridad que se encontrará con el amado, la espera ha merecido la pena.

El Papa Francisco en la audiencia general del 24 de abril de 2013 nos presenta una catequesis sobre el Credo que profesamos y concretamente aborda la venida del Señor. Y lo hace de la mano de tres textos evangélicos que nos ayudan a entrar en este misterio: el de las diez vírgenes, el de los talentos y el del juicio final. Los tres forman parte del discurso de Jesús sobre el final de los tiempos y afirma que: “El tiempo de espera de su llegada es el tiempo que Él nos da, a todos nosotros, con misericordia y paciencia, antes de su venida final; es un tiempo de vigilancia; tiempo en el que debemos tener encendidas las lámparas de la fe, de la esperanza y de la caridad; tiempo de tener abierto el corazón al bien, a la belleza y a la verdad; tiempo para vivir según Dios, pues no sabemos ni el día ni la hora del retorno de Cristo. Lo que se nos pide es que estemos preparados al encuentro —preparados para un encuentro, un encuentro bello, el encuentro con Jesús—, que significa saber ver los signos de su presencia, tener viva nuestra fe, con la oración, con los Sacramentos, estar vigilantes para no adormecernos, para no olvidarnos de Dios. La vida de los cristianos dormidos es una vida triste, no es una vida feliz. El cristiano debe ser feliz, la alegría de Jesús. ¡No nos durmamos! […] Dios nos ofrece con misericordia y paciencia este tiempo para que aprendamos cada día a reconocerle en los pobres y en los pequeños; para que nos empleemos en el bien y estemos vigilantes en la oración y en el amor. Que el Señor, al final de nuestra existencia y de la historia, nos reconozca como siervos buenos y fieles.”

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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