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EVANGELIO DEL DÍA Lc 19,45-48: Todos los días enseñaba en el templo.

EVANGELIO DEL DÍA
Lc 19,45-48: Todos los días enseñaba en el templo.

Después entró en el templo y se puso a echar a los vendedores, diciéndoles: «Escrito está: “Mi casa será casa de oración”; pero vosotros la habéis hecho una “cueva de bandidos”». Todos los días enseñaba en el templo. Por su parte, los sumos sacerdotes, los escribas y los principales del pueblo buscaban acabar con él, pero no sabían qué hacer, porque todo el pueblo estaba pendiente de él, escuchándolo.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy nos encontramos con la purificación del templo, el Señor no viene para destruir, viene con el don de la curación, quiere sanar y para ello denuncia los abusos cometidos: “cueva de bandidos”; sanar no resulta cómodo, a veces, trae consigo incomprensión, “buscaban acabar con él”; con este gesto el Señor se nos revela y “no sólo para impedir un abuso, sino también para indicar el nuevo modo de actuar de Dios. Se forma el nuevo templo: Jesucristo mismo, en el que el amor de Dios se derrama sobre los hombres. Él, en su vida, es el templo nuevo y vivo. Él, que pasó por la cruz y resucitó, es el espacio vivo de espíritu y vida, en el que se realiza la adoración correcta”. (Benedicto XVI, homilia, 16 marzo 2008)

Os proponga para la meditación las palabras del Papa Francisco sobre este pasaje evangélico dichas en el ángelus del 8 de marzo de 2015: “El Evangelio de hoy nos presenta el episodio de la expulsión de los vendedores del templo. […] Aparece claramente como un gesto profético, […] este gesto de Jesús y su mensaje profético se comprenden plenamente a la luz de su Pascua. […] cada uno de nosotros puede preguntarse—, ¿se siente el Señor verdaderamente como en su casa en mi vida? ¿Le permitimos que haga «limpieza» en nuestro corazón y expulse a los ídolos, es decir, las actitudes de codicia, celos, mundanidad, envidia, odio, la costumbre de murmurar y «despellejar» a los demás? ¿Le permito que haga limpieza de todos los comportamientos contra Dios, contra el prójimo y contra nosotros mismos? Cada uno puede responder a sí mismo, en silencio, en su corazón. «¿Permito que Jesús haga un poco de limpieza en mi corazón?». «Oh padre, tengo miedo de que me reprenda». Pero Jesús no reprende jamás. Jesús hará limpieza con ternura, con misericordia, con amor. La misericordia es su modo de hacer limpieza. Dejemos —cada uno de nosotros—, dejemos que el Señor entre con su misericordia —no con el látigo, no, sino con su misericordia— para hacer limpieza en nuestros corazones. El látigo de Jesús para nosotros es su misericordia. Abrámosle la puerta, para que haga un poco de limpieza.”

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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