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EVANGELIO DEL DÍA: Lc 21,29-33: El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán.

EVANGELIO DEL DÍA:
Lc 21,29-33: El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán.

En aquel tiempo, puso Jesús una comparación a sus discípulos:
-Fijaos en la higuera o en cualquier árbol: cuando echan brotes, os basta verlos para saber que la primavera está cerca. Pues cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios.
Os aseguro que antes que pase esta generación, todo eso se cumplirá. El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el evangelio de hoy, con la parábola de la higuera es toda una invitación al discernimiento evangélico y a la espera vigilante del Señor. Podríamos decir que dos llamadas son las que nos realiza hoy:

La primera, en la atención que hay que dar a los signos de los tiempos.Y la segunda llamada, es la esperanza, fundada en la firmeza de la palabra del Señor, que expulsa el miedo y la desesperanza. “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”. La palabra del Señor es la fuente de nuestra esperanza. ¡Lo que dice se cumplirá !, su palabra se realiza.

La primera actitud ante los anuncios escatológicos, es… ¡la esperanza! La segunda actitud, es… ¡la confianza! La certeza de que Dios cumple sus promesas. Cree y confía. Las palabras finales del Evangelio son esperanzadoras, todo se puede venir abajo, puede parecer que nos hundimos, pero sus Palabras permanecen y nos sostienen, allí tenemos que acudir y encontrar la fuente que nos da la vida eterna. “Mis Palabras no pasaran”. Su Palabra eterna fundamenta nuestra espera, así como la esperanza confiada que elimina toda duda y el miedo.

El Papa Francisco comenta este pasaje evangélico en el ángelus del 15 de noviembre de 2015: “La parábola de la higuera que germina, como símbolo del verano ya cercano, dice que la perspectiva del final no nos desvía de la vida presente, sino que nos hace mirar nuestros días con una óptica de esperanza. Es esa virtud tan difícil de vivir: la esperanza, la más pequeña de las virtudes, pero la más fuerte. Y nuestra esperanza tiene un rostro: el rostro del Señor resucitado, que viene «con gran poder y gloria», que manifiesta su amor crucificado, transfigurado en la resurrección. El triunfo de Jesús al final de los tiempos, será el triunfo de la Cruz; la demostración de que el sacrificio de uno mismo por amor al prójimo y a imitación de Cristo, es el único poder victorioso y el único punto fijo en medio de la confusión y tragedias del mundo. […] También en nuestros días no faltan las calamidades naturales y morales, y tampoco la adversidad y las desgracias de todo tipo. Todo pasa —nos recuerda el Señor—; sólo Él, su Palabra permanece como luz que guía, anima nuestros pasos y nos perdona siempre, porque está al lado nuestro. Sólo es necesario mirarlo y nos cambia el corazón.”

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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