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EVANGELIO DEL DÍA Lc 21,5-11: Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico.

EVANGELIO DEL DÍA
Lc 21,5-11: Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico.

Y como algunos hablaban del templo, de lo bellamente adornado que estaba con piedra de calidad y exvotos, Jesús les dijo: «Esto que contempláis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea destruida». Ellos le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?». Él dijo: «Mirad que nadie os engañe. Porque muchos vendrán en mi nombre diciendo: “Yo soy”, o bien: “Está llegando el tiempo”; no vayáis tras ellos. Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico. Porque es necesario que eso ocurra primero, pero el fin no será enseguida». Entonces les decía: «Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países, hambres y pestes. Habrá también fenómenos espantosos y grandes signos en el cielo.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy, recientemente escuchado, hace dos domingos, nos anuncia la ruina del templo de Jerusalén, a pesar de su imponente belleza, el templo será arrasado hasta no quedar piedra sobre piedra, habrá guerras, violencia, terremotos, hambre… nos encontramos con todo una realidad desoladora, fatalista, derrotista: “no quedará piedra sobre piedra”, pero junto a este mensaje catastrofista, nos resuena también las palabras del Señor: “cielo y tierra pasaran, pero mis Palabras, se cumplirán”. Es posible que todo se tambalee pero no así la Palabra de Dios, que se cumple y se realiza. Por eso ante las malas noticias, no debemos dejarnos llevar del miedo, ni del pánico, que nadie os robe la esperanza – nos recuerda el Papa Francisco- , Dios siempre nos invita a la esperanza. Y puede ser un reto para dar testimonio, una oportunidad que se nos brinda para una mayor entrega, para poner mayor amor.

El Papa Francisco comenta este pasaje en el ángelus del 17 de noviembre de 2019: “El Evangelio de este penúltimo domingo del año litúrgico nos presenta el discurso de Jesús sobre el fin de los tiempos. […] Se sirve de dos imágenes aparentemente opuestas: la primera es una serie de acontecimientos aterradores: catástrofes, guerras, hambrunas, revoluciones y persecuciones; la segunda es tranquilizadora: «No perecerá ni un cabello de vuestra cabeza». En primer lugar, una mirada realista a la historia, marcada por las calamidades y también por la violencia, por los traumas que hieren la creación, […] La segunda imagen, envuelta en la seguridad de Jesús, nos muestra la actitud que el cristiano debe adoptar al vivir esta historia, caracterizada por la violencia y la adversidad.

¿Y cuál es la actitud del cristiano? Es la actitud de esperanza en Dios, que nos permite no dejarnos abrumar por acontecimientos trágicos. En efecto, «esto os sucederá para que deis testimonio». Los discípulos de Cristo no pueden permanecer esclavos de los temores y de las angustias, sino que están llamados a vivir la historia, a detener la fuerza destructiva del mal, con la certeza de que la ternura providencial y tranquilizadora del Señor acompaña siempre su acción de bien. Esta es la señal elocuente de que el Reino de Dios viene a nosotros, es decir, que la realización del mundo se acerca como Dios quiere. Es Él, el Señor, quien dirige nuestras vidas y conoce el propósito último de las cosas y los acontecimientos.

El Señor nos llama a colaborar en la construcción de la historia, convirtiéndonos, junto a Él, en pacificadores y testigos de esperanza en un futuro de salvación y resurrección. La fe nos hace caminar con Jesús por las sendas de este mundo, muchas veces tortuosas, con la certeza de que el poder de Su Espíritu doblegará las fuerzas del mal, sometiéndolas al poder del amor de Dios. El amor es superior, el amor es más poderoso, porque es Dios: Dios es amor. […] Este es el tesoro más preciado que se nos ha dado y el testimonio más eficaz que podemos dar a nuestros contemporáneos, respondiendo al odio con amor, a la ofensa con el perdón. Incluso en nuestra vida diaria: cuando recibimos una ofensa, sentimos dolor; pero debemos perdonar de corazón. Cuando nos sintamos odiados, recemos con amor por la persona que nos odia. Que la Virgen María, por su intercesión maternal, nos sustente en nuestro camino cotidiano de fe, siguiendo al Señor que guía la historia.”

También hoy hacemos memoria de una mártir de la primitiva iglesia, Santa Cecilia, su nombre figura en el canon romano, consiguió la doble palma. Una tradición dice que pertenecía a una de las principales familias de Roma. Se le propuso que renunciara a su fe y ella declaro que prefería la muerte antes que renegar de la verdadera religión. Antes de morir repartió todos sus bienes entre los pobres y pidió al Papa Urbano que convirtiera su casa en un templo para orar.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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