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EVANGELIO DEL DÍA: Lc 3,15-16.21-22: Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto.

EVANGELIO DEL DÍA:
Lc 3,15-16.21-22: Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto.

En aquel tiempo, el pueblo estaba en expectación y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías; él tomó la palabra y dijo a todos:
-Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. El os bautizará con Espíritu Santo y fuego.
En un bautismo general, Jesús también se bautizó. Y, mientras oraba, se abrió el cielo, bajó el Espíritu Santo sobre él en forma de paloma, y vino una voz del cielo:
«Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto.»

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

Hoy celebramos la fiesta del Bautismo del Señor, que concluye el tiempo de Navidad. Creo que nos puede ayudar para profundizar en la festividad de hoy, la reflexión realizada por el Papa Emérito Benedicto XVI, en el Ángelus pronunciado el 13 de enero de 2008: “El Niño, a quien los Magos de Oriente vinieron a adorar en Belén, ofreciéndole sus dones simbólicos, lo encontramos ahora adulto, en el momento en que se hace bautizar en el río Jordán por el gran profeta Juan. El Evangelio narra que cuando Jesús, recibido el bautismo, salió del agua, se abrieron los cielos y bajó sobre él el Espíritu Santo en forma de paloma. Se oyó entonces una voz del cielo que decía: “Este es mi Hijo amado, en quien me complazco”. Esa fue su primera manifestación pública, después de casi treinta años de vida oculta en Nazaret. […] ¿Cuál es el significado de este acto, que Jesús quiso realizar —venciendo la resistencia del Bautista— para obedecer a la voluntad del Padre? Su sentido profundo se manifestará sólo al final de la vida terrena de Cristo, es decir, en su muerte y resurrección. Haciéndose bautizar por Juan juntamente con los pecadores, Jesús comenzó a tomar sobre sí el peso de la culpa de toda la humanidad, como Cordero de Dios que “quita” el pecado del mundo. Obra que consumó en la cruz, cuando recibió también su “bautismo”. En efecto, al morir se “sumergió” en el amor del Padre y derramó el Espíritu Santo, para que los creyentes en él pudieran renacer de aquel manantial inagotable de vida nueva y eterna.

Toda la misión de Cristo se resume en esto: bautizarnos en el Espíritu Santo, para librarnos de la esclavitud de la muerte y “abrirnos el cielo”, es decir, el acceso a la vida verdadera y plena…”

Hoy es un gran día para renovar nuestro bautismo y darle muchas gracias al Señor por el gran regalo que nos ha hecho, introduciéndonos en su familia, la de los hijos de Dios. Siempre me ha impresionado en esta festividad contemplar a Nuestro Señor haciendo cola entre los pecadores, pasando como uno de tantos, él que no cometió pecado, todo un Dios entremezclado con los que nada cuenta, con los marginados, sin querer privilegios, estando en la fila con paciencia, sabiendo esperar su turno, me impresiona este Dios que rompe todos los esquemas de este mundo, no quiere privilegios, no busca honores, le da igual que lo confundan, pasando como uno de tantos, mezclado entre los pecadores.

Feliz día del Señor. Feliz domingo. Que tengas buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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