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EVANGELIO DEL DÍA Lc 4,24-30: Ningún profeta es aceptado en su pueblo.

EVANGELIO DEL DÍA
Lc 4,24-30: Ningún profeta es aceptado en su pueblo.

Habiendo llegado Jesús a Nazaret, le dijo al pueblo en la sinagoga: «En verdad os digo que ningún profeta es aceptado en su pueblo. Puedo aseguraros que en Israel había muchas viudas en los días de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías sino a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, sin embargo, ninguno de ellos fue curado sino Naamán, el sirio». Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo echaron fuera del pueblo y lo llevaron hasta un precipicio del monte sobre el que estaba edificado su pueblo, con intención de despeñarlo. Pero Jesús se abrió paso entre ellos y seguía su camino.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy nos presenta al Señor sintiendo el rechazo de los suyos, y nos encontramos con el famoso dicho: “ningún profeta es aceptado en su pueblo”, no fue acogido. El pasaje nos resalta que el Señor: “Pero Jesús se abrió paso entre ellos y seguía su camino”. No les dio el gustazo de permitirles que le robaran el Evangelio, el Papa Francisco, insiste constantemente y nos esta demandando a los cristianos que no permitamos al espíritu de este mundo que nos robe la esperanza, no le dejemos que nos robe la alegría que nos da la fe, que igual que Ntro. Señor sepamos abrirnos paso con la fuerza de la Palabra, la perseverancia y siguiendo el camino de agradar a Dios, buscando siempre lo que le agrada e intentado entrar en su voluntad.

Contamos con la catequesis dada por el Papa Benedicto XVI, en el ángelus del 8 de julio de 2012 sobre este pasaje evangélico: “«Nadie es profeta en su patria», es decir, ningún profeta es bien recibido entre las personas que lo vieron crecer. De hecho, Jesús, después de dejar Nazaret, cuando tenía cerca de treinta años, y de predicar y obrar curaciones desde hacía algún tiempo en otras partes, regresó una vez a su pueblo y se puso a enseñar en la sinagoga. Sus conciudadanos «quedaban asombrados» por su sabiduría y, dado que lo conocían como el «hijo de María», el «carpintero» que había vivido en medio de ellos, en lugar de acogerlo con fe se escandalizaban de él. Este hecho es comprensible, porque la familiaridad en el plano humano hace difícil ir más allá y abrirse a la dimensión divina. A ellos les resulta difícil creer que este carpintero sea Hijo de Dios. Jesús mismo les pone como ejemplo la experiencia de los profetas de Israel, que precisamente en su patria habían sido objeto de desprecio, y se identifica con ellos. Debido a esta cerrazón espiritual, Jesús no pudo realizar en Nazaret «ningún milagro, sólo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos». De hecho, los milagros de Cristo no son una exhibición de poder, sino signos del amor de Dios, que se actúa allí donde encuentra la fe del hombre, es una reciprocidad. Orígenes escribe: «Así como para los cuerpos hay una atracción natural de unos hacia otros, como el imán al hierro, así esa fe ejerce una atracción sobre el poder divino».

[…] Aunque sabe que ningún profeta es bien recibido en su patria, sin embargo la cerrazón de corazón de su gente le resulta oscura, impenetrable: ¿Cómo es posible que no reconozcan la luz de la Verdad? ¿Por qué no se abren a la bondad de Dios, que quiso compartir nuestra humanidad? De hecho, el hombre Jesús de Nazaret es la transparencia de Dios, en él Dios habita plenamente. […] Quien entendió verdaderamente esta realidad es la Virgen María, bienaventurada porque creyó. María no se escandalizó de su Hijo: su asombro por él está lleno de fe, lleno de amor y de alegría, al verlo tan humano y a la vez tan divino. Así pues, aprendamos de ella, nuestra Madre en la fe, a reconocer en la humanidad de Cristo la revelación perfecta de Dios.”

Nos encontramos en un tiempo propicio, tiempo de gracia, tiempo favorable para intensificar nuestro encuentro con el Señor. No desaprovechemos esta oportunidad.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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