Fano 20140427

EVANGELIO DEL DÍA: Lc 5,1-11: No temas: desde ahora serás pescador de hombres.

EVANGELIO DEL DÍA:
Lc 5,1-11: No temas: desde ahora serás pescador de hombres.

En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la Palabra de Dios, estando él a orillas del lago de Genesaret; y vio dos barcas que estaban junto a la orilla: los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes.
Subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente.
Cuando acabó de hablar, dijo a Simón:
-Rema mar adentro y echad las redes para pescar.
Simón contestó:
-Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes.
Y, puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande, que reventaba la red. Hicieron señas a los socios de la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús, diciendo:
-Apártate de mí, Señor, que soy un pecador.
Y es que el asombro se había apoderado de él y de los que estaban con él, al ver la redada de peces que habían cogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón.
Jesús dijo a Simón:
-No temas: desde ahora serás pescador de hombres.
Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

El Evangelio de hoy nos presenta la llamada de los primeros discípulos de Jesús. El Señor se presenta solicitando a Pedro que lo acoja en su barca, “le pidió que la apartara un poco de tierra”, le solicita colaboración, le pide ayuda para poder predicar a la gente que se agolpaba para escuchar la Palabra, muchas veces se presenta mendigando nuestra respuesta, tiene sed de nuestro amor, sigue contando con nosotros; después invita a Pedro a “remar mar adentro”, toda una invitación a salir de las seguridades, a salir de las comodidades, a abandonar la orilla, a dejar lo que se domina, a romper con la monotonía…, en definitiva, a ponerse en las manos de Dios, a dejarse guiar, a no posicionarse, a fiarse de Él. Después le invita a echar las redes, es cuando Pedro le abre su corazón y le dice que han pasado toda la noche bregando y no han conseguido nada, no ha tenido éxito en la pesca, ha vivido un fracaso, el esfuerzo y trabajo de toda una noche y sin consecuencias, nada, nada, ¡Cuantas veces les diría el Señor a sus discípulos: “sin Mí no podéis hacer nada”!, y llega un momento en el que uno experimenta su propia pequeñez, su limitación, a veces, hasta su fracaso. Los fracasos, no deben llevarnos al desánimo, al contrario son siempre un reto, una llamada a no poner las fuerzas en nuestras personas y crecer en confianza en quien lleva a feliz termino siempre su obra, no estamos abandonados, no estamos solos, el Señor nos acompaña en nuestro peregrinar, y como a Pedro, también se nos invita a confiar en su Palabra, Pedro experimentó que por fiarse y confiar en el Señor, fue testigo de una pesca inmensa donde necesito la ayuda de sus compañeros, ya que habían conseguido tal cantidad de peces que estaban apunto de reventarse las redes y las barcas casi se hundían por la grandiosidad de la pesca. Y cuando uno experimenta en su propia vida lo grande que ha estado y está el Señor, el paso siguiente y sin pretenderlo, es ser instrumento suyo, contagiar la alegría de su amor y hacer de puente de encuentro entre los hombres y Dios.

El Papa Francisco comenta el pasaje evangelio, en el ángelus, del 7 de febrero de 2016: “Frente a este evento extraordinario, los pescadores se asombraron. Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús diciendo: «Señor, apártate de mí, que soy un pecador». Ese signo prodigioso le convenció de que Jesús no es sólo un maestro formidable, cuya palabra es verdadera y poderosa, sino que Él es el Señor, es la manifestación de Dios. Y esta cercana presencia despierta en Pedro un fuerte sentido de la propia mezquindad e indignidad. Desde un punto de vista humano, piensa que debe haber distancia entre el pecador y el Santo. En verdad, precisamente su condición de pecador requiere que el Señor no se aleje de él, de la misma forma en la que un médico no se puede alejar de quien está enfermo.

La respuesta de Jesús a Simón Pedro es tranquilizadora y decidida: «No temas; desde ahora serás pescador de hombres». Y de nuevo el pescador de Galilea, poniendo su confianza en esta palabra, deja todo y sigue a Aquel que se ha convertido en su Maestro y Señor. Y así hicieron también Santiago y Juan, compañeros de trabajo de Simón. Esta es la lógica que guía la misión de Jesús y la misión de la Iglesia: ir a buscar, «pescar» a los hombres y las mujeres, no para hacer proselitismo, sino para restituir a todos la plena dignidad y libertad, mediante el perdón de los pecados. Esto es lo esencial del cristianismo: difundir el amor regenerante y gratuito de Dios, con actitud de acogida y de misericordia hacia todos, para que cada uno puede encontrar la ternura de Dios y tener plenitud de vida. […] El Evangelio de hoy nos interpela: ¿sabemos fiarnos verdaderamente de la palabra del Señor? ¿O nos dejamos desanimar por nuestros fracasos?”

Es domingo, el día del Señor, que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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