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EVANGELIO DEL DÍA: Lc 6,39-42: ¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego?

EVANGELIO DEL DÍA:
Lc 6,39-42: ¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego?

En aquel tiempo, ponía Jesús a sus discípulos esta comparación:
–¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo?
Un discípulo no es más que su maestro, si bien cuando termine su aprendizaje, será como su maestro.
¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: «hermano, déjame que te saque la mota del ojo, sin fijarte en la viga que llevas en el tuyo? ¡Hipócrita! Sácate primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la mota del ojo de tu hermano.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy nos presenta una parábola para señalar a sus discípulos el camino a seguir para vivir sabiamente. El Papa Francisco nos comenta este pasaje evangélico en el ángelus del 3 de marzo de 2019: “Con la pregunta: «¿Podrá un ciego guiar a otro ciego?», quiere subrayar que un guía no puede ser ciego, sino que debe ver bien, es decir, debe poseer la sabiduría para guiar con sabiduría, de lo contrario corre el peligro de perjudicar a las personas que dependen de él. Así, Jesús llama la atención de aquellos que tienen responsabilidades educativas o de mando: los pastores de almas, las autoridades públicas, los legisladores, los maestros, los padres, exhortándoles a que sean conscientes de su delicado papel y a discernir siempre el camino acertado para conducir a las personas.

Y Jesús toma prestada una expresión sapiencial para indicarse como modelo de maestro y guía a seguir: «No está el discípulo por encima del maestro. Todo el que esté bien formado será como su maestro». Es una invitación a seguir su ejemplo y su enseñanza para ser guías seguros y sabios. […] En el pasaje de hoy encontramos otra frase significativa, que nos exhorta a no ser presuntuosos e hipócritas. Dice así: «¿Cómo es que miras la brizna que hay en el ojo de tu hermano y no reparas en la viga que hay en tu propio ojo?». Muchas veces, lo sabemos, es más fácil o más cómodo percibir y condenar los defectos y los pecados de los demás, sin darnos cuenta de los nuestros con la misma claridad. Siempre escondemos nuestros defectos, también a nosotros mismos; en cambio, es fácil ver los defectos de los demás. La tentación es ser indulgente con uno mismo ―manga ancha con uno mismo― y duro con los demás.[…] Pensemos un poco en esta enseñanza de Jesús y preguntémonos: ¿Hablo mal de los demás? ¿Trato siempre de ensuciar a los demás? ¿Es más fácil para mí ver los defectos de otras personas que los míos? Y tratemos de corregirnos al menos un poco: nos hará bien a todos.”

Necesitamos unos ojos que aprenda a mirar como somos mirados por el Señor. Se nos invita a ser intransigentes con el pecado, comenzando por el nuestro propio, e indulgentes con las personas. El juicio sobre los demás no nos toca a nosotros, sino a Dios. En amar se resume toda la ley de Cristo. No olvidemos nunca que nuestros hermanos tienen que soportar con paciencia nuestros defectos, seamos un poco más humildes y comprensivos con los que nos rodean.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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