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EVANGELIO DEL DÍA Lc 9, 18-22: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?

EVANGELIO DEL DÍA
Lc 9, 18-22: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?

Una vez que Jesús estaba orando solo, lo acompañaban sus discípulos y les preguntó:
«¿Quién dice la gente que soy yo?».
Ellos contestaron:
«Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías, otros dicen que ha resucitado uno de los antiguos profetas».
Él les preguntó:
«Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?».
Pedro respondió:
«El Mesías de Dios».
Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie. Porque decía:
«El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día».

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

El Evangelio de hoy nos encontramos con el sondeo realizado por el Señor sobre ¿quién soy yo para ti?

Tenemos la dicha de contar con el comentario realizado por el Papa Benedicto XVI a este pasaje evangélico en la homilía de la Misa de la Jornada Mundial de la Juventud en Cuatro Vientos en Madrid, el 21 de agosto de 2011: “¿quién es Él realmente? ¿Cómo es posible que alguien que ha vivido sobre la tierra hace tantos años tenga algo que ver conmigo hoy?

En el evangelio que hemos escuchado, vemos representados como dos modos distintos de conocer a Cristo. El primero consistiría en un conocimiento externo, caracterizado por la opinión corriente. A la pregunta de Jesús: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?», los discípulos responden: «Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas». Es decir, se considera a Cristo como un personaje religioso más de los ya conocidos. Después, dirigiéndose personalmente a los discípulos, Jesús les pregunta: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». Pedro responde con lo que es la primera confesión de fe: «Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo». La fe va más allá de los simples datos empíricos o históricos, y es capaz de captar el misterio de la persona de Cristo en su profundidad.

Pero la fe no es fruto del esfuerzo humano, de su razón, sino que es un don de Dios: «¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos». Tiene su origen en la iniciativa de Dios, que nos desvela su intimidad y nos invita a participar de su misma vida divina. La fe no proporciona solo alguna información sobre la identidad de Cristo, sino que supone una relación personal con Él, la adhesión de toda la persona, con su inteligencia, voluntad y sentimientos, a la manifestación que Dios hace de sí mismo. Así, la pregunta de Jesús: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?», en el fondo está impulsando a los discípulos a tomar una decisión personal en relación a Él. Fe y seguimiento de Cristo están estrechamente relacionados. Y, puesto que supone seguir al Maestro, la fe tiene que consolidarse y crecer, hacerse más profunda y madura, a medida que se intensifica y fortalece la relación con Jesús, la intimidad con Él. También Pedro y los demás apóstoles tuvieron que avanzar por este camino, hasta que el encuentro con el Señor resucitado les abrió los ojos a una fe plena.

Queridos jóvenes, también hoy Cristo se dirige a vosotros con la misma pregunta que hizo a los apóstoles: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». Respondedle con generosidad y valentía, como corresponde a un corazón joven como el vuestro. Decidle: Jesús, yo sé que Tú eres el Hijo de Dios que has dado tu vida por mí. Quiero seguirte con fidelidad y dejarme guiar por tu palabra. Tú me conoces y me amas. Yo me fío de ti y pongo mi vida entera en tus manos. Quiero que seas la fuerza que me sostenga, la alegría que nunca me abandone.”

También hoy celebramos a San Pío de Pietrelcina, nació el 25 de mayo de 1887 en la provincia de Benevento, creció dentro de una familia humilde, San Juan Pablo II en la homilía de beatificación (2 mayo de 1999) dijo de él: “Este humilde fraile capuchino ha asombrado al mundo con su vida dedicada totalmente a la oración y a la escucha de sus hermanos.” Y en la homilía de canonización (16 junio de 2002): “La raíz profunda de tan gran fecundidad espiritual se encuentra en la íntima y constante unión con Dios, de la que eran elocuentes testimonios la largas horas pasadas en oración y en el confesionario. Solía repetir: “Soy un pobre fraile que ora”… Además de la oración, el padre Pío realizaba una intensa actividad caritativa, de la que es extraordinaria expresión la “Casa de alivio del sufrimiento”. Oración y Caridad siempre van juntas en los grandes hombres de Dios. Pasaba muchas horas sentado en el confesionario, uno de los dones que más impresionaba es que podía leer los corazones. Murió el 23 de septiembre de 1968. Los funerales fueron impresionantes, se tuvo que esperar cuatro días para que las multitudes pasaran a despedirlo.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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