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EVANGELIO DEL DÍA Lc 9, 7-9: Tenía ganas de verlo.

EVANGELIO DEL DÍA
Lc 9, 7-9: Tenía ganas de verlo.

En aquel tiempo, el tetrarca Herodes se enteró de lo que pasaba sobre Jesús y no sabía a qué atenerse, porque unos decían que Juan había resucitado de entre los muertos; otros, en cambio, que había aparecido Elías, y otros que había vuelto a la vida uno de los antiguos profetas.
Herodes se decía:
«A Juan lo mandé decapitar yo. ¿Quién es este de quien oigo semejantes cosas?».
Y tenía ganas de verlo.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

El pasaje evangélico de hoy termina con la expresión de Herodes: “tenía ganas de verlo -se refiere a Jesús-“. Ver a Jesús, es una de las experiencias mas bellas y más necesarias por las que puede pasar un seguidor de Cristo: “ver, palpar la acción del Señor en la vida de las personas; experimentar que Dios no es una entidad abstracta, sino una realidad tan grande y fuerte que llena de modo sobreabundante el corazón del hombre, una Persona viva y cercana, que nos ama y pide ser amada”.(P.Benedicto XVI, ángelus del 27 de junio de 2010).

El Papa Benedicto XVI profundiza en la expresión ver a Jesús en el Regina Caeli del 22 de mayo de 2011: “El Nuevo Testamento puso fin a la invisibilidad del Padre. Dios mostró su rostro, como confirma la respuesta de Jesús al apóstol Felipe: «Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre». El Hijo de Dios, con su encarnación, muerte y resurrección, […] nos dio a conocer el rostro de Dios, que es amor: Dios se puede ver, es visible en Cristo. Santa Teresa de Ávila escribe que no hay que «apartarse de industria de todo nuestro bien y remedio, que es la sacratísima humanidad de nuestro Señor Jesucristo». […] Se hace hombre, pero de tal modo que puede ser ignorado por sus contemporáneos, por las fuerzas de renombre en la historia. Padece y muere y, como Resucitado, quiere llegar a la humanidad solamente mediante la fe de los suyos, a los que se manifiesta. No cesa de llamar con suavidad a las puertas de nuestro corazón y, si le abrimos, nos hace lentamente capaces de “ver”». San Agustín afirma que «era necesario que Jesús dijese: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”, porque una vez conocido el camino faltaba por conocer la meta», y la meta es el Padre. Para los cristianos, para cada uno de nosotros, por tanto, el camino al Padre es dejarse guiar por Jesús, por su palabra de Verdad, y acoger el don de su Vida. Hagamos nuestra la invitación de san Buenaventura: «Abre, por tanto, los ojos, tiende el oído espiritual, abre tus labios y dispón tu corazón, para que en todas las criaturas puedas ver, escuchar, alabar, amar, venerar, glorificar y honrar a tu Dios»”.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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