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EVANGELIO DEL DÍA: MATEO 13, 44-52: El reino de los cielos se parece a…

EVANGELIO DEL DÍA:
MATEO 13, 44-52: El reino de los cielos se parece a…

El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra, lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo. El reino de los cielos se parece también a un comerciante de perlas finas, que al encontrar una de gran valor se va a vender todo lo que tiene y la compra. El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran. Lo mismo sucederá al final de los tiempos: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno de fuego. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. ¿Habéis entendido todo esto?». Ellos le responden: «Sí». Él les dijo: «Pues bien, un escriba que se ha hecho discípulo del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando de su tesoro lo nuevo y lo antiguo»

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy continuamos con las parábolas del Reino. Una imagen, una enseñanza, un secreto de vida. Esta vez el Señor nos habla del Reino de Dios como un tesoro escondido, una perla preciosa y la red de pesca.

El Reino de Dios que se hace presente en la persona de Jesús. Es Él el tesoro escondido, es Él la perla de gran valor. Él es el descubrimiento fundamental, que puede dar un giro decisivo a nuestra vida, llenándola de significado. “Quien conoce a Jesús, quien lo encuentra personalmente, queda fascinado, atraído por tanta bondad, tanta verdad, tanta belleza, y todo en una gran humildad y sencillez. Buscar a Jesús, encontrar a Jesús: ¡este es el gran tesoro!” (P. Francisco, Ángelus 27 julio de 2014). Quien tiene a Dios es realmente rico, esa es la verdadera perla. Cuanto más nos dejemos tocar por el amor de Dios en la vida sacramental, en la vida de oración, en la vida de trabajo, en el tiempo libre, tanto más podremos comprender que, si hemos encontrado la verdadera perla, todo lo demás pasa a un segundo, tercer, cuarto… orden. El amor de Dios no nos quita nada y nos lo da todo -como decía el Papa Benedicto XVI-, colma todas las ansias y deseos del ser humano. Es en en el encuentro con el Dios vivo, donde experimentas que te habla al corazón y te cambia la vida.

Otro punto de las parábolas del pasaje evangélico es que para llegar a este tesoro nos exige arriesgar, entregarlo todo, no reservarse nada, “lo vendieron todo” para poder adquirir algo mayor, dejarlo todo por amor a Él, entonces es cuando puedes cambiar efectivamente de tipo de vida, o bien seguir haciendo lo que hacías antes pero tú eres otro, has renacido: has encontrado lo que da sentido, lo que da sabor, lo que da luz a todo, incluso a las fatigas, al sufrimiento y también a la muerte. No se puede mantener oculto este gran tesoro, porque se transparenta en cada palabra, en cada gesto, incluso en los más sencillos y cotidianos: se trasluce el amor que Dios nos ha donado a través de Jesús.

Hoy también celebramos a los abuelos de Jesús. Una antigua tradición atribuye los nombres de Joaquín y Ana a los padres de la Virgen María. El nombre de Ana significa “gracia, amor, plegaria” y Joaquín el nombre significa “el hombre a quién Dios levanta”. Desde los primeros tiempos de la iglesia ambos fueron honrados en Oriente; después se les rindió culto en toda la cristiandad. Todo lo que se conoce de ellos, incluso sus nombres, procede de la literatura apócrifa. Sufrieron mucho por no tener descendencia, suplicaron verse libres de las afrentas y que retirase de ellos la maldición de la esterilidad y prometiéndole dedicar su descendencia si Dios lo veía bien concederle entregársela a su servicio. Esta historia se repite con frecuencia en el Antiguo Testamento, se parece a la concepción de Samuel, cuya madre se llamaba también Ana.

Es domingo, día del Señor, que tengas un buen día. Felicidades a todos los que celebráis vuestro santo, tanto a las Anas, como a los que lleváis el nombre de Joaquín, os encomendaremos en nuestras oraciones y pondremos por intercesora a la Bienaventurada Virgen María, para que nos ayude a testimoniar con valentía, con las palabras y los gestos cotidianos, la alegría de haber encontrado el tesoro del Reino de Dios, es decir el amor que el Padre nos ha donado mediante Jesús.

Que tengáis un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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