2016-01-12 07.50.56

EVANGELIO DEL DÍA: Mc 1,21-28: Enseñaba con autoridad

EVANGELIO DEL DÍA:
Mc 1,21-28: Enseñaba con autoridad.

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos entraron en Cafarnaún, y cuando el sábado siguiente fue a la sinagoga a enseñar, se quedaron asombrados de su doctrina, porque no enseñaba como los escribas, sino con autoridad. Estaba precisamente en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu inmundo, y se puso a gritar:
-«¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios.»
Jesús lo increpó:
-«Cállate y sal de él.»
El espíritu inmundo lo retorció y, dando un grito muy fuerte, salió. Todos se preguntaron estupefactos:
-«¿Qué es esto? Este enseñar con autoridad es nuevo. Hasta a los espíritus inmundos les manda y le obedecen.»
Su fama se extendió en seguida por todas partes, alcanzando la comarca entera de Galilea.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

El tema principal del Evangelio de hoy es la autoridad de Jesús, y esta manera de proceder sorprendió mucho, porque sus contemporáneos no estaban acostumbrados a ese tipo de autoridad que no se impone a la fuerza, – que se impone por la autenticidad, por la integridad, porque lo que dice se cumple, por la coherencia, en ello radica su fuerza.

También el Evangelio de hoy nos presenta una curación, nos relata que Jesús hacía milagros en sábado y por eso era acusado de quebrantar la Ley. Pero Jesús proclama que toda ley ha sido instituida para el hombre, y para hacer el bien. Con esto nos enseña que la verdadera fe cristiana consiste en amar a Dios y al prójimo. Esto es lo que da valor a la práctica de los preceptos. Jesús nos revela al Dios que ama, cuyo poder es un poder de amor. El Señor nos enseña que debemos centrarnos en cumplir la voluntad de Dios en nuestra vida, en agradarle a Él y no distraernos con los criterios de la lógica humana que nos empujan a alcanzar la simple estima y alabanza de los demás. Jesús vive polarizado por la salvación de las almas y muere en la cruz, por amor a nosotros, para redimirnos, aun mostrandose en contra de los juicios de los hombres.

Pidamos al Señor que, así como rescató al hombre poseído por un espíritu inmundo, nos libere de la búsqueda de la gloria humana. Esforcémonos por ser discretos en nuestras palabras y en todo nuestro obrar, que todas nuestras acciones estén impregnadas de la pureza de intención. Hagamos el bien de manera oculta, sin esperar recompensa. Que tengas un buen día.

Jesús Aguilar Mondéjar, sacerdote

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