susanasaldivarb-1648846155880-cathopic

EVANGELIO DEL DÍA: Mc 3,31-35: El que haga la voluntad de Dios, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre.

EVANGELIO DEL DÍA:
Mc 3,31-35: El que haga la voluntad de Dios, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre.

Llegan su madre y sus hermanos y, desde fuera, lo mandaron llamar. La gente que tenía sentada alrededor le dice: «Mira, tu madre y tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan». Él les pregunta: «¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?». Y mirando a los que estaban sentados alrededor, dice: «Estos son mi madre y mis hermanos. El que haga la voluntad de Dios, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre».

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

El pasaje evangélico de hoy algunos lo han querido utilizar para arremeter contra la virginidad de la Santísima Virgen, no lo ves, lo dice el Evangelio, Jesucristo tenia hermanos; por si vale para iluminar el texto, es importante saber que en el uso lingüístico hebreo y arameo aplicaba el termino “hermano” a los parientes próximos: primos,…,próximo, vinculado, linaje, estirpe…, no podemos agarrarnos a dicho termino para poner en duda el dogma católico.

Segundo punto, al proclamar Jesús como familiar suyo a todo el que cumple la voluntad de Dios, muy lejos de rechazar a su propia madre María, está ensalzándola. Porque ella fue la primera que cumplió la voluntad de Dios en su vida con su “HAGASE”. Y nadie mejor que Ella buscó e hizo suya la voluntad de Dios. “Que se cumpla en mí tu palabra”.

¡Qué grande es el amor de Dios que nos hace miembros de su familia! Sólo nos pide que pongamos su voluntad en primer lugar. Sí, la voluntad de Dios debe ser nuestra brújula, por encima del ambiente, de las costumbres del mundo, de nuestros caprichos, incluso por encima de cualquier vínculo, aunque sean los familiares. Buscar siempre lo que Dios quiere que será con mucho lo mejor para nosotros.

Hoy, celebramos la memoria de un Obispo y Doctor de la Iglesia. Tenemos la gran dicha de contar con la catequesis dada por el Papa Benedicto XVI sobre S. Francisco de Sales, en la Audiencia General del 2 de marzo de 2011, de la cual, destaco algunos subrayados: “san Francisco de Sales, obispo y doctor de la Iglesia. Nació en 1567 […] En su armoniosa juventud,[…] tuvo una profunda crisis […] Oraba intensamente, pero la duda lo atormentó de tal manera que durante varias semanas casi no logró comer ni dormir bien. En el culmen de la prueba, fue a la iglesia de los dominicos en París y, abriendo su corazón, rezó de esta manera: «Cualquier cosa que suceda, Señor, tú que tienes todo en tu mano, y cuyos caminos son justicia y verdad; cualquier cosa que tu hayas decidido para mí…; tú que eres siempre juez justo y Padre misericordioso, yo te amaré, Señor (…), te amaré aquí, oh Dios mío, y esperaré siempre en tu misericordia, y repetiré siempre tu alabanza… ¡Oh Señor Jesús, tu serás siempre mi esperanza y mi salvación en la tierra de los vivos!».
A sus veinte años Francisco encontró la paz en la realidad radical y liberadora del amor de Dios: amarlo sin pedir nada a cambio y confiar en el amor divino; no preguntar más qué hará Dios conmigo: yo sencillamente lo amo, independientemente de lo que me dé o no me dé. Así encontró la paz […] se abandonaba a su bondad. Este fue el secreto de su vida, que se reflejará en su obra más importante: el Tratado del amor de Dios.

Venciendo la resistencia de su padre, Francisco siguió la llamada del Señor y, el 18 de diciembre de 1593, fue ordenado sacerdote. En 1602 se convirtió en obispo de Ginebra, […] Es apóstol, predicador, escritor, hombre de acción y de oración; […] Pero san Francisco de Sales es, sobre todo, un director de almas: el encuentro con una mujer joven, la señora de Charmoisy, lo impulsó a escribir uno de los libros más leídos de la edad moderna, la Introducción a la vida devota. De su profunda comunión espiritual con una personalidad excepcional, santa Juana Francisca de Chantal, nació una nueva familia religiosa, la Orden de la Visitación, caracterizada —como quiso el santo— por una consagración total a Dios vivida en la sencillez y la humildad, en hacer extraordinariamente bien las cosas ordinarias: «…quiero que mis Hijas —escribió— no tengan otro ideal que el de glorificar [a nuestro Señor] con su humildad». Murió en 1622, a los cincuenta y cinco años, tras una existencia marcada por la dureza de los tiempos y por los trabajos apostólicos.

La vida de san Francisco de Sales fue relativamente breve, pero de gran intensidad. […] A santa Juana de Chantal escribe: «Esta es la regla de nuestra obediencia, que os escribo con letras mayúsculas: hacer todo por amor, nada por la fuerza, amar más la obediencia que temer la desobediencia.» (Carta del 14 de octubre de 1604). […]San Francisco de Sales es un testigo ejemplar […] recuerda que el hombre lleva inscrita en lo más profundo de su ser la nostalgia de Dios y que sólo en él encuentra la verdadera alegría y su realización más plena.”

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *