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EVANGELIO DEL DÍA Mt 11,25-30: Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré.

EVANGELIO DEL DÍA
Mt 11,25-30: Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré.

En aquel momento tomó la palabra Jesús y dijo: «Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, así te ha parecido bien. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de la memoria de Santa Catalina de Siena nos aparece el Señor dándonos ejemplo de agradecimiento para que nosotros vivamos con la misma actitud. ¡Cuantos motivos tenemos para dar gracias a Dios! Que oración mas bonita: “¡Gracias, Padre, porque así te ha parecido bien!” la podemos repetir muchas veces hoy al cabo del día. Y aprender a ser agradecidos. Esforcémonos por decir en todo momento: ¡Gracias Padre! No solo cuando las cosas ocurran como a nosotros nos pueda parecer mejor.

Y la otra invitación es: “Aprended de Mí”. El Señor nos invita a entrar en el camino de la humildad. Quiere ser nuestro modelo. Ser humildes es estar convencidos de que nada podemos sin el auxilio de Dios. La humildad también nos lleva a tratar de la mejor manera al prójimo, a comprender, a disculpar, a ser instrumentos de unidad entre los demás. El Señor nos quiere consolar, se nos brinda a abandonarnos en Él: “Venid a Mí”. Desde el amor el yugo se hace suave, deja de ser una carga y pasa a ser nuestra correspondencia al amor del Señor. El Papa Francisco nos comenta este pasaje evangélico en el ángelus del 6 de julio de 2014: “Jesús promete dar alivio a todos, pero nos hace también una invitación, que es como un mandamiento: «Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón». El «yugo» del Señor consiste en cargar con el peso de los demás con amor fraternal. Una vez recibido el alivio y el consuelo de Cristo, estamos llamados a su vez a convertirnos en descanso y consuelo para los hermanos, con actitud mansa y humilde, a imitación del Maestro. La mansedumbre y la humildad del corazón nos ayudan no sólo a cargar con el peso de los demás, sino también a no cargar sobre ellos nuestros puntos de vista personales, y nuestros juicios, nuestras críticas o nuestra indiferencia.”

Celebramos la memoria de Santa Catalina de Siena y tenemos la dicha de contar con la catequesis dada por el Papa Benedicto XVI, en la Audiencia General del 24 de noviembre de 2010: “Nació en Siena, en 1347, en el seno de una familia muy numerosa, y murió en Roma, en 1380. A la edad de 16 años, impulsada por una visión de santo Domingo, entró en la Tercera Orden Dominicana, en la rama femenina llamada de las Mantellate. […] fue protagonista de una intensa actividad de consejo espiritual respecto a todo tipo de personas: nobles y hombres políticos, artistas y gente del pueblo, personas consagradas, eclesiásticos, incluido el Papa Gregorio XI que en aquel período residía en Aviñón y a quien Catalina exhortó enérgica y eficazmente a regresar a Roma. […] Catalina sufrió mucho, como tantos santos. […] seis años antes de su muerte, el capítulo general de los Dominicos la convocó a Florencia para interrogarla. […] La santa de Siena siempre invitó a los ministros sagrados, incluso al Papa, a quien llamaba «dulce Cristo en la tierra», a ser fieles a sus responsabilidades,[…] aprendamos de santa Catalina a amar con valentía, de modo intenso y sincero, a Cristo y a la Iglesia.”

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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