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EVANGELIO DEL DÍA: Mt 12, 46-50: El que haga la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre.

EVANGELIO DEL DÍA:
Mt 12, 46-50: El que haga la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre.

Todavía estaba Jesús hablando a la gente, cuando su madre y sus hermanos se presentaron fuera, tratando de hablar con él. Uno se lo avisó: «Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren hablar contigo». Pero él contestó al que le avisaba: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?». Y, extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: «Estos son mi madre y mis hermanos. El que haga la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre».

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

Celebramos hoy la Presentación de la Santísima Virgen al templo, fiesta dedicada a María donde se nos invita a hacer de nuestra vida una ofrenda al Señor. Según la tradición, la niña María fue llevada al Templo por sus padres para que integrara el grupo de muchachas que allí eran consagradas a Dios e instruidas en la piedad.

En el S. VI ya se celebraba esta Fiesta en el Oriente. El Papa Sixto V la extendió a toda la Iglesia. María se nos ofrece como signo para nuestra vida , con amor materno, acompaña a sus hijos e hijas en todo momento, pero sobre todo ante los momentos de prueba.

El Papa Benedicto XVI, en la Audiencia General del 19 de diciembre de 2012 profundiza en la importancia de buscar y hacer la voluntad de Dios: “la Virgen María ocupa un lugar especial como aquella que ha esperado de modo único la realización de las promesas de Dios, acogiendo en la fe y en la carne a Jesús, el Hijo de Dios, en plena obediencia a la voluntad divina. […]María es la criatura que de modo único ha abierto de par en par la puerta a su Creador, se puso en sus manos, sin límites. Ella vive totalmente de la fe y en relación con el Señor; está en actitud de escucha, atenta a captar los signos de Dios en el camino de su pueblo; está inserta en una historia de fe y de esperanza en las promesas de Dios, que constituye el tejido de su existencia. Y se somete libremente a la palabra recibida, a la voluntad divina en la obediencia de la fe.[…] María no se detiene en una primera comprensión superficial de lo que acontece en su vida, sino que sabe mirar en profundidad, se deja interpelar por los acontecimientos, los elabora, los discierne, y adquiere aquella comprensión que sólo la fe puede garantizar. Es la humildad profunda de la fe obediente de María, que acoge en sí también aquello que no comprende del obrar de Dios, dejando que sea Dios quien le abra la mente y el corazón. «Bienaventurada la que ha creído, porque lo que le ha dicho el Señor se cumplirá», exclama su pariente Isabel. Es precisamente por su fe que todas las generaciones la llamarán bienaventurada.”

Que María, nuestra Madre, nos ayude en buscar y hacer la voluntad de Dios. Que nuestra vida sea agradable a los ojos de Dios.
Que tengas un buen día.

Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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