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EVANGELIO DEL DÍA Mt 13,31-35: El reino de los cielos se parece a un grano de mostaza … El reino de los cielos se parece a la levadura.

EVANGELIO DEL DÍA
Mt 13,31-35: El reino de los cielos se parece a un grano de mostaza … El reino de los cielos se parece a la levadura.

En aquel tiempo, Jesús propuso otra parábola al gentío:
«El reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que uno toma y siembra en su campo; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un árbol hasta el punto de que vienen los pájaros del cielo a anidar en sus ramas». Les dijo otra parábola: «El reino de los cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina, hasta que todo fermenta». Jesús dijo todo esto a la gente en parábolas y sin parábolas no les hablaba nada, para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta: «Abriré mi boca diciendo parábolas; anunciaré lo secreto desde la fundación del mundo».

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy nos encontramos con dos parábolas: la del grano de mostaza y levadura en la masa. Comparto la reflexión realizada por el P. Francisco en el Ángelus del 14 de junio de 2015: “A través de estas imágenes tomadas del mundo rural, Jesús presenta la eficacia de la Palabra de Dios y las exigencias de su Reino, mostrando las razones de nuestra esperanza…En el lenguaje evangélico, la semilla es símbolo de la Palabra de Dios… como la humilde semilla se desarrolla en la tierra, así la Palabra actúa con el poder de Dios en el corazón de quien la escucha…con la imagen del grano de mostaza. Aun siendo la más pequeña de todas las semillas, está llena de vida y crece hasta hacerse “más alta que las demás hortalizas”. Y así es el reino de Dios: una realidad humanamente pequeña y aparentemente irrelevante. Para entrar a formar parte de él es necesario ser pobres en el corazón; no confiar en las propias capacidades, sino en el poder del amor de Dios; no actuar para ser importantes ante los ojos del mundo, sino preciosos ante los ojos de Dios, que tiene predilección por los sencillos y humildes. Cuando vivimos así, a través de nosotros irrumpe la fuerza de Cristo y transforma lo que es pequeño y modesto en una realidad que fermenta toda la masa del mundo y de la historia…”

Dios valora mucho, nada es pequeño para Él, su óptica no es la del mundo, ni su lenguaje es el de la eficacia, lo que lo hace grande es el amor que se ponga y eso si es transformador.

También hoy recordamos a los abuelos de Jesús. Una antigua tradición atribuye los nombres de Joaquín y Ana a los padres de la Virgen María. El nombre de Ana significa “gracia, amor, plegaria” y Joaquín el nombre significa “el hombre a quién Dios levanta”. Desde los primeros tiempos de la iglesia ambos fueron honrados en Oriente; después se les rindió culto en toda la cristiandad. Todo lo que se conoce de ellos, incluso sus nombres, procede de la literatura apócrifa. Sufrieron mucho por no tener descendencia, suplicaron verse libres de las afrentas y que retirase de ellos la maldición de la esterilidad y prometiéndole dedicar su descendencia si Dios lo veía bien concederle entregársela a su servicio. Esta historia se repite con frecuencia en el Antiguo Testamento, se parece a la concepción de Samuel, cuya madre se llamaba también Ana.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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