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EVANGELIO DEL DÍA: Mt. 13,31-35: Les propuso otra parábola.

EVANGELIO DEL DÍA:
Mt. 13,31-35: Les propuso otra parábola.

Les propuso otra parábola: «El reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que uno toma y siembra en su campo; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un árbol hasta el punto de que vienen los pájaros del cielo a anidar en sus ramas». Les dijo otra parábola: «El reino de los cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina, hasta que todo fermenta». Jesús dijo todo esto a la gente en parábolas y sin parábolas no les hablaba nada, para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta: «Abriré mi boca diciendo parábolas; anunciaré lo secreto desde la fundación del mundo»

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

Hoy el Evangelio nos vuelve a presentar dos parábolas que recientemente fueron proclamadas: la del grano de mostaza y la de la levadura en la masa. Algo que ambas parábolas nos ponen delante es que para Dios nada hay pequeño, y la gran fuerza transformadora que pueden llegar a tener. Dios no se deja llevar de las apariencias, Dios valora mucho por pequeño que nos pueda parecer, su óptica no es la del mundo, ni su lenguaje es el de la eficacia, lo que lo hace grande es el amor que se ponga y eso si es transformador.

El Papa Benedicto XVI en el Ángelus de junio de 2012 comenta este pasaje evangélico: “el grano de mostaza, considerada la más pequeña de todas las semillas. Pero, a pesar de su pequeñez, está llena de vida, y al partirse nace un brote capaz de romper el terreno, de salir a la luz del sol y de crecer hasta llegar a ser «más alta que las demás hortalizas»: la debilidad es la fuerza de la semilla, el partirse es su potencia. Así es el reino de Dios: una realidad humanamente pequeña, compuesta por los pobres de corazón, por los que no confían sólo en su propia fuerza, sino en la del amor de Dios, por quienes no son importantes a los ojos del mundo; y, sin embargo, precisamente a través de ellos irrumpe la fuerza de Cristo y transforma aquello que es aparentemente insignificante.

La imagen de la semilla es particularmente querida por Jesús, ya que expresa bien el misterio del reino de Dios. En las dos parábolas de hoy ese misterio representa un «crecimiento» y un «contraste»: el crecimiento que se realiza gracias al dinamismo presente en la semilla misma y el contraste que existe entre la pequeñez de la semilla y la grandeza de lo que produce. El mensaje es claro: el reino de Dios, aunque requiere nuestra colaboración, es ante todo don del Señor, gracia que precede al hombre y a sus obras. Nuestra pequeña fuerza, aparentemente impotente ante los problemas del mundo, si se suma a la de Dios no teme obstáculos, porque la victoria del Señor es segura. Es el milagro del amor de Dios, que hace germinar y crecer todas las semillas de bien diseminadas en la tierra. Y la experiencia de este milagro de amor nos hace ser optimistas, a pesar de las dificultades, los sufrimientos y el mal con que nos encontramos. La semilla brota y crece, porque la hace crecer el amor de Dios. Que la Virgen María, que acogió como «tierra buena» la semilla de la Palabra divina, fortalezca en nosotros esta fe y esta esperanza.”

El Reino de Dios es una realidad oculta y casi imperceptible en su desarrollo, tan lento que, como en las plantas, nuestro ojo no puede verlo ni nuestro oído percibirlo en el instante en que se está produciendo. La llamada a la esperanza es grande, Dios sigue llevando su historia de salvación con cada uno de los hombres, “cielo y tierra pasaran pero mis palabras se cumplirán”, como nos recuerda el Señor, el reino sigue extendiéndose y la victoria es de Ntro. Dios. Sigamos colaborando para que pueda llegar a más corazones y colmarlos de dicha y alegría.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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