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EVANGELIO DEL DÍA Mt 7, 15-20: Por sus frutos los conoceréis.

EVANGELIO DEL DÍA
Mt 7, 15-20: Por sus frutos los conoceréis.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
Cuidado con los profetas falsos; se acercan con piel de oveja, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se cosechan uvas de las zarzas o higos de los cardos? Así, todo árbol sano da frutos buenos; pero el árbol dañado da frutos malos. Un árbol sano no puede dar frutos malos, ni un árbol dañado dar frutos buenos. El árbol que no da fruto bueno se tala y se echa al fuego. Es decir, que por sus frutos los conoceréis.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy nos advierte el Señor de los falsos profetas. ¿Cómo conocerlos? Por su conducta, por sus obras; éstas delatan sus verdaderas intenciones, como el fruto al árbol. El Papa Francisco en el mensaje para la cuaresma del 2018 advierte contra los falsos profetas: “¿qué formas asumen los falsos profetas? Son como «encantadores de serpientes», o sea, se aprovechan de las emociones humanas para esclavizar a las personas y llevarlas adonde ellos quieren. […] Otros falsos profetas son esos «charlatanes» que ofrecen soluciones sencillas e inmediatas para los sufrimientos, remedios que sin embargo resultan ser completamente inútiles […] No es una sorpresa: desde siempre el demonio, que es «mentiroso y padre de la mentira», presenta el mal como bien y lo falso como verdadero, para confundir el corazón del hombre. Cada uno de nosotros, por tanto, está llamado a discernir y a examinar en su corazón si se siente amenazado por las mentiras de estos falsos profetas. Tenemos que aprender a no quedarnos en un nivel inmediato, superficial, sino a reconocer qué cosas son las que dejan en nuestro interior una huella buena y más duradera, porque vienen de Dios y ciertamente sirven para nuestro bien.[…] Preguntémonos entonces: ¿cómo se enfría en nosotros la caridad? ¿Cuáles son las señales que nos indican que el amor corre el riesgo de apagarse en nosotros? Lo que apaga la caridad es ante todo la avidez por el dinero, «raíz de todos los males»; a esta le sigue el rechazo de Dios y, por tanto, el no querer buscar consuelo en él, prefiriendo quedarnos con nuestra desolación antes que sentirnos confortados por su Palabra y sus Sacramentos. […] El amor se enfría también en nuestras comunidades […] traté de describir las señales más evidentes de esta falta de amor. estas son: la acedia egoísta, el pesimismo estéril, la tentación de aislarse y de entablar continuas guerras fratricidas, la mentalidad mundana que induce a ocuparse sólo de lo aparente, disminuyendo de este modo el entusiasmo misionero.[…] Si en muchos corazones a veces da la impresión de que la caridad se ha apagado, en el corazón de Dios no se apaga. Él siempre nos da una nueva oportunidad para que podamos empezar a amar de nuevo.”

Si son los frutos los que expresan la calidad del árbol, entonces, ¿qué frutos deberían acompañar al verdadero discípulo del Señor? En la Palabra de Dios en estos días en las celebraciones se nos esta presentando el sermón del monte, se nos invita al perdón, al amor a todos, incluido a los que nos hacen mal, a la gratuidad, el desprendimiento, la oración, a no juzgar, no condenar, en definitiva el que se mueve con los frutos del espíritu: amor, alegría, paz, comprensión, servicialidad, bondad, lealtad, amabilidad y dominio de sí. –como nos indicará S. Pablo. (Gal 5,22).

Ya en el Antiguo Testamento, el profeta Jeremías, acusaba a los falsos profetas de anunciar sólo lo que la gente quería oir. ¡Cuidado! La cultura que nos ha tocado vivir de la apariencia potencia estos falsos profetas, ¡Ojo! con los encantadores de serpientes, con los que venden humo, sospecha de los que sus palabras sean halagadoras, aduladoras, elogiosas y zalameras, ¡atención! Ante los que no te contradicen en nada es posible que les mueva otros intereses más mezquinos. Recuerda la advertencia de hoy: Sus frutos, sus acciones, sus obras, no te quedes solo en el discurso, en las bonitas palabras.

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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