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EVANGELIO DEL DÍA: Mt 7,6.12-14: Entrad por la puerta estrecha.

EVANGELIO DEL DÍA:
Mt 7,6.12-14: Entrad por la puerta estrecha.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
-No deis lo santo a los perros, ni les echéis vuestras perlas a los cerdos; las pisotearán y luego se volverán para destrozaros.
Tratad a los demás como queréis que ellos os traten; en esto consiste la ley y los profetas.
Entrad por la puerta estrecha.
Ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos entran por ellos.
¡Qué estrecha es la puerta y qué angosto el camino que lleva a la vida! Y pocos dan con ellos.

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el evangelio de hoy el Señor nos ofrece tres caminos para vivir de un modo nuevo.

El primero, suena un poco desconcertante: “No deis lo santo a los perros”. En la liturgia oriental se usa una expresión muy significativa cuando llega el momento de la comunión: “Lo santo para los santos.” (se utiliza también en la liturgia hispano-mozárabe) Parece que, en el contexto de la iglesia primitiva, este dicho se refería a la conveniencia de no anunciar el secreto del Reino a aquellos que con toda seguridad lo van a rechazar o se van a mofar de él. Cuando el mismo Señor no ha venido a condenar a nadie sino a salvar, el cristiano no le compete juzgar pero si velar por el respeto y la defensa de lo sagrado.

El segundo camino, se refiere al tipo de relaciones entre nosotros: “Tratad a los demás como queréis que ellos os traten”. Es la regla de oro donde se nos formula el primado del amor. Todos nosotros deseamos ser tratados bien. No debemos conformarnos con no hacer el mal, el seguidor de Cristo esta llamado a desear lo mejor para el otro, ya que el amor es más exigente, no solo no hacer el mal, estamos llamado a hacer el bien. El Papa Francisco, en el ángelus del 3 de septiembre de 2017, insiste en la regla de oro del cristiano: “Jesús nos recuerda que su vía es la vía del amor, y no existe el verdadero amor sin sacrificio de sí mismo. Estamos llamados a no dejarnos absorber por la visión de este mundo, sino a ser cada vez más conscientes de la necesidad y de la fatiga para nosotros cristianos de caminar siempre a contracorriente y cuesta arriba. Jesús completa su propuesta con palabras que expresan una gran sabiduría siempre válida, porque desafían la mentalidad y los comportamientos egocéntricos. Él exhorta: «Quien quiera salvar su vida, la perderá, pero quien pierda su vida por mí, la encontrará». En esta paradoja está contenida la regla de oro que Dios ha inscrito en la naturaleza humana creada en Cristo: la regla de que solo el amor da sentido y felicidad a la vida.”

El tercer camino, tiene un tono sapiencial: “Entrad por la puerta estrecha”. El Papa Benedicto XVI, en el ángelus del 26 de agosto de 2007 comenta este pasaje evangélico: “¿Qué significa esta “puerta estrecha”? ¿Por qué muchos no logran entrar por ella? ¿Acaso se trata de un paso reservado sólo a algunos elegidos? […] el mensaje de Cristo va precisamente en la dirección opuesta:  todos pueden entrar en la vida, pero para todos la puerta es “estrecha”. No hay privilegiados. El paso a la vida eterna está abierto para todos, pero es “estrecho” porque es exigente, requiere esfuerzo, abnegación, mortificación del propio egoísmo. […] La verdadera amistad con Jesús se manifiesta en el modo de vivir:  se expresa con la bondad del corazón, con la humildad, con la mansedumbre y la misericordia, con el amor por la justicia y la verdad, con el compromiso sincero y honrado en favor de la paz y la reconciliación. Podríamos decir que este es el “carné de identidad” que nos distingue como sus “amigos” auténticos; es el “pasaporte” que nos permitirá entrar en la vida eterna.”

Se trata del camino de la cruz. Jesucristo es la puerta hacia la vida, el nos dice: “Yo soy la puerta, quien entre por mí se salvará”. No escatimar esfuerzos por ser fieles a Dios, no dejarse arrastrar por el camino fácil, hedonista y buscando únicamente satisfacer los gustos y el placer. Al contrario, el camino del amor sabe de entrega, servicio, esfuerzo, sacrificio, olvido de uno mismo,…

Que tengas un buen día.
Jesús Aguilar Mondéjar (Chechu), sacerdote.

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